viernes, 19 de diciembre de 2025

Meche Combatiente (y MONTONERA) (cuento) - Martín Rabezzana

 -Palabras: 2.639-

¿Qué fue?

   ¿Qué llevó a miles de jóvenes de los 60 y 70, a optar por la lucha armada, aun poseyendo la creencia de que la misma, constituye un dolorosísimo camino de ida?… El amor, el odio, la fuerza vital… todo esto, cuando se combina con la indignación resultante del conocimiento de que el sistema social vigente, se basa en la opresión de muchos en favor de pocos, da lugar a personas temerarias, dispuestas a morir en pos de matar a esos pocos, entre los que también están, sus guardianes.

Se creen distintos, los iguales

Ni la izquierda puede vencer a la derecha ni la 
derecha la izquierda porque, aunque 
se crean enfrentadas, ambas 
transitan líneas paralelas.

Martín Rabezzana

   Izquierda y derecha: una y otra se alimentan recíprocamente, no obstante, los partidarios de una y otra tendencia, se creen tan distintos, y son taaaaan iguales, tanto en materia de valores, como en su incapacidad de vivir de acuerdo a ellos.
   Ambas tendencias políticas, desde distintas posiciones sostienen a la misma estructura jerárquica, de ahí que el movimiento pendular que se sucede por obra de las acciones, tanto de izquierdistas como de derechistas, sea generador de una marcha hacia el mismo lugar, y ese lugar, lejos de ser un jardín primaveral, es uno muy sombrío y desvitalizado… entendido esto… ¿cómo creer en dichas tendencias?… ¿Cómo no rechazarlas a ambas? ¡Si ambas son igualmente repudiables!
   Dejar de creer en ellas, es empezar a romper el círculo vicioso.

Que el derrotismo sea productivo

   Si el derrotismo nos lleva a considerar que al (siempre nefasto) estado, no es posible derribarlo, no lleguemos al punto de considerar que no vale la pena sacrificarse por dañarlo, dado que toda acción en su contra, es potenciadora en nosotros, de dignidad… y sin ella, no somos personas, sino autómatas… y herir al estado, que es un ente abstracto, implica, por supuesto, herir a las personas que lo componen, que son lo concreto, y esas personas que lo componen, de ningún modo deberían ser consideradas honestas, bondadosas ni altruistas, ya que pertenecen a la mayor organización criminal que el ser humano, ha creado.

Tristeza

   Lo más triste de este tiempo histórico en el cual, las sociedades humanas se rigen por estados (detrás de los cuales, está el poder empresario), es que la mayoría, pese a las pruebas que lo desmienten, todavía cree que la única manera de organizarse socialmente, es mediante ellos, y así es que, no sólo tolera a los gobernantes, sino que incluso incurre en el absurdo de exaltarlos como si fueran favorables a sus propios intereses, cuando la realidad es, que quien esté de turno en el gobierno, es su mayor enemigo.

La verdadera motivación || Guerrilleros setentistas = vengadores

   Ninguna imposición es un medio para lograr un fin (y el mismo, en política sería el del bienestar general), ya que la imposición es un fin en sí mismo, y cuando uno mucho busca imponerse a otros, es porque poco y nada de control, sobre sí mismo, tiene; es dicha debilidad lo que lleva a buscar el poder coercitivo, y a quienes más lo poseen, muchos los dan por fuertes… cuando en realidad, no son otra cosa que hojas en medio de un vendaval... dicho todo esto… ¿cómo reivindicar a quienes, en busca de imponer un proyecto político (cualquiera el mismo sea), se armaron?… No hay manera de reivindicarlos por eso, el error está en la creencia de que todos aquellos que participaron de la lucha armada, lo hicieron por el motivo referido, y esto no es así, ya que en muchísimos casos (me atrevo a creer, que en la mayoría de ellos), fue claramente el miedo a ser reprimidos sin posibilidad alguna de defenderse, lo que a muchos llevó, a tomar armas; a su vez, había en ellos una certeza casi absoluta, de que no sobrevivirían a los 70, e incluso, de que las causas de las organizaciones a las que pertenecían, no triunfarían; todo esto da cuenta de que detrás de los guerrilleros, había un furor que excedía a toda ideología, y el mismo se manifestaba en acciones contrarrepresivas (o sea, vengadoras), y no hace falta ser de lo que se ha denominado: “izquierda revolucionaria”, para reivindicar el accionar violento de la “juventud maravillosa” de los 70, porque… la sed de venganza no es de izquierda ni de derecha;… algunos me podrán decir, que la venganza no es buena, y yo le daría la razón, pero cuando la opción a armarse y contrarreprimir, es la de ser pacífico, y esto último, en aquellos tiempos, siendo uno, militante político de izquierda o anarquista, equivalía a dejarse secuestrar, torturar y matar (como dicen que hizo Jesucristo), el pacifismo mucho se asemeja al masoquismo y a la falta total de dignidad, y tal vez no se asemeje a esas cosas; tal vez, en casos como los que expuse, el pacifismo sea exactamente eso, de ahí que el mismo sea muy relativo en cuanto a su validez, ya que hay ocasiones en que ser pacífico implica (entre otras cosas) perder la dignidad, y en otras, no serlo, implica defenderla; dicho esto, la venganza, de no ser un bien, en casos extremos, es lo que más al bien, se acerca.
   Yo no considero que sea bueno perder la dignidad, y los guerrilleros que eligieron morir peleando, han a su vez, con sus virtudes y defectos, muerto, defendiéndola, y esto sí que es para mí, ABSOLUTAMENTE REIVINDICABLE.

Noche neblinosa

   Junio de 1975.

   En Cerrito y ArroyoCiudad de Buenos Aires (CABA, actualmente), un Mercedes Benz último modelo, ocupado por dos combatientes montoneros (debía ser un auto importante, para que pudiera circular sin llamar la atención por esa zona), fue chocado por un patrullero; el Mercedes quedó bastante malogrado; el Falcon policial, muy poco.
   Nunca quedó claro si el choque fue accidental, o no; lo que habría seguido, de no haber sido el choque, importante, habría sido un velocísimo descenso del vehículo por parte de los combatientes y una lluvia de balas desatada por ambos, con sus pistolas ametralladoras, contra los represores estatales; pero esto no ocurrió, porque el impacto que recibieron por parte del Falcon, como ya fue expuesto, fue importante, de ahí que quedaran tanto, quien manejaba (Tomás), como su acompañante (Meche), aturdidos al punto que nada pudieron hacer; lo siguiente por ocurrir, habría sido el secuestro de ambos y su traslado a un centro clandestino de detención en donde habrían sido torturados, asesinados y hechos desaparecer, pero esto no ocurrió, como más adelante se verá.
   Estos dos montoneros tenían el objetivo de pasar por la zona, para cuidar a sus compañeros Aldo y Leila, que desde hacía semanas estaban infiltrados en el Jockey Club (situado muy cerca de la esquina en que el choque, tuvo lugar, en el cual, dicho sea de paso, se encuentra la embajada de Francia, país que muchísimo tuvo que ver con la represión feroz que los militares argentinos implementaron en aquellos años ‘70, dado que, por sus colegas franchos, habían sido formados en la represión ilegal que ellos perpetraron en Indochina y en Argelia, durante sus guerras de independencia del nefasto país colonialista sudopa, ya referido).
   La infiltración por parte de los montoneros en dicho club (que consistió en hacerse contratar como personal de mantenimiento), tuvo por objetivo, disponer artefactos explosivos en las oficinas correspondientes a directivos del lugar, que por la inteligencia montonera habían sido identificados como financiadores de grupos de represión ilegal, durante la dictadura de Lanusse, destinados a disciplinar a empleados “molestos”; tras la disposición de los explosivos, a las 20:00 horas en punto, saldrían del lugar, y ya a unas cuadras del mismo, cada uno de ellos abordaría, en distintas esquinas, un auto conducido por un compañero, cosa que hicieron, pero fue que, tras ellos salir del Jockey Club, pudieron presenciar el choque y la posterior detención de Tomás y Meche, a quienes, previo a ellos irse rumbo al encuentro de los compañeros que los pasarían a buscar, vieron reducidos en el piso; fue entonces que, una vez en los autos, a sus conductores informaron sobre tal situación, lo cual, llevó a que, a su vez, a través de “walkie-talkies”, a compañeros que se encontraban en la zona “yirando” en tres vehículos de apoyo, les fuera dicho que debían actuar.
  Uno de los vehículos en cuestión, era
una camioneta FORD F-100; la misma, a media velocidad se acercó al lugar, por la calle Arroyo. El segundo vehículo era una camioneta IKA-Jeep Gladiator; esta segunda pick-up, por la Avenida Alvear, se acercó; en las cajas de ambas camionetas, había un montonero oculto bajo mantas, con un Fusil Automático Liviano, preparado para abrir fuego.

Noche de niebla y fuego

   
   Una vez que las dos camionetas referidas, estuvieron casi en la esquina de Arroyo y Cerrito, sus conductores le dijeron a los combatientes situados en las cajas: “¡Ahora!”, entonces ambos guerrilleros salieron de debajo de las mantas y dispararon varias veces contra los dos policías que a punto estaban de esposar a Meche y Tomás, cosa que se habían demorado en hacer, porque tras tirar de ellos, para sacarlos del auto en que transitaban, hasta que estuvieron boca abajo en el suelo, se habían entretenido pateándolos, mientras los llamaban: "Zurdos de mierda", "Subversivos hijos de puta", y otras cosas así; una vez muertos, ambos policías, los fusileros saltaron de las cajas, en pos de ayudar a sus compañeros a levantarse, cosa muy imprudente pero necesaria, porque el tercer vehículo de apoyo (que era un Torino), desde el cual, dos de los tres montoneros que lo ocupaban, habrían podido bajar para ayudarlos a levantarse, mientras eran cubiertos por los partisanos que habían abierto fuego, no llegaría, porque el “walkie-talkie” que sus ocupantes tenían, se había averiado, de ahí que al ser convocados, no hubieran respondido.
   Mientras los fusileros se acercaban a sus compañeros tirados en el piso, que, muy golpeados estaban por el choque y por las patadas de los uniformados, desde una ventana de la embajada de Francia, un gendarme franchute disparó varios tiros de fusil, tanto contra el montonero que se había bajado de la F-100, como contra el que se había bajado de la Gladiator; ambos fueron muertos, como así también, Tomás (muerte que Meche, con muchísima pena, inmediatamente advirtió), y el conductor de esta última camioneta, mientras que el montonero que conducía la F-100, no murió, pero sí fue impactado por una bala que lo hirió en su hombro derecho; al verse herido, dio marcha atrás, chocando, tras hacer unos 50 metros, a un Chevrolet 400 (cuyo conductor, afortunadamente salió ileso), cosa que lo llevó a detenerse; mientras tanto, Meche se encontraba todavía en el suelo, junto al Mercedes Benz, del lado opuesto al de la ventana del primer piso de la embajada de Francia desde la cual, habían procedido los disparos que habían matado a sus compañeros; en ese lugar, no pudo ser vista por el tirador de la ventana, pero no podía responderle a sus disparos porque la pistola ametralladora Gualicho (imitación de la Uzi, de fabricación montonera), había caído al piso del auto tras el choque y posteriormente, había sido agarrada por uno de los policías que, rápidamente, a su correpresor, se la había pasado, de ahí que haya considerado empuñar el FAL del compañero muerto que había quedado caído a unos metros de ella, pero eso habría implicado entrar en la visión del tirador de la embajada, por eso fue que decidió esperar.
   Tras ella levantarse parcialmente y mantenerse acuclillada y oculta tras el Mercedez Benz en que había llegado, miró hacia la ventana y advirtió que el gendarme empezó a gritarle algo a otras personas dentro de la embajada y rápidamente, de la ventana se alejó; esto le dio a Meche la certeza de que él había creído al peligro, definitivamente concluido, cosa que lo había llevado a bajar corriendo por las escaleras, para seguidamente, salir hacia la calle junto a cinco guardias de seguridad, compatriotas suyos; dos de ellos, segundos atrás, estaban frente a la puerta principal de la embajada y al iniciarse el fuego montonero, habían ingresado a la misma para resguardarse, y fue que, una vez que los seis represores, blandiendo armas largas, estuvieron en el exterior, fueron recibidos por tres tremendas ráfagas de FAL, realizadas por Meche, que, tras el gendarme alejarse de la ventana, había aprovechado para acercarse hasta dicha arma que, junto a su compañero muerto, había quedado, y parapetarse detrás del Mercedes.
   Los disparos de la guerrillera montonera, dieron muerte a los seis represores sudopas.
   Del cargador de 20, su compañero había gastado 5 balas, de ahí que en el fusil, quedaran quince, y esas quince balas habían sido ya disparadas por la combatiente; el problema que entonces tenía, era la falta de municiones, y las mismas, le eran IMPRESCINDIBLES, ya que era cuestión de pocos segundos para que decenas de vehículos policiales y militares, llegaran a la escena; en tal caso, escapar sería imposible, pero eso no era lo más importante, sino, el morir peleando; esto último no lo habría podido hacer debidamente, ya que si bien, había logrado hacerse de la pistola del policía muerto más próximo a ella, los represores que de modo inminente, llegarían, serían decenas y decenas, y para dañar en serio a muchos de ellos, necesitaría armas más importantes, o sea, armas que dispararan ráfagas, como las que tenían los represores franchos, por ella, fusilados, que habían quedado sobre la vereda, pero no se encontraba en condiciones físicas de correr hacia la misma (ni tampoco, de caminar rápido), y si se acercaba a donde estaban, lentamente, antes de que lograra empuñar alguna, muchos policías y militares, habrían llegado, resultando esto en su captura, sin embargo, siendo el empuñamiento de alguna de esas armas, necesario para dar batalla en serio, haciendo un esfuerzo sobrehumano, lenta y lastimosamente, inició la marcha hacia donde las mismas, se encontraban, pero rápidamente descartó el plan, porque su compañero de la F-100, que había dado marcha atrás tras recibir un disparo, avanzó en dirección a ella tocando bocina, y una vez junto a la camioneta, al asiento del acompañante, Meche subió.
   Una vez dentro de la pick-up, la joven, tras advertir en qué estado se encontraba su compañero (que se llamaba Fernando), le dijo:
   -Uuuuuhh… estás herido, Fer;… dejá que manejo yo.
   Y sin detener el vehículo, Meche pasó por encima de sus piernas y él, a su vez pasó a ocupar el lugar del acompañante.
   La montonera, cuyo rostro estaba parcialmente ensangrentado, condujo velozmente hacia la posta sanitaria que, para esa noche, se había dispuesto.
   Mientras ambos montoneros se retiraban rápidamente por la calle Arroyo, varios patrulleros, así como también, vehículos militares, al lugar, se acercaban; los combatientes seguramente se habrían tenido que enfrentar con alguno de ellos, si no hubiera sido porque, al irse del lugar, los explosivos dispuestos minutos atrás, en el Jockey Club, por Aldo y Leila, empezaron a detonar, haciendo que muchos de los rodados de la represión estatal, desviaran su curso y lo redirigieran hacia el lugar de las explosiones.
   Las explosiones en el Jockey Club, le causaron la muerte a un gerente entregador de empleados a la represión, y generaron graves daños materiales.

Niebla montonera

   Estaba nublado, hacía un poco de frío y había mucha niebla esa noche;… la niebla era una cosa muy común cuando los guerrilleros actuaban, y la misma solía disiparse poco después de concluidos sus actos de contraterrorismo;… vaya uno a saber por qué.

Posdata

   A diferencia de muchos otros combatientes de aquel tiempo, que, como ya fue expresado, sin muchas (o ninguna) convicciones ideológicas, ingresaron a la lucha armada en un intento de sobrevivir o, al menos, de morir peleando, Meche sí estaba ideológicamente comprometida con su agrupación, que, en caso de que alguien lo haya olvidado, llamábase: Montoneros.

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