viernes, 23 de enero de 2026

Daniela… mi loba insurrecta querida… (cuento) - Martín Rabezzana

Este cuento es una continuación de: “Manifestaciones del misterio”, publicado en mi libro: “Vía dolorosísima”; ese cuento es a su vez, una continuación de: “Corré, Daniela… ¡CORRÉ!”, publicado en el mismo libro.

-Palabras: 2.200-
Siglo 21 que se mezcló con el 20 y con el no tiempo

   Hace pocos años, salí a dar un paseo por mi barrio que asumí, sería ordinario e intrascendente, pero no fue así, ya que a partir de mi encuentro inesperado con una ex compañera de escuela, el mismo volviose absolutamente EXTRAORDINARIO Y TRASCENDENTE, y lo fue, no sólo por la distancia que entre ella y yo, fue vencida, tanto en lo físico como en lo álmico, sino además, por otras distancias que, gracias a ella, vencí, que fueron las del espacio y el tiempo.
   En algún momento en que, con ella estaba, de un Renault 4, que estacionó del lado de la calle más cercano al de la vereda de enfrente de donde estábamos, descendió Mora (no se si la conocen; es una joven de americanísimo pelo y piel, deslumbrante y cautivante, por donde se la mire); ella me saludó y nos abrazamos; después de eso, en el auto de Mora, con mi ex compañera de escuela, hicimos varios viajes tan sublimes como surrealistas; en algún momento, ella me dijo que yo debía continuar el viaje solo, y yo, así lo hice, entonces,
sin saber adónde me dirigía, manejando el Renault 4 llegué hasta un lugar que ahora sé que era Pinamar en el año 1975; una vez ahí, me encontré con uno de mis personajes: Ana Daniela Lobo, que es una anarquista uruguaya de la ROE y de la OPR-33, que, al ser perseguida por las autoridades de Uruguay, se exilia en Argentina, ingresa a Montoneros y se convierte en una guerrillera temible, y fue que, sin yo saber exactamente en qué lugar ni en qué tiempo, estaba, a Daniela la vi doblar la esquina de la calle Eolo, y agarrar por De las Silfides, que era la calle en la que yo, junto al Renault 4 en que había llegado, me encontraba; como misteriosamente se había materializado una escopeta Bataan 71 recortada, en el asiento trasero del auto, y yo la había agarrado, por reconocerla y ser obvio que de alguien escapaba, a la mujer se la arrojé, ella la agarró, se dio vuelta, y le dio muerte al represor de la Triple A, que la estaba persiguiendo; seguidamente subí al auto en calidad de conductor, llamé a Daniela para que al mismo, subiera, y una vez ella acomodada en el asiento delantero del acompañante, nos fuimos del lugar, rumbo a otro tiempo, que es adonde ella me había respondido que quería ir, tras yo, a ese respecto, preguntarle.
   Yo desconocía cuáles eran las reglas del lugar en el que me encontraba, pero, por algún motivo, sentí que podía conducir nuestro rumbo, y no me equivoqué, ya que tras un rato de andar por una ruta, ingresamos a un túnel en el que, luces extremadamente intensas de todos los colores, alumbraban nuestro paso; una vez fuera del mismo, aparecimos en una noche fría, en Quilmes Ciudad, en el año 2024, en la calle Moreno al 300.

Hermosísima loba del cercano oriente

   Daniela, evidenciando sorpresa en su hermoso rostro, miraba a los vehículos modernos que por la calle, circulaban; me preguntó:
   -¿En dónde estamos?
   Yo dije:
   -Parece que en Quilmes, en mi tiempo.
   -¿Y qué tiempo sería ese?
   -El año 2024.
    -Uaaaaauuuu -dijo ella.  
   Y permanecimos callados durante el rato en que conduje por la calle Moreno; en esa calle, esquina con Nicolás Videla, se encuentra el ex Ciudad de Quilmes Apart Hotel; durante el coronavirus, el hotel cerró, y pasó a funcionar como edificio de departamentos; yo, en ese momento, ahí estaba viviendo.
   Le pregunté a la joven a mi lado si quería que paráramos en mi casa, a lo que ella respondió que sí, entonces, al estacionamiento del Quilmes Apart, ingresamos, y subimos hasta el tercer piso, en donde mi departamento, se encontraba.
   Una vez en mi casa, le pregunté si quería tomar mate, y ella me dijo:
   -¡Siiii, dale!
   Y mate, tomamos, sentados a la mesa, mientras hablábamos de cualquier cosa; entre esas cosas que hablamos, estuvo la lucha armada de los 70; al respecto, no quise decirle cuál fue el final de muchísimos militantes revolucionarios de Argentina ni de Uruguay, y ella, como presintiendo cuál, el mismo, había sido, no quiso preguntármelo, lo que sí le dije, fue que muchos jóvenes revolucionarios argentinos de los 70, terminaron viviendo en Puerto Madero.
   -Eeeehhh… ¿tan mal terminaron, económicamente? -dijo ella sorprendida.
    Yo, “rescatándome” de que Puerto Madero, en los años ‘70, era un lugar en ruinas, le dije:
   -Es que… Puerto Madero fue renovado a finales de los 80; ahora es mayormente un lugar caro y turístico.
   -Aaahhh… mirá vos… nosotros, en los ‘70, ahí nos escondíamos muchas veces y le llevábamos comida y bebidas, a los linyeras que ahí dormían;… Lo que tengo que entender de lo que dijiste, es que si muchos de los ex revolucionarios, viven en Puerto Madero, es porque se convirtieron en la porquería capitalista, que de jóvenes, repudiaron y combatieron.
   -Exactamente -dije yo.
   Tras unos segundos de silencio, ella dijo:
   -Y... en Uruguay… ¿qué pa...? ¡No no no! Mejor, no me digas.
   Y yo, no le dije qué pasó en Uruguay, lo que le dije, tras levantarme y constatar que en la heladera, muy pocas cosas, había, fue:
   -Te ofrecería algo de comer, pero justo no tengo nada… pero podemos ir a un bar, si querés; ¿querés?
   -Sí, quiero, pero dentro de un rato; prefiero que nos quedemos acá, por ahora, así descanso un poquito.
   Yo dije:
   -Bueno.
   Seguidamente prendí la computadora y le mostré internet; le dije que a través de los aparatos conectados a dicha red, se puede escuchar música, ver videos, películas, leer libros, comunicarse con personas de todo el mundo y que se puede llevar a todas partes en los (nefastos) dispositivos de vigilancia que la mayoría de la gente, en estos tiempos, tiene, que son los teléfonos celulares;… le mostré mi blog; le dije que escribía sobre ella y sobre María Clara, entre otras, y le mostré publicaciones en que ella aparece como personaje literario mío; ella dijo:
   -Entonces… vos me creaste… 
   Yo, nada dije; ella me preguntó:
   -¿Escribiste cosas que van a pasarme después del año ‘75?
   -Sí.
   -Y lo que estamos viviendo ahora, ¿ya lo escribiste?
   -No; lo voy a escribir después.
   Y tras pensarlo unos instantes, Daniela dijo:
   -Entonces, no me creaste; me percibiste y me transmitiste;… ¡menos mal!
   -¿Por qué, “menos mal”?
   -Y… porque… mucho de lo que yo vivo, es jodidísimo, y te podría culpar a vos, por eso, pero si no me creaste, sino que me percibiste y me transmitiste, no te puedo culpar, y te puedo querer… ¿fue así?
   Tras unos segundos, le dije:
   -No me pasa con todos los personajes ni con todas las situaciones que escribo, el sentir que más que crearlos, los percibo y transmito; me pasa sólo con algunos, y entre ellos, estás vos.
   Después, prendí la cámara de la computadora, saqué una foto de ambos, y le dije:
   -Mirá.
   Daniela, al ver la foto, sonrió; después filmé un video y se lo hice ver; nada dijo al respecto, solamente se rió; después me dijo:
   -Poné música; vamos a bailar.
   Yo le dije:
   -No sé bailar.
   Y agarrándome de las manos, dijo:
   -¡Dale dale!
   -Bueno, está bien -dije yo, y busqué un video de “música bailable”.
  Con Daniela bailé un rato, al ritmo de música alegre, que la puso más alegre aún de lo que ya estaba; después me dijo que pusiera algo lento; yo busqué algo lento y ya con música lenta sonando, ella apoyó su cabeza contra mi pecho, y así bailamos durante algunos minutos.
   En cierto momento, la joven, como habiendo ganado de pronto, una timidez que en su extrovertidísima personalidad, parecía no haber tenido lugar, nunca antes, dejó de bailar, y mirándome con pudor, me dijo:
   -Bueno… ahora sí tengo ganas de ir hasta un bar y comer algo.
   Y hacia un bar, fuimos.
   Una vez en el bar, comimos, tomamos algo, y seguimos hablando durante casi dos horas que fueron para mí, extremadamente felices, como lo habrían sido para cualquiera que estuviera con Daniela, ya que era increíblemente divertida y su alegría y positividad, eran tremendamente contagiosas; no parecía en absoluto ser alguien cuya vida se desarrolla en medio de tragedias.

Daniela: loba guerrillera y amadora

   Tras salir del bar, dimos una vuelta por el barrio, para después, volver a mi departamento; una vez de vuelta en el mismo, desplegué toda mi caballerosidad, ofreciéndole quedarse en mi cama, y diciéndole que yo podría dormir en el sillón, pero ella tenía otra idea mejor, y me la comunicó:
   -Martín… ¿por qué mejor, no compartimos tu cama?... Hay espacio para los dos, ¿o no?
   Con gran emoción, le dije:
   -¡Sí!
   Y hacia el dormitorio, fuimos; una vez en el mismo, ella me abrazó. Nos abrazamos. Seguidamente nos besamos y nos desvestimos mutuamente; antes de que estuviéramos completamente desnudos, Daniela me hizo sentar en la cama y tras bajar mi ropa interior, agarró mi miembro con una mano, lo metió en su boca y lo chupó durante un rato, para después, pasar a  besarlo, lamerlo, después, a morderlo y después, a chuparlo de nuevo para seguidamente, volver a besarlo, lamerlo, morderlo y chuparlo; tras varios minutos de hacer esto, se levantó, y yo la empujé suavemente hacia la cama, en la cual, quedó acostada boca arriba; su pecho desnudo, besé, lamí, mordí y chupé, durante un rato, para seguidamente sacarle la bombacha; tras hacer esto último, durante varios minutos, besé, lamí, mordí y chupé, a su hermosísima (y riquísima) concha, mientras la acariciaba y alternaba todo esto, con penetración digital; cuando Daniela, que gemía progresivamente más fuerte, con sus manos alejó a mi boca de su entrepierna, supe que estaba lista para lo siguiente, entonces dirigí mi miembro erecto hacia su vagina, y lo introduje en ella.
   En varias posiciones nos amamos durante varios minutos hasta que, tras pedirle un permiso que ella me concedió, en su interior, eyaculé.
   Tras hacer el amor, permanecimos en la cama y hablamos; vimos televisión y tras un rato, la sed de entrepierna de la mujer a mi lado, volvió a invadirme, por lo que le dije:
   -Loba…
   Ella me dijo:
   -Estoy cansadísima…
   Entonces reprimí mis deseos de comunicarle que quería volver a emborracharme con el flujo de su vagina, y con las gotas doradas que de la misma, brotaron, cuando mi boca sobre ella, puse, pero la decepción no me duró mucho, porque enseguida, ella me dijo:
   -Pero… por más cansada que esté, sin unos cuantos orgasmos más, esta loba no va a poder conciliar el sueño, así que, estimado Martín: prepárese para hacerme aullar varias veces más.
   Y puso su mano izquierda en mi entrepierna y estimuló a mi miembro manualmente, mientras nos besábamos, para después, volver a ponerlo en su boca y… todo lo demás.
   Unos cuantos orgasmos más, nos provocamos, antes de dormir.

Percepción extrasensorial y hasta luego

   Durante la noche tuve un sueño extremadamente vívido, que me mostró lo que debía pasar: Daniela debía volver a los años ‘70, cosa que yo no quería que pasara, ya que lo que quería, era que se quedara conmigo, pero… eso no debía ocurrir, y si bien consideré que tal vez habría manera de transgredir al destino, por algún motivo que, con palabras, es imposible de transmitir, sentí que eso, en esta oportunidad, no habría sido correcto; ella debía volver a donde pertenecía.   
   Tras ella despertarse, yo iba a comunicarle lo recién expresado, pero no hizo falta, porque me dijo:
   -Vos soñaste lo mismo, ¿no?
    Yo, tristemente asentí.
   Volvimos a tomar mate, volvimos a hacer el amor, y después, juntos nos duchamos; seguidamente, nos cambiamos, y fuimos hasta la playa de estacionamiento en donde estaba el Renault 4.
   Ya en el auto, lo conduje sin tener prefijado un rumbo; tras algunos minutos, aparecimos de nuevo en el mismo túnel de luces extremadamente intensas, que nos había conducido hasta el Quilmes del año 2024; tras veinte minutos de viaje, del túnel, salimos, y aparecimos una noche de mediados del año ‘75, en la calle Belgrano al 330, de San Isidro; en esa área, Daniela debía cuidar a unos milicianos montoneros que se preparaban para realizar operaciones de hostigamiento; todo esto, ambos lo
vimos al dormir, por lo que, ninguna duda tuvo ella, de qué era lo que debía hacer, ni yo tampoco dudé, sobre qué es lo que debía hacer ella ni qué era lo que debía hacer yo.
   Abrí la guantera, en la cual, una pistola Star 9 milímetros y dos cargadores completos, había, y se los di;  ella le puso uno de los cargadores al arma, que rápidamente guardó sobre su espalda baja, mientras que al otro cargador, lo guardó en un bolsillo de su pantalón; seguidamente, nos abrazamos fuertemente; después, nos besamos; una vez concluido el beso, le dije:
   -Buena matanza, mi loba insurrecta querida.
   Ella me sonrío, nos dijimos "hasta luego", nos dimos un último beso, y del Renault 4, bajó.
   Daniela se fue a cumplir con su destino, y yo, a cumplir con el mío, que, si bien, entonces lo desconocía, eran uno solo.

domingo, 18 de enero de 2026

Emboscada de aniquilamiento (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 2.027-
Poder judicial = Parodia de justicia

   En 1971, durante la dictadura de Lanusse, se creó el “Camarón” (Cámara Federal en lo Penal de la Nación); tribunal cuyo propósito específico era el de juzgar a quienes incurrieran en actividades guerrilleras y a aquellos acusados de colaborar con ellas.
   El "Camarón" utilizaba como evidencias, declaraciones obtenidas bajo tortura, en recintos policiales y militares, motivo por el cual, dos años después de su creación, tras la democracia representativa, retornar, dicho tribunal fue abolido por el Congreso Nacional, el mismo día en que Héctor Cámpora, asumió la presidencia.
   El nuevo presidente, desde la noche del día de su asunción (25 de mayo de 1973) fue presionado por una manifestación constituida por decenas de miles de personas que le exigían la liberación de los llamados “presos políticos” (el hecho se conoció como: “El Devotazo”); como negarse a eso, habría implicado para él, tener que ordenarle a la policía, reprimir, y cosa tal, no podía hacerla, ya que se suponía que su gobierno sería diametralmente opuesto al anterior, por ser de iure y el anterior, de facto, decidió conceder indultos a los que, horas después, se sumaron amnistías otorgadas por el Congreso; esto resultó en la liberación de cientos de guerrilleros.
   Los ex integrantes del ya disuelto “Camarón”, quedaron en la mira de muchísimos combatientes, recientemente liberados, que, por obra de ellos, habían sido encarcelados. No obstante, dado que Cámpora era representante de Perón, las organizaciones guerrilleras peronistas, decidieron hacer una pausa al fuego; pausa que, del gobierno de Cámpora, prolongarse (duraría solamente 49 días), se puede suponer que habría sido prolongada, pero... el PRT-ERP, NO ERA UNA AGRUPACIÓN PERONISTA, y si bien, por no entrar en conflicto con la izquierda peronista con la cual, tenía mucha afinidad, su conducción había manifestado que no atacaría al gobierno, sino solamente a las “Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias” y a las grandes empresas extranjeras, lo cual, significaba que los ex camaristas, no estarían entre los objetivos a eliminar, no todos los combatientes estaban de acuerdo con respetar tal directiva, de ahí que algunos de ellos, a determinado magistrado que los había condenado, decidieran ir a buscar.

El plan

   Tras unos días de trabajo de inteligencia, los cuatro combatientes del Ejército Revolucionario del Pueblo, concluyeron que el magistrado, no tenía custodia; él se la había solicitado al presidente Cámpora, pero éste, considerándolo cómplice del recientemente finiquitado, gobierno de facto, decidió no asignársela.
   El plan era sencillo: dos combatientes tocarían timbre en la casa del juez, poco antes del mediodía (siendo sábado, asumían que se encontraría en su domicilio a esa hora), diciendo que estaban ahí, para entregar una cómoda; los dos llegarían en una camioneta identificada como perteneciente a una mueblería; una vez que abrieran la puerta, ingresarían al inmueble en busca de su persona, o dispararían ahí mismo, de ser él, quien abriera; ambas situaciones, los combatientes las
consideraron muy poco probables por darse, de ahí que la idea principal, fuera la de que uno de los dos guerrilleros que hasta la puerta se acercarían, distrajera a quien fuera que del otro lado de la misma, respondiera, mientras el otro, por el pasillo lateral que daba al patio (que era abierto), iría en busca del magistrado, y en caso de darse que él respondiera, no desde detrás de la puerta, sino desde detrás de una ventana, se lo ultimaría ahí mismo. Mientras tanto, en un Dodge 1500, transitarían por el área, dos combatientes que intervendrían si fuese necesario.
   El modo habitual de los muchachos del ERP, de aniquilar, era mediante ráfagas de ametralladoras; esto se hacía si se daban las condiciones, es decir, si no había nadie más que el objetivo a eliminar, en el área; de haber otras personas, se tiraba del gatillo con el cerrojo cerrado, ya que así, se dispara un tiro a la vez; no obstante, en este caso particular, los combatientes no contaban con pistolas ametralladoras ni fusiles, ya que las armas más importantes (como esas), debían irlas a buscar a determinados lugares, tras serles habilitadas por la superioridad, al serles por la misma, asignada una operación; una vez ella concluida, debían devolverlas, pero la operación en cuestión, no les había sido a ellos asignada por nadie; la realizaban por cuenta propia, de ahí que solamente tuvieran las armas cortas que a diario, portaban, que en este caso, eran pistolas.
   Las pistolas calibre 45, Ballester-Molina y Colt 1911, de aquellos tiempos, tenían capacidad para siete balas; pese a haber otras pistolas ya en uso por las fuerzas policiales y militares, cuyos cargadores contenían unas 13 balas, muchos preferían las de calibre 45 por su mayor poder de detención; las de mayor capacidad municional más comunes, eran calibre 9 milímetros, y en ese entonces se consideraba que tenían muchísima menos potencia que las de calibre 45, no obstante, el calibre 45 fue dejado de lado cuando investigaciones más profundas, revelaron que en realidad, el mismo tiene apenas un 15 % más de dicho poder, que el 9 milímetros.
      Los cuatro combatientes del ERP (tanto los dos que estaban disfrazados de empleados de mueblería, como los otros que en el Dodge 1500, circularían por los alrededores), tenían pistolas Colt y Ballester-Molina, calibres 45.

Emboscada(s)

   Perú 1068, Acassuso; 9 de junio de 1973; 11:38 horas.
   Los dos guerrilleros, vistiendo mamelucos, en una camioneta FIAT 125 multicarga, identificada como perteneciente a la mueblería “Vittoria” (acababan de sustraerla), llegaron hasta la dirección ya referida y estacionaron frente a la casa del magistrado; por los alrededores, cada tanto pasaba el auto de apoyo, para controlar que todo estuviera saliendo bien.
   Ambos guerrilleros, tras bajar de la camioneta, descargaron la cómoda y la acercaron hasta el frente de la vivienda del juez; uno de ellos tocó el timbre y desde el otro lado de la puerta, tras algunos segundos, le fue respondido:
   -¿Sí?
   -Buen día señor. Somos de la mueblería; traemos la cómoda.
   -No compramos ninguna cómoda -dijo el juez.
   -¿Está seguro?
   -Sí sí; tienen mal la dirección, evidentemente.
  Y tras hacerle un gesto con la cabeza a su compañero, éste último se fue hacia el lado izquierdo del lugar, en un intento de ingresar al inmueble por el pasillo lateral que daba al patio; mientras tanto, el primer guerrillero, tratando de distraer al juez, le dijo:
   -Pero... a ver, señor: si no es acá, ¿puede ser, que sea por acá, que alguien compró una cómoda?
   -Sí, puede ser, pero acá no fue.
   -¿Podría usted, por favor, llamar a algún vecino por teléfono, y preguntarle si está esperando la entrega de una cómoda o si sabe de alguien por acá, que la espere?, porque si no, no podemos cumplir con nuestro trabajo, e imaginesé que vamos a tener problemas con nuestro patrón, ma… ¡qué problemas! PROBLEMONES, porque es un tipo muuuuuy severo; ¡no sabe usted lo que es!, encima, con ese castellano cocoliche que habla, ¡se le entiende por la mitad!; el tipo es alguien que… 
   Y abruptamente dejó de hablar, al escuchar el primero de los tres disparos que en contra del juez, desde el interior de la casa, su compañero, efectuó.
   Mientras tanto, en el exterior acababa de estacionar un taxi Renault 12 en el cual, viajaban dos custodios que acababan de ser contratados por el magistrado, y que al escuchar los disparos en el interior de la casa, automáticamente supusieron que el hombre que se encontraba en el exterior, era un guerrillero (no es que fueran muy sagaces, lo que pasa es que eso, lo pensaban de prácticamente todo el mundo).
   El guerrillero, al advertir la llegada del taxi, se inquietó bastante, por lo que metió la mano dentro de su mameluco para sacar de su interior, la pistola que llevaba, en el mismo momento en el que su compañero, que acababa de ajusticiar al juez, salía de la casa por la puerta principal, pero no llegó a dispararla porque el custodio que estaba en el asiento delantero del acompañante, del lado más próximo a la vivienda, con su brazo derecho fuera de la ventanilla, con un revólver Smith & Wesson .38 Special, abrió fuego contra él, impactándolo dos veces y llevándolo a morir, casi de inmediato; su compañero logró evadir los siguientes dos disparos que el custodio, realizó, mediante la puesta en práctica de un “rodamiento de combate” hacia un costado, y una vez en el piso, sacó su pistola 45 y en dirección al taxi, tres veces, disparó; dos de los disparos dieron en el custodio que había abierto fuego, causándole la muerte, el otro, lamentablemente dio en el taxista, que ninguna relación tenía con los dos represores; mientras tanto, el segundo custodio que se encontraba en el asiento trasero, del vehículo había bajado y tras el mismo, se había escudado; con una pistola Beretta, calibre 9 milímetros en mano, cautelosamente miró en dirección al combatiente que del suelo, se acababa de levantar, y que se había acercado hasta su compañero, constatando con pena que por él, nada se podía hacer; el joven revolucionario, que no parecía haber advertido la presencia del segundo custodio, fue sorprendido por éste (quien, al igual que su compañero ya muerto, era policía), que contra él, dos veces, disparó; con el primer disparo, lo hirió en su brazo izquierdo, pero con el segundo, no logró impactarlo porque de inmediato, el guerrillero se arrojó al suelo; no llegó a haber un tercer
disparo efectuado por el represor, porque desde detrás de donde se encontraba, se acercó el Dodge 1500 de apoyo, y desde el mismo, el combatiente que estaba en el asiento delantero del acompañante, tras sacar su pistola a través de la ventanilla, tres veces lo impactó en la espalda, llevándolo de inmediato, a caer al suelo; una vez que el auto estuvo casi al lado del cuerpo, frenó, y rápidamente, quien del mismo, descendió (que era quien acababa de disparar), al custodio le dio un último disparo en la cabeza; seguidamente el partisano le abrió la puerta derecha trasera a su compañero herido, que rápidamente se había acercado, y tras cerrarla y él subir al asiento delantero del acompañante, a gran velocidad, los combatientes se fueron del lugar.

Una pata de la mesa

   Los jueces son una parte fundamental de este ordenamiento social mundial que, como todos saben, se basa en la desigualdad de derechos y oportunidades entre las personas, de ahí que sólo se los pueda considerar “justicieros”, si consideramos que la desigualdad de derechos y de oportunidades, es justa; de no considerarlo uno así, de ningún modo puede considerar que los magistrados, sean hacedores de justicia; ¿qué son, entonces? SECUESTRADORES, VERDUGOS, TIRANOS… personas que han decidido arbitrariamente disponer de la vida de los demás, de ahí que si lo justo es recibir lo que se da (para bien y para mal), pueda considerarse justo, que alguien disponga de la de ellos, como hicieron los muchachos del ERP, con el juez de la historia que vengo de contar, además, al igual que los combatientes revolucionarios, los policías y los militares, los magistrados decidieron voluntariamente meterse en una actividad que implica arriesgar la vida; por propia voluntad decidieron participar del “juego”; nadie los obligó a meterse en lo que se metieron, por eso, en la consideración de la posibilidad de que en su contra, alguna represalia se dé, lo siguiente digo: QUE SE LA BANQUEN.
   De lo ocurrido en la historia, lo que para mí, de ningún modo se justifica, es lo del taxista.

Epílogo

   A diferencia de lo que prejuiciosamente puede llegar a concluirse, y esto es, que quienes se metieron en la lucha armada, eran personas de bajo nivel cultural, y que por eso recurrían a la violencia en un intento de resolver conflictos, la cosa era exactamente al revés; el nivel cultural de los militantes armados de los años 1970, era ALTÍSIMO, y no es de extrañar el que fueran extremadamente violentos, ya que el aumento de las tendencias violentas es una consecuencia invariable del hiperdesarrollo intelectual, de ahí que a quien se sienta tentado de descalificar a otro, aludiendo a su (verdadera o supuesta) falta de desarrollo intelectual, yo le recomiende calmarse, y tomarse un minuto para a ese respecto, reflexionar.

miércoles, 7 de enero de 2026

(Serie: M & L; cap. 14) La hechizadora americana sigue hechizando (cuento) - Martín Rabezzana

El siguiente cuento es el capítulo 14 de la serie “M & L”, que se inicia en: “Casa montonera”, cuento publicado en mi libro # 12: “Material subversivo”; tiene su segundo capítulo en. "Mora", cuento publicado en mi libro # 17: “Llamamiento a la violencia”; el tercero se llama: “Hechicera americana”; está publicado en mi libro # 20: “Ni olvido ni perdón. REVANCHA”, el tercero bis, se llama: “María Clara: ex combatiente”; está publicado en mi libro # 19: “MATAR MORIR VIVIR”, y los que van del cuarto al decimotercero, se encuentran todos en mi libro # 22: “Hechizo… de concha americana”.

-Palabras: 3.585-
Conocimiento y desconocimiento

   Año 2004.
   El día anterior, había sido para mí, sublime y trágico; sublime, porque lo sublime era constante en compañía de Mora, y trágico, porque había matado a una persona, y a ese gravísimo hecho, se sumaba el malestar producto de mi desconocimiento respecto de quién era aquel a quien yo, había dado muerte; por supuesto que habría podido preguntárselo a mi novia, pero no lo hice; ¿por qué? Porque asumía que lo que yo debía saber, ella me lo revelaría cuando correspondiera, ya que aun considerando tener yo, la posibilidad de guiar el curso de mi vida, por el deslumbramiento y la atracción álmico-sexual, que Mora me generaba (cosa que me ocurrió desde la primerísima vez que la vi y que, con el paso del tiempo, lejos de disminuir, no haría otra cosa que aumentar en intensidad), había decidido dejarme por ella, llevar, y como parte del sentido de las cosas (por no decir, TODO él), se encuentra en el misterio y en la sorpresa, prefería no saber adónde me llevaba, de ahí mi ausencia de preguntas sobre el hecho en cuestión, y sobre muchas otras cosas, y sí que fue para mí, sorpresivo, el destino de la madrugada del pasado día, ya que tras mi chica estacionar el Renault 4 que manejaba en medio de la noche, en una zona semirural, y del mismo, descender, mientras yo dormía en el asiento trasero, sus pasos, que evidenciaban desesperación y que desde el auto escuché acercarse, me despertaron abruptamente; seguidamente bajé del vehículo y tras verla forcejear con un tipo de algo más de 50 años (sobre cuya cintura había un arma de fuego), y ser por éste, golpeada
, me vi en la necesidad de recurrir a la violencia extrema, lo cual, implicó el uso de un revólver con el cual, al agresor de Mora, ultimé.
   Las horas pasaron y seguí sin saber quién había sido aquel a quien yo, había matado, lo que sí supe sin que mi novia me lo dijera, fue lo que había pasado un rato antes, dado que, una vez en el auto rumbo a nuestra vivienda, la besé en los labios (uno de ellos, sangraba), y tragué su sangre; una vez hecho esto, tuve una visión en la que vi a Mora acercarse a la casa del tipo llevando un recipiente con combustible para después, derramarlo en el frente de su vivienda; seguidamente la vi encender un fósforo y arrojarlo, provocando así, un incendio; después la vi romper con una piedra el vidrio de una de las ventanas de la casa y correr de vuelta hacia el auto;…
Evidentemente, la idea de Mora no era matar a quien ella sabía, único ocupante de esa vivienda, de ahí que haya tirado una piedra para romper un vidrio y que así, el tipo pudiera advertir el fuego y saliera del lugar; el objetivo era hostigarlo en represalia por cosas que él, había hecho, sin embargo, los acontecimientos se sucedieron de un modo que culminó en su muerte.
   Pese a saber todo esto, como ya expresé, yo desconocía totalmente quién era la persona cuya casa, Mora había incendiado y a la cual, yo había matado.

Amanecer y lo que viene después

   Mientras regresábamos en auto a nuestra vivienda, amanecía.
   Una vez en la casa que ocupábamos (situada en Matienzo 31, Quilmes), nos acostamos y nos abrazamos, y así nos quedamos durante horas; fue la única vez que, estando despiertos, estuvimos tan cerca durante tanto tiempo, sin relacionarnos sexualmente (más de veinte años pasaron ya del hecho, y nunca volvimos a estar así de cerca tanto tiempo sin contacto sexual).
   No hablamos siquiera una palabra del hecho, durante todo el día.

Noche que alumbra

   La noche de ese mismo día, tras regresar de nuestros respectivos trabajos a nuestra vivienda, volvimos a acercarnos del modo sexual, acostumbrado: Mora (que acababa de sacarse el calzado y el pantalón) me besó en los labios. Yo la besé. Nos besamos. Yo le saqué las prendas superiores (la exterior y la interior), le di besos de lengua en los pechos durante un rato y seguidamente, tras ella poner sus manos en mi pantalón, en inequívoca indicación de que me lo bajara, y yo, así hacerlo para después, ser ella quien bajara la prenda que debajo del mismo, se encontraba, me pasó su hermosa lengua por la piel que recubre mis testículos mientras mi miembro erecto, empuñaba (erecto estaba, desde antes de que me bajara la ropa interior); después lo metió en su ferviente y lujuriosa, boca, y con extrema avidez, lo succionó; la succión que Mora realizó, duró varios minutos; tras el primero, durante el cual, ella, que estaba unilateralmente arrodillada mientras yo permanecía erguido, procedí a sentarme en la cama mientras ella seguía chupándome; poco después, se sacó velozmente la bombacha y se puso de pie sobre la cama para seguidamente arrodillarse sobre mí, situando su hipervelluda vagina frente a mi rostro; una vez hecho esto, empujó mi cabeza con su pelvis, llevándome así, a quedar acostado boca arriba; desde esa posición, durante varios (y GLORIOSOS) minutos, mi lengua pasé por su hermosísima vulva, cuyo fuertísimo gusto, me extasiaba cada vez más; después de amar a dicha sublime parte de su cuerpo con la lengua, Mora puso sus manos sobre mi pecho y, con sus piernas abiertas, desplazó su tren inferior hasta que su sexo estuvo en línea con el mío, entonces, en ella me hizo entrar.
   Ingresar al esplendidísimo cuerpo de esa mujer, era adentrarse aun más, en el paraíso que su sola presencia, creaba; así era, y así sigue y seguirá siendo.
   En diversas posiciones se dio la unión sexual entre nosotros durante varios minutos, mientras nos expresábamos amor con palabras repetidamente pronunciadas.
   Tras eyacular dentro de la vagina de Mora, a su lado me acosté, y durante horas permanecí abrazado a esa mujer de hermosa y oscura, piel AMERICANA, a la cual, sólo el nefasto racismo, lleva a negarle tal título.

Lucidez total || Trasnoche

   Mientras me encontraba en la cama junto a Mora, en cierto momento (que fue de vigilia), mi visión empezó a alejarse de la habitación en que estábamos; de pronto me vi acostado en la
parte trasera del Renault 4, durante la madrugada del día anterior, y volví a ver la escena en que Mora incendiaba la casa del tipo que yo terminé matando, pero la visión no concluyó ahí: así como ya me había ocurrido previo a generar una acción que indujo al suicidio a un militar represor de la última dictadura de apellido Madariaga, como si delante de mis ojos tuviera un filme en modo retroceso, vi imágenes de la vida del hombre en cuestión, que correspondían a años pasados, cada vez más lejanos, hasta que el modo retroceso, cesó, en algún día de fines de marzo de 1976.

1976; poco después de iniciado el último gobierno de facto
   
   En la casa operativa montonera, situada en 25 de Mayo 112, Quilmes, había 10 montoneros fuertemente armados; el armamento estaba compuesto por fusiles, armas cortas y granadas de mano.
   Los combatientes habían llegado un rato antes al inmueble, y tras cenar alegremente, se disponían a dormir, algunos, y a vigilar, otros; el hecho de que esos otros, vigilaran, no sirvió para lograr que los ocupantes de la casa, escaparan, tras ellos advertir la llegada de vehículos militares y policiales, ya que los mismos eran muchos y habían rodeado toda la manzana; la escapatoria era imposible; ¿qué quedaba entonces por hacer? Morir, y, en el mejor de los casos, previamente, matar, y así fue que ocurrió en mi caso y en el de mi pareja.
   Ulises y Elena, que éramos Mora y yo, en nuestras encarnaciones inmediatamente anteriores a las actuales, tras empuñar armas, lograron causar algunas bajas a los enemigos (así como también lo había logrado al menos, otro montonero), pero los guerrilleros no pudieron con todos los terroristas del estado y fueron muertos allí mismo, algunos, y secuestrados y llevados a centros clandestinos de detención, otros, para, tras un periodo espantoso, ser finalmente asesinados.
   Uno de los represores del estado que de dicho operativo, participó, fue llamado por uno de sus correpresores: “Mondino”, y era el mismo al que, 28 años después, yo maté.
   Además de, en el hecho ya referido, vi a Mondino, que era un agente de la SIDE, participar de otros hechos terrorificos; lo vi claramente bajar de un Ford Falcon junto a otros represores, casi llegando a La Pampa y Arribeños, Capital Federal, el 9 de agosto de 1976, y secuestrar a los diplomáticos cubanos: Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández, y al militante del MIR de Chile, Patricio Biedma; lo vi a Mondino infligirle tormentos a ellos y a otros detenidos-desaparecidos, en el centro clandestino de detención, denominado: “Automotores Orletti”; lo vi también participar del proceso de desaparición de sus cuerpos metiéndolos a tambores a los que les agregaron arena y cemento, para después, arrojarlos al río;… ...Todo esto, recién en la década del 2010, tras encontrarse los cuerpos, quedó judicialmente acreditado; a los esclarecimientos de estos hechos, contribuyó un informe desclasificado de la CIA en el cual, el yanqui Michael Townley, que pertenecía a la DINA (policía secreta de Pinochet, que era básicamente, una sucursal de la CIA), informaba sobre esto a la agencia de inteligencia yanqui, ya mencionada; este agente del imperialismo, había sido enviado al país, para participar de la perpetración de los ya referidos, crímenes.
   Townley, durante su carrera como sicario internacional de la DINA y de la CIA, tuvo “trabajos” resonantes, como ser: el asesinato en 1976, del ex funcionario del gobierno del derrocado presidente chileno, Salvador Allende, Orlando Letelier, en Washington; él mismo admitió haber sido uno de los que puso en su auto, la bomba que le causó la muerte a él y a su acompañante, Ronni Moffitt; previamente (en el año ‘74) había matado en Argentina, también con una bomba puesta en su auto, a quien fuera Comandante en Jede del Ejército de Chile durante el periodo de Allende, Carlos Prats, y a su mujer, Sofía Cuthbert.
   Mondino lo tenía de ídolo a Townley, dado que tenía por sueño, “trabajar” para la CIA, y a su correpresor yanqui, en una oportunidad se lo manifestó; éste último le dijo que, con el trabajo para la Secretaría de Inteligencia del Estado argentino, que estaba haciendo, ya estaba trabajando para la CIA, y no faltó a la verdad.
   El conocimiento de cosas como las que expuse, hace que no sea en absoluto misterioso el motivo por el cual, muchos jóvenes decidieron conformar grupos armados para combatir a las autoridades, y hasta a uno lo lleva a no entender por qué los grupos contrarrepresores, no surgen más seguido, dado que la represión injusta (ya sea legal o ilegal) perpetrada por las autoridades, es permanente.
   Todo lo que acabo de referir, pude saberlo producto de la capacidad extrasensorial que Mora tenía, y que hacia mí, expandía.
   Tras conocer quién era la persona a la que yo había sacado de este plano, experimenté un deshacerse inmediato de todo remordimiento. Esto me llevó a decir:
   -Mondino:… te la devolvimos, hijo de re mil... PUTA.
   Luego de escuchar lo por mí, dicho, Mora sonrió y reforzó el abrazo que ya nos estábamos dando.

Un rato más tarde

   Mientras en la cama compartíamos mate, Mora, leyendo en voz alta una página de diario, dijo:
   -...”Sobre el final de la dictadura, las deudas de un gran número de empresas privadas, nacionales y extranjeras,
pasaron al estado; algunas de las empresas nacionales que la dictadura benefició del modo referido, fueron: las del grupo Macri, Bunge y Born, Loma Negra, Ledesma, Acindar, Pérez Companc, Banco Francés del Río de la Plata y Banco Galicia; algunas de las empresas extranjeras con sucursales en Argentina, que se beneficiaron por la estatización de sus deudas, fueron: Ford Motor Argentina, IBM, Citybank, Esso, Chase Manhattan Bank, Renault, Mercedes Benz, Siemens, FIAT, Olivetti y Shell;… ...La estatización de las deudas de las empresas mencionadas (y de otras, ya que la lista presentada, es parcial), derivó en que la deuda externa pasara de ser de unos 9.700 millones de dólares en 1976 (año en que se inició el gobierno de facto), a ser de unos 45.100 millones, en 1983 (año en que dicho gobierno, terminó); todo esto lleva a concluir que dichas empresas fueron las que financiaron a la dictadura para que sus intereses fueran favorecidos, siendo el pase de sus deudas al estado argentino, el broche de oro de toda una serie de medidas previas, que los beneficiaron, ya que tanto durante el gobierno militar como durante el gobierno previo de Isabel Martínez de Perón, habían sido ya beneficiadas de múltiples formas por el estado, destacándose el accionar represivo ilegal (secuestros, torturas, violaciones, robo de bienes, asesinatos y desapariciones) que éste último, perpetró contra sus trabajadores desobedientes” -y tras varios segundos de silencio, mi americanísima mujer, dijo: -Milicos de porquería… Para los militares y para todo aquel que esté a favor de una política económica liberal, la patria es el capital, incluido aquel asentado en el país, en forma de sucursales de empresas extranjeras, de ahí que para ellos, los antipatrias sean quienes al capitalismo, en alguna medida o en toda ella, se oponen;… Es obvio que todo aquel que se considera a sí mismo, “patriota” y/o, “nacionalista”, mientras defiende al capitalismo y/o al liberalismo económico, es en realidad, un cipayo.
   Yo le pregunté:
   -¿Fueron entonces, “patriotas”, los guerrilleros que actuaron contra los detentores y defensores del capital?
   Mora respondió:
   -Puede ser, como puede también, no ser; a este respecto hay que decir, que muy rara vez es considerado “patriota”, alguien que no haya matado a mucha gente, de ahí que dicho vocablo, en su carácter positivo, sea muuuuy discutible, por no decir que es fácilmente desmentible.
   Tras algunos instantes de silencio, le dije:
   -Lo que tenemos por “misión”, hacer en esta vida, no pasa por lo patriótico, ¿o sí?
   Ella dijo:
   -No.
   -Y… ¿por dónde pasa?
   Tras varios segundos, Mora dijo:
   -Pasa por entender que todo lo que hemos considerado absurdo en nuestras existencias anteriores e incluso, en ésta misma, tiene sentido, y no sólo pasa por entenderlo, la misión que en esta vida, tenemos, sino también, por contribuir a dárselo… ...Hay quienes piensan que entre lo “tóxico” de los idearios espirituales, comúnmente llamados de la “nueva era” (que a ABSOLUTAMENTE TODO, le dan un sentido), están las ideas de los “contratos álmicos” y de la “simulación”, ya que supuestamente son difundidas por las organizaciones de poder concentrado, con el fin de crear en las personas, resignación y pasividad, ante un estado general de cosas, negativo, que ellas mismas han creado, y por eso sería que las corporaciones económicas estarían difundiendo tales idearios a través de líderes espirituales no tradicionales (por tener a esta altura de los tiempos, los líderes religiosos tradicionales, poca credibilidad), en pos de crear docilidad en las personas, disminuyendo así, las posibilidades de que a sus acciones, se opongan; ahora bien: si bien, esto lo pueden intentar, según mi criterio, NO LO PUEDEN LOGRAR; por ejemplo, a la difusión
de la idea según la cual, el que a uno le hace un mal, es un “maestro” que a uno le vino a impartir lecciones, con cuya alma, antes de nacer, uno hizo un “contrato” para que las cosas se dieran así, se le atribuye el objetivo de intentar inculcar pasividad ante las injusticias que uno sufra, pero para mí, no resulta en eso, dado que si yo asimilo la creencia de que el que me hizo un mal, es un “maestro” con el cual, antes de nacer, hice un contrato para que me impartiera lecciones que se me presentan bajo la forma de sufrimiento, también puedo usarla para justificar mi venganza en su contra; yo puedo represaliarlo y justificarme diciendo que, así como yo lo elegí antes de nacer, como “maestro”, él también me eligió a mí, como cosa tal, de ahí que todo lo que yo haga en su contra, esté justificado;… Los detractores de las ideas de la espiritualidad actual, también le atribuyen el intentar crear resignación y pasividad, a los difusores de la teoría de que vivimos en una simulación de computadora, ya que eso llevaría a minimizar a nuestro sufrimiento y a no rebelarnos contra quienes nos lo causan, dado que, en última instancia, no importa porque no es “real”, pero esto no es así, ya que si yo creo cosa tal, y esa creencia se convierte en sentir, ningún reparo voy a tener en matar ni en morir, porque, a fin de cuentas, ¡todo esto es una “simulación”!, de ahí que yo crea que estas ideas, de ser aceptadas generalmente y convertidas en sentires, no llevarían a una resignación y pasividad, generales, sino a una temeridad general;… es por todo esto que, como ya expresé, puedo aceptar lo que algunos creen, y esto es: que los grandes grupos de poder concentrado, utilizan a los idearios de espiritualidad sin religión, para intentar crear resignación, pero no coincido con quienes creen que ese objetivo, es por ellos, alcanzado, y es por esto que, si bien hay ideas en todo ese ideario inmenso y en evolución permanente, que no me parecen lógicas, tampoco me parece lógico ni justo, aislarlas de las demás, y hacerlas pasar por el todo, ya que en ese todo, hay muchas ideas que sí son lógicas y válidas, que explican cosas que ni los idearios religiosos tradicionales (ni tampoco, los idearios de otra índole), explican, y nada cambia si las explicaciones no constituyen “verdades” (que, a fin de cuentas, no creo que podamos saber cuáles son, en caso de existir), porque lo que importa, es si las consecuencias de una creencia, son buenas o malas, y las consecuencias de interpretar a todo lo malo, como tendiente a un bien futuro, que es la base de estos idearios, no me parece que sean en general, negativas, sino por el contrario, altamente positivas, no obstante, como no nos afectan a todos de igual modo, las mismas cosas, podría darse el caso en que a alguien, la aceptación de dichos idearios, le generara consecuencias negativas, no significando esto que
no haya otras personas para las cuales, sus consecuencias, puedan ser positivas; esto sencillamente demuestra que esas ideas, no eran para él, cosa que se aplica a TODO, dado que NADA es para todos;… ...Quienes creen ver toxicidad en todo ideario de tipo espiritual, de ahí que hablen de “espiritualidad tóxica”, ni siquiera consideran la posibilidad de que lo tóxico pueda llegar a estar en su propia visión de las cosas, y que, por consiguiente, tóxicos sean ellos mismos.
   Tras pensarlo un poco, yo dije:
   -La idea que generalmente se tiene del alma, es la de una esencia que permanece inmutable, aun durante el proceso permanente de cambio que experimentamos en el plano terrenal, y que la misma, constituye nuestro ser verdadero; en el budismo se dice que esa supuesta esencia inmutable, no existe, ya que el cambio es permanente, de ahí que no haya un “yo”, inmodificable;… Esto resuena cada vez más con mi sentir… Creo que el proceso de modificación permanente que experimentamos, que nos hace morir y renacer, muchas veces en cada vida, continúa aun en el plano inmaterial, y la modificación, creo que es parcial, pero sólo temporalmente, ya que es cuestión de tiempo para que la misma, sea total, lo cual, significa que lo esencial, en nosotros, no existe, al menos, como cosa inmutable, y decir que la esencia muta, es casi lo mismo (por no decir que es exactamente lo mismo) que decir que la esencia, no existe;… Si esta creencia es correcta, pasado cierto tiempo, la renovación que, de modo constante, en todos se da, llega a ser total, es entonces que de nuestro ser anterior, no queda absolutamente nada.
   Mora dijo:
   -Lo único permanente, sería entonces, el cambio, razonamiento que lleva a la paradójica conclusión de que lo único permanente es la impermanencia, pero… ¿cómo se explica entonces el amor que nos tenemos, que no sólo se sostiene, sino que además, aumenta con el paso del tiempo y de las vidas?
   Yo, tras pensarlo unos segundos, dije:
   -Creo que puedo explicarlo del siguiente modo: la teoría de que TODO es impermanente, es errónea.
   -¿Ya no resuena más, esa idea, con tu sentir?
   -No; lo que dijiste sobre el amor que nos tenemos, anuló toda resonancia entre esa idea y mi sentir.
   -Tampoco resuena conmigo -dijo Mora y me besó, nos besamos, y después, nos amamos sexualmente una vez más.

Casi un mes después

   Pasaron varias semanas, y así como ya había ocurrido la vez en que, en medio de la madrugada, me había despertado para ir a buscar a Mondino, Mora me dijo:
   -Leandro, mi amor… despertate que tenemos que ir a cierto lugar.
   Y como yo no me despertaba del todo, descorrió la sábana que me cubría, bajó mi ropa interior, tomó a mi miembro con sus manos y lo metió en su boca; durante casi dos minutos, con tremendo furor, lo chupó; una vez que me hubo llevado a la eyaculación, con el mismo furor con que había realizado la succión, mi semen, tragó.
   Lo que mi novia me hizo, de inmediato, me despabiló.
   Una vez levantado, fui al baño y junto a Mora, rápidamente me duché; después subimos al Renault 4 y salimos hacia ese “cierto lugar”; una vez en el mismo, pasó que…




Posdata: La ex casa montonera, actualmente está a la venta; si la quieren ver por dentro, les dejo el enlace para el sitio de la inmobiliaria a través de la cual, se vende: 

https://www.zonaprop.com.ar/propiedades/clasificado/veclcain-casa-con-218-m-sup2--totales-3-dorm.-en-venta-en-51831181.html?n_src=Listado&n_pills=Parrilla&n_pg=1&n_pos=1


lunes, 29 de diciembre de 2025

Siga matando, compañera (cuento) - Martín Rabezzana

 
Continuación de mi cuento: “Meche Combatiente (y MONTONERA)”.

-Palabras: 3.100-

Rodrigazo = desastrazo 

   Si bien, el cese de las acciones violentas de la extrema derecha y de la extrema izquierda, era pretendido por la mayor parte de la población, a diferencia de lo que dice la versión de los procesistas, no es verdad que la mayoría festejara el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, por considerar que los militares terminarían con la lucha armada; algunos festejaron, sí, pero la gran mayoría, aceptó pasivamente al nuevo gobierno de facto, y esta pasividad se dio, porque el año anterior, más precisamente, el 4 de junio de 1975, el ministro de economía, Celestino Rodrigo, había implementado un plan económico ultraderechista que popularmente fue llamado: “Rodrigazo”, que implicó una tremenda devaluación, un aumento importantísimo en el costo de los servicios y un límite a los aumentos salariales; esto resultó en hiperinflación, en escasez de artículos de primera necesidad y, a su vez, en protestas generalizadas que desestabilizaron al gobierno de la entonces presidente, Isabel Martínez de Perón; nada de esto fue por casualidad, ya que es de manual para todo golpista, el imponer un “shock” inflacionario previo al golpe, dado que eso lleva necesariamente a un reclamo general de renuncia de quien esté en la presidencia del país, y a la creencia (equivocada, por supuesto) de que cualquier otro gobierno, incluso uno de facto, va a ser mejor que aquel que en curso esté; esto, ya en ese entonces, era algo sabido y estudiado, y así fue que desde el ministerio de economía, ese títere de la burguesía nacional y extranjera, que fue Celestino Rodrigo, creó las condiciones óptimas para el golpe militar que sobrevino en el año ‘76, cuyo objetivo fue el de favorecer los intereses de los mayores concentradores del poder económico.

Herida abierta

   El “rodrigazo” fue un golpe tremendo para la economía argentina del cual, el país, aún hoy, no se ha recuperado; basta con decir, para demostrar lo dicho, que en 1975, la pobreza a
nivel nacional, era de aproximadamente el 5 %, y lo había sido durante más de 30 años consecutivos; con el criterio de medición actual, el porcentaje se duplicaría, o sea, sería del 10 %, y aún así, sería un porcentaje mucho menor que el que empezó a ser a partir del momento referido, y si bien, hubo periodos de notables aumentos y descensos de la pobreza, el promedio de los últimos 50 años, fue en Argentina, del 30 %; esto expone categóricamente que, como ya expresé, del daño que el plan económico de Rodrigo, le hizo al país (y del que la dictadura militar a la que le abrió la puerta, hizo), 50 años después, todavía no nos recuperamos. No obstante esto, los derechistas, con su falta de sagacidad característica, le echan la culpa de todo a la “izquierda”, guerrillera o no, de todos los males del país (y del mundo), sobretodo, del aumento de pobres, mientras ellos apoyan políticas económicas que, por no ser distributivas, sino de concentración de riqueza en ciertos sectores, lleva a que la pobreza, aumente;… Son realmente tontos los derechistas; odian a los pobres, pero apoyan políticas que los multiplican, y en paralelo, a quienes pretenden desconcentrar la riqueza para distribuirla entre los que menos tienen, cosa que llevaría a un descenso del número de pobres, los acusan de ser “comunistas”, “marxistas” (lo sean o no) y “zurdos” (lo sean o no, ya que Perón, cuya política tendió siempre a la distribución equitativa de las riquezas, en pos de favorecer a los sectores más vulnerables, no es considerado de izquierda, siquiera por sus partidarios que de izquierda, se consideran, sin embargo, desde la derecha económicamente liberal… ¡Perón era zurdo y hasta comunista!, aun cuando a los comunistas, Perón, arbitrariamente los haya perseguido);… ...Son muuuuy tontos los derechistas. Tontos, masoquistas y además, extremadamente INFELICES, ya que la tendencia derechista, es elitista, y ser elitista implica despreciar a las mayorías, y está clarísimo para mí, que sin un aprecio importante por la mayoría de las cosas y los seres, no hay felicidad alguna posible.

Meche y Fernando, camino a la posta

   Junio de 1975.
   Tras los ajusticiamientos montoneros de dos policías, seis gendarmes franchutes y un gerente explotador y entregador de víctimas a la represión (hechos, durante los cuales, fueron también muertos, cuatro montoneros), Meche conducía a alta velocidad una pick-up Ford F-100, con el objetivo de llegar a la posta sanitaria que para esa noche, se había dispuesto para la atención de los posibles combatientes heridos; a su lado se encontraba Fernando, herido de bala en su hombro derecho.
   Como en estos casos se recomienda que el herido se mantenga despierto, Meche, notando que éste, parecía a punto de perder la conciencia, le dijo:
   -No se me vaya a dormir, compañero, que ya estamos por llegar; a ver: cantemos algo… ¡Aquí están, estos son, los soldados de Perón! ¡Aquí están, estos son, los soldados de Perón! -y viendo que su compañero no se sumaba, tras tocarle una mano, la joven le dijo: -¡Dale! ¡No me dejés cantando sola!
   Entonces Fernando, con voz débil, empezó a cantar junto a ella, progresivamente más fuerte: 
   -Aquí están... estos son… los soldados... de Perón. Aquí están, estos son… los soldados... de Perón.
   -¡Bien bien! -dijo Meche; seguidamente dijo: -Otra: ¡Perón presidente, los yanquis que revienten! ¡Perón presidente, los yanquis...
   Y el guerrillero, sonriendo levemente, se sumó a su compañera.
   -Perón presidente… los yanquis… que revienten; Perón presidente. Los yanquis que revienten.
   
   -¡Buenísimo! -dijo Meche, después dijo: -Una más: ¡Si Evita, viviera, sería montonera! ¡Si Evita, viviera, sería… ¿qué sería?
   Y Fernando se sumó.
   -Montonera… Si Evita, viviera, sería montonera… Si Evita, viviera... sería montonera…
   Y ya no cantó más; entonces Meche volvíó a tocarlo en una mano mientras le decía:
   -Ya estamos cerca.
   Pero el cuerpo de Fernando se inclinó hacia la puerta; su cabeza quedó de costado apoyada contra la ventanilla; fue entonces que la montonera pasó de tocarle una mano, a tocar su muñeca, y al hacer esto último, notó que su pulso era inexistente, al tiempo que lágrimas empezaban a caer de sus ojos.
   No mucho después, frenó el vehículo y a Fernando, ya muerto, le dijo:
   -Gracias por todo, compañero -y lo besó en una mejilla.

Una vez en la posta, la niebla 

   Tras volver a arrancar la camioneta, Meche reanudó su marcha rumbo a la posta sanitaria montonera para dejar el cuerpo de su compañero Fernando, pero no notó que un vehículo, desde una distancia prudencial, la seguía; el mismo era un Ford Taunus y sus ocupantes eran dos miembros de la Triple A, que, a través de “walkie-talkies”, habían sido informados sobre lo ocurrido minutos atrás, en el barrio de Retiro, frente a la embajada de Francia; también les había sido dicho que uno de los vehículos de los guerrilleros, era una camioneta Ford F-100.
   Una vez con la camioneta frente al portón, Meche tocó bocina 2 veces, y tras unos cinco segundos, una vez más, como habían convenido los combatientes que harían, con los médicos de la posta sanitaria; inmediatamente, desde el interior, el portón fue abierto y Meche ingresó al inmueble.
   Una vez en el lugar, bajó de la camioneta muy conmovida; sus compañeros médicos (Estefanía y Pablo), tras acercarse a Fernando, constataron que estaba muerto. 
   Entre lágrimas, Meche dijo:
   -¡Fue horrible! Yo iba con Tomás en un auto y nos chocó un patrullero; otros compañeros llegaron para rescatarnos, pero fueron impactados por balas enemigas; yo logré responder y causar varias bajas, pero ya era tarde para Tomás y para los demás;… en el caso de Fernando… yo estaba segura de que llegaría a tiempo acá, para que pudieran curarlo, pero la herida que tenía, era mucho más grave de lo que creía.
   Ninguno de ambos médicos, supo qué decirle respecto de lo que acababa de contar, por eso pasaron a preguntarle cómo estaba, y ella dijo:
   -Yo estoy bien.
   Sin embargo, en su rostro había sangre seca que había caído desde la parte superior de su cabeza.
   Ambos médicos hicieron sentar a la combatiente, y empezaron a curar sus heridas; mientras tanto, en el exterior, más precisamente, en una de las esquinas, a los dos miembros de la Triple A, se habían sumado dos policías que en un patrullero, acababan de llegar, tras haber sido llamados por los miembros de la organización terrorista, ya referida.
   Si bien, lo más prudente para los represores, habría sido esperar la llegada de más refuerzos (que no tardarían mucho en llegar), temían que los ocupantes de la posta sanitaria, de un momento a otro, escaparan por alguna vivienda contigua o trasera, de ahí que para asegurarse de que eso no pasara, los dos integrantes de las Tres A, intentaran subir al techo de la vivienda de una casa lateral, cuyo dueño, que había abierto la puerta para salir a comprar cigarrillos, fue empujado hacia el interior por estos dos personajes armados (uno de ellos portaba una escopeta Bataan 71 y el otro, una pistola ametralladora PAM 2; además, cada uno tenía sobre la cintura un revólver calibre 38).
   Una vez, ambos represores, dentro de la casa, se encontraron con la mujer del hombre, una nena y dos ancianos (en aquel entonces, los abuelos acostumbraban alojarse en la casa de sus hijos cuando llegaban a cierta edad; no estaba tan difundida todavía la costumbre de sacárselos de encima, metiéndolos a un asilo).
   Notando que la familia estaba muy nerviosa, uno de los represores dijo:
   -No se preocupen; nosotros somos los buenos.
   Su correpresor, dijo:
   -Ni bien matemos a los subversivos que están al lado, nos vamos.
   Los represores salieron al patio y le pidieron al padre de la familia, una escalera, éste dijo que tenía una en el galpón, y junto a uno de los represores, hacia el mismo se dirigió; entre los dos, la agarraron y la dispusieron contra una pared; una vez hecho esto, los dos terroristas de estado subieron al techo de la casa y se separaron.
   Uno de los represores fue hacia el extremo del techo que lindaba con el patio de la casa que funcionaba como posta sanitaria montonera; el otro, fue hacia el otro extremo, que daba a la calle, no sólo por si los montoneros intentaban salir por el frente de la vivienda, ya que de ellos, en tal caso, se ocuparían los policías que se encontraban en el patrullero, sino además, porque desde ahí podría ver si algún vehículo guerrillero, se acercaba.
   Desde el lugar más cercano al patio, el represor de la Triple A, que portaba la Bataan 71, vio a Estefanía salir en busca de algo y rápidamente, volver a ingresar a la casa; segundos después, vio a Pablo hacer lo mismo; si bien, el represor no lo advirtió, porque Pablo disimuló muy bien, éste último había advertido la presencia de alguien en los techos, fue por eso que una vez en el interior del inmueble, se lo comunicó a Meche, y ella rápidamente se acercó a una ventana desde donde pudo ver al represor de la escopeta, sin ser por él, vista (la niebla que había empezado a extenderse por el área, contribuyó a que el represor no tuviera una visión del todo clara); a su vez, escucharon al otro sicario caminar sobre el techo.
   
   De inmediato, la guerrillera sacó la pistola que a uno de los policías muertos, en el hecho de hacía un rato atrás, había pertenecido, y tras sacarle el seguro y retraerle la corredera, le dijo a sus compañeros médicos que prepararan las armas que tuvieran (cosa que hicieron); después se acercó a la puerta que conducía al patio, a la cual, su compañero Pablo, había dejado entornada, y desde ahí pudo ver al represor de la Bataan, salir de su agazapamiento al levantarse, mientras le hacía una seña con su mano izquierda a su correpresor que en ese momento se encontraba en el borde del techo de la casa que oficiaba de posta sanitaria, del lado de la calle, para que se acercara, ya que deseaba comunicarle que sabía cuántas personas había en el inmueble, pero ni bien hizo esto, apuntando la pistola que empuñaba contra él, Meche tiró del gatillo tres veces; quiso disparar una vez más, pero, por algún motivo, el arma se trabó y no pudo hacerlo, no obstante, no hizo falta, porque sus tres disparos fueron certeros, de ahí que el represor cayera de inmediato al patio, herido de muerte; a su lado quedó su escopeta; entonces Meche, por necesitar de dicha arma, soltó la pistola que ya no le funcionaba, y con la
velocidad de un rayo, fue hasta donde el arma larga había quedado caída, la agarró, y le retrajo la corredera, mientras casi corriendo, fue a ocultarse tras una cocina vieja que en el lugar, había; a todo esto, el represor que había sido llamado por su compañero al cual, había visto recibir los impactos de bala y caer al patio, se acercó con su ametralladora al borde del techo, y contra el sector izquierdo del patio en que Meche estaba, desató una tremenda ráfaga (mientras tanto, se escucharon disparos y una explosión, en el exterior), ya que estando (desde su perspectiva) su compañero caído, en el lado derecho, claro estaba para él, que los disparos habían procedido de la posición opuesta, y así había sido, y como Meche había sido entrenada para suponer lo que sus enemigos, podrían a su vez, suponer, tras disparar, resolvió permanecer por algunos instantes en el sector derecho del patio, y por eso no fue alcanzada por las balas; tras la ráfaga, cesar, la combatiente agarró una piedra del piso, y la arrojó hacia delante, golpeando la puerta del galpón que, cruzando la casa, se encontraba; esto resultó en que el represor volviera a desatar una ráfaga, esta vez, hacia delante de donde él estaba, que no fue de más de cinco disparos, porque antes del sexto, Meche, que se había posicionado en diagonal a él, pero muy
cerca de estar con él, en línea paralela, disparó dos veces en su contra, llevándolo a caer al piso del patio, frente a ella, boca arriba; tras apuntar nuevamente el arma contra el represor, que no estaba muerto pero sí, malherido, Meche lo remató de un disparo en la cabeza; seguidamente dejó la escopeta en el suelo, y agarró el revólver que vio que el tipo tenía en su cintura, lo guardó sobre su propia cintura trasera, y después empuñó la PAM 2, que junto a su ultimado, había quedado.
   A todo esto, los policías del patrullero que se encontraba en la calle, nada pudieron hacer, porque muy poco después de que se iniciaran los disparos, un Torino en que viajaban tres montoneros que se dirigían a la posta sanitaria, apareció, y dos de sus ocupantes, armados con ametralladoras Halcón, tras bajar del vehículo, abrieron fuego contra el auto policial (que era un Ford Falcon), matando a sus dos uniformados; acto seguido, uno de los combatientes arrojó una granada de mano hacia el interior del Falcon, que de inmediato, detonó; a este hecho correspondieron los disparos y las explosiones que tanto Meche como el represor de la PAM 2, habían escuchado cuando estaban por enfrentarse.

La niebla se disipa

  Los médicos Pablo y Estefanía, no participaron de los enfrentamientos, por ser milicianos, lo cual significa que tenían instrucción en el manejo de armas, pero era muy escasa (a diferencia de Meche, que era una de las combatientes mejor preparadas y más peligrosas de América), fue por eso que se mantuvieron expectantes, pero habrían intervenido de haber hecho falta, sin embargo, ninguna falta hizo, porque de los dos represores de la Triple A, MARAVILLOSAMENTE BIEN, Meche se había ocupado, y de los del patrullero, MARAVILLOSAMENTE BIEN, se habían ocupado los montoneros del Torino.
   Los montoneros del Torino, no estaban ahí por casualidad, ya que eran los combatientes que, tras ser solicitada su presencia durante los hechos que un rato antes, habían tenido lugar, frente a la embajada de Francia, no habían acudido por haberse averiado el “walkie-talkie” que poseían; al darse cuenta de que el mismo, no estaba andando bien, se dirigieron hacia la posta sanitaria para saber si alguno de sus compañeros había sido ahí llevado, tras los disparos que desde la distancia, habían escuchado; no obstante haberse percatado de que en las inmediaciones de la embajada ya referida, un hecho de fuego, había tenido lugar, no pudieron acercarse mucho al mismo, porque cuando lo intentaron, vieron a muchos patrulleros dirigirse hacia allá.
   Pablo, a través de una ventana, vio al patrullero en llamas y a sus dos ocupantes, muertos en su interior; también reconoció a los montoneros del Torino, y le dijo entonces a Estefanía y a Meche, que se quedaran tranquilas, ya que los compañeros del exterior, habían eliminado a la amenaza policial.
   Seguidamente, no sin temor, Meche dejó sobre una silla la ametralladora que empuñaba y, acercándose a la puerta de calle, empezó a gritar:
   -¡Compañeros! ¡No tiren! ¡No tiren!
   Seguidamente abrió la puerta y los dos montoneros que estaban del otro lado, la reconocieron y bajaron sus armas.
   Meche dijo que sería mejor que tanto ella como Pablo y Estefanía, se fueran en la Ford F-100, y hacia la misma fueron, ella y la médica; Pablo abrió el portón y, tras la pick-up, salir, la abordó y salieron del lugar a alta velocidad, escoltados por los tres combatientes del Torino.
   Una vez hechas varias cuadras, cada vehículo dobló en direcciones opuestas.
   No habían pasado siquiera 20 segundos desde que los montoneros se fueron del lugar, cuando tres patrulleros policiales y dos vehículos militares, rodearon la manzana de la vivienda que oficiara como posta sanitaria.

Posdata: 

   Le pregunté a Estefanía (que fue quien me contó la historia, varios años atrás), cómo pudo ser, que durante los enfrentamientos entre Meche y los terroristas de las Tres A, no hubieran llegado muchos policías y militares (estos últimos, ya en 1975 tenían facultades policiales otorgadas por la presidente y patrullaban muchas ciudades del país, incluyendo la capital), y me dijo que fue por falta de tiempo, ya que si bien, contar estos hechos, toma un rato relativamente largo, los mismos se sucedieron muy velozmente; literalmente dijo: “Fue todo muuuy rápido.”

Posdata: 2

   Yo suelo poner direcciones exactas de los lugares en que se sucedieron los hechos setentistas guerrilleros que relato; deberán disculpar que en esta oportunidad, no lo haya hecho, debido a que Estefanía no pudo recordar con exactitud en dónde estaba ubicada la posta sanitaria; sólo logró recodar que se encontraba en el barrio de San Telmo