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“...Nuestra acción contra las policías debe ser el combate de aniquilamiento indiscriminado.”
“...Nuestra acción contra las policías debe ser el combate de aniquilamiento indiscriminado.”
Extracto del texto: “El uniforme es peligroso”, de: “Evita Montonera” (revista oficial de Montoneros); número 13, página 24. Abril-mayo de 1976.
Fuerzas interdependientes
Las fuerzas antagónicas suelen creerse independientes, unas de otras, pero… “independiente”, es muy probable que no haya NADA, ya que cada cosa “separada” de otras, afecta a las demás, de ahí que la separación pueda ser considerada aparente, y que lo dicho, dé cuenta de que bajo esa apariencia de separación, existe la unidad.
Tanto la extrema izquierda como la extrema derecha, en la Argentina de los 70, fueron progresivamente endureciendo su accionar, a partir de lo que la otra, hacía, y cada una de ellas se excusaba diciendo que lo que hacía, era una respuesta a lo que su contraparte, había previamente hecho; esa es la justificación universal para agredir a otro, es decir, la atribución al otro, de haberlo a uno, agredido primero, o, aún mejor: la atribución al otro de haber agredido a alguien que no sea uno mismo, como ser, esa entelequia denominada “pueblo”, porque haciendo eso, uno puede quedar como un “héroe” que por los demás, se sacrifica, ante ojos que ven las cosas de modo muuuuy selectivo, ya que si miramos la totalidad, descubrimos que tanto el agresor como el contraagresor, se dan vida (y muerte) de modo permanente y (aparentemente) eterno.
Niebla ajusticiadora
Hay dos circunstancias en que la policía constituye
un ENORME peligro social: cuando actúa fuera
de la ley y cuando actúa dentro de la ley.
Martín Rabezzana
El patrullero había estacionado en la esquina recién referida; sus ocupantes uniformados pretendían quedarse ahí, unos minutos, ya que con el vehículo en movimiento, comer pizza y tomar cerveza, resulta un poco incómodo, al menos, para quien maneja.
Por la calle Maipú, transitaba un Peugeot 504 conducido por el ex mirista chileno y entonces, combatiente de montoneros, Salazar; en el asiento delantero del acompañante iba una tal María Clara, anarquista, y en ese entonces, combatiente destacada de Montoneros; ambos venían de separarse de más de una docena de compañeros que, agrupados en distintos pelotones de combate, en otro municipio, habían asaltado una comisaría que oficiaba como centro clandestino de detención, tortura y exterminio, liberado a varios detenidos-desaparecidos y sustraído las armas que en el lugar, encontraron.
María Clara tenía un bolso en el cual, había cargado varias pistolas calibres 45 y 9 milímetros, y dos subfusiles (o pistolas ametralladoras, ya que significan lo mismo), Hafdasa C-4, que acababan de “recuperar”; la guerrillera, tras meter una mano dentro del bolso y empuñar la última de las armas mencionadas, del mismo la sacó, la miró, y a su compañero Salazar, dijo:
-Ésta, yo no la usé nunca. ¿Vos?
Salazar miró el arma, y dijo:
-No; yo tampoco -segundos después, tras ver que no mucho más adelante, había un patrullero estacionado, dijo: -¿La querí estrenar?
La joven, con firmeza, respondió:
-Sí.
Entonces María preparó su Hafdasa y también otra igual, que en el bolso había, y la dejó entre ambos asientos, para que su compañero chileno la agarrara, tras frenar el rodado; seguidamente el combatiente abrió el techo corredizo y le manifestó a María que él, atacaría desde arriba; una vez que estuvieron muy cerca del Falcon policial, que se encontraba en la ya referida calle Maipú, sobre la mano derecha, la partisana rosarina sacó la ametralladora por la ventanilla y contra los uniformados, abrió fuego; milésimas de segundos después, ya con el Peugeot detenido casi al lado del Falcon, Salazar se puso de pie, y con el tren superior de su cuerpo, fuera del auto, se sumó al fuego realizado por su compañera contra los policías.
Sumando los disparos de uno y otro guerrillero, el total de balas disparadas, fue de veintitrés.
Con los dos represores del patrullero, ya muertos, María Clara bajó rápidamente del Peugeot y abrió la puerta del conductor del vehículo policial con la intención de sustraer las armas de los uniformados, pero de inmediato, realizando un gesto de desagrado, depuso la idea, al ver que ambos cuerpos estaban empapados en sangre; lo que hizo entonces, fue buscar bajo el asiento del conductor, ya que ahí, solían los policías guardar las armas largas, y tras agarrar el subfusil MEMS M-52/60, que en ese lugar, había, volvió al Peugeot 504 que, de inmediato, arrancó.
Ya lejos del lugar del ajusticiamiento, Salazar, en alusión a las ametralladoras Hafdasa, que acababan de utilizar, le dijo a su compañera:
-Andan bien los fierros, ¿no?
-Sí sí -respondió ella; después agregó: -Andan bárbaro.
¿Quién inició realmente la agresión?
Casi todos los grupos guerrilleros argentinos de los 70, se crearon durante el último lustro de la década de 1960 (durante la dictadura autodenominada: “Revolución Argentina” -1966-1973-), mientras que el ejército argentino, se fundó en 1810 y la policía, en 1821; estas fechas dan cuenta de que los grupos guerrilleros aparecieron con posterioridad a los grupos armados del estado argentino (“protoestado argentino”, podría decirse también, en alusión al de 1810), y estos últimos, si bien justifican su accionar en una supuesta “defensa del pueblo” de los elementos de la sociedad, antisociales (o sea, quienes cometen delitos), en realidad, viven agrediendo a las personas por los más diversos motivos; muchísimos de ellos, nada tienen que ver con la comisión de delitos por parte de ellas, de ahí que si bien, pueden haber reivindicaciones del accionar del ejército argentino, poco o nada, controvertidas, por ejemplo, el accionar que realizó contra las autoridades coloniales, ésa sería una excepción que confirmaría la regla, y ésta última está constituida por un ataque indiscriminado contra la población; respecto de la excepción mencionada, hay que decir algo muy importante: el ejército sanmartiniano no tuvo continuidad tras alejarse San Martín, del mismo; dicho ejército fue creado con fines independentistas, y una vez logrado el objetivo de derribar a las autoridades reino-sudopo-castellanas, dejó de existir, de ahí que si la reivindicación al mencionado ejército, fuera válida (y para mí, lo es), de ningún modo podría, tal reivindicación, hacerse extensiva a los ejércitos que vinieron después.
San Martín, el artífice principal de la independencia argentina y americana, no sólo por los resultados directos de su accionar militar, sino también, por haber sido su gesta independentista, fuente principal de inspiración de muchas otras poblaciones americanas que buscaban independizarse del Reino Sudopa de Castilla (de ahí que tantos países americanos tengan banderas celestes y blancas, como la de Argentina, dado que en ella se basaron sus habitantes para crear las suyas, ya que sus poblaciones pretendían lograr lo mismo que San Martín y su ejército, habían logrado), decidió irse del país cuando se iniciaron luchas militares internas por el poder, porque consideraba que no correspondía que el soldado de un país, derramara sangre de compatriotas, dado que su función, es la de defenderlos; esta consideración no fue compartida por los integrantes de su ejército cuando se inició la guerra civil post-independencia, que los llevó a dividirse y a conformar dos grupos antagónicos e inconciliables que tomaron los nombres de: “unitarios” y “federales”. El derramamiento de sangre entre argentinos otrora pertenecientes al ejército sanmartiniano,
demuestra que dicho ejército, tuvo un final, por consiguiente, por más que en décadas y siglos posteriores, muchos militares argentinos hayan dicho pertenecer al ejército sanmartiniano, los hechos desmienten que el mismo haya existido mucho tiempo, tras concretarse la independencia.
En definitiva: los grupos represores del estado (Fuerzas Armadas y policiales), que fueron creados para defender los privilegios de una minoría, lo cual, implica atacar a la mayoría, existían desde mucho antes que los grupos guerrilleros de las décadas de 1960 y 1970.
Aceptando la validez de los datos cronológicos recién expuestos, lo único que podría fundamentarse para que existiera alguna posibilidad, de desmentir la aseveración de que la violencia extrema de las décadas de 1960 y 1970, fue iniciada por las autoridades del estado, y no así, por la izquierda armada, sería la demostración de la inexistencia del tiempo.
Más niebla ajusticiadora
Mientras transitaban a bordo del Peugeot 504 por la calle Ameghino de la ciudad bonaerense de Bernal, a más de una decena de cuadras de distancia del hecho de sangre, por ambos combatientes, recién perpetrado, María Clara, empuñando el subfusil MEMS M-52/60, que acababa de sustraer del patrullero, le dijo a su compañero:
-Sala’, ésta, yo no la usé nunca; ¿vos?
-No, yo tampoco.
Tras unos pocos segundos, viendo que en la esquina de la ya referida calle Ameghino con Sargento Cabral, había otro Falcon policial estacionado sobre la mano derecha (sus represores, seguramente, así como en el caso anterior, habían parado para comer pizza y tomar cerveza, y seguramente también, así como debe haberse dado con los policías anteriores, no las pagaron), Salazar, dijo:
-¿La querí estrenar?
-Dale -dijo María Clara, y como del subfusil MEMS M-52/60, los combatientes poseían sólo uno, la joven le dijo a su compañero: -Lo uso primero yo, y después te lo paso a vos.
Salazar, que era un caballero, dijo:
-Por supuesto María… primero las damas.
Tras el vehículo en que iban, frenar casi al lado del patrullero, la guerrillera apuntó su arma contra los policías que en el interior del Falcon, estaban, y desató una ráfaga constituida por una decena de disparos; seguidamente le pasó a su compañero el arma que él, nuevamente disparó contra los represores estatales, tras ponerse de pie y sacar el tren superior de su cuerpo del auto, a través del techo corredizo que había vuelto a abrir.
El total de balas que impactaron en los policías, fue de 24.
En esta ocasión, María Clara no bajó del vehículo para buscar ninguna de las armas policiales; ¿qué sentido habría tenido?, ¡si ya tenían más armas que las que en varias vidas, podrían llegar a utilizar!
Epílogo
Los detractores de las ficciones violentas, fundamentan en parte su oposición a ellas, en que los daños infligidos a personajes en las mismas, no muestran las consecuencias que ellos acarrean para sus entornos (familias, amigos, etcétera), lo cual, llevaría a que sus consumidores erróneamente sientan que la perpetración de daño y muerte, es mucho menos grave que lo que realmente es, cosa que podría aumentar las posibilidades de que incurran en actos violentos, pero esa lógica no resiste mucho análisis, ya que la violencia social, para mí, está CLARÍSIMO que EN NINGUNA MEDIDA, se inicia ni aumenta, por la violencia representada en las artes; la prueba concluyente de esto es, que: películas violentas (de ya sabemos qué país), son vistas masivamente por gente de todo el mundo, y en los distintos países, hay distintos grados de violencia social, porque sus situaciones sociales son distintas, pero si la lógica en cuestión, fuera válida, y los artistas tuviéramos que dar cuenta del contexto de las personas receptoras de la violencia, en las historias que creamos, no lo podríamos hacer más que en una medida ínfima, porque LAS CONSECUENCIAS DE TODAS LAS ACCIONES (buenas y malas) SON INFINITAS, y si lo hiciéramos, deberíamos también, en historias como la recién presentada, mostrar lo ocurrido previamente en las vidas de los personajes receptores de violencia; en el caso de la historia recién presentada, eso implicaría para mí, tener que hablar de detenciones arbitrarias, pedidos de coimas, amenazas, extorsiones, golpizas a personas esposadas, agresiones sexuales, imposición de picana eléctrica, simulacros de fusilamiento y fusilamientos no simulados, ya que esas cosas eran moneda corriente en las vidas de los policías que aparecieron en el cuento, y dicho impiadoso accionar, no fue por mí, de ningún modo, imaginado, ya que el mismo fue por mi persona, trasladado desde lo fáctico hasta lo ficticio, dado que la violación de derechos humanos, es algo en lo que las fuerzas represoras del estado, incurren diariamente, y cabe destacar que el país y el periodo histórico en el que las autoridades realizan cosas así, ES TODO PAÍS Y TODO PERIODO HISTÓRICO; como prueba de esto, digo lo siguiente: en los últimos años, la picana eléctrica, en muchos países (incluyendo éste) se ha legitimado por segunda vez (la primera fue cuando se implementó la llamada: “Terapia electro-convulsiva”, en psiquiatría); ahora se aplica también a través de la “pistola Taser”, y actualmente (año 2026), está en uso en… ¡más de 100 países!, incluyendo a muchos cuyos gobiernos son democrático-representativos y cuyos líderes, de modo totalmente hipócrita, se autoproclaman: “defensores de los derechos humanos”.
Lo recién mencionado, da cuenta de que la situación de los derechos humanos, de ningún modo está mejorando. En todo el mundo está EMPEORANDO, por eso es que, me van a tener que disculpar por no considerar las consecuencias terribles, para el entorno familiar, que necesariamente existen, cuando alguien perteneciente a las fuerzas represoras del estado, es muerto, porque me reconozco como alguien total y absolutamente incapaz de tenerle a un torturador, simpatía alguna, y en esta mentira TOTAL Y ABSOLUTA, que es el “estado de derecho” (también lo son la "libertad" y la "democracia"), no hay miembro de las fuerzas policiales, que no pueda con todo fundamento, ser considerado tal.
Posdata: Le dedico el cuento a todos los artistas argentinos que han incursionado en el subgénero argento-setentista, sin JAMÁS haberse atrevido a enfocarse en la lucha armada (que hasta ahora, son casi todos); esa negativa total, a poner armas en manos de militantes revolucionarios, constituye un soslayamiento de algo insoslayable, funcional a los intereses de la derecha, porque es ella la única que termina hablando abiertamente de la lucha armada de los 70, y, por supuesto, lo hace desde su perspectiva.
Yo no soy valiente, pero como me he animado a hacer, lo que tantos artistas argentinos, no, lo parezco, y es lógico, porque… al lado de miles de tremendos cagones, el menos cagón, parece valiente.



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