domingo, 18 de febrero de 2018

Poniendo a prueba al romanticismo publicitario (cuento) - Martín Rabezzana


Impulse… aaaahhh (suspiro)

   Hay una serie de publicidades de los años 80 del desodorante femenino Impulse en que un tipo ve por la calle a una mujer muy linda cuyo aroma es el del desodorante mencionado, agarra una flor (en una la arranca de una planta en un espacio público y en otra se la afana a un vendedor), se acerca a la mujer apresuradamente y se la entrega; la mujer sonríe, siente la fragancia de la flor y básicamente queda cautivada por el romántico joven.
   El romanticismo innegable de tal escena es totalmente esperable que conmueva a cualquier mujer digna de ser considerada tal, por lo que a priori es absolutamente posible que tal técnica de levante callejero presentada en la publicidad sea efectiva en la realidad, de ahí que cierto individuo (cuya identidad por motivos diversos no será en este texto revelada) intentara llevarla a la práctica.

Primer intento de levante callejero

   El individuo se pone a mirar distraídamente una vidriera cerca de un puesto de venta de flores; al rato pasa una mujer linda, él se acerca a dicho puesto y tras sustraer una flor, va en dirección a la mujer pero el vendedor grita: choorroo, lo cual lo asusta, por lo que empieza a correr y desiste de continuar con lo planeado; arroja la flor a la calle para evitar, en caso de ser detenido por personal policial, ser poseedor de la prueba del hurto y en la huida pasa de largo a la mujer; el levante es nulo.

 Segundo intento 

   Ante la conciencia de lo gravísimo del delito constituido por la sustracción de una flor, el individuo decide comprar algunas y esperar a que pase una mujer a la que intuya digna de recibirlas; pasa una muy hermosa y él la mira, le sonríe bondadosamente y se le acerca; ella lo mira con odio; una de esas miradas que sin palabras dicen: "¡Me hablás y te mato, basura! Ya me tienen podrida todos los mamertos como vos que se me acercan tratando de levantarme; ¿sabés cuántos tipos me hincharon los ovarios tratando de levantarme hoy?"; él piensa que decirle que no quería molestarla no serviría de nada, entonces, totalmente inhibido, mirando hacia el piso sigue de largo.

Racionalización de lo sucedido durante el entreacto de los hechos recién contados

   ¿Sería idea de él la mirada de odio que veía en tantas mujeres?... Tal vez sí; tal vez esas mujeres sintieran algo diferente a lo que aparentaban sentir; no es inverosímil ya que él era consciente de que a los demás les pasaba seguido el verlo a él y juzgarlo alguien malo sin conocerlo y sin tener idea (sin negar lo negativo) de lo positivo que había en su interior, pero asumiendo que la suposición del individuo fuera correcta, ¿no se podrá revertir dicho sentimiento? Después de todo, lo negativo se neutraliza con lo positivo, ¿o no? De ahí que si en la mujer a la que se acercara hubiere negatividad en forma de odio, un acto de positividad hacia ella debería inmediatamente anularlo.

Tercer intento 

   El individuo se acerca a una mujer muy linda cuya mirada es de odio, la saluda sonriendo y le ofrece las flores; ella sin recibirlas sigue su camino.

Cuarto intento

   El individuo se acerca a otra mujer linda cuya mirada no parece de odio, la saluda sonriendo y le ofrece las flores; la mujer le da un cachetazo y le dice: "Tomatelás, pelotudo".

Quinto intento

   Ocurre lo que en el cuarto (variando la palabra insultante).

Sexto intento

   Ocurre lo que en el quinto y el cuarto intento repitiéndose la palabra insultante del cuarto.

Segunda racionalización de lo sucedido durante el entreacto de los hechos recién contados

   El individuo pensó que si bien hay tipos fuleros con minas muuuy lindas, de uno no ser lindo, en general debe resignarse a relacionarse con alguien equivalente en belleza (o falta de ella) a la propia, por lo que el error tal vez haya estado en acercarse solamente a mujeres muy lindas, las cuales parecen sentir como ofensivo que un tipo fulero se les acerque, ya que de ser el individuo alguien fachero como ellas, seguramente el mismo acto es por ellas bien recibido aun de no dar lugar a una relación de ninguna clase, por lo que decidió intentar lo mismo con mujeres no tan agraciadas (por así decirlo).

Primer intento de levante a una mujer no muy linda

   El individuo se acerca a una mujer no tan agraciada estéticamente, sonriendo le ofrece las flores y ella sin recibirlas, sigue de largo.

Segundo intento de levante a una mujer no muy linda

   Ocurre lo mismo que en el primero.

Tercer (y último) intento de levante a una mujer no muy linda

   El individuo se acerca a una mujer, la saluda sonriendo y le ofrece las flores mientras le dice: "Flores para una flor...;" la mujer le da un cachetazo y se suman a la agresión otras mujeres y también hombres que lo golpean hasta desmayarlo; una vez en el piso lo siguen golpeando; la paliza concluye con su muerte a la que los agresores justificarán con la palabra justicia ya que el individuo que tuvo la osadía de acercarse a la mujer era, según la visión general, una persona que actuó agresivamente o inapropiadamente, o desubicadamente, o indecorosamente, o por lo menos, mal, y a quien hace un mal hay que hacerle mal en honor a lo justo ya que ajusticiar significa devolver sufrimiento; tal palabra no tiene en castellano (y sospecho que tampoco en ningún otro idioma) implicancias positivas; básicamente al mal sobre el mal le llamamos justicia, de ahí que la misma en el concepto general no pueda ser otra cosa que un sistema punitorio; parece que la justicia no puede estar constituida por un acto de bondad de uno hacia otro; hacer justicia parece que siempre tiene que implicar lastimar a alguien… Tal vez sea por esa idea que tenemos de lo que es la justicia que el mundo está como está.

El romanticismo ya fue

   Hace un tiempo escuché en la radio a alguien decir más o menos que el romanticismo es cosa del pasado y ponía como fundamento el hecho de que ya no se ve a hombres llevándole flores a las mujeres… Tras leer esto asumo que nadie se preguntará por qué.

sábado, 10 de febrero de 2018

El Zero y el pibe de las rastas (cuento) - Martín Rabezzana



   A quien tiene la envidiable habilidad de adaptarse a todo (contextos, situaciones y personas), se lo denomina comúnmente: todoterreno, de ahí que a quien no se adapta a nada y se siente de más en todas partes se lo pueda denominar: ceroterreno, y así era él definible, de ahí su apodo tomado del número alusivo a la nulidad: cero (pero eligió escribirlo con Z), ya que no se adaptaba a nada, lo cual se supone que denota negatividad a nivel personal, pero… ¿es realmente así esto?... Si convenimos en que las cosas en el mundo están mal, sólo quien no se adapta a ellas puede estar bien, no obstante, admito que no toda persona inadaptada está bien, pero sí que todo aquel que está bien es necesariamente un inadaptado.

   Zero trabajaba en un vivero allá por principios de los años 2000; el sueldo era bueno ya que le pagaban en negro; en tiempos de crisis económica ésa es casi la única manera de tener un trabajo no profesional bien remunerado (menos mal que todo cambió desde entonces y ahora está todo re bien laboralmente) (y sí, fue un chiste).
    Todos los días pasaba frente al vivero un fana de Bob Marley; aun sin la remera del cantante se lo reconocía como tal por las rastas, la barba y el gorrito característico de los aficionados al reggae; la primera vez que vio a Zero le dijo:
   -Hola.
   -Hola.
   -¿Acá venden plantas fumables?
    -No, todo lo de acá es legal (menos el sueldo que nos lo pagan en negro).
   -Ah. Bueno, chau.
   -Chau.
   Al otro día volvió a pasar y a preguntar lo mismo y lo mismo se le respondió; a los pocos días volvió a preguntar lo mismo y obtuvo la misma respuesta; días después volvió y preguntó lo mismo, y presintiendo que la negativa no sería por él aceptada (ya sea por falta de lucidez debido a su alto consumo de humo o simplemente porque no se convencía de que fuera cierto lo que se le respondía), ante la pregunta consabida, Zero le dijo:
   -Mirá: en la plaza de enfrente hay plantas de "…"; las de hojas blanquitas se llaman "…" y las de hojas amarillitas se llaman "…"; podés hacer infusiones con esas hojas y tomarlas.
   El joven de las rastas muy animadamente dijo:
   -Y… ¿pegan?
   -Re… pegan. Eso sí: una clase de hojas es tan tóxica que si la tomás, te morís, la otra no; la tomás y no te morís, y lo bueno es que son legales y gratis.
   -Ajá. ¿Y cuál es la que te mata y cuál la que no?
   -Aaahh, eso no lo sé; decímelo vos.
   El joven de las rastas asintió en silencio y sonriendo dijo:
   -¡Gracias, che!
   Y se fue a la plaza a recolectar las hojas.
   Desde la distancia Zero lo miraba junto a un compañero de trabajo que había escuchado la conversación y le dijo:
   -Bueh… por lo menos por un tiempo este no jode más.
   Pasaron los días y el pibe de las rastas no volvía a pasar por el vivero, por lo que el compañero de trabajo de Zero ya mencionado, le dijo:
   -Che, me parece que se tomó las hojas más tóxicas el pibe, por eso no pasa más por acá… Para mí que lo mataste.
   -Naaa… ¡Si fue un chiste! ¿Cómo te vas a morir por tomarte esas plantas?
   Y en parte por sed, en parte por cambiar de tema, Zero dijo:
   -¿Hay algo de tomar?
   Su compañero le señaló un rincón en que había una botella de licor Legui, a lo que Zero dijo:
   -¡Hace calor! ¿No hay birra fría?
   -No, pero hay agua en la heladera.
   Zero no lo dudó y agarró la botella de Legui; decidió dejar el agua para cuando el licor se acabara; mientras tomaba de la botella pensaba: "¿Y si lo maté al pibe?... ¡Nooooo!... Tenía buena onda aunque fuera bastante rompepelotas, pero nadie se muere por tomarse una infusión de… ¿O sí?"
   Pasaron varios días más y el joven de las rastas seguía sin pasar por el vivero, por lo que el compañero de Zero, que ya le había comentado (buchoneado, mejor dicho) al otro empleado lo que al joven de las rastas Zero le había recomendado tomar, con indignación le dijo:
   -Me parece que sí lo mataste con lo que le dijiste que tomara… ¿Me podés decir qué te hizo el pobre pibe?
   -Nada, y no lo maté.
   El otro empleado dijo:
   -¿Y entonces por qué no volvió a pasar por acá? Pasaba TODOS LOS DÍAS aun antes de que vos entraras a trabajar acá.
   Zero, nervioso dijo:
   -Y… lo que pasa es que… seguramente no vuelve a pasar por acá porque... -entonces se quebró y agarrando con una y otra mano a sus compañeros de las remeras, sollozando dijo:
   -¡Tienen razón! Lo maté, lo maté… ¡LO MATEEEEÉ! ¡Pero fue sin querer!;… Me caía bien el pobre pibe; yo no quería matarlo, pero lo hice… …¡Soy un hijo de puta, soy un hijo de puta… SOY UN HIJO DE P…!
   Y en ese momento fue interrumpido por la bocina de una bicicleta. Tilín-tilín; era el pibe de las rastas que pasaba saludando efusivamente con la mano y diciendo:
   -Hoolaaa chicos. Chaaauuu.
   Zero lo vio y se re alegró; se puso en medio de la calle y mientras lo veía irse, le devolvió el saludo agitando enérgicamente las manos y diciendo:
   -¡Chaaauu piiibeeee!
   Después, con enorme y visible felicidad, empezó a decir a alto volumen con melodía musical y acompañando sus palabras con pasos de baile:
   -¡No lo maté. No lo maté, no… lo… mateeeé!
   Y no lo había matado.
   El motivo por el cual el pibe de las rastas había dejado un tiempo de pasar frente al vivero fue que se había ido unos días de vacaciones a la costa.
   Menos mal.

viernes, 2 de febrero de 2018

Queriendo volver a los ochenta (cuento) - Martín Rabezzana


   Tras varios tragos de la bebida espirituosa "local" por excelencia (Fernet), al tipo le dio por expresarle al joven lo siguiente:
   -¡No sabés lo que fueron los años ochenta! ...En esa década, durante mi adolescencia, en el ya legendario Electric Circus, vi a varios grupos también legendarios en pleno apogeo como Los Fabulosos Cadillacs, Soda Stereo, GIT y Sumo; después de la presentación del grupo (que siempre era tempranito porque después el boliche seguía como discoteca), la fiesta seguía con música electrónica grabada;… Ese boliche era lo más; para que te des una idea de lo groso que era, basta decir que no sólo iba gente de otros distritos de zona sur sino que hasta iba gente de Ciudad de Buenos Aires (y para que un cabaense salga de ese metro cuadrado en que vive, se requiere casi de un milagro)… …Esa discoteca brillaba los viernes y sábados de los gloriosos años ochenta… El domingo era día de esparcimiento tranquilo entre familias amigas que solía pasarse en el parque Pereyra donde se realizaban pícnics; si hacía calor se iba a las playas de Punta Lara ya que en esa época las aguas no estaban tan contaminadas y se podía ingresar al río sin el peligro para la salud que existe ahora, si no, se iba al Ital Park ya que algún miembro menor de la familia siempre quería ser llevado a ese lugar, y tras muchas insistencias infructuosas, lo conseguía; tras algunas horas en los juegos, pintaba el hambre y (sin ánimo de ofender a ningún vegano) (el vegetalianismo acá todavía no lo practicaba casi nadie) la comida obligatoria era en Pumper o en la Lechería Blanca… …Si había poca plata, otro programa común de fin de semana consistía en organizar reuniones en la casa de algún familiar o amigo que tuviera una videocasetera (no la tenía mucha gente) y ver una película; ese programa era taaan bueno que solía ser el favorito aun de quienes por adinerados podían acceder a un evento social más costoso ya que lo especial de la intimidad del "cine en casa", era con justa razón enormemente valorado como lo era también el simple hecho de ir entre todos hasta el videoclub a alquilar la película… …¡Jaaa!... ¡Qué felices que éramos en los ochenta! Y pensar que en ese tiempo anhelábamos lugares y épocas felices distantes sin saber que ya éramos felices como nunca volveríamos a serlo... No sabíamos lo que teníamos, y eso que no minimizo en absoluto los problemas que entonces había (inflación, cortes de luz, razzias policiales, entre otras cosas muy negativas), pero lo positivo era igualmente intenso, en cambio ahora tenemos a la negatividad pero sin la positividad… …Si comparamos la diversión de entonces con la de ahora, ¡nos dan ganas de matarnos!... …Todas esas cosas maravillosas están en el pasado y aunque alguien quiera creer que hay cosas equivalentes a las mismas en el presente, se equivoca porque no las hay… …Los grupos que mencioné no existen más, Circus cerró, el Ital Park también, también los locales de comida mencionados, las aguas de Punta Lara están demasiado contaminadas y ya nadie se reúne para ver una película alquilada entre bebidas y comidas tóxicas ya que el (maldito) avance de la disponibilidad de películas a través del cable y posteriormente, de internet, fue resultando en que cada persona las viera sola en su casa haciendo de las reuniones sociales en torno a un video alquilado, cosa del pasado…
   Su joven interlocutor rompió el silencio que hasta el momento había guardado para decir:
   -Algunos de los grupos que mencionaste volvieron a tocar, pero… antes de que me lo digas vos, yo digo que sé que ya no es igual, sin embargo te equivocás en eso de que TODO lo bueno que mencionaste está en el pasado ya que los pícnics todavía existen; la gente se sigue reuniendo en parques y pasa momentos muy agradables entre familiares y amigos tras desplegar un mantel en el pasto y servir en el mismo algún producto de panadería para acompañar al mate;… Sé que todo lo demás que mencionaste es irrecuperable, pero esto tan importante que señalé, todavía existe.
   El melancólico rememorador lo miró y asintió; tras varios segundos en silencio, dijo: 
   -¿Sabés qué, pibe? ¡Tenés razón!... En vez de enfocarme tanto en lo que no tengo, debería enfocarme más en lo que sí tengo y tratar de disfrutarlo al máximo… …¡Me diste una lección!... Me va a costar ya que yo tiendo a la melancolía, pero desde hoy voy a tratar de ser positivista como vos, y… ¡lo voy a lograr!
   Tomó un último trago de su vaso de Fernet y dijo:
   -Bueno; gracias pibe por hacerme ver las cosas de otra manera; chau.
   Lo palmeó en el hombro y salió del bar.
   El joven de dieciocho años pensó que el cuarentón era uno de esos viejos chotos que absurdamente creen que todo tiempo pasado fue mejor, ya que sin duda exageraba cuando hablaba de la felicidad que vivió en los ochenta, además pensaba que la misma es un estado mental que poco (y a veces nada) tiene que ver con el ambiente o tiempo en que uno se encuentra, sin embargo, en gran medida envidiaba que hubiera vivido ese tiempo que él por haber nacido más tarde, no podría conocer más que a través de relatos ajenos.

   Esa noche el joven soñó que estaba en Electric Circus y veía a Los Fabulosos Cadillacs, a GIT, a Soda Stereo y a Sumo; después se encontró bailando y besándose en esa misma discoteca con una chica muy atractiva al ritmo de música electrónica, después se vio a sí mismo en el parque Pereyra, después en Punta Lara, después en el Ital Park, después en Pumper, después en la Lechería Blanca y finalmente se vio junto a un grupo de familiares y amigos camino a un videoclub para alquilar una película que verían en casa de uno de ellos compartiendo gaseosas, cerveza y papas fritas, pero no sólo vio todo eso en el sueño como si le pasara a él, sino que hasta sintió del modo más intenso y profundo la enorme felicidad que dichas actividades causaban y la misma no se parecía ni remotamente al bienestar que él había conocido en estos tiempos (y eso que hasta entonces creía ser feliz).
   El "sueño" fue más bien un viaje astral ya que le permitió asimilar el sentir de las vivencias de los ochenta de las que el tipo del bar le había hablado, y al comparar tal sentir con el de las suyas, se sintió extremadamente desafortunado, tal es así que los días pasaron y se sentía cada vez peor; a diferencia de lo que generalmente le ocurre a alguien traumado, no eran imágenes dolorosas lo que lo atormentaba, sino de felicidad, felicidad que por saberla existente en un tiempo inalcanzable, lo hería en lo más profundo de su alma.
   Pasaron las semanas y el joven seguía rememorando la felicidad de los ochenta que había experimentado durante su viaje astral y sintió que la vida en el presente no tenía razón de ser, por lo que un día buscó el revólver que su padre guardaba en su habitación, lo cargó, lo llevó a su sien y se pegó un tiro.

miércoles, 17 de enero de 2018

Lo sacroprofano (cuento) - Martín Rabezzana

14 años después

   Ella le dijo:
   -Salgo del trabajo a las siete. Esperame en el bar de enfrente de mi local o te espero ahí yo a vos si salgo antes de que llegues.
   Él asintió y ese viernes fue hasta el centro comercial donde ella trabajaba; llegó 15 minutos antes de que la mujer saliera del trabajo y se sentó a la mesa del bar que ella le había indicado; tras salir del centro comercial irían a ver una obra de teatro en la que actuaba una amiga de ella.
   Era la primera vez que él entraba a ese lugar llamado Patio Bullrich; "Está bueno", pensó casi con culpa ya que la conciencia de las injusticias sociales le hace a uno sentir que lo único justo por expresar de un ámbito concheto es desprecio, pero su condición de lugar de acceso público y gratuito (lo cual contrasta totalmente con casi todo otro ámbito acomodado) lo excusaba en su existencia.
   Pidió un café, se lo llevaron y poco después una mujer lo tocó en el hombro, él se dio vuelta y tras levantarse de la silla, sorprendido dijo:
   -Myriam…
   -¡Hola!
   Ella le regaló su mejor sonrisa y le dio un beso; no era más la chica que había conocido, ya era una mujer y estaba más linda que nunca; ella le preguntó:
   -¿Qué hacés acá?
   -Estoy esperando a alguien, ¿y vos?
   -Vine de compras.
   Con mucha alegría él le preguntó:
   -¿Qué fue de tu vida?
   Myriam disminuyó su sonrisa por saber que lo que iba a decirle podría herirlo y le dijo:
   -Me casé y tengo dos hijos.
   Él sonrió levemente exponiendo así sin querer mucha tristeza por la noticia sobre algo que imaginaba dado que ya había llegado a la edad en que la formación de una familia era un hecho consumado entre la mayoría de sus contemporáneos; le dijo:
   -Te felicito; me alegro mucho de verte bien.
   Pero no era verdad que en ese momento sintiera alegría ya que fue un golpe a su corazón el escuchar que ella se había realizado sin él aunque él mismo lo haya honestamente así deseado; le dijo:  
   -Yo sigo soltero… no creo que alguna vez forme una familia.
   -Yo tampoco creí que formaría una familia y lo hice; por ahí a vos también se te da alguna vez.
   La mujer a la que esperaba llegó y al verlo junto a Myriam, sabiendo que nada podía reclamarle por no ser su mujer, su novia ni nada, decidió no interrumpirlos y esperó a que ella se fuera para acercarse a él.
   Siguieron hablando un poco más y Myriam dijo:
   -Bueno… me tengo que ir.
   Él le dio un beso y se abrazaron fuertemente; durante el abrazo él le dijo mentalmente: "Te amo, te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo-te-amo", lo cual no había tenido oportunidad de decirle en su momento dado lo breve de su relación y tanto tiempo después habría sido inadecuado hacerlo por más ganas que tuviera de que ella lo escuchara y supiera que no sólo había amado a la chica que fue, sino que también amaba a la mujer que entonces era; ella nunca sabría lo que él le expresó durante su abrazo ni que seguía imaginando a la medianoche que se acostaba y se dormía sobre ella para después cambiar de posición y dormirse ella sobre él, como alguna vez habían acordado imaginar (tal vez ahora sí lo sepa).
   Se separaron y cuando ella se hubo alejado, la mujer a la que él esperaba se le acercó y lo saludó con un beso, después le preguntó:
   -¿Quién era?
   Él tenía los ojos vidriosos y no pudo responder; ya le había contado de Myriam, por lo que suponiendo correctamente, le preguntó:
   -¿Era Myriam?
   -Sí.
   Entendiendo la importancia para él de lo recién vivido, lejos de mostrar celos, la mujer dijo:
   -Qué linda que es.
   Él, sonriendo asintió.

En el teatro su presencia era ausencia
  
   Fueron al teatro y vieron una obra que él no recordaría ya que su mente volvía una y otra vez al encuentro con Myriam; la mujer a su lado lo miraba cada tanto y se daba cuenta de que no estaba ahí; ni siquiera estaba con Myriam sino detrás de ella aun sabiendo que nunca habría de alcanzarla.

Uno se llena de lo que da

   Él dudó por un tiempo sobre si le había hecho bien volver a ver a Myriam ya que tras su conmovedor encuentro con ella se sintió debilitado, pero después se dio cuenta de que si bien el conmoverse emocionalmente debilita, esa debilidad nada tiene de negativo ya que lo que pierde fuerza es el sentir de ira, maldad y rencor, por eso dicha debilidad se sucede paralelamente al fortalecimiento de todo sentir positivo; esto le había ocurrido al recibir afecto de ella y sobretodo, al dárselo, ya que uno se va llenando de lo que da; habiendo entendido esto, se dio cuenta de que verla le hizo muuuy bien.