martes, 28 de enero de 2020

Clarisa, “ella” y yo (cuento) - Martín Rabezzana


  
   Por "popular" se suele entender: de clase baja, pero yo nunca lo entendí así; yo, por "popular" siempre entendí algo que tiene arraigo en todos los estratos socioculturales y no sólo en uno, y el tipo y "ella" lo tenían ya que (sin negar que también tenían detractores en todos los ámbitos) eran apreciados por personas de clase alta, media y baja. Gente de izquierda, de centro, de derecha y hasta por algunos que habían sido libertarios (por inverosímil que suene), por lo que el título de "populares", a ellos les corresponde totalmente, lo que sí les digo es que no me pidan que imparta juicio sobre la calidad de lo "popular", ya que no sé si tal cosa sea buena o mala; la cuestión es que a "ella" (su nombre no será mencionado, por eso la llamaré simplemente "ella", ya que nadie creería que la conocí ni menos que semejante minón me apretó contra sí muchas veces) la conocí cuando era chico (muy chico); era amiga de una vecina que al saber que por las tardes me quedaba solo, se había desinteresadamente impuesto la tarea de cuidarme.
   Mi cuidadora, que se llamaba Clarisa, parecía tenerle resentimiento a los hombres, pero a mí me quería mucho (claro… yo todavía no era un hombre) y yo la quería mucho a ella.
  Las tardes que pasé con Clarisa conformaron mis recuerdos más preciados; nos divertíamos mucho juntos; me encantaba estar con ella.
  Cuando se empezaba a terminar la tarde y se acercaba la hora de su trabajo, Clarisa se maquillaba y vestía de un modo que era desaprobado por el entorno "decente"; yo así lo percibía pero no entendía el por qué de tal desaprobación (como no lo entiendo tampoco ahora), y en esas tardes en que me cuidaba (a veces en mi casa y a veces en la suya), "ella" habitualmente la visitaba y nos reíamos, jugábamos a muchas cosas, tomábamos mate y comíamos tostadas (esto último, sólo Clarisa y yo porque "ella" nunca quería comer nada).
   A "ella" la recuerdo grande de edad (no porque lo fuera, sino porque yo era muy chico), pero en realidad era apenas adolescente (varios años menor que Clarisa); era flaquita… linda… pálida… frágil… sobretodo, frágil, por eso me sorprendió sobremanera la ira con que se expresaría (y se conduciría) públicamente años más tarde, ya que esa forma de ser aparenta ser contraria a la fragilidad mencionada, pero en realidad ahora entiendo que la furia agresiva es la forma que toma la debilidad cuando está en su punto más alto, de ahí que esa "fuerza" que mostraría, no fuera más que aparente.
   A "ella", yo le gustaba; a esa edad (tenía unos 6 años) a casi todas las mujeres le gustaba; lamentablemente no estaba preparado entonces para recibir del sexo opuesto todas sus bondades, y cuando crecí y finalmente lo estuve, el gusto que mayormente las mujeres en general tenían por mí, disminuyó hasta casi desvanecerse por completo.
   A "ella" la escuché varias veces hablar con Clarisa de cierto hombre que terminaría siendo un mártir de la bandería (negra) de los humildes, por lo que me consta que ese "mito" que se difundió sobre su relación con él, no es tal;… es todo cierto; me acuerdo perfectamente del día en que Clarisa le dio plata para que pudiera irse a la capital a buscar a su amor detenido y atormentado hasta la muerte por haber cometido el "pecado" de predicarle a los pobres contra el estado, la burguesía, el capitalismo, la iglesia, las cárceles y los manicomios; su única arma era la palabra y la misma bastó para que las autoridades lo consideraran merecedor de aniquilación; a tratar de verlo y salvarlo "ella" se fue a la capital (pudo verlo pero no salvarlo); los otros motivos que se han presentado históricamente para explicar su decisión de irse de su pueblo, son erróneos.
   Por lo recién contado es que nunca pude entender cómo "ella" pudo posteriormente reivindicar a los mismos que reprimieron a los libertarios de modos tan crueles como, por ejemplo, arrojándolos vivos al Río de la Plata atados a piedras; en aquellos años treinta, cosas así eran moneda corriente en el país así como los fusilamientos clandestinos… …Nunca entendí cómo pudo soportar tratar con gente que era responsable directa de la misma represión que aquel que probablemente haya sido su único verdadero amor, sufrió; nunca entendí cómo pudo llamar "locos" a los anarquistas no sólo por todo lo ya expresado, sino además porque ella misma llegó a sufrir (justamente por intentar rescatar a su amor) las consecuencias de ese título tras haberle sido aplicado; tras eso ocurrir, fue sometida a aberraciones médicas tan espantosas e injustificables como la lobotomía;… …¿Cómo pudo olvidarse de esas cosas? Y si no las olvidó, ¿cómo pudo justificarlas?... …La única explicación sensata a esto es que cuando tomás al poder, el poder te toma a vos, dejás de ser quien sos y empezás a ser alguien distinto al que hasta entonces eras; alguien totalmente contrario a quien pretendías ser.
  Sin pretender justificarla, digo que ahora sé que sólo hiere quien está herido, de ahí que en cada una de sus acciones lesivas contra otros, se haya ido revelando un estado de debilidad emocional que a causa de su ejercicio del poder, no hizo más que agravarse.
   En fin… su historia es muy conocida, por lo que ya sabrán cómo siguió cuando se fue a la capital y cómo terminó, y respecto a Clarisa, como ya dije, ella me quería mucho y yo la quería mucho a ella, pero entonces no lo sabía (al menos no sabía cuánto la quería), por eso no pude llorarla cuando la mataron y recién pude hacerlo años después, y en ese llanto acumulado había, además de dolor por su ausencia, culpa por no haberla llorado antes.
   Sé que es egoísta de mi parte, pero por un lado siento que es mejor que Clarisa ya no esté en este mundo porque de haber seguido acá, me habría visto llegar a grande y seguramente se habría decepcionado (como lo estoy yo de mí mismo) por lo insignificante que soy… …por suerte me conoció sólo en mi mejor versión.

   No pienso en la amiga de Clarisa demasiado, sólo de vez en cuando, y al recordarla mi sentir es generalmente neutro.
   A Clarisa la recuerdo TODOS los días con mucho amor y de vez en cuando la sueño; muchas veces me habla pero no puedo escucharla;… tal vez algún día logre entender lo que me dice.