martes, 11 de julio de 2017

El tigre herido (cuento) - Martín Rabezzana


   Él era alguien cuya animosidad lo había llevado a tener conflictos con personas peligrosas; los mismos en algún momento excedieron el plano verbal y llegaron hasta el de la agresión física; dicha agresividad llegaría a un punto culminante el día en que recibió una carta manuscrita de un anciano que lo cruzó por la calle cuyas facciones le parecieron conocidas; le pidió insistentemente que la leyera y después se fue; la misma decía lo siguiente:

   "Te ruego que le prestes atención a esta carta cuya letra ya reconociste.

   Podemos decir que aceptamos la validez de todos los puntos de vista y que, por consiguiente, todo es subjetivo, pero el hecho de que tras decir esto sigamos discutiendo de cosa cualquiera, demuestra que no lo aceptamos en absoluto ya que cuando uno realmente acepta que no hay verdad sino verdades, depone toda actitud defensiva y ofensiva, pero lamentablemente, como ya dije, no lo aceptamos… seguimos sosteniendo la validez, sino única, MAYOR de nuestras convicciones sin advertir muchas veces que en el proceso nos autodestruimos por dentro, y esa lucha destructiva interna se materializa en los conflictos que tenemos con los demás, estén presentes o no (ya que discutimos y peleamos con ellos aún en el pensamiento), y lo que denota la voluntad de querer conflictos con los demás son los pensamientos negativos hacia ellos; si uno le dedica más tiempo a hablar o a pensar mal de otros que bien, es porque quiere conflictos con ellos, y la base del querer conflictos con los demás es la existencia de conflictos con la propia persona;… el estar en guerra con uno mismo es lo que precede al estarlo con otros porque uno expande lo que tiene en su interior. Esto ocurre para bien tanto como para mal, y a diferencia de lo que alguien lleno de odio siente, el que más logra herir al otro es quien más pierde porque su estado de guerra consigo mismo no se habrá resuelto y tras un tiempo habrá aumentado ya que eso es lo que ocurre cuando uno descarga su furia en el otro al igual que sucede con el ejercicio; durante el ejercicio físico uno descarga energía, pero al descansar la misma vuelve y aumenta, por lo que la siguiente vez que haga lo mismo será con mayor facilidad por su fuerza haber aumentado; igual ocurre con la energía furiosa que se materializa en las acciones contra los demás: en un principio constituyen una descarga de furia pero a la larga, la recargan, y tal búsqueda de descarga termina SIEMPRE en algo lesivo para uno mismo, de ahí lo lógico y aplicable a este caso de la frase de Antonio Porchia: "Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas".
   Hay un tango que dice: "esa bronca que nos une con cualquiera", y he aquí la causa de la tendencia a denostar a los demás y buscar así contagiar a otros del propio odio en contra de alguien: el querer lograr comunión con los demás por sentirse solo, ya que al buscar que los demás compartan el propio odio en contra de otro, se intenta lograr cercanía con ellos y se la logra, pero no es la pretendida, ya que la acción contra un enemigo común te hace ganar cómplices, pero no amigos; alguien que realmente sea tu amigo va a querer tu bien y por eso intentará disuadirte de toda acción que te sea negativa como lo es toda búsqueda de enemistad y castigo hacia otros; cuando entendés esto te das cuenta de que tu intento por ese lado de superar la soledad, es infructuoso, y el resultado es que estás más solo que antes… sabé que hay otras formas de lograr comunión con los demás.

   Ahora te digo lo más importante: no vayas al encuentro pactado para hoy, si lo hacés, te vas a arrepentir toda tu vida, lo sé porque YO SOY VOS; logré viajar en el tiempo para darte esta carta intentando disuadirte de lo que vas a hacer; ya reconociste tu propia letra en el papel y si tenés alguna duda de que esto lo escribís vos mismo en el futuro, buscá ya mismo al perito calígrafo que vive al lado de tu casa y pedile que compare esta carta con tu letra y determine si son de la misma persona;… …Yo soy vos en el futuro y por eso sé que lo de hoy va a constituir el mayor error de tu vida del cual te vas a arrepentir siempre…
   Tenés la oportunidad de ser la persona que querés ser y dejar de ser la que ahora sos; la furia te ha poseído y llegaste al punto de creer que la misma sos vos, cuando en realidad tu verdadera persona está debajo de ella.
   Lo que hagas o no hagas hoy, va a determinar el resto de tu vida;… todavía estás a tiempo de evitar la tragedia.

   Hay frases que valen más que mil imágenes y que mil palabras, una de ellas ya te la presenté, ahora te dejo otra; es del maestro Funakoshi, y con ella me despido: "Cuando dos tigres se enfrentan, uno muere, el otro queda gravemente herido".

23 de enero de 2051.

   El joven del año 2003 estaba sorprendido y dubitativo respecto a quién sería el autor de la carta; no se decidió inmediatamente a buscar al perito calígrafo que vivía al lado de su casa como se lo había pedido quien fuera que hubiera escrito el texto, pero tras un rato se decidió y lo fue a buscar; golpeó a su puerta y le pidió que examinara la carta en cuestión, un texto que él mismo acababa de escribir, y determinara si la grafía de uno y otro texto eran de la misma persona; el calígrafo primero se negó aduciendo que no estaba en horario laboral pero ante el temor por la insistencia agresiva del joven, accedió a examinar los textos, tras lo cual dijo:
   -Sí; las dos grafías coinciden; son de la misma persona.
   Entonces el joven sintió que algo se rompía en su interior y era la persona que hasta entonces había sido, y la conclusión de su actual vida implicaba el comienzo de otra nueva;… nada de esto lo racionalizó en el momento pero sí asimiló emocionalmente que alguien nuevo nacía con la muerte que se sucedía de la persona que entonces era; por la emoción que eso implicaba, no pudo decir nada, simplemente se puso a llorar.

lunes, 26 de junio de 2017

La única diversión de los fracasados (cuento) - Martín Rabezzana

   Un grupo de individuos participaba de una reunión que habitualmente hacían en un bar; uno de sus participantes expuso una conducta errada del mismo y otro de ellos dijo:
   -Y sí… nos la pasamos criticando, hablando mal de los demás; estamos pendientes del error ajeno para remarcarlo con palabras hirientes y así sentirnos virtuosos, superiores y justicieros, y no te niego que hemos llegado al punto en que casi no hacemos otra cosa, pero hay algo que vos no tenés en cuenta al hacernos notar lo vicioso de nuestra profunda y sostenida maledicencia, y es algo que nos justifica totalmente.
   El individuo miró con desgano a su interlocutor y dijo:
   -¿Qué es?
   -Y… el hecho de que somos unos fracasados de mierda y por eso nuestra única diversión posible consiste en defenestrar moralmente a los demás.
    Ante tal declaración, se hizo en el grupo un solemne silencio y se generalizó una leve expresión de sorpresa ya que la honestidad autoacusatoria de lo dicho es inusitada en alguien que hace de la crítica a los demás, un modo de vida.
   Ninguno consideró siquiera objetar lo expuesto por evidentemente aceptarlo como una verdad incuestionable, por lo que el silencio se prolongó por varios segundos, tras lo cual, los asistentes a la reunión retomaron su acostumbrada conversación atestada de cobardes reprobaciones morales, descalificaciones e insultos a personas ausentes.

jueves, 8 de junio de 2017

En la placita de por ahí (cuento) - Martín Rabezzana


   En una placita de por ahí, la mina le pasó un mate y él lo tomó, tras lo cual, con claridad y firmeza en la voz, sentenció:
   -El grado de éxito y de fracaso de una persona se puede medir en base a la cantidad de anécdotas vividas que tenga dignas de ser contadas en una reunión.
   Ella lo miró unos segundos en silencio y después le dijo:
   -Tiene sentido, pero me habías dicho que el grado de éxito y de fracaso de una persona se puede medir en base a la frecuencia con que se queja… entonces; ¿cómo es?
   Él la miró y se dio cuenta de que tal concepto que había olvidado también era sensato; le dijo:
   -Ah, ssssseee;… me parece que esto último lo tengo que modificar…. Ahora me parece que lo que se puede medir en base a la frecuencia con que uno se queja es el grado de bienestar y de malestar que experimenta, ya que el éxito personal, para mí va por el lado de "vivir" en el sentido no literal, y cosa tal implica pasar por cosas buenas y malas ya que las malas experiencias también forman parte de una vida bien vivida, y una vida exitosa es una vida bien vivida.
   ¡La puta madre! ¡Tenía respuesta para todo! Pero… ¿de qué carajo le servía? No lo ayudaba en nada a tener una vida bien vivida, de hecho, hacía ya mucho había advertido que el desarrollo intelectual que se sucede con la formación cultural no sólo no mejora la calidad humana y que hasta la empeora, sino además que los grandes razonamientos intelectuales proceden del fracaso del no vivir, y esto no todos lo advierten ya que es común que haya quienes se jacten de su intelecto y menosprecien a quienes son supuestamente subdesarrollados en ese aspecto sin darse cuenta de que al hacer eso están exponiendo una pobreza de vivencias que los muestra como personas fracasadas, y alguien que en su vida fracasa, ¿de quién se puede burlar?...  Vanagloriarse de haber leído en vez de hacerlo por haber vivido, es ridículo, y esto es común que lo hagan quienes se consideran intelectuales… ...Por lo ya expuesto digo que los intelectuales, salvo casos excepcionales, son personas fracasadas, por lo que jactarse de ser intelectual es básicamente jactarse de ser un forro.
   El silencio es lo que siguió y su conciencia de que todos esos razonamientos intelectuales eran inútiles y lo mejor era suspenderlos.

   Se sirvió otro mate y lo tomó, después, en silencio saludó a la mujer con la mano y ella respondió de igual forma, tras lo cual, se levantó y se fue de la placita.

lunes, 5 de junio de 2017

La residencia de artistas (cuento) - Martín Rabezzana


   La acomodada mujer de cierta edad lo vio y se asustó, lo cual lo hizo sentirse muy mal ya que es humillante causar miedo cuando no se lo pretende, y por eso, y viendo la vestimenta cara que la mujer tenía, pensó que sería soberbia, lo cual habitualmente uno piensa del otro cuando por el otro se siente menospreciado, pero si uno hace una pausa, busca reflexionar y tener una visión global de este tema, puede llegar a concluir que lo que lo lleva a uno a atribuirle al otro una creencia de superioridad, es el propio sentir de inferioridad, de lo cual el otro a veces participa pero nunca es causante, y el miedo que la mujer sentía de alguien de apariencia marginal como él, no era causado por la soberbia sino por el desconocimiento, y ante alguien carente de algo, ya sea en lo material o en lo que a conocimiento refiere, más que resentirse, lo lógico y sensato es compadecerse.
   Hay un mudo (Gonzalo Giles) que tiene un programa de radio en el que se expresa con palabras amplificadas desde su teléfono que tiene tatuada una frase con la que él se habría sentido identificado en ese momento; es más o menos así: "a los que se burlan y a los que me tienen miedo: no saben quién soy".

   Al rato, mientras ella esperaba vaya uno a saber qué o a quién (ya que estaban en una estación de subte y al subte ella no lo esperaba), lo vio darle una limosna a una persona necesitada, entonces su mirada temerosa hacia él desapareció y tristemente sonrió; después se le acercó y le extendió un librito; él sonrió y dijo:
   -Gracias. –Miró el libro y dijo: -¡Ah! ¡Le voci sacre del maestro!
   -¿Hablás italiano? –dijo sorprendida, ya que con esa caripela y la pilcha que tenía (era casi una postal del año 2001 recién concluido), ella no habría dado ni dos mangos porque hablara bien siquiera castellano.
   -¿Y francés?
   -Un petit peu (un poquito);… …Dicono sia un capolavoro; la ringrazio (dicen que es una obra maestra; le agradezco).
   Mientras esperaban, él le expuso sus conceptos sobre lo inexistente del bien y el mal, sobre la necesidad del sentir de igualdad para que exista la paz, a lo cual, según él, el amor se opone ya que siendo mayor el valor que uno le da a aquellos por quienes lo siente, el sentir de igualdad hacia los seres queda anulado, y otras ideas; estos conceptos de carácter filosófico que para él mismo serían años más tarde carentes de toda importancia, a ella parecieron interesarle mucho, por lo que le sugirió:
   -Tendrías que escribir un libro con todo eso.
   -Es lo que estoy haciendo.
   -Ah. ¿Sos escritor?
   Él sonrió ligeramente en silencio.
   Hablaron unos minutos más y tras él decirle que estaba pasando por dificultades económicas y no tendría pronto ni dónde vivir, ella anotó en una agenda dos direcciones, arrancó la hoja y se la dio; le dijo:
   -Si necesitás dónde vivir, acá podés quedarte un tiempo gratis; son residencias de artistas; elegí la que quieras y usá la estadía para terminar tu libro.
   -Él miró el papelito con cierta desconfianza y le preguntó señalando una de las direcciones que no era la del norte del gran Buenos Aires:
   -¿Esta dirección es del sur?
   Ella asintió.
   Él dijo:
   -Yo iba a un club cerca de ahí cuando era chico… -y en tono melancólico agregó: -me acuerdo de las piedras chiquitas en la extensa entrada, de cómo crujían al pisarlas y me acuerdo de que al tratar de conciliar el sueño me venían a la mente dunas de arena y de esas piedras… una imagen muy agradable… Siempre me pregunté cómo serían esos predios cerrados que hay por ahí… el colegio pupilo (el St. George), los hosteles… pero a mí ni me dejarían entrar.
   Ella dijo:
   -Decime tu nombre y aviso que te dejen entrar.
   Él la miró sin dudar de que fuera verdad lo que le decía, pero como si temiera romper el "hechizo" con preguntas sobre el tema, nada le preguntó y tan solo le dijo:
   -Gracias.
   Eligió la residencia del sur, le dejó anotado su nombre, después se despidieron y él se fue.
   Nunca volvería a verla.

   Tras unos días él se dirigió al lugar; se identificó y le abrieron el portón; entró y vio un predio enorme, verde, hermoso; después una empleada lo condujo hasta la casa en que se alojaría; era una mansión poblada de gente mayormente joven; la vivienda era tan grande que un par de cuartos eran equivalentes en tamaño a una casa normal entera; la empleada lo condujo hasta la habitación que le tenían reservada en una planta superior y le dijo:
   -Te quedás tres meses, ¿no? Hasta ahí es sin cargo para vos; es lo que me informaron.
   -Eeehhh… sí.
   -Bueno, en un rato se sirve la cena, así que preparate para bajar.
   -Bueno.
   Dejó su mochila llena de ropa sobre la cama y al rato se dirigió al comedor; una vez en la mesa entró en conversación con los demás residentes; eran todos artistas de algo, locales y extranjeros; uno le preguntó:
   -¿Cuánto te cobra la vieja por quedarte?
   Rápidamente se le ocurrió decir:
   -Un poquito.
   No quiso revelar que estaba ahí sin pagar porque presentía que los demás habían pagado, lo cual después confirmó al hablar con otros residentes, ya que el lugar era una residencia que la mujer de edad le alquilaba a artistas a módico precio en pos de promover la creación de arte; entonces entendió que la mujer en cuestión era una especie de Victoria Ocampo moderna y que él había recibido, aunque no fuera oficial, una beca.
   Si bien la ciudadela daba como para no salir nunca, la vida seguía pasando por el exterior durante el día, y, la noche, era el momento para volver.

   Una noche una chica se le acercó después de comer y le dijo:
   -Quienes idealizan a los artistas se decepcionarían si nos conocieran, incluso los mismos artistas.
   -¿Por qué?
   -Porque somos normales… …Una vez leí una nota a un músico que dijo que el artista es artista sólo cuando crea arte, el resto del tiempo es como cualquier otra persona, y es verdad, por eso debe ser decepcionante conocernos para quienes nos idealizan pensando que tenemos una forma especial de ver y sentir las cosas, y por eso muchos artistas hacen un personaje de sí mismos en sus vidas personales: para no decepcionar con su normalidad.
   Él, sonriendo le dijo:
   -A mí me gusta la normalidad.
   Ella dijo:
   -¿En serio?
   -Sí; me refiero a lo sencillo y positivo de la cotidianeidad.
   Ella lo pensó un poco y sonriendo dijo:
   -A mí también.

   Pasaron los días, las semanas y los meses que se compusieron de momentos que no voy a describir, y cuando hubieron pasado tres meses, el escritor se fue del lugar y a los pocos días intentó buscar a la mujer que le había dado la "beca" para agradecerle; llamó a sus antiguos coresidentes pero ninguno sabía dónde encontrarla; volvió a la residencia de artistas y preguntó por ella; le dieron una dirección del norte del gran Buenos Aires (San Isidro) donde podría encontrarla; fue a buscarla pero al preguntar por la mujer, quienes habían escuchado de ella decían que había habido una persona que correspondía a la descripción que él les dio, pero que hacía mucho que…
   Volvió a la estación de subte donde la había conocido esperando encontrarla; esperó varias horas pero ella nunca apareció. Entonces entendió que la mujer que le había dado la "beca" era la mismísima Victoria Ocampo que se había materializado para ayudarlo porque su pasión por el arte la había llevado en vida a alentar su creación, y aún tras morir dicha necesidad siguió existiendo en su espíritu, lo cual la hizo necesitar de volver de… bueno;… en realidad esto último es mentira.

   A pesar de su falta de reconocimiento y éxito comercial, no creo que en lo artístico el escritor la haya decepcionado.