sábado, 18 de mayo de 2019

Noelia Victoria (cuento) - Martín Rabezzana




Bar literario

   Siendo adolescente, allá por los años noventa, asistí a un bar literario en donde poetas recitan sus obras.
   En las paredes había cuadros de los "grandes" de la literatura argentina: Borges, Bioy Casares, Cortázar… o sea, esos literatos que en realidad no le gustan a (casi) nadie (¿o podés honestamente decir que al leer a Borges no te aburrís terriblemente? Yo me reee aburro, y lo mismo me pasa al leer a los otros dos mencionados); su vigencia no se debe a su calidad, sino al hecho de que el sistema está diseñado para que no aparezcan nuevos escritores más que excepcionalmente ya que casi los únicos autores que publican con una cantidad digna de ejemplares, son los que llegan a las grandes editoriales, y los pocos que están en las mismas llegaron por diversos motivos como ser: tener mucha plata, tener conocidos en el ámbito editorial, ser famosos (de ahí que tantos escritores se hayan hecho periodistas ya que estando en los medios es más probable que a uno le editen sus textos, editoriales importantes, y es lamentable que un escritor se haga periodista ya que ser periodista es dedicarse a hablar de lo que hacen los demás, no es buscar destacarse por hacer algo propio, por lo que según mi criterio, pasar de escritor a periodista, es rebajarse) y tener talento, siendo, quienes llegan por esto último, excepciones que confirman la regla; la cuestión es que quienes llegan a las grandes editoriales son los únicos que son tenidos en cuenta a la hora de hablarse de los "grandes escritores" de un país, y como los escritores que a las mismas llegan no son más que un puñado, es casi imposible que entre ellos estén realmente los mejores; según mi opinión, una de las pocas personas de las letras del ámbito local que llegó a las grandes editoriales mereciéndoló, fue Silvina Ocampo (y si no hubiera sido de la alta sociedad, tampoco habría llegado ya que habría carecido de los contactos que resultaron en que las editoriales tomaran en cuenta sus escritos), sin embargo, no había ninguna foto de ella en las paredes.
   (Si creés que hay resentimiento en lo recién expresado, no te equivocás; no podés no esperarlo de un escritor que siente que nunca va a llegar a ninguna parte).

   Varios de los que recitaban sus obras hacían todo un acto teatral; una chica que era parte de mi grupo, me dijo:
   -Tienen que hacer esos gestos y movimientos raros para destacarse, ya que si no lo hacen, nadie les da bola.
   Yo le dije:
   -Es bastante bochornoso…
   -Sí, y lo saben, pero prefieren hacer el ridículo a pasar desapercibidos.
   Yo no entendí el sentido de cosa tal, pero después sí; de hecho, hasta terminaría considerando a tal desinhibición y ausencia de miedo al ridículo, envidiable.
   Uno que vestía ropa oscura y lucía maquillaje de payaso, recitó sus versos; mientras tanto, tras habérsenos servido cerveza, la mina que me había explicado el por qué del proceder de los poetas, sacó una botellita de vodka y subrepticiamente empezó a añadirle su contenido a los vasos de birra de sus amigos (yo incluido) ya que las bebidas en los bares cuestan demasiado caras, por lo que no teniendo mucha plata, tendríamos que tomar con moderación lo que ahí pidiéramos, y no tiene mucho sentido tomar alcohol si no es para emborracharse (¿o sí?); la cuestión es que la presentación del payaso gótico concluyó y le dije a los de mi grupo:
   -Ese poeta me hizo acordar de que una vez, cuando era chico, acompañé a un familiar a hacer compras a un negocio; en un momento me acerqué a la puerta, miré al exterior y vi a uno de esos jóvenes que trabaja de artista callejero haciendo malabares ante los autos cuando el semáforo está en rojo disfrazado de payaso, pero estaba descansando sentado contra un árbol, entonces un auto frenó por el semáforo en rojo y cuando pasó a amarillo y estaba por arrancar, dirigiéndose al joven payaso, de modo totalmente cobarde, le dijo: "¡Andá a laburar, vago de mierda!" Entonces el joven, con una agilidad increíble, se levantó y se subió al capot del auto y saltó sobre el mismo varias veces abollándolo;… No me olvido más de la expresión de terror del conductor; ni siquiera se animó a insultar al payaso, sólo se limitó a arrancar a toda velocidad cuando éste hubo bajado.
   Los jóvenes sentados a la mesa se rieron; yo proseguí:
   -Entonces, sin racionalizarlo, sentí que ese tipo era mi ídolo y que quería ser como él, pero también, por haber sentido que se condujo justamente, me sentí por primera vez, malo.
   Uno de los de mi grupo me preguntó:
   -¿Por qué?
   -Porque instintivamente concluí (ya que tampoco lo racionalicé) que la gente buena no puede sentir que en el castigo haya justicia.
   Tras unos segundos de silencio, uno de los que me acompañaba, dijo:
   -Entonces yo también seré malo porque para mí, el payaso actuó justamente porque el tipo ese se re merecía lo que le hizo.
   Todos los demás que componían el grupo estuvieron de acuerdo.
   Con tono melancólico, dije:
   -Ya había olvidado todo esto…

Invariabilidad

   Salimos del bar y el clima era frío; lo combatimos con el escabio que la mina que ya lo había compartido un rato antes seguía compartiendo; fuimos a una plaza y una del grupo dijo que sería mejor que nos separáramos en dos grupos y fuéramos a lugares diferentes de la plaza, ya que si caía la policía y se acercaba a un grupo, los del otro al ver la escena, podrían escapar (no hacíamos nada ilegal pero los edictos policiales todavía estaban vigentes, lo cual resultaba en que las detenciones arbitrarias fueran mucho más numerosas que en la actualidad, al punto que en los años noventa el mayor miedo de los jóvenes no involucrados en actividades ilícitas al transitar las calles, era a la policía… miedo que no puede considerarse poco representativo de la era "pizza con shampain")…
   Cuatro de los integrantes del grupo fueron en una dirección y los tres restantes (la mina del escabio, que se llamaba Noelia, otro pibe y yo) fuimos en otra.
   Nos sentamos en un banco y tras un rato de conversación, el pibe dijo que iba a comprar cigarrillos, entonces me quedé solo con la chica que, como si hubiera esperado a quedarse sola conmigo para expresarse, me dijo que había pasado por una serie de situaciones que llenan de un sentir terriblemente negativo; una negatividad que los hombres no pueden entender porque "no pasan por las mismas cosas"; me dijo que ese sentir negativo, lejos de disminuir, aumenta con el paso del tiempo al punto de hacerle a uno creer que nunca va a superarlo, y de lograrse cosa tal, no se está exento de que en cualquier momento vuelva a ocurrir lo que a uno se lo causó y el malestar regrese…
   Yo no quise preguntarle detalles que ella espontáneamente no me contó, pero le dije que cuando se experimenta algo en extremo negativo, el sentir de unicidad, y por consiguiente, de incapacidad por parte de los demás de a uno entenderlo, es lógico pero FALSO, ya que la ira, el dolor, el odio, la frustración y la humillación, son sentimientos experimentados invariablemente por todos; lo que varía de una persona a otra es la situación en que los experimenta; de esto le di algunos ejemplos de mi vida personal y ella se mantuvo en silencio y atenta y pareció entenderme, ya que pasó de mostrarse seria y triste a mostrarse distendida.
   El pibe volvió del kiosco con los cigarrillos y nos ofreció; Noelia, rechazándolos con un gesto de la mano, le dijo:
   -¡Eso es malísimo para la salud, flaco! -y tomó un trago más de vodka.

Fantasiosidad

   Volví a ver por casualidad a la chica unos años después en una galería comercial; tras un rato de conversación relativamente formal, le dije:
   -Hasta 1969 acá había un teatro llamado Colón (se llamaba igual que el de Capital Federal) y llegó a presentarse Gardel.
   Ella dijo:
   -¿En serio?
   -Sí.
   -Naaaa.
   -¡Sí!
   -¿De verdad?
   -De verdad.
   -…¡Mirá!
   Después nos acercamos a la vidriera de una rockería en que en un televisor se presentaba un video de Lacrimosa; al ver al cantante de estética gótica, Noelia dijo:
   -Es muy raro como algunos músicos se producen tanto que pasan a ser personajes que nada pueden tener que ver con sus personalidades verdaderas; son como actores;… Me imagino que los fans al conocerlos se deben decepcionar.
   Yo dije:
   -Ningún artista se parece demasiado a su obra, por lo que podemos decir que todos los artistas son personajes cuando crean y exponen su arte, y el hecho de producirse tanto en la ropa y el maquillaje (como se hace en el ámbito gótico), es una forma de oficializar la condición de actor que implica ser artista… …Los artistas de todas las artes son actores, la diferencia con los que actúan oficialmente es que estos últimos hacen personajes que existen sólo en contextos ficticios, mientras que los personajes de los artistas de las demás formas de arte, traspasan la ficción e interactúan con personas reales, y la "decepción" al un fan conocer al artista que poco o nada tiene que ver con su personaje interpretado, no necesariamente es tal ya que si bien la persona que encuentra es distinta a su personaje, lo que encuentra puede ser bueno, y no te decepciona el encontrar algo distinto a lo que esperabas si eso que encontraste es bueno, de hecho, si bien se espera de los artistas importantes algo extraordinario en materia de personalidad, paradójicamente cuando más impresionan, es cuando son sencillos, de ahí que se destaque tanto cuando alguien que es una estrella, mantiene la humildad.
   Tras unos segundos, la chica dijo:
   -Sí… pero en realidad, lo de "actor/personaje" es muy discutible en sus implicancias ya que sin duda a veces hay que "disfrazarse" para ser uno mismo, de ahí que la versión más "guionada" y producida de uno pueda ser la auténtica y la "sencilla", la falsa.
   Yo asentí ya que realmente me identifiqué con lo que dijo.
   Después salimos a la calle y tras pasar frente a un grupo de propagandistas del feminismo, una de ellas le dio a Noelia un folleto y ella lo miró; mientras caminábamos me dijo:
   -Habla del "mito del amor romántico"… (y leyó en voz alta) "…el patriarcado promueve fantasías sobre el romanticismo y las impone a las mujeres haciéndoles creer que las mismas son inherentes a ellas para así mantenerlas sometidas al hombre al mostrarles como único medio de realización personal, a la relación sentimental"… ¿Habías escuchado algo de esto?
   -Sí.
   -¿Y qué te parece?
   -Qué es absurdo (¿qué me va a parecer?) ya que el romanticismo que condenan, es propio de la humanidad y como tal, existe inevitablemente en donde haya seres humanos independientemente de su contexto cultural, y la cultura no crea sentimientos, puede potenciar los ya existentes, pero no crearlos, por lo que el romanticismo no es una creación artificial de la cultura, ya que es inherente a la humanidad, y si la cultura fomenta el fortalecimiento del romanticismo (y no sólo entre las mujeres, a diferencia de lo que dicen las feministas), ¿por qué estaría mal?
   -Porque lleva a la idealización que siempre es fantasiosa, y se supone que la fantasía tarde o temprano choca con la realidad que es muy distinta, de ahí que al enfrentarse con los hechos, el idealista se haga daño.
   Yo, tras pensar un poco, dije:
   -Creo que fue en un libro de Laing que leí que los psicoterapeutas suelen reprobar a las fantasías (no sólo en el ámbito romántico) con fundamentos muy parecidos a los expuestos por las feministas, pero lo hacen sin entender que esa cuota de fantasía que uno pone en las cosas, es lo que le da el sentido a las mismas, entonces, entendiendo esto… ¿no sería más positivo cultivar a las fantasías e idealizaciones en vez de tratar de suprimirlas?... Yo creo que la fantasía y las ilusiones que la cultura promueve no son las culpables de la decepción que uno encuentra al enfrentarse con la llamada realidad; la culpa es de uno por no cultivar su fantasía lo suficiente resultando esto en una incapacidad de trasladar esa visión positiva propia de lo fantasioso, a todo ámbito de su realidad personal, además, cuando se critica a una forma de ver las cosas por supuestamente no ser "realista", no se tiene en cuenta la posibilidad de que la "realidad" podría no existir fuera de nuestra percepción, por lo que yo no considero negativo llevar positividad en forma de fantasía a nuestra percepción ya que, como reza el dicho: "Creamos aquello en que creemos".
   Ella pensó en silencio varios segundos y después dijo:
   -Entonces, ¿te parece mal que las feministas promuevan erradicar al mito del amor romántico o a cualquier otro?
   -No; me parece bien que hagan lo que quieran; si quieren promover al antifantasismo en el orden de cosas que sea, que lo hagan, pero que no cuenten conmigo para cosa tal.
   Noelia, en voz baja pero clara y audible, dijo:
   -Conmigo tampoco.

   (Uaaaaauu... La hice sentir bien con lo que le dije; no me creía capaz de eso; le brindé mucha positividad con el solo hecho de compartir mis pensamientos con ella, y ella también a mí, sobretodo con cosas que me confió que por respeto a su privacidad, no expuse).

   Fue la segunda y última vez que hablé con ella.


Eligió no lastimar; eligió el camino menos transitado

Cuando no me hago daño, temo hacer daño.

Antonio Porchia

   La siguiente vez que vi a Noelia fue unos meses después de nuestro último encuentro; la vi de lejos; estaba con unos vagos "jugando" a esconderse tras los árboles y al ver llegar al tren, cruzar corriendo las vías; en tal juego, ganar era sobrevivir (cada tanto alguien perdía).
   La observé fijamente con tristeza pero ni siquiera se me ocurrió acercarme a ella ya que presentía que su libertad (su bien más preciado) se habría visto limitada por mi intervención por bienintencionada que fuera, y sé que aunque haya disimulado, ella también me vio; fue entonces que decidió suspender el "juego" e irse, y no por desairarme, sino por advertir mi pena al verla buscando la muerte;… Evidentemente no me quería lastimar (¡pero yo quería que me lastimara!)

   Al sentirnos mal, los humanos queremos castigar, queremos que alguien pague por la vida horrible que tenemos, de ahí que al experimentar bienestar, la intención de castigar esté ausente, y de ahí lo loable de la autoflagelación ya que ante el malestar de la propia vida, el deseo de hacer daño es inevitable, y quien decide autoflagelarse está eligiendo no lastimar a otro, por eso me inspira respeto quien elige el camino del autocastigo, el de la autodestrucción; tal camino es sin duda el más difícil de todos, por eso es el que menos transitado está.

Supervivencia

   Gracias a internet, actualmente se pueden encontrar a personas en otros tiempos por uno conocidas con las que se perdió todo contacto; se puede saber qué fue de ellas como no se podría de tal medio de difusión no existir, y fue justamente por internet que años después de haber visto por última vez a Noelia pude encontrar un sitio de fotos suyo en que, por los comentarios publicados, me enteré de que había muerto, y así como me enteré de su muerte, también por el ya mencionado medio pude saber que de todos los asistentes al bar literario en aquella ya referida noche de los años noventa, el único que todavía está vivo, soy yo.

domingo, 21 de abril de 2019

Cuidador del sueño o: Lo primero es hacer daño (lo segundo, lo tercero y todo lo que viene después, también) (cuento) - Martín Rabezzana



  
   Tras haber disminuido bastante la tensión nerviosa que le causó el hecho recién vivido, el hombre dijo lo siguiente:
   -Mucho se habla en los idearios positivistas sobre lo "bueno" del no ser individualista y de "trascender al ego" para aceptarse y sentirse parte del todo en vez de relegarse a una parte ínfima del universo como es la propia persona, sin embargo, yo no acepto tal positividad ya que para reconocer a lo que sea que consideremos bueno, necesitamos experimentar lo malo, al igual que para reconocer al calor, necesitamos experimentar el frío; para reconocer a la alegría, necesitamos experimentar tristeza, y así con todo, por lo que aplicando esta lógica, para poder reconocer y apreciar a la unidad, necesitamos experimentar a la dualidad, y si la misma es ilusoria por todo ser unidad, necesitamos entonces experimentar la ilusión de la dualidad, de ahí lo ridículo y negativo del condenar a la discriminación, no sólo por ser la misma una condena a la propia esencia humana (ya que sin clasificaciones, sin sistemas de castas…. en una palabra: sin racismo, no seríamos humanos, seríamos como el resto de los animales, y NO LO SOMOS), sino también por constituir la asimilación emocional en esta vida de la unidad, una barrera para el progreso espiritual de la humanidad ya que el mismo implica pasar de la polaridad a la unidad, o (dicho en términos racistas, ya que esa implicancia tiene el poner a la oscuridad para representar al mal y a la claridad para representar al bien) de la oscuridad a la luz, dado que, como ya dije, para poder reconocer y apreciar a la unidad, necesitamos experimentar a la dualidad, es decir, necesitamos estar polarizados y no ver a la unidad existente en todas las cosas a las que consideramos contrarias para eventualmente sí poder reconocerla y apreciarla;… necesitamos la ilusión de que una fuerza puede destruir a otra y a su vez, necesitamos ponernos del lado de aquella que represente a lo que consideramos bueno, ya que de no hacer nada de esto, no estaremos cumpliendo con la misión que en esta vida como espíritus materializados, tenemos, ya que el alma al encarnar, se contrae y pierde conciencia de su infinitud y unidad con el todo, y esto la misma lo sabe antes de venir al mundo, ¡y justamente por eso vino! Vino a contraerse, a limitarse, a polarizarse, ya que, como ya dije, eso es lo que necesita para eventualmente poder apreciar a la unidad; cosa tal le sería imposible de no experimentar en algún momento la polarización, por lo que aceptando todo esto… ¿qué lógica lleva a creer que la inconsciencia general sobre la unidad del todo es negativa? ¡Si eso es justamente lo que las almas vinieron a buscar!... Por eso yo no condeno a ninguna forma de racismo, de sistema de castas ni de discriminación, ya que el sumirse en todos esos divisionismos, lejos de llevar a una involución en materia espiritual, es justamente lo que lleva a la evolución.
   Tras decir todo esto, el individuo suspiró profundamente, después prosiguió con su discurso.
   -Como ya expuse, vinimos al mundo justamente a sentir que somos parte de algo que no es el todo; vinimos, sino a dividirnos, a tener la ilusión de la división, y por eso aquel que abogue por la conciencia de las personas de la unidad del todo, estará abogando por la NO EVOLUCIÓN de las almas encarnadas… Esto que para mí es tan obvio, ¿cómo es que vos nunca lo entendiste?
   Y tras sollozar como si estuviera triste, caminó por la habitación y realizó gestos contradictorios como de alegría, tristeza, temor y coraje; después continuó diciendo lo siguiente:
   -No alcanza con tener algo que necesitamos para que lo obtenido sea positivo, debemos  obtenerlo a su debido tiempo, ya que si el momento en el que conseguimos lo positivo que queremos es prematuro o tardío, esa cosa positiva deseada y hasta imperiosamente necesitada en algún momento, es negativa; … …Es muuuy negativo conseguir lo que se quiere a destiempo; por ejemplo, en su libro: "El yo dividido", Ronald Laing dice que hay ciegos de nacimiento que tras una cirugía adquieren el sentido de la vista y lo que experimentan es confusión, desorientación y malestar, y es lógico que sea así porque, como ya dije, necesitamos de ciertas cosas pero a su debido tiempo; cuando las obtenemos a destiempo, lo bueno se vuelve malo, de ahí que para alguien que llegó a la edad adulta sin el sentido de la vista, sea mejor no adquirirla nunca (esto es lo que la mayoría de los ciegos de nacimiento expresa tras someterse a una cirugía reparadora de la vista);… también dice en ese libro que hay casos de psicóticos que experimentaron la sensación de deshacerse en el medio ambiente al punto de dudar de si existían como individuos materiales, o sea, sintieron a su "ego" deshacerse y fundirse con el todo, y lejos de describirlo como algo positivo, lo describieron como algo aterrador, y no es ilógico que así sea ya que dicha "trascendencia del ego" es algo para lo que no estamos preparados en esta vida (si alguien lo está, es un caso excepcional); eventualmente sí lo vamos a estar, pero no en vida ya que el momento de fundirse con el todo es al morir; el vivir implica sentirse separado de lo y los demás; si perdiéramos ese sentir de separación, nos volveríamos locos, y de no volvernos locos, seríamos como ciegos de nacimiento que adquieren a una edad adulta el sentido de la vista… en tal caso el malestar es (salvo en casos excepcionales que confirman la regla) INEVITABLE…
   El hombre volvió a hacer una pausa en su exposición de conceptos que duró varios segundos, tras lo cual continuó hablando.
   -Laing también expresa que, habiendo diversos estados de conciencia que pueden ser considerados tan reales como éste, el hecho de que apenas nos acordemos de nuestros sueños expone lo poco que conocemos a lo que está en nosotros mismos; dice más o menos que la psicosis es un estado en el que el "velo" de la percepción se descorre y se pueden ver otras realidades… también hipotetiza sobre la posible condición irreal/onírica de este estado al expresar que los psiquiatras, con su trabajo represor, son personas dormidas que a su vez velan por el sueño de otros durmientes, por eso anestesian a aquellos que se despiertan, y un psicótico es alguien que se despierta y puede llegar a despertar a los demás (Nota del autor: ser psicótico no implica necesariamente tener alucinaciones ni nada parecido; basta con cuestionar al orden establecido para ser llamado así por los poseedores de turno del poder)…  y… …¿tan malo es eso?... ¿Tan malo es lo que hacemos?... CUIDAMOS AL SUEÑO DE LOS DURMIENTES, sin embargo ustedes no lo entienden y nos combaten como si fuéramos monstruos que amenazan sus vidas, y como lamentablemente no lo entendiste (no entendiste la función trascendente que cumplimos), te pusiste en nuestra contra y por eso terminaste como terminaste… …Vos te buscaste esto que te pasó; no fue mi culpa nada de esto, ¿eh?... fue TUYA.
   Y tras decirle todas estas cosas a la mujer en el piso muerta por él, el hombre se fue.

   Si bien el individuo tenía un arma de fuego que le había sido asignada para realizar su tarea, al sentirse en condiciones de superioridad física respecto a su víctima, prefirió matarla a golpes.
   El victimario, licenciado en psicología y habilitado para prescribir psicofármacos (como todos los psicólogos lo estarán allá por mediados del siglo veintiuno, que es en donde se desarrolla la historia presentada) era parte de un grupo especial de disciplinadores creado por el estado que, no obstante tener por objetivo matar a gente contraria a sus intereses y privilegios, seguía manteniendo la justificación moral que lo llevaba a no considerarse "opresor", "victimario" ni "asesino", sino: "profesional de la salud",  "humanitarista", "defensor de la vida", etcétera.
   La víctima era sobreviviente de la psiquiatría y la psicoterapia y era además militante de la antipsiquiatría y la contrapsicología.


lunes, 8 de abril de 2019

Si el pasado no vuelve, será que nunca se fue (cuento) - Martín Rabezzana


El séptimo arte

  
   Los cinematógrafos de barrio (que por algún motivo extraño son actualmente llamados "salas de cine") fueron perdiendo clientela a principios de los noventa por culpa de la competencia de las grandes cadenas de salas dispuestas en centros comerciales, lo cual aprovecharon los evangelistas ya que al tales negocios llegar a la bancarrota, el precio de venta de los mismos no era alto y empezaron entonces a comprarlos para realizar allí sus reuniones; esto es algo muy conocido, lo que no lo es tanto es el hecho de que, un par de décadas después, por la crisis económica muchas de esas salas empezaron a ser usadas de nuevo como cinematógrafos ya que sus dueños se las empezaron a alquilar a tiempo parcial a empresarios del cine para exhibir sus películas, y en algunos casos el éxito fue tal, que se llegó al punto de que dichas salas empezaron a funcionar con esa finalidad a tiempo completo como lo hacían antiguamente. Es decir, actualmente se puede ir a ver películas en funciones continuadas por un precio módico; las mismas son locales y extranjeras y son actuales y antiguas; tienen la particularidad de no ser de grandes productoras, por lo que no son películas de las llamadas "comerciales", de serlo, estas salas no podrían funcionar ya que sería muy caro en materia de pago de derechos a las productoras por cada exhibición, y esto no pasa con las productoras chicas ya que no reclaman pago por la reproducción repetida de sus películas.
   Este fenómeno de películas no comerciales y en gran medida, antiguas, es raro pero lógico si uno entiende que todo va y viene, por lo que nada llega para quedarse definitivamente ni nada se va para no volver. La cuestión es que en dichas salas (existentes primero en el GLORIOSO GBA SUR y en actual expansión hacia el resto del país) vi cualquier cantidad de películas de las que no hay registro alguno en internet ya que muchas de ellas nunca se habían estrenado no sólo en Argentina, sino tampoco (en el caso de películas extranjeras) en sus países de origen.
   La otra vez vi una en blanco y negro llamada "Alvalhaziv" que me pareció la mejor película de la historia; era de quién sabe dónde y estaba hablada en vaya uno a saber qué idioma, y no fue la única película extraordinaria que en esas salas vi, ya que fueron muchas, por lo que me di cuenta de que esa gran verdad de que "la mejor literatura de la historia no se publicó nunca", ya que poquísimos escritores llegan a publicar, también se aplica al cine dado que muchas de las mejores películas de la historia en su momento no se llegaron a estrenar seguramente por ser de productoras chicas, lo cual lleva a suponer que las productoras grandes sabotearon su estreno por sentir que eran una amenaza para sus intereses comerciales, y esto es algo gravísimo ya que el arte no es una frivolidad. Es algo que puede hacer a la vida soportable, por lo que sabotear a sus mejores creaciones, disminuyendo así la calidad de vida de sus potenciales consumidores, puede ser sensatamente considerado como imperdonable.

El número vivo

   Una tarde/noche fui solo a ver películas en una sala llena a una función continuada; la primera película era buenísima y era de procedencia y fecha, desconocidas;… Fue realmente increíble para mí, que para principios de la década del 2010 empecé a sentir que ya lo había visto todo y que el cine como forma de arte ya había cumplido su ciclo (por lo que estaba resignado a nunca más ver una película que me conmoviera), encontrar toda clase de obras cinematográficas de enorme calidad, originales, literalmente conmovedoras y además: desconocidas.
   Tras terminar la película tuvo lugar algo que no había visto en mis pasos previos por el cine; se trataba de uno de esos llamados "números vivos" que eran actuaciones artísticas de corta duración que se sucedían durante los intervalos de películas en los cinematógrafos de la década del cuarenta (y también de la siguiente) en las que se presentaban músicos, bailarines y hasta magos; en este caso la actuación fue la de un cantor de tango junto a dos guitarristas; algunas personas los silbaron porque querían que la película empezara rápido y yo no lo entendí, no sólo porque a mí me gusta el tango y la interpretación que hicieron los músicos fue notable, sino además porque me pareció brillante la idea de los dueños de la sala de darle lugar a tales números y darnos la sensación a los clientes de que al entrar al cine viajábamos al pasado, y por sentir que en la actualidad TODO en la vida es repetido y, por consiguiente, "fotocopia" de algo ya ocurrido, ir al pasado sería como recobrar "el original de la vida", y con esto, el sentido de la misma.
  Tras terminar su actuación, los músicos se dirigieron a la salida; yo me levanté apuradamente de mi butaca y fui tras ellos para saludarlos; cuando los llamé, detuvieron su marcha y pude felicitarlos por su excelente actuación; le dije al cantor, que era un morocho trajeado y peinado a la gomina:
   -¡Sos igual a Héctor Palacios! Tanto estéticamente como a nivel vocal.
   El cantor me miró extrañado pero nada dijo; yo proseguí diciendo:
   -Te felicito por tan lograda imitación –y dirigiéndome a los músicos, dije: -y a ustedes también, muchachos.
   El cantor me dijo:
   -¡Gracias por tus palabras, che! –y siguieron su camino hacia la salida.
   Mientras se iban me pareció escuchar al cantor reírse en voz baja y decirle a sus músicos que él no era imitador.

La desconocida conocida

   La segunda película empezó y parecía estar buena, pero no pude prestarle mucha atención porque una mujer que yo no conocía se sentó a mi lado y sin decirme nada, me tomó de una mano; al verla yo re "flasheé" porque estaba bárbara; no dije nada porque asumí que se había equivocado de persona y que al darse cuenta de su error, me soltaría, por lo que haciendo silencio quise prolongar lo más posible ese contacto tan agradable, pero fue que mientras la miraba de reojo, me vino a la mente el día en que la conocí allá por 1942, y era raro porque yo no había nacido todavía, sin embargo las imágenes y sentimientos que empecé a ver y experimentar, no los sentía como ilusorios, sino como recuerdos propios; recordé como durante nuestra segunda salida, mientras la llevaba en mi auto hasta su casa, ella me decía que no aguantaba más lo caliente que estaba y me pedía que cuanto antes le chupara la concha; recordé el día en que nos casamos y recordé también haber soñado una vida solitaria en un futuro lejano lleno de un confort en aumento paralelamente a la miseria emocional y al aburrimiento; de ese lugar quería escapar, es decir, empecé a sentir que lo que hasta segundos atrás consideraba mi vida real, había sido (por suerte) sólo un sueño, pero nada de esto le dije a la que para ese momento ya sabía mi esposa ya que era demasiado raro y difícil de explicar.
   Cuando la película terminó, comimos en un bar automático y… (ah,sí; tengo que explicarte a vos, persona del siglo veintiuno, qué es un bar automático; era un tipo de establecimiento de comidas y bebidas existente hasta finales de los años cuarenta en el que no había mozos pero tampoco era un autoservicio como los de ahora; había un panel conformado por ventanas en las que estaban escritos los nombres y precios de las comidas y las bebidas y tenían una abertura para que uno pasara la plata; tras lo cual un empleado del otro lado levantaba la ventanita y suministraba la comida y la bebida seleccionadas por el cliente que, por su cuenta, las llevaba hasta una mesa; esto evitaba el muchas veces despreciado –y en la era de internet, anhelado- contacto humano, ya que no había necesidad de hablar con nadie para acceder a la comida y la bebida)… después volvimos en tranvía a casa. Hicimos el amor y nos dormimos; ambos éramos felices.
   Al día siguiente me desperté y busqué a mi mujer, pero no estaba; estaba yo solo en mi cama en la segunda década de los años 2000 y, por sentir que la vida feliz que hasta hacía momentos atrás era para mí, realidad, no había sido más que un sueño, maldije a esta vida de mierda, a este tiempo de mierda, a esta realidad de mierda y a toda esta podredumbre anímica y espiritual (también de mierda) que parece envolvernos a TODOS y a TODO… …Yo quería estar en aquellos tiempos y con esa mujer que, entre otras cosas (con las mismas palabras que lo transcribo), me había tan ansiosamente pedido que le chupara la concha, y no sólo la ya contada segunda vez que salimos, sino TODOS LOS DÍAS, y yo quería volver no sólo para chuparle la concha (si bien era uno de los motivos principales), sino también para realizarme a nivel personal y espiritual, lo cual no creía posible lograr en este tiempo.
   Me consideré muy desafortunado por haber soñado una felicidad que, por en este tiempo y en esta vida estarme vedada, me es solamente alcanzable en sueños, no obstante, deseé con toda el alma volver a soñarla.

Sueño/Realidad/Realidad/Sueño

   En las semanas posteriores al sueño de felicidad, volví a ir al cine y nada extraordinario ocurrió, pero un día, cuando ya estaba resignado a que nada así ocurriera, sí ocurrió: mientras esperaba que empezara una película empecé a notar que la pintura de las paredes cambiaba de color; las butacas también empezaron a cambiar así como mi ropa que pasó de ser propia del siglo veintiuno, a la usada en zonas urbanas en la década del cuarenta del siglo veinte, y lo mismo pasó con la ropa del resto del público, y lo más importante: en la butaca vacía de mi derecha apareció mi esposa y recobré entonces mi felicidad perdida.
   Al verla, la besé, la abracé y entonces sí le conté el sueño repetido que había tenido. Ella se sorprendió y me dijo que había soñado algo parecido, o sea, me dijo que varias veces había soñado que pertenecía a un futuro extremadamente absurdo y aburrido (que sería el de aproximadamente el año 2019) en el que se sentía sola y que por lo vívido de la experiencia onírica, al estar despierta no lograba distinguir al sueño de la realidad; después me relató el cuento taoísta que habla de una persona que se duerme y sueña que es una mariposa, después se despierta y toma conciencia de que es una persona, pero entonces empieza a dudar de si no sigue siendo una mariposa que ahora sueña que es una persona…

Dos vidas

   Me pasa seguido todo esto de ir y volver en el tiempo y vivir dos vidas distintas en distintas épocas: una feliz y otra infeliz (a mi esposa también)… …Sospecho que, aunque no todos lo adviertan (ya que la mayoría no recuerda lo que sueña), esto le pasa a TODOS.
   Ya no sé cuál estado es el del sueño ni cuál el de la vigilia; no tengo ni idea de qué es real y qué no lo es, de lo único que estoy seguro es de que el cantor de tango que vi en el cine aquella noche, no era un imitador del gran Héctor Palacios. Era él nomás.

miércoles, 3 de abril de 2019

Sobre cadenas, jaulas, pájaros y bares (cuento) - Martín Rabezzana


  
   -Pibe: ¿sabe qué es lo que da un enorme sentir de libertad?... Manejar en la ruta con destino incierto tras haber malherido (y haber sido malherido) emocionalmente en muchas oportunidades al conviviente (o a LOS convivientes);… esas situaciones en extremo negativas crean un gran sentir de opresión, por lo que al cachar el auto y tomárselás, lo que se siente es liberación; yo lo sé por experiencia ya que así lo hice allá por los años cincuenta… …Un día me peleé con mi jermu y decidí tomarme unos días de "vacaciones" (que se volvieron semanas y las semanas, meses); anduve errante por la provincia de Buenos Aires y después volví esperando que las "aguas turbulentas" se hubieran aquietado, pero, por así decirlo, me encontré con la sequía porque mi mujer ya no estaba y se había llevado a mis dos hijos (un pibe y una nena); en ese momento no lo sufrí tanto ya que la inconsciencia de mi juventud me hizo asumir que habría tiempo para recomponer las cosas, pero no fue así porque después ella se fue a otro país llevándose a los chicos… Ahí entendí que la libertad en el sentido tradicional de la palabra, está sobreestimada ya que la misma implica no estar atado a nada ni a nadie, pero al "desatarse" uno se da cuenta de que sin las "amarras" queda a la deriva en un mar de aflicción… …por eso ese "no aferrarse a nada", tan promovido por el budismo, yo lo desaconsejo totalmente, y se lo digo a usted porque usted idealiza a la vida bohemia, y los artistas nos vemos obligados a un estilo de vida bohemio y a su vez, los bohemios somos (aunque la mayoría no lo sepa) budistas en el sentido de que le rehuimos a las ataduras, a las cadenas… …Como lo expresa Gian Franco Pagliaro en la película "soñar soñar" de Favio: "El artista nació para volar. La mujer, los niños… son un obstáculo." Lamentablemente solemos verlo así. Yo así lo sentí en su momento, pero ahora me identifico más con el tango que respecto de esas cosas de la vida familiar que tanto "aprisionan" (un bebé, más precisamente), dice –y cantó -: "…y me tiene prisionero, ¡tan a gusto compañero, que me quedo en la prisión!" Y en otra estrofa dice: "Yo me quedo aquí, nada iré a buscar. Más no puedo yo pedir"… …Ojalá lo hubiera sentido así en ese tiempo, dado que posteriormente lo que sentí fue que todas esas cosas que supuestamente privan de libertad, son en realidad la libertad misma ya que tarde o temprano TODOS vivimos casi únicamente para anhelarlas, es decir, terminamos encadenados al deseo de aquello que quisimos evitar, entonces nos damos cuenta de que cuanto más nos alejamos de lo que nos "encadena", más libertad perdemos, de ahí la sabiduría de Antonio Porchia al decir: "Las cadenas que más nos encadenan son las cadenas que hemos roto"… …Yo puedo dar fe de que, como más o menos dijo la Pizarnik: "la jaula se vuelve pájaro" tanto como el pájaro se vuelve jaula; es así, y no una jaula cualquiera ¿eh?, sino una jaula dentro de otra jaula… una jaula enjaulada… …¿Ve la paradoja? La libertad está en la "jaula" y en el exterior, la "prisión";… …Lo que parece dar libertad, aprisiona, y lo que parece aprisionar, libera, ¿por qué es así? Porque nuestros sentidos nos engañan al punto que no podemos más que darle la razón a las religiones orientales al llamar a este mundo: la "maia" (la ilusión).
   Y tras decir esto último tomó el último trago de su café; yo no dije nada no sólo por la poca facilidad de palabra que entonces me caracterizaba (todavía era adolescente), sino además porque en lo que el anciano expresó, había taaanta sabiduría que cualquier comentario de mi parte (y de parte de cualquier otra persona) habría estado de más;… Lo que dijo fue perfecto, tan perfecto que seguramente al ponerlo por escrito incurro en alguna imperfección que, en su expresión, fue nula.
   Tras unos segundos me dijo:
   -¡Qué cosa, che!... Cuando yo era chico el Fernet era bebida de gente joven, poco después pasó a ser de gente en su segunda juventud y tras pocos años, de viejos, ¡y ahora es de jóvenes otra vez!... …Lo más popular cuando yo era joven (o sea, hasta mediados de los cincuenta) era la ginebra con bitter.
   Me preguntó si había probado ese trago y le dije que no, entonces, dirigiéndose al mozo, dijo:
   -Mozo, sírvanos ginebra con bitter por favor.
   Entonces me di cuenta de que los bares humildes (como ese en que estábamos) mal llamados de "mala muerte" en que los clientes escasean, no son lo que parecen ya que lejos de estar vacíos, están llenos de fantasmas, por consiguiente, están llenos de vida (los poco sensibles no lo advierten), y esto se aplica a ABSOLUTAMENTE TODO, ya que aunque tras concluir que algo resultó ser lo que parecía sintamos que el famoso proverbio que dice: "las apariencias engañan", se equivoca, en realidad, acierta, y no a veces, sino siempre. Ésta es al menos mi opinión ya que desde ese día no dejo de confirmar continuamente que ni el pájaro es pájaro, ni la jaula es jaula, ni el cielo es azul (de hecho, "ni es cielo ni es azul"), ni la muerte es muerte, ni la vida es vida, ni la nada es nada ni el todo es todo porque… NADA es lo que parece.
   NADA.