domingo, 16 de agosto de 2026

Montonera en la vida y en la muerte (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 3.134-

Año 2026.

   En la esquina de Lavalle & Alsina, Quilmes, en el bar Jockey, se encontraba junto a un conocido y varios conocidos de éste último, cierto individuo dedicado al (rara vez redituable) oficio de las letras, a quien, por sus conocimientos en el tema, le preguntaron muchas cosas sobre la lucha armada en la Argentina de los años ‘70; al alguien decir que a la montonera María Antonia Berger, en 1979 la habían secuestrado y llevado a Campo de Mayo, en donde la mataron, y que después, su cuerpo fue llevado a la ESMA, en donde los milicos lo exhibían como trofeo, el escritor en cuestión (cuyo nombre era Martín), dijo:
   -Hay una versión de un ex militante revolucionario, sobreviviente al terrorismo de estado, llamado Orlando Balbo, que dice que cuando a María Antonia la fueron a capturar, se cargó de explosivos y fingió entregarse; cuando los milicos se le acercaron, detonaron, y así es que murió junto con varios de ellos; esa versión es para mí, la más creíble.
   -¿Por qué? -preguntó alguien.
   -Y… porque las otras versiones proceden de informes militares, y los mismos, NUNCA son creíbles, ya que mentían permanentemente; así como las autoridades inventaban enfrentamientos, negaban los que habían existido si el resultado les había sido parcial o totalmente desfavorable, como en este caso; de hecho, las mismas versiones militares respecto de Berger, son contradictorias, ya que unas dicen que fue muerta en una casa operativa montonera tras un enfrentamiento, y otra dice que fue capturada, llevada a Campo de Mayo y que tras ser asesinada, su cuerpo fue llevado a la ESMA, y en la ESMA, una sobreviviente dice haberla visto realizando trabajo esclavo (pero… ¿no era que había sido llevada a la ESMA, estando ya muerta?); como no hay otros sobrevivientes que confirmen que estuvo en la ESMA, viva, y dado que era famosa, de ahí que fuera difícil que quienes la vieran, no la reconocieran, para mí, se trató de una confusión; ante estas versiones contradictorias, la versión de Balbo, resulta verosímil, y esa versión, por supuesto que es una que, por hacer quedar mal a los milicos, ellos ocultaron; ¡miren si iban a admitir que no pudieron matarla y que además de matarse ella misma, en el proceso mató a varios terroristas del estado!… Para mí, que así fue;… NO PUEDE HABER SIDO DE OTRA FORMA, dado que la combatiente en cuestión, era alguien cuya resiliencia era IM-PRE-SIO-NAN-TE; es sabido que en 1972, estando encarcelada, junto a varios otros guerrilleros, fue parte de una fuga frustrada (parcialmente frustrada, ya que parte del grupo de guerrilleros, sí logró fugarse y desviar un avión que abordaron, hacia Chile); como castigo a los combatientes recapturados (entre ellos, estaba María Antonia), las autoridades del entonces gobierno militar, presidido por Lanusse, dispusieron matarlos, simulando un nuevo intento de fuga por parte de ellos.
   -¿Y ese intento, no existió? -preguntó alguien, y el escritor dijo:
   -No, no existió; lo que pasó fue que, los guerrilleros que habían intentado la fuga y que habían sido recapturados (eran 19, en total), se encontraban durmiendo en sus celdas; a eso de las tres y media de la madrugada, dos milicos los despertaron con golpes en los barrotes y gritos, y les ordenaron salir al pasillo, una vez ahí, los ametrallaron; los militares dijeron que los guerrilleros habían intentado fugarse nuevamente, más precisamente dijeron que el montonero catalán, Mariano Pujadas (cuya familia había emigrado escapando de la dictadura de Franco, y a la cual, posteriormente asesinaría la Triple A), había intentado sacarle el arma a un guardia, y que por eso, habían abierto fuego, pero esto no ocurrió; la realidad fue que, tras hacerlos salir de las celdas, a sangre fría, los militares los ametrallaron; una vez ellos en el piso, a los que consideraban que todavía estaban vivos, procedieron a rematarlos con pistolas; 16 de ellos, fueron muertos, 3 sobrevivieron porque erróneamente, los militares los dieron por muertos; lo más notable en el caso de María Antonia, es que ella no sobrevivió porque la dieran erróneamente por muerta tras la ráfaga de ametralladora, y por eso se decidiera no darle un disparo de gracia (cosa que sí ocurrió con otro de los sobrevivientes, que fue Ricardo Haidar, y por eso evitó el disparo de pistola que los militares realizaron con los demás), ya que al ella recibir disparos de la ya referida, ráfaga, se hizo a un lado, reingresando a su celda, una vez ahí, cayó al piso, fue entonces que uno de los milicos la dio por viva, ingresó a su celda y le disparó en la cabeza con una pistola calibre 45; la bala le atravesó la mandíbula pero no la mató, lo cual, hace que su caso sea muy distinto al de Alberto Camps, que fue el tercer sobreviviente de este hecho conocido como: “La masacre de Trelew”, ya que el disparo de gracia que se le dirigió a la cabeza, logró parcialmente esquivarlo, resultando esto en que la bala lo rozara, y por eso logró sobrevivir, pero, como ya expresé: el disparo de gracia que le dieron a María Antonia, impactó en su cabeza, y aun así, sobrevivió; seguidamente ingresaron los enfermeros, que no estaban enterados del plan de exterminio, y constataron que tres guerrilleros, estaban vivos; pese a las presiones de los milicos que perpetraron el hecho, se negaron a firmar un documento en que los daban por muertos (cosa que los habría dejado en sus manos), y fue así, que los guerrilleros debieron ser trasladados hacia un hospital, en donde pudieron recuperarse… y algo muuuy notable, es que María Antonia Berger, no recibió un sólo disparo en el abdomen durante la ráfaga de ametralladora, sino CUATRO… “CUATRO”, decía el informe original; los milicos, posteriormente lo alteraron para que figurara uno solo, ya que admitir que la guerrillera había recibido cuatro disparos en el abdomen, uno en la cabeza, y que aun así, se había recuperado, implicaba considerarla prácticamente INDESTRUCTIBLE, y habrían contribuido así, a volverla un cuadro combatiente de proporciones LEGENDARIAS; es por eso que yo considero que María
Antonia no fue muerta por los milicos; ella se mató; no podía terminar su historia de otra forma que no fuera con ella misma disponiendo cómo dejaría este plano, porque a María se la podía encarcelar, se la podía balear, pero NO... SE LA PODÍA... MATAR… era IMPOSIBLE matarla.
   Todos advirtieron que, más que rigurosidad histórica, había en el ficcionador argento-setentista, deseos de que la historia hubiera terminado del modo en que la contó, y por en alguna medida (o en toda ella), sus interlocutores, compartirlos, ninguno (ni siquiera aquellos que descreyeron de lo escuchado), controvirtió lo expuesto.
   Tras un rato más de conversación en medio de toma de Fernet, el escritor se fue del bar.

Público no deseado

   En una mesa contigua a la que el escritor, había ocupado, había tres jóvenes de veintipico de años; eran de esos pendejos neofachos, votantes de Milei, que, bajo su influencia, se creen que en pleno año 2026, la “guerra fría” está aún en curso; estos individuos son claramente faltos de toda sagacidad, de esto da cuenta el que se crean “anarquistas” (de ahí que se autoproclamen “libertarios”, siendo de esto, lo más irritante, el que incluso quienes se dicen a ellos, opositores, así los llamen), como si el hecho de estar en contra de una forma de estado, que es el de bienestar (que implica, entre otras cosas, brindar subsidios a particulares y empresas, cuando están en apuros
económicos, para que puedan pagar los servicios esenciales y seguir funcionando y VIVIENDO, lo cual, evita el desastre que se está dando ahora, más que evidente en el cierre de ¡MÁS DE 30 MIL EMPRESAS EN LO QUE VA DEL GOBIERNO MILEISTA! -agosto de 2026-)
   El desastre actual, además de deberse a la quita de subsidios estatales, se debe a otros factores, principalmente: la liberalización de la economía, que, por oponerse al proteccionismo de la industria local, lleva a que se dé una apertura a las importaciones, que resulta en la destrucción de gran parte de la industria nacional… y los salames que apoyan a toda esta desindustrialización, de consecuencias nefastas para las mayorías, que las deja en una situación cada vez más complicada (y no como producto de un “error de cálculo”, sino del éxito de un plan económico totalmente antinacional), se autoperciben “nacionalistas” y hasta “libertarios/anarquistas”, cuando esto último, no pasa por estar en contra de una determinada forma de estado u otra, sino por estar en contra de TODA forma de estado;... Si no vas contra la policía, las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia, es decir, si no estás, ya no, en contra del accionar ilegal de esos grupos, sino en contra de sus existencias mismas (y no lo están, los cipayos mileístas ni el chupaculos de los yanquis de su líder), por entender que sus funciones consisten en mantener un ordenamiento social, antiigualitario, no estás un carajo en contra del estado y no sos, por consiguiente, un carajo, anarquista/libertario;… en fin… Estos pendejos neofachos de hoy en día, a uno casi que le hacen tener “nostalgia” de los fachos de antes, ya que ellos, al menos se hacían los antiyanquis y los anticapitalistas (aunque no lo fueran), en cambio ahora, para cualquiera de estos pendejos, hablar mal de Yanquilandia o del capitalismo, es peor que insultarle a la vieja.
   No obstante ser, los jóvenes cipayos ya referidos, de derecha, nada habían dicho al escuchar con gran atención, a Martín decir cosas claramente contrarias a las coincidentes con la visión de los militares de los ‘70, que es la que, por causa del nefasto presidente ya aludido, ellos habían aceptado, y no guardaron silencio por respeto a opiniones ajenas, distintas a las suyas, sino porque el grupo de personas en el que se encontraba el escritor, estaba conformado por un número de seis, y ellos eran tres, de ahí su acobardamiento y de ahí su posterior “envalentonamiento”
cuando, el viernes a la noche siguiente, estando ellos a bordo de un automóvil FIAT Cronos, lo vieron solo, caminando por la calle Sarmiento de la ciudad cervecera.

Mágica noche de invierno. 22:30 horas.

   Al pasar los jóvenes con el auto a su lado, por  Matienzo 277, quien iba en el asiento delantero del acompañante, señalando a Martín, dijo:
   -¿Ese no es el subversivo del boliche de la semana pasada?
   El del asiento trasero dirigió su mirada a él, y dudó, pero finalmente dijo:
   -Sí; por la vincha que tiene, para mí, que sí, es.
   -Comunista de mierda -dijo el conductor.
   El que viajaba en el asiento delantero del acompañante, dijo:
   -Hay que darle un susto a ese HDP.
   Los otros dos, aprobaron lo dicho.
   El que estaba al lado del conductor, de la guantera sacó una réplica de pistola, con la que pensaba amenazar al escritor; dijo que bajaría y le gritaría: “Triple A; ¡Entreguesé subversivo!”; ante esto, Martín seguramente saldría corriendo y podrían perseguirlo unos metros para después, dar media vuelta, volver al vehículo y celebrar el miedo tremendo que le habrían infundido; así fue que, al llegar a la esquina con Alvear, el conductor dio media vuelta y, volviendo a la calle Matienzo, en contramano, avanzó hacia el escritor.
   Tanto el neofachito que se encontraba en el asiento delantero del acompañante, blandiendo una réplica de arma de fuego, como así también, el que se encontraba en el asiento trasero (que portaba un revólver que no era precisamente una réplica), se cubrieron el rostro parcialmente con sus camperas cerradas, y al estar frente a su pretendida víctima, el FIAT, que, tras dar media vuelta había sorprendido al literato en Matienzo 267, abruptamente frenó; dos de sus ocupantes bajaron exhibiendo sus armas y gritaron:
   -¡Triple A!
   -¡Entreguesé, subversivo apátrida!
   Entonces Martín corrió hacia el medio de la calle, logrando así, evadir a sus atacantes, y una vez hecho esto, cruzó a la vereda opuesta, desde donde continuó corriendo con la intención de doblar a la izquierda, al llegar a la esquina con Alvear; él se la bancaba a las piñas, por lo cual, si lo alcanzaban, podría pegarles y presumiblemente, dejarlos fuera de combate, pero para que ésa fuera una posibilidad concreta, sus perseguidores debían estar desarmados y acercárseles de a uno, y estos fachos que la van de “pulentas”, nunca atacan solos ni desarmados, y a ambos, Martín los había visto empuñar armas, y si bien, una de ellas era una réplica, él, esto no lo sabía, igual, el otro perseguidor, sí estaba enfierrado con un arma de verdad, de todas formas, aunque a sus perseguidores, los doblara en edad, el perseguido tenía estado físico suficiente como para correr durante más tiempo y más rápido que los dos jóvenes fachos, de ahí que fuera altamente improbable que lo alcanzaran, no obstante, ellos pensaban perseguirlo durante sólo un par de cuadras, para después, dejarlo ir, no obstante, como este tipo de planes suele deshacerse sobre la marcha, no se sabe realmente qué es lo que habrían hecho, de haberlo alcanzado, pero fue que tras menos de media cuadra, se detuvieron en seco, al ver que, delante de ellos, en medio de la calle Matienzo, de entre una niebla densa que intempestivamente apareció, salió una mujer armada, vistiendo un uniforme de tipo militar, azul, y un gorro que llevaba el logo de cierta organización.
   La mujer le retrajo la corredera a la escopeta Bataan 71 que empuñaba, y al ver esto, los jóvenes dieron media vuelta y se dirigieron de nuevo al vehículo del que habían bajado; justo cuando reingresaban al mismo, la mujer, que había empezado a caminar tras los jóvenes, apuntó su escopeta contra la luneta del FIAT Cronos, y disparó; la misma quedó hecha pedazos; ante esto, por instinto, tanto el joven que se había quedado en el auto en calidad de conductor, como los otros dos, que acababan de reingresar al mismo, bajaron sus cabezas; instantes después, con desesperación, los que venían de reingresar al vehículo, le dijeron al conductor: “¡Arrancá arrancá!”, entonces la guerrillera disparó contra sus ruedas traseras, resultando esto en que quedaran destrozadas; como el FIAT mencionado, tiene tracción delantera, igual pudo arrancar, pero generando una lluvia de chispas procedentes de las ruedas traseras, que fue acompañado por un chirrido ominoso; el auto no hizo ni 15 metros porque la combatiente se acercó al mismo desde el lado derecho, y también disparó contra la rueda delantera que tenía más próxima, entonces el auto dejó de avanzar; lo que siguió fue un momento de enorme tensión para los tres jóvenes que estaban en el FIAT, y una incertidumbre total, ya que su vehículo no podía avanzar, y si bajaban, seguros estaban de que serían impactados por las balas de la mujer que, detrás de ellos, se encontraba.
   Los tres neofachitos, agazapados, miraban hacia atrás, y pudieron verla a ella, que había dejado de apuntar contra el vehículo, pero que seguía con la escopeta entre sus manos.
   El conductor, con tremendo terror, dijo:
   -¿Quién es esa hija de re mil puta?
   Otro dijo:
   -Tenemos que salir de acá.
   El tercero dijo:
   -¡No! Si salimos nos fusila.
   -Pero si nos quedamos, va a volver a tirar; si salimos corriendo en direcciones distintas, aun si dispara, por ahí, alguno puede llegar a sobrevivir -dijo el conductor; sus amigos, asintieron, entonces, habiendo los tres, tácitamente acordado, hacer esto último, el que estaba frente al volante, dijo: -A la una, a las dos, ¡y a las TRES!
   Y los tres salieron del vehículo.
   Ni bien salió el conductor del auto, se dirigió hacia la esquina delante de él, con la intención de, una vez en la misma, doblar a la izquierda, pero fue que, tras él hacer menos de dos metros, la mujer apuntó su escopeta contra él, y disparó, impactándolo en la espalda; el impactado cayó de inmediato al piso, herido de muerte; seguidamente la mujer disparó contra el facho que
había bajado desde el lado derecho del asiento trasero; éste también cayó de inmediato, herido de muerte en su espalda, y el tercero, tras salir del auto, logró correr hasta la esquina con Almirante Brown y, una vez ahí, dobló a la derecha para después, doblar nuevamente a la derecha en la calle Brandsen, calle por la que transitó aterrorizado y con un oxígeno cada vez más escaso, para posteriormente, doblar a la izquierda en la calle Alvear; la combatiente no le disparó ni tampoco lo persiguió, lo que hizo fue sacar de entre su ropa, una granada de mano de fabricación montonera, y, tras acercarse al FIAT, sacarle la anilla y arrojarla a su interior, resultando esto en que, segundos después, detonara, quedando el auto, envuelto en llamas.
   A todo esto, Martín, que, tras los fachos, perseguirlo, había corrido hacia la esquina, durante la corrida había visto salir de la niebla a la mujer armada, y al escuchar el primer disparo, había detenido su marcha y se había refugiado tras una camioneta estacionada; desde ahí había presenciado todo lo ya referido. 
   Con tremenda emoción y deslumbramiento, durante varios segundos, Martín contempló a la combatiente en silencio desde la distancia; ella, que parecía no haber advertido su presencia, con su misión ya cumplida, había vuelto hacia el medio de la calle mientras empuñaba la escopeta; ahí se había quedado parada, como esperando algo.
   Con gran nerviosismo, caminando sigilosamente por la vereda, Martín se acercó hasta casi la mitad de la cuadra, que es la altura en la que la mujer, en la calle estaba, y, por creer haberla reconocido, pero sin estar de eso, totalmente seguro, dirigiéndose a ella, que, para ese momento, ya lo había visto, en voz alta, preguntó:
   -¿Maria Antonia?... ¿Sos vos?
   Entonces ella cambió su leve sonrisa por otra amplia y, en voz muy alta, le dijo:
   -¡Sí! ¡Soy yooo!
   Y tras unos segundos en que ambos se miraron en silencio, el escritor le dijo:
   -¡Gracias!
   Entonces ella asintió con la cabeza como diciendo: “No fue nada.”
   Segundos después, la misma niebla de la cual, la combatiente había salido, apareció tras ella, entonces ella saludó efusivamente a Martín con la mano y él hizo lo propio. Acto seguido, María caminó hacia ese nebuloso portal dimensional, y, tras atravesarlo, éste, se esfumó.
   Martín, totalmente maravillado por lo que acababa de pasar, quería quedarse en esa calle un largo rato, pero… ya se escuchaban las sirenas policiales; había que irse, y lleno del bienestar que sólo el deslumbramiento, aporta, caminando rápido, del lugar, se retiró.

Posdata:

   El tercer facho al que María Antonia le había “perdonado” la vida, al cruzar corriendo la calle Alvear, a la altura 777, fue atropellado por un patrullero que acudía al lugar en que se desarrollaron los hechos ya contados; no sobrevivió.

lunes, 9 de febrero de 2026

NOCHE NIEBLA FUEGO (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 2.237-

“...Nuestra acción contra las policías debe ser el combate de aniquilamiento indiscriminado.”

Extracto del texto: “El uniforme es peligroso”, de: “Evita Montonera” (revista oficial de Montoneros); número 13, página 24. Abril-mayo de 1976.

Fuerzas interdependientes

   Las fuerzas antagónicas suelen creerse independientes, unas de otras, pero… “independiente”, es muy probable que no haya NADA, ya que cada cosa “separada” de otras, afecta a las demás, de ahí que la separación pueda ser considerada aparente, y que lo dicho, dé cuenta de que bajo esa apariencia de separación, existe la unidad.
   Tanto la extrema izquierda como la extrema derecha, en la Argentina de los 70, fueron progresivamente endureciendo su accionar, a partir de lo que la otra, hacía, y cada una de ellas se excusaba diciendo que lo que hacía, era una respuesta a lo que su contraparte, había previamente hecho; esa es la justificación universal para agredir a otro, es decir, la atribución al otro, de haberlo a uno, agredido primero, o, aún mejor: la atribución al otro de haber agredido a alguien que no sea uno mismo, como ser, esa entelequia denominada “pueblo”, porque haciendo eso, uno puede quedar como un “héroe” que por los demás, se sacrifica, ante ojos que ven las cosas de modo muuuuy selectivo, ya que si miramos la totalidad, descubrimos que tanto el agresor como el contraagresor, se dan vida (y muerte) de modo permanente y (aparentemente) eterno.

Niebla ajusticiadora

   Hay dos circunstancias en que la policía constituye 
un ENORME peligro social: cuando actúa fuera 
de la ley y cuando actúa dentro de la ley.

   Martín Rabezzana

   Mediados de 1976; Maipú y 9 de Julio, Bernal, provincia de Buenos Aires, Argentina, América; noche neblinosa, levemente fría.
   El patrullero había estacionado en la esquina recién referida; sus ocupantes uniformados pretendían quedarse ahí, unos minutos, ya que con el vehículo en movimiento, comer pizza y tomar cerveza, resulta un poco incómodo, al menos, para quien maneja.
   Por la calle Maipú, transitaba un Peugeot 504 conducido por el ex mirista chileno y entonces, combatiente de montoneros, Salazar; en el asiento delantero del acompañante iba una tal María Clara, anarquista, y en ese entonces, combatiente destacada de Montoneros; ambos venían de separarse de más de una docena de compañeros que, agrupados en distintos pelotones de combate, en otro municipio, habían asaltado una comisaría que oficiaba como centro clandestino de detención, tortura y exterminio, matado a varios represores, liberado a varios detenidos-desaparecidos y sustraído las armas que en el lugar, encontraron.
   María Clara tenía un bolso en el cual, había cargado varias pistolas calibres 45 y 9 milímetros, y dos subfusiles (o pistolas ametralladoras, ya que significan lo mismo), Hafdasa C-4, que acababan de “recuperar”; la guerrillera, tras meter una mano dentro del bolso y empuñar la última de las armas mencionadas, del mismo la sacó, la miró, y a su compañero Salazar, dijo:
   -Ésta, yo no la usé nunca. ¿Vos?
   Salazar miró el arma, y dijo:
   -No; yo tampoco -segundos después, tras ver que no mucho más adelante, había un patrullero estacionado, dijo: -¿La querí estrenar?
   La joven, con firmeza, respondió:
   -Sí. 
   Entonces María preparó su Hafdasa y también otra igual, que en el bolso había, y la dejó entre ambos asientos, para que su compañero chileno la agarrara, tras frenar el rodado; seguidamente el combatiente abrió el techo corredizo y le manifestó a María que él, atacaría desde arriba; una vez que estuvieron muy cerca del Falcon policial, que se encontraba en la ya referida calle Maipú, sobre la mano derecha, la partisana rosarina sacó la ametralladora por la ventanilla y contra los uniformados, abrió fuego; milésimas de segundos después, ya con el Peugeot detenido casi al lado del Falcon, Salazar se puso de pie, y con el tren superior de su cuerpo, fuera del auto, se sumó al fuego realizado por su compañera contra los policías.
   Sumando los disparos de uno y otro guerrillero, el total de balas disparadas, fue de veintitrés.
   Con los dos represores del patrullero, ya muertos, María Clara bajó rápidamente del Peugeot y abrió la puerta del conductor del vehículo policial con la intención de sustraer las pistolas de los uniformados, pero de inmediato, realizando un gesto de desagrado, depuso la idea, al ver que ambos cuerpos estaban empapados en sangre; lo que hizo entonces, fue buscar bajo el asiento del conductor, ya que ahí, solían los policías guardar las armas largas, y tras agarrar el subfusil MEMS M-52/60, que en ese lugar, había, volvió al Peugeot 504 que, de inmediato, arrancó.
   Ya lejos del lugar del ajusticiamiento, Salazar, en alusión a las ametralladoras Hafdasa, que acababan de utilizar, le dijo a su compañera:
   -Andan bien los fierros, ¿no?
   -Sí sí -respondió ella; después agregó: -Andan bárbaro.
  
¿Quién inició realmente la agresión?

   Casi todos los grupos guerrilleros argentinos de los 70, se crearon durante el último lustro de la década de 1960 (durante la dictadura autodenominada: “Revolución Argentina” -1966-1973-), mientras que el ejército argentino, se fundó en 1810 y la policía, en 1821; estas fechas dan cuenta de que los grupos guerrilleros aparecieron con posterioridad a los grupos armados del estado argentino (“protoestado argentino”, podría decirse también, en alusión al de 1810), y estos últimos, si bien justifican su accionar en una supuesta “defensa del pueblo” de los elementos de la sociedad, antisociales (o sea, quienes cometen delitos), en realidad, viven agrediendo a las personas por los más diversos motivos; muchísimos de ellos, nada tienen que ver con la comisión de delitos por parte de ellas, de ahí que si bien, pueden haber reivindicaciones del accionar del ejército argentino, poco o nada, controvertidas, por ejemplo, el accionar que realizó contra las autoridades coloniales, ésa sería una excepción que confirmaría la regla, y ésta última está constituida por ataques generalizados contra la población; respecto de la excepción mencionada, hay que decir algo muy importante: el ejército sanmartiniano no tuvo continuidad tras alejarse San Martín, del mismo; dicho ejército fue creado con fines independentistas, y una vez logrado el objetivo de derribar a las autoridades reino-sudopo-castellanas, dejó de existir, de ahí que si la reivindicación al mencionado ejército, fuera válida (y para mí, lo es), de ningún modo podría, tal reivindicación, hacerse extensiva a los ejércitos que vinieron después. 
   San Martín, el artífice principal de la independencia argentina y americana, no sólo por los resultados directos de su accionar militar, sino también, por haber sido su exitosa gesta independentista, fuente principal de inspiración de muchas otras poblaciones americanas que buscaban independizarse del Reino Sudopa de Castilla (de ahí que varios países americanos tengan banderas celestes y blancas, como la de Argentina, dado que en ella se basaron sus habitantes para crear las suyas, ya que sus poblaciones pretendían lograr lo mismo que San Martín y su ejército, habían logrado), decidió irse del país cuando se iniciaron luchas militares internas por el poder, porque consideraba que no correspondía que el soldado de un país, derramara sangre de compatriotas, dado que su función, es la de defenderlos; dicha consideración no fue compartida por todos los integrantes de su ejército cuando se gestó la guerra civil post-independencia; eso los llevó a dividirse y a conformar dos grupos antagónicos e inconciliables que tomaron los nombres de: “unitarios” y “federales”.
   El derramamiento de sangre entre argentinos otrora pertenecientes al ejército sanmartiniano, demuestra que dicho ejército, tuvo un final, por consiguiente, por más que en décadas y siglos posteriores, muchos militares argentinos hayan dicho pertenecer al ejército sanmartiniano, los hechos desmienten que el mismo haya existido mucho tiempo, tras concretarse la independencia.
   En definitiva: los grupos represores del estado (Fuerzas Armadas y policiales), que fueron creados para defender los privilegios de una minoría, lo cual, implica atacar a la mayoría, existían desde mucho antes que los grupos guerrilleros de las décadas de 1960 y 1970.
   Aceptando la validez de los datos cronológicos recién expuestos, lo único que podría fundamentarse para que existiera alguna posibilidad, de desmentir la aseveración de que la violencia extrema de las décadas de 1960 y 1970, fue iniciada por las autoridades del estado, sería la demostración de la inexistencia del tiempo (y aun si eso ocurriera...).

Más niebla ajusticiadora

   Mientras transitaban a bordo del Peugeot 504 por la calle Ameghino de la ciudad bonaerense de Bernal, a más de una decena de cuadras de distancia del hecho de sangre, por ambos combatientes, recién perpetrado, María Clara, empuñando el subfusil MEMS M-52/60, que acababa de sustraer del patrullero, le dijo a su compañero:
   -Sala’, ésta, yo no la usé nunca; ¿vos?
   -No, yo tampoco.
   Tras unos pocos segundos, viendo que en la esquina de la ya referida calle Ameghino con Sargento Cabral, había otro Falcon policial estacionado sobre la mano derecha (sus represores, seguramente, así como en el caso anterior, habían parado para comer pizza y tomar cerveza, que, como también debe haberse dado en el caso de los policías anteriores, no pagaron), Salazar, dijo:
   -¿La querí estrenar?
   -Dale -dijo María Clara, y como del subfusil MEMS M-52/60, los combatientes poseían sólo uno, la joven le dijo a su compañero: -Lo uso primero yo, y después te lo paso a vos.
    Salazar, que era un caballero, dijo:
   -Por supuesto María… primero las damas.
   Tras el vehículo en que iban, frenar casi al lado del patrullero, la guerrillera apuntó su arma contra los policías que en el interior del Falcon, estaban, y desató una ráfaga constituida por una decena de disparos; seguidamente le pasó a su compañero el arma que él, nuevamente disparó contra los represores estatales, tras ponerse de pie y sacar el tren superior de su cuerpo del auto, a través del techo corredizo que había vuelto a abrir.
   El total de balas que impactaron en los policías, fue de 24.
   En esta ocasión, María Clara no bajó del vehículo para buscar ninguna de las armas policiales; ¿qué sentido habría tenido?, ¡si ya tenían más armas que las que en varias vidas, podrían llegar a utilizar!

   Ya lejos del lugar del hecho, ambos jóvenes comentaron que el subfusil MEMS, que los dos, así como había ocurrido con el HAFDASA, acababan de usar por vez primera, también andaba bárbaro.

Epílogo

   Los detractores de las ficciones violentas, fundamentan en parte su oposición a ellas, en que la violencia sufrida por las personas en la vida real, necesariamente implica consecuencias (muchas veces, gravísimas) para sus entornos (familias, amigos, etcétera), y esto no suele ser mostrado en la ficción, lo cual, llevaría a que sus consumidores erróneamente sintieran que la perpetración de daño y muerte, es mucho menos grave que lo que realmente es, cosa que podría aumentar las posibilidades de que incurrieran en actos violentos, pero esa lógica no resiste mucho análisis, ya que la violencia social, para mí, está CLARÍSIMO que EN NINGUNA MEDIDA, se inicia ni aumenta, por la violencia representada en las artes; la prueba concluyente de esto, es que: películas violentas (de ya sabemos qué país), son vistas masivamente por gente de todo el mundo, y en los distintos países, hay distintos grados de violencia social, porque sus situaciones sociales son distintas, pero si la lógica en cuestión, fuera válida, y los artistas tuviéramos que dar cuenta del contexto de las personas receptoras de la violencia, de las historias que creamos, no lo podríamos hacer más que en una medida ínfima, porque LAS CONSECUENCIAS DE  TODAS LAS ACCIONES (buenas y malas) SON INFINITAS, y si lo hiciéramos, creo que correspondería también, en historias como la recién presentada, mostrar lo ocurrido previamente en las vidas de los personajes receptores de violencia; en el caso de la historia recién presentada, eso implicaría para mí, tener que hablar de detenciones arbitrarias, pedidos de coimas, amenazas, extorsiones, golpizas a personas esposadas, agresiones sexuales, imposición de picana eléctrica, simulacros de fusilamiento y fusilamientos no simulados, ya que esas cosas eran moneda corriente en las vidas de los policías que aparecieron en el cuento, y dicho impiadoso accionar, no fue por mí, de ningún modo, imaginado, ya que el mismo fue por mi persona, trasladado desde lo fáctico hasta lo ficticio, dado que la violación de derechos humanos, es algo en lo que las fuerzas represoras del estado, incurren diariamente, y cabe destacar que el país y el periodo histórico en el que las autoridades realizan cosas así, ES TODO PAÍS Y TODO PERIODO HISTÓRICO; como prueba de esto, digo lo siguiente: en los últimos años, la picana eléctrica, en muchos países (incluyendo éste) se ha legitimado por segunda vez (la primera fue cuando se implementó la llamada: “Terapia electro-convulsiva”, en psiquiatría); ahora se aplica también a través de la “pistola Taser”, y actualmente (año 2026), está en uso en… ¡MÁS DE 100 PAÍSES!, incluyendo a muchos cuyos gobiernos son democrático-representativos y cuyos líderes, de modo totalmente hipócrita, se autoproclaman: “defensores de los derechos humanos”.
   Lo recién mencionado, da cuenta de que la situación de los derechos humanos, de ningún modo está mejorando. En todo el mundo está EMPEORANDO, por eso es que, me van a tener que disculpar por no considerar las consecuencias terribles, para el entorno familiar, que necesariamente existen, cuando alguien perteneciente a las fuerzas represoras del estado, es muerto, porque me reconozco como alguien total y absolutamente incapaz de tenerle a un torturador, simpatía alguna, y en esta mentira TOTAL Y ABSOLUTA, que es el “estado de derecho” (también lo son la "libertad" y la "democracia"), no hay miembro de las fuerzas policiales, que no pueda con todo fundamento, ser considerado tal.                  


Posdata: Le dedico el cuento a todos los artistas argentinos que han incursionado en el subgénero argento-setentista, sin JAMÁS haberse atrevido a enfocarse en la lucha armada (que hasta ahora, son casi todos); esa negativa total, a poner armas en manos de militantes revolucionarios, constituye un soslayamiento de algo insoslayable, funcional a los intereses de la derecha, porque son sus integrantes quienes mayormente terminan hablando abiertamente de la guerrilla de los 70, y, por supuesto, lo hacen desde su perspectiva.
   Yo no soy valiente, pero como me he animado a hacer, lo que tantos artistas argentinos, no, lo parezco, y es lógico, porque… en medio de miles de tremendos cagones, el menos cagón, parece valiente.

lunes, 26 de enero de 2026

Matá, Loba… ¡MATÁ! (cuento) - Martín Rabezzana

Este cuento es la continuación de: “Daniela… mi loba insurrecta querida...” Es el último de mi nuevo libro (¡que es el número 25!) llamado: Balas que buscan cuerpos // Cuerpos que buscan balas. Les dejo el enlace para el mismo: https://drive.google.com/file/d/1tVQpz8zLInTSt-m7bYb1zTFwEbvO9Xtw/view?usp=sharing

-Palabras: 3.913-

Operaciones de hostigamiento

   Mediados de 1975.
   Garrido 300; San Isidro; provincia de Buenos Aires. 20:31 horas.
   La camioneta Rastrojera chocó contra una de las vidrieras de la concesionaria de autos; una vez, la misma rota, tres muy jóvenes milicianos (dos chicos y una chica), bajaron de la caja del vehículo en que estaban (el que conducía, permaneció al volante) y rápidamente dispusieron bajo seis rodados, artefactos explosivos; acto seguido, volvieron al Rastrojero, que, de inmediato, arrancó.
   En la misma área, había otros tres pelotones de milicianos montoneros, haciendo cosas parecidas (roturas de vidrieras y lanzamientos de bombas incendiarias) contra locales de empresas imperialistas.
  Allá por 1975, este tipo de actos, se daban literalmente por decenas, varias veces por semana, en todas las grandes ciudades del centro y norte del país (el sur, quedó bastante al margen de todo esto; paradójicamente, “La masacre de Trelew”, que fueron asesinatos de guerrilleros perpetrados por los militares durante la dictadura de Lanusse, resultó fundamental para el crecimiento exponencial de las agrupaciones guerrilleras, ya que muchísima gente, a partir de ese hecho ocurrido en el sur del país, en el año 1972, empezó a ver a los guerrilleros, como héroes).

Emboscadas de aniquilamiento

   No muy lejos del área en que las operaciones de hostigamiento, se sucedían, en Chiclana al 300, de la vecina ciudad de Béccar, poco antes de que llegara a su domicilio, a un directivo de la empresa Esso, que transitaba en un Ford Fairlane, y era acusado, además de ser explotador laboral, de financiar a grupos parapoliciales para que se ocuparan de sus empleados “problemáticos”, se le acercó un Peugeot 504 desde el cual, un montonero, con una pistola ametralladora FMK-3, desde el asiento delantero del acompañante, le disparó  a él y a su chofer, que también era custodio suyo; con ambos ya malheridos, el Peugeot se le cruzó al Fairlane, obligándolo a frenar;
una vez ambos autos, detenidos, el guerrillero que ya había disparado y el que iba en el asiento trasero (que también tenía una FMK-3), del mismo descendieron y contra los ocupantes del Fairlane, desataron una tremenda lluvia de balas; unos 50 metros atrás, segundos antes, tres combatientes montoneros a bordo de un Ford Taunus, lo mismo habían hecho con los dos ocupantes de un Torino, que eran custodios del empresario yanqui.
   El balance de estas emboscadas fue para los montoneros, totalmente positivo, ya que fueron ajusticiados, tanto el empresario yanqui como sus tres custodios, y ninguna baja hubo entre los combatientes.

Análisis de los hechos

   Todo esto, es sin dudas, terrible, pero… ¿no es terrible, que los empleados sean explotados, no sólo a través de remuneraciones miserables, sino además, al ser obligados a trabajar largas jornadas en condiciones insalubres? ¿No es terrible que, cuando los mismos se organizan para reclamar derechos, sean no sólo encarcelados, sino además, secuestrados y torturados por grupos parapoliciales y paramilitares, financiados por los mismos directivos de las empresas en que trabajan? POR SUPUESTO QUE SÍ, y todo esto fue moneda corriente en la Argentina de los años 1960 y 1970 (y de antes, también); la diferencia en estas décadas respecto a las anteriores, reside en que la resistencia a los explotadores capitalistas, ya no estaba constituida solamente por huelgas y sabotajes, sino también, por grupos armados que contraatacaban a los empresarios explotadores y a los grupos represores del estado, y el estado siempre favorece los intereses del poder económico concentrado, ya que fueron justamente los que se apropiaron de la tierra y de los medios de producción, quienes lo crearon, para defender sus vidas y sus privilegios.
   Volviendo a la cuestión de lo terrible de todo esto, digo lo siguiente: es terrible que un grupo guerrillero se conforme, pero más terrible es, cuando la agresión es unilateral, y esto es lo que ocurre en la mayoría de los tiempos históricos; en los 60 y 70 del siglo 20, se empezó a responder a la violencia extrema de las corporaciones económicas que, como ya manifesté, tienen por defensores a las fuerzas represoras del estado, y fue por eso que, según mi criterio, empezó una etapa menos terrible (por ser menos injusta) que la anterior.
   Los grupos guerrilleros llegaron para terminar con la unilateralidad de la violencia que las grandes corporaciones, a través del estado, contra los trabajadores, permanentemente perpetran, y lo que ocurrió entonces, fue MARAVILLOSO; ¡LOS GRANDES EMPRESARIOS EMPEZARON A TENERLE MIEDO A SUS EMPLEADOS, POR SABER QUE LA IMPUNIDAD, SE LES HABÍA TERMINADO!... Cuando eran secuestrados, sus empresas se veían obligadas a acceder a las exigencias de sus captores, y entre las mismas estaban, la de que aumentaran sueldos, mejoraran las condiciones laborales de sus empleados y la de que donaran ropa, alimentos y materiales de construcción, a gente de bajos recursos, ya que eso que llamaron: “Redistribución forzada de la riqueza”, solía exigirse como parte del pago de los rescates de los empresarios retenidos. 
   En aquellos tiempos, se empezaron a invertir los roles; se empezó a devolverle a los capitalistas, un poco del sufrimiento, que a otros, ellos están en la vida, para infligir a todo aquel a quien puedan; sabiendo todo esto, pese a lo terrible del periodo, no creo exagerar al definirlo como: “maravilloso”.

Jefatura injustificable

   Los jefes montoneros, demostrando ser jerarcas tan repudiables como aquellos a los que combatían, no enviaban a los milicianos a realizar operaciones de “hostigamiento”, como ser, romper vidrieras de empresas imperialistas, arrojar bombas molotov, incendiar autos o poner explosivos menores, custodiados por combatientes; solían mandarlos solos, y en muchos casos, quienes realizaban estas tareas, eran pibes de 15 años; no obstante, a veces sí eran custodiados por combatientes durante dichos hostigamientos, y cuando esto se daba, era porque los guerrilleros se ofrecían a custodiarlos por iniciativa propia, ya que, como fue dicho, la cúpula montonera, en ningún momento se preocupaba por la seguridad de los militantes de superficie de su propia agrupación. 
   El objetivo (inconfesado) de los jefes montoneros, de muchas de las tareas de hostigamiento que a los milicianos, les asignaban, era el de distraer la atención de las autoridades, de hechos más graves que en otras partes de la misma área, estaba previsto realizar; en los casos mencionados, la rotura de vidrios, el lanzamiento de bombas incendiarias y la puesta de explosivos en la concesionaria de autos, previos al ajusticiamiento del empresario de Esso y de sus custodios, tuvo por objetivo que la policía y los milicos, fueran tras quienes, esos hechos, perpetraron, y se demoraran así, en llegar al lugar en el que los guerrilleros realizarían las emboscadas de aniquilamiento; es decir, si iban a caer militantes, la cúpula montonera prefería que no fueran los más “importantes”, o sea, los guerrilleros; era preferible que en el secuestro, tortura, violación y posible asesinato y desaparición, cayeran adolescentes militantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), poseedores de poca o nula, instrucción militar, ¡que total, son los menos útiles para la causa de la liberación nacional!, y si se trataba de militantes de los “frentes de masa”, que no sólo no eran guerrilleros, sino tampoco, milicianos, por lo cual, no participaban de ninguna de las acciones ya referidas, ¡mejor todavía!, porque esos militantes desarmados de “La tendencia revolucionaria del peronismo” (que fueron la inmensa mayoría), que realizaban acciones solidarias que no eran violentas, como ser: prestar toda clase de ayuda a las personas residentes de los barrios más carenciados (trabajo en comedores, apoyo escolar, asistencia médica, y más cosas), para los capos de Montoneros, eran básicamente, “cuatros de copas”, de ahí que cuando apareció la Triple A, los dejaran desprotegidos, pese a sus reiterados pedidos de envío de combatientes a sus Unidades Básicas, para protegerlos.
   Por cosas así, y por muchas más, los integrantes de la cúpula montonera han sido repudiados, merecida y casi unánimemente, por los miembros de su propia organización.

Tormentosos años

   A los milicianos, cuya preparación en el manejo de armas, era muy elemental, sus superiores les daban armamento de poca potencia, como por ejemplo: revólveres calibre 22, de marcas que ellos mismos no usaban, por considerarlas de ínfima calidad, como la Doberman, ya que las de mayor potencia y mejor calidad, las reservaban para los combatientes, y cuando los milicianos se veían en la necesidad de usarlas al llegar la policía o los militares, muy rara vez, lo hacían exitosamente; por saber esto es que Daniela decidió acompañar a los milicianos en acciones cuya validez, necesidad y utilidad, NO CREÍA EN ABSOLUTO (como no creía tampoco en Montoneros, ya que venía del anarquismo; en su Uruguay natal, había pertenecido a la ROE -Resistencia Obrero-Estudiantil- y a su facción armada: la OPR-33 -Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales-; organizaciones derivadas de la FAU -Federación Anarquista Uruguaya-), pero fue que… en esos tiempos, era MATAR O MORIR, y fue así, que al verse perseguida en Uruguay, se exilió en Argentina en donde la persecución a los uruguayos acá exiliados, continuó, de ahí que decidiera incorporarse a una agrupación armada que fue Montoneros.
   En aquellos tiempos se había desatado una tormenta en la cual, quien había participado de actividades políticas de izquierda, anarquistas, o en actividades de ayuda social, era susceptible de ser marcado por los agentes del estado y puesto en una lista de “subversivos”, y eso equivalía a perder, en la consideración de las autoridades, el derecho a existir, de ahí que los militantes que no fueran de derecha y se quedaran quietos, inermes, fueran presas casi seguras de los represores estatales que sometían a sus víctimas a terribles tormentos; ese terror, empujó a muchos militantes desarmados, a armarse, en un intento de sobrevivir o, al menos, de caer peleando, cosa que dije ya, cualquier cantidad de veces y que deberé seguir repitiendo, ya que la historiografía, rara vez menciona esto como factor causal principal, del ingreso a agrupaciones armadas, de personas que durante años, participaron de acciones sociales y políticas, sin recurrir a las armas, y es un factor causal que, lejos de haber sido raro, ha sido habitual.

Cuidadores

   Los combatientes montoneros: Lalo y Daniela, desde la distancia, controlaban que los milicianos pudieran salir de la escena, sin problemas, y… ¿qué problema podría sobrevenir? La llegada de la policía o de los militares; estos últimos, como ya dije en alguna oportunidad, ya en ese año ‘75, estaban habilitados para realizar operativos de tipo policial.
   Lalo daba vueltas por el área en un FIAT 128; Daniela había llegado al lugar, en un Renault 4, conducido por un tal Martín Rabezzana.

Tras la operación de hostigamiento ocurrida en Garrido al 300, San Isidro

   Los milicianos ya referidos al comienzo de este texto, tras romper con el vehículo en el que habían llegado, una de las
vidrieras de una concesionaria y disponer “caños” bajo rodados expuestos para la venta, en el interior de la misma (eran dos varones y una chica), como ya fue expresado, subieron a la caja del Rastrojero que otro miliciano, manejaba, pero al llegar a la esquina con la calle 9 de Julio, un patrullero se les cruzó, y no pudiendo frenar a tiempo, con el mismo, chocaron; el choque fue menor, de ahí que nadie saliera herido, pero fue suficiente para que los policías pudieran reducir a los cuatro jóvenes.
   Los milicianos fueron apuntados con armas por los uniformados y les fue ordenado arrojarse al piso, cosa que los cuatro, hicieron; instantes después, detonaron los explosivos que venían de poner en la concesionaria; esto generó una distracción en los policías que fue aprovechada por la integrante femenina del pelotón; la chica, que se llamaba Elina, velozmente se levantó y corrió hacia la esquina opuesta; una vez en la calle Belgrano, dobló a la derecha y tras correr unos veinte metros, fue interceptada por un policía de civil de unos
35 años, de cabellera engominada y peinada a lo Gardel.
   El tipo, ni bien la agarró, se puso detrás de su persona, le apretó fuertemente la cintura con su mano izquierda, y su boca, con la derecha; rápidamente, la llevó al interior de un negocio de ropa, cuyos clientes y empleados, se habían ido corriendo del lugar, al iniciarse las tareas de hostigamiento milicianas, que no sólo en la calle Garrido, se habían dado, sino también, en Belgrano, ya que otro pelotón miliciano, por esa calle, había pasado.
   Una vez dentro del negocio, el policía, tras mirar a su alrededor y constatar que no había nadie, llevó a la joven hasta una habitación lateral, fuera de la vista desde el exterior; una vez ahí, soltó el agarre que de ella, hacía con su mano izquierda, de su cintura, y también el que hacía con su mano derecha, de su boca; a Elina, de quince años, agarrándola de un brazo, la hizo dar vuelta, para verla de frente; mientras la miraba, le dijo:
   -¡Uuuuhhh! ¡Qué buena qué estás, pendeja! ¡Y qué bueno que seas subversiva, porque eso me hace tu dueño! -y le pasó la lengua por una mejilla.
   Elina logró apartarse hacia atrás, y sacó el revólver calibre 22, que le habían dado; el represor, de inmediato se lo sacó de las manos y le dio un golpe en el rostro que la hizo caer; seguidamente, dejó el arma sobre un mueble y después, a Elina le pateó una pierna mientras la llamaba: “comunista de mierda”; acto seguido, agarrándola de los pelos, la arrastró hacia un sillón de tres cuerpos; ella gritaba y suplicaba que la dejara irse; el represor le dijo:
   -Callate putita, que no te va a servir de nada suplicar.
  Mientras tanto, el policía procedió a desabrocharse el pantalón, ya que violarla, él sentía que era parte del cumplimiento de su deber; a fin de cuentas, así como tantos de sus colegas… ¡para eso se había hecho policía! Para poder violar impunemente, y la impunidad, no sería sólo legal, según su criterio, también sería moral, ya que el estado le había inculcado la idea de que todo lo que hacía, lo hacía por el “pueblo”, por la “civilización occidental y cristiana”, y por otras entelequias tan absurdas, repudiables e injustificables, como esas, y el infligimiento de picana eléctrica, que se le había permitido realizar, era otra forma de violar, y a esa forma de violación, que habitualmente perpetraba, tenía también pensado, someter a Elina, una vez que la hubiera llevado a la comisaría.
   La joven, llorando y sollozando, cerró los ojos en un intento de evadir la situación terrible en curso que asumía, no haría más que agravarse, pero fue que ni dos segundos pasaron desde que los cerrara, que escuchó un disparo; entonces, volvió a abrirlos y casi en cámara lenta, vio al represor, caer al piso, tras ser impactado en la nuca, por una bala 9 milímetros de la pistola Star, de Daniela, que, fingiendo
ser una simple transeúnte, por los alrededores del teatro de operaciones de los milicianos, se paseaba, para intervenir en su defensa, en caso de ser necesario.
   Ya con el represor muerto, Daniela le extendió una mano a su compañera, y una vez que ella se levantó y la combatiente uruguaya la instó a salir, la joven miliciana se acercó al cuerpo del policía muerto y, con expresión furiosa, le dio dos buenas patadas.
      Lo que el policía planeaba hacer en contra de Elina, y que, a otras, había ya hecho, gracias a la acción de Daniela, nunca más, a nadie, haría.
   Por la velocidad y eficiencia del accionar ajusticiador de la guerrillera, el policía nunca llegó siquiera a saber qué le pasó.

Ya fuera del negocio de ropa || Tormenta de fuego

   Casi al mismo tiempo en que Elina era interceptada por el policía, se escucharon disparos en la esquina de Garrido y 9 de Julio, por lo que, tras salir del negocio junto a la miliciana, Daniela se acercó a la esquina de la calle Belgrano en que se encontraba, y Garrido, para mirar cautelosamente lo que pasaba en ese lugar, que era aquel en que estaba el Rastrojero en el que Elina, había llegado, y lo que había pasado era que el compañero montonero de la “loba” Daniela, apodado: Lalo, que era el otro combatiente que estaba ahí para cuidar a los pibes (si bien, desde mis 45 años, pueda decir que tanto él como Daniela, también eran pibes, ya que, con poco más de veinte
años, contaban), había bajado velozmente del FIAT 128 en que transitaba el área, y disparado con una escopeta Bataan 71 recortada, contra los dos policías que habían reducido a los jóvenes que componían el pelotón miliciano del cual, Elina era parte; a ambos les había dado muerte.
   Al ver los cuerpos de los uniformados en el piso, y a Lalo y a los milicianos, acercarse en dirección a ellas, Daniela se sintió un poco aliviada, y se dispuso a ir a su encuentro, pero rápidamente agarró a Elina de un brazo, llevándola a retroceder, porque advirtió que desde la calle Chacabuco, apareció otro patrullero que agarró por Garrido, cuyos ocupantes, claramente habían visto a los milicianos y en dirección a ellos, transitaban, entonces Daniela, cuya presencia no había sido advertida por los policías, cuando el patrullero
recién cruzaba hacia Garrido, apuntó su pistola contra los represores, y tres veces, disparó, hiriendo a ambos; seguidamente el auto chocó contra un árbol, y fue entonces que Lalo se acercó hasta el mencionado vehículo, y remató a sus ocupantes de un tiro de escopeta en la cabeza, a cada uno.
  Una vez pasada la tormenta de fuego, dos de los jóvenes se fueron en el FIAT 128 que manejaba Lalo, y Elina se fue con Daniela en el Rastrojero que uno de sus compañeros (que era el único mayor de edad del grupo de milicianos, y era poseedor de registro de conductor -cosa que conviene aclarar, porque no vaya a ser que alguien diga que estos jóvenes maravillosos, hacían algo ilegal), condujo.
   Mientras la camioneta se iba atravesando una cortina de niebla, que a la noche envolvía y que rápidamente empezaba a disiparse, estando apoyada parcialmente contra la puerta del acompañante, a los dos jóvenes milicianos situados a su izquierda, Daniela les dijo:
   -No sigan en esto, chicos; váyanse de acá mientras puedan;… ADÓNDE SEA, váyanse -y tras recostarse contra el asiento, evidenciando en su voz, una mezcla de resignación, tristeza y súplica, agregó: -Sálvense.
   Sus palabras fueron por los jóvenes, oídas, mas no así, escuchadas.

Previo a las operaciones montoneras

  A unas 20 cuadras de los lugares en los que las operaciones se realizarían, los montoneros sustraían los vehículos que habrían de usar en las mismas; el modus operandi era casi siempre el mismo: se esperaba a que un automovilista frenara ante un semáforo en rojo y se le exhibían armas; se trataba de apuntarlo lo menos posible o incluso, de no apuntarlo en absoluto; una vez que el conductor hubiera descendido, los individuos se identificaban como pertenecientes a Montoneros y le pedían perdón; seguidamente se retiraban.
   Alguno preguntará, qué pasaba si un conductor, oponía resistencia;… técnicamente, lo que podría haber pasado, es la apertura de fuego por parte de los guerrilleros, en su contra, y la subsiguiente muerte del automovilista, pero hete aquí, algo increíble y cierto: en el curso de robos de vehículos a civiles, los guerrilleros argentinos de los 70, JAMÁS MATARON NI HIRIERON A NINGÚN AUTOMOVILISTA, pese a que en dichos robos, incurrieron cientos y cientos de veces, durante el primer lustro de la década del 70.
  Cabe señalar que los policías y los militares, al realizar operativos de secuestros de personas, tenían área libre, proporcionada por las comisarías correspondientes a los lugares de los hechos; en tales casos, no sólo robaban los bienes de los secuestrados, sino que además, aprovechaban para robar vehículos de automovilistas que por el “área libre”, transitaban; todo esto ocurría ya desde antes de la dictadura, y, por supuesto, durante la misma, se magnificó; se sabe que la ESMA estaba llena de vehículos que los represores habían robado, para después, con papeles falsos hechos por los mismos secuestrados, que eran usados como esclavos, venderlos.

Análisis sobre la justificabilidad de los hechos

   Aun cuando ciertos hechos violentos realizados por guerrilleros, puedan ser por mí, justificados, por ejemplo, cuando eran contra torturadores, violadores y asesinos que, por pertenecer al estado, no eran por las autoridades, perseguidos, y que seguirían haciendo lo que hacían si no se les oponía violencia, hay otros hechos que no son en absoluto, justificables, y eran cotidianos, como el ya mencionado, robo a mano armada de vehículos, y el mismo, aun si no resulta en daño físico a sus ocupantes, necesariamente resulta en daño emocional, y eso es imposible para mí, de justificar, como también me parece injustificable el que los guerrilleros hayan matado a soldados que, por coerción estatal, estaban haciendo el servicio militar, durante sus irrupciones a unidades militares, con el fin de robar armamento; por cosas así (que entre los integrantes de las agrupaciones armadas, generaba constantemente disentimientos y deserciones), y por muchas otras que hicieron, es que digo que, en el uso de la violencia, a los guerrilleros se les fue la mano; de eso, no tengo ninguna duda, pero… ¿significa esto que la represión del estado en su contra (y en contra de cualquiera a quien los represores estatales decidieran ponerle el título de “subversivo”, fuera guerrillero o no), fue justificada, y sea algo por lo que a los terroristas del estado, haya que agradecerles? POR SUPUESTO QUE NO, ya que, así como ocurre con el delito común, los guerrilleros no salieron de la nada, sino de un contexto de injusticia social y represión sistematizada, perpetrada por el estado a través de las Fuerzas Armadas y de “seguridad”; fue la represión del estado, en sus múltiples expresiones, la que creó el medio ambiente propicio para que grupos de personas dispuestas a combatir a las autoridades, se conformaran, de ahí que agradecerle a los milicos y a la policía, por haber terminado con la “subversión”, equivalga a agradecerle a los bomberos por apagar un incendio que ellos mismos, generaron; ningún sentido tendría hacer cosa tal, además, si se considera que, por lo que los combatientes y milicianos, hacían, merecían una punición, la misma podría haber sido la que ya legalmente estaba previsto aplicarle a quienes cometen delitos, es decir, detención, juzgamiento y encarcelamiento, en lugar de una, constituida por secuestros, torturas, violaciones, asesinatos, desapariciones de cuerpos, robo de bienes a los secuestrados y a sus familiares, robo de bebés, e incluso, asesinatos de mascotas de las víctimas, que era algo que los Grupos de Tareas, hacían comúnmente, y todo esto no sólo se lo hicieron a quienes incurrían en delitos, sino también, a militantes políticos que no sólo no estaban a favor de la lucha armada, sino que incluso, estaban en contra de ella, a familiares de secuestrados, por reclamar por sus seres queridos y también a sus abogados; cabe destacar que cualquiera que tuviera relación con una persona señalada por las autoridades como “subversiva”, quedaba en la mira de los terroristas del estado, aunque no tuviera nada que ver con actividades guerrilleras, de ayuda social ni políticas, y era común, que también sufriera represión ilegal.
   Por todo lo dicho, insisto con que ningún sentido tendría, agradecerle a los terroristas del estado, por lo que hicieron, lo que sí considero sensato, es el agradecerle a los jóvenes insurrectos de los ‘70, por su insurrección, ya que nos mostraron que solamente cuando se le presenta oposición a aquello que se considera injusto, la vida merece ser vivida.

domingo, 18 de enero de 2026

Emboscada de aniquilamiento (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 2.027-
Poder judicial = Parodia de justicia

   En 1971, durante la dictadura de Lanusse, se creó el “Camarón” (Cámara Federal en lo Penal de la Nación); tribunal cuyo propósito específico era el de juzgar a quienes incurrieran en actividades guerrilleras y a aquellos acusados de colaborar con ellas.
   El "Camarón" utilizaba como evidencias, declaraciones obtenidas bajo tortura, en recintos policiales y militares, motivo por el cual, dos años después de su creación, tras la democracia representativa, retornar, dicho tribunal fue abolido por el Congreso Nacional, el mismo día en que Héctor Cámpora, asumió la presidencia.
   El nuevo presidente, desde la noche del día de su asunción (25 de mayo de 1973) fue presionado por una manifestación constituida por decenas de miles de personas que le exigían la liberación de los llamados “presos políticos” (el hecho se conoció como: “El Devotazo”); como negarse a eso, habría implicado para él, tener que ordenarle a la policía, reprimir, y cosa tal, no podía hacerla, ya que se suponía que su gobierno sería diametralmente opuesto al anterior, por ser de iure y el anterior, de facto, decidió conceder indultos a los que, horas después, se sumaron amnistías otorgadas por el Congreso; esto resultó en la liberación de cientos de guerrilleros.
   Los ex integrantes del ya disuelto “Camarón”, quedaron en la mira de muchísimos combatientes, recientemente liberados, que, por obra de ellos, habían sido encarcelados. No obstante, dado que Cámpora era representante de Perón, las organizaciones guerrilleras peronistas, decidieron hacer una pausa al fuego; pausa que, del gobierno de Cámpora, prolongarse (duraría solamente 49 días), se puede suponer que habría sido prolongada, pero... el PRT-ERP, NO ERA UNA AGRUPACIÓN PERONISTA, y si bien, por no entrar en conflicto con la izquierda peronista con la cual, tenía mucha afinidad, su conducción había manifestado que no atacaría al gobierno, sino solamente a las “Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias” y a las grandes empresas extranjeras, lo cual, significaba que los ex camaristas, no estarían entre los objetivos a eliminar, no todos los combatientes estaban de acuerdo con respetar tal directiva, de ahí que algunos de ellos, a determinado magistrado que los había condenado, decidieran ir a buscar.

El plan

   Tras unos días de trabajo de inteligencia, los cuatro combatientes del Ejército Revolucionario del Pueblo, concluyeron que el magistrado, no tenía custodia; él se la había solicitado al presidente Cámpora, pero éste, considerándolo cómplice del recientemente finiquitado, gobierno de facto, decidió no asignársela.
   El plan era sencillo: dos combatientes tocarían timbre en la casa del juez, poco antes del mediodía (siendo sábado, asumían que se encontraría en su domicilio a esa hora), diciendo que estaban ahí, para entregar una cómoda; los dos llegarían en una camioneta identificada como perteneciente a una mueblería; una vez que abrieran la puerta, ingresarían al inmueble en busca de su persona, o dispararían ahí mismo, de ser él, quien abriera; ambas situaciones, los combatientes las
consideraron muy poco probables por darse, de ahí que la idea principal, fuera la de que uno de los dos guerrilleros que hasta la puerta se acercarían, distrajera a quien fuera que del otro lado de la misma, respondiera, mientras el otro, por el pasillo lateral que daba al patio (que era abierto), iría en busca del magistrado, y en caso de darse que él respondiera, no desde detrás de la puerta, sino desde detrás de una ventana, se lo ultimaría ahí mismo. Mientras tanto, en un Dodge 1500, transitarían por el área, dos combatientes que intervendrían si fuese necesario.
   El modo habitual de los muchachos del ERP, de aniquilar, era mediante ráfagas de ametralladoras; esto se hacía si se daban las condiciones, es decir, si no había nadie más que el objetivo a eliminar, en el área; de haber otras personas, se tiraba del gatillo con el cerrojo cerrado, ya que así, se dispara un tiro a la vez; no obstante, en este caso particular, los combatientes no contaban con pistolas ametralladoras ni fusiles, ya que las armas más importantes (como esas), debían irlas a buscar a determinados lugares, tras serles habilitadas por la superioridad, al serles por la misma, asignada una operación; una vez ella concluida, debían devolverlas, pero la operación en cuestión, no les había sido a ellos asignada por nadie; la realizaban por cuenta propia, de ahí que solamente tuvieran las armas cortas que a diario, portaban, que en este caso, eran pistolas.
   Las pistolas calibre 45, Ballester-Molina y Colt 1911, de aquellos tiempos, tenían capacidad para siete balas; pese a haber otras pistolas ya en uso por las fuerzas policiales y militares, cuyos cargadores contenían unas 13 balas, muchos preferían las de calibre 45 por su mayor poder de detención; las de mayor capacidad municional más comunes, eran calibre 9 milímetros, y en ese entonces se consideraba que tenían muchísima menos potencia que las de calibre 45, no obstante, el calibre 45 fue dejado de lado cuando investigaciones más profundas, revelaron que en realidad, el mismo tiene apenas un 15 % más de dicho poder, que el 9 milímetros.
      Los cuatro combatientes del ERP (tanto los dos que estaban disfrazados de empleados de mueblería, como los otros que en el Dodge 1500, circularían por los alrededores), tenían pistolas Colt y Ballester-Molina, calibres 45.

Emboscada(s)

   Perú 1068, Acassuso; 9 de junio de 1973; 11:38 horas.
   Los dos guerrilleros, vistiendo mamelucos, en una camioneta FIAT 125 multicarga, identificada como perteneciente a la mueblería “Vittoria” (acababan de sustraerla), llegaron hasta la dirección ya referida y estacionaron frente a la casa del magistrado; por los alrededores, cada tanto pasaba el auto de apoyo, para controlar que todo estuviera saliendo bien.
   Ambos guerrilleros, tras bajar de la camioneta, descargaron la cómoda y la acercaron hasta el frente de la vivienda del juez; uno de ellos tocó el timbre y desde el otro lado de la puerta, tras algunos segundos, le fue respondido:
   -¿Sí?
   -Buen día señor. Somos de la mueblería; traemos la cómoda.
   -No compramos ninguna cómoda -dijo el juez.
   -¿Está seguro?
   -Sí sí; tienen mal la dirección, evidentemente.
  Y tras hacerle un gesto con la cabeza a su compañero, éste último se fue hacia el lado izquierdo del lugar, en un intento de ingresar al inmueble por el pasillo lateral que daba al patio; mientras tanto, el primer guerrillero, tratando de distraer al juez, le dijo:
   -Pero... a ver, señor: si no es acá, ¿puede ser, que sea por acá, que alguien compró una cómoda?
   -Sí, puede ser, pero acá no fue.
   -¿Podría usted, por favor, llamar a algún vecino por teléfono, y preguntarle si está esperando la entrega de una cómoda o si sabe de alguien por acá, que la espere?, porque si no, no podemos cumplir con nuestro trabajo, e imaginesé que vamos a tener problemas con nuestro patrón, ma… ¡qué problemas! PROBLEMONES, porque es un tipo muuuuuy severo; ¡no sabe usted lo que es!, encima, con ese castellano cocoliche que habla, ¡se le entiende por la mitad!; el tipo es alguien que… 
   Y abruptamente dejó de hablar, al escuchar el primero de los tres disparos que en contra del juez, desde el interior de la casa, su compañero, efectuó.
   Mientras tanto, en el exterior acababa de estacionar un taxi Renault 12 en el cual, viajaban dos custodios que acababan de ser contratados por el magistrado, y que al escuchar los disparos en el interior de la casa, automáticamente supusieron que el hombre que se encontraba en el exterior, era un guerrillero (no es que fueran muy sagaces, lo que pasa es que eso, lo pensaban de prácticamente todo el mundo).
   El guerrillero, al advertir la llegada del taxi, se inquietó bastante, por lo que metió la mano dentro de su mameluco para sacar de su interior, la pistola que llevaba, en el mismo momento en el que su compañero, que acababa de ajusticiar al juez, salía de la casa por la puerta principal, pero no llegó a dispararla porque el custodio que estaba en el asiento delantero del acompañante, del lado más próximo a la vivienda, con su brazo derecho fuera de la ventanilla, con un revólver Smith & Wesson .38 Special, abrió fuego contra él, impactándolo dos veces y llevándolo a morir, casi de inmediato; su compañero logró evadir los siguientes dos disparos que el custodio, realizó, mediante la puesta en práctica de un “rodamiento de combate” hacia un costado, y una vez en el piso, sacó su pistola 45 y en dirección al taxi, tres veces, disparó; dos de los disparos dieron en el custodio que había abierto fuego, causándole la muerte, el otro, lamentablemente dio en el taxista, que ninguna relación tenía con los dos represores; mientras tanto, el segundo custodio que se encontraba en el asiento trasero, del vehículo había bajado y tras el mismo, se había escudado; con una pistola Beretta, calibre 9 milímetros en mano, cautelosamente miró en dirección al combatiente que del suelo, se acababa de levantar, y que se había acercado hasta su compañero, constatando con pena que por él, nada se podía hacer; el joven revolucionario, que no parecía haber advertido la presencia del segundo custodio, fue sorprendido por éste (quien, al igual que su compañero ya muerto, era policía), que contra él, dos veces, disparó; con el primer disparo, lo hirió en su brazo izquierdo, pero con el segundo, no logró impactarlo porque de inmediato, el guerrillero se arrojó al suelo; no llegó a haber un tercer
disparo efectuado por el represor, porque desde detrás de donde se encontraba, se acercó el Dodge 1500 de apoyo, y desde el mismo, el combatiente que estaba en el asiento delantero del acompañante, tras sacar su pistola a través de la ventanilla, tres veces lo impactó en la espalda, llevándolo de inmediato, a caer al suelo; una vez que el auto estuvo casi al lado del cuerpo, frenó, y rápidamente, quien del mismo, descendió (que era quien acababa de disparar), al custodio le dio un último disparo en la cabeza; seguidamente el partisano le abrió la puerta derecha trasera a su compañero herido, que rápidamente se había acercado, y tras cerrarla y él subir al asiento delantero del acompañante, a gran velocidad, los combatientes se fueron del lugar.

Una pata de la mesa

   Los jueces son una parte fundamental de este ordenamiento social mundial que, como todos saben, se basa en la desigualdad de derechos y oportunidades entre las personas, de ahí que sólo se los pueda considerar “justicieros”, si consideramos que la desigualdad de derechos y de oportunidades, es justa; de no considerarlo uno así, de ningún modo puede considerar que los magistrados, sean hacedores de justicia; ¿qué son, entonces? SECUESTRADORES, VERDUGOS, TIRANOS… personas que han decidido arbitrariamente disponer de la vida de los demás, de ahí que si lo justo es recibir lo que se da (para bien y para mal), pueda considerarse justo, que alguien disponga de la de ellos, como hicieron los muchachos del ERP, con el juez de la historia que vengo de contar, además, al igual que los combatientes revolucionarios, los policías y los militares, los magistrados decidieron voluntariamente meterse en una actividad que implica arriesgar la vida; por propia voluntad decidieron participar del “juego”; nadie los obligó a meterse en lo que se metieron, por eso, en la consideración de la posibilidad de que en su contra, alguna represalia se dé, lo siguiente digo: QUE SE LA BANQUEN.
   De lo ocurrido en la historia, lo que para mí, de ningún modo se justifica, es lo del taxista.

Epílogo

   A diferencia de lo que prejuiciosamente puede llegar a concluirse, y esto es, que quienes se metieron en la lucha armada, eran personas de bajo nivel cultural, y que por eso recurrían a la violencia en un intento de resolver conflictos, la cosa era exactamente al revés; el nivel cultural de los militantes armados de los años 1970, era ALTÍSIMO, y no es de extrañar el que fueran extremadamente violentos, ya que el aumento de las tendencias violentas es una consecuencia invariable del hiperdesarrollo intelectual, de ahí que a quien se sienta tentado de descalificar a otro, aludiendo a su (verdadera o supuesta) falta de desarrollo intelectual, yo le recomiende calmarse, y tomarse un minuto para a ese respecto, reflexionar.