lunes, 9 de febrero de 2026

NOCHE NIEBLA FUEGO (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 2.190-

“...Nuestra acción contra las policías debe ser el combate de aniquilamiento indiscriminado.”

Extracto del texto: “El uniforme es peligroso”, de: “Evita Montonera” (revista oficial de Montoneros); número 13, página 24. Abril-mayo de 1976.

Fuerzas interdependientes

   Las fuerzas antagónicas suelen creerse independientes, unas de otras, pero… “independiente”, es muy probable que no haya NADA, ya que cada cosa “separada” de otras, afecta a las demás, de ahí que la separación pueda ser considerada aparente, y que lo dicho, dé cuenta de que bajo esa apariencia de separación, existe la unidad.
   Tanto la extrema izquierda como la extrema derecha, en la Argentina de los 70, fueron progresivamente endureciendo su accionar, a partir de lo que la otra, hacía, y cada una de ellas se excusaba diciendo que lo que hacía, era una respuesta a lo que su contraparte, había previamente hecho; esa es la justificación universal para agredir a otro, es decir, la atribución al otro, de haberlo a uno, agredido primero, o, aún mejor: la atribución al otro de haber agredido a alguien que no sea uno mismo, como ser, esa entelequia denominada “pueblo”, porque haciendo eso, uno puede quedar como un “héroe” que por los demás, se sacrifica, ante ojos que ven las cosas de modo muuuuy selectivo, ya que si miramos la totalidad, descubrimos que tanto el agresor como el contraagresor, se dan vida (y muerte) de modo permanente y (aparentemente) eterno.

Niebla ajusticiadora

   Hay dos circunstancias en que la policía constituye 
un ENORME peligro social: cuando actúa fuera 
de la ley y cuando actúa dentro de la ley.

   Martín Rabezzana

   Mediados de 1976; Maipú y 9 de Julio, Bernal, provincia de Buenos Aires, Argentina, América; noche neblinosa, levemente fría.
   El patrullero había estacionado en la esquina recién referida; sus ocupantes uniformados pretendían quedarse ahí, unos minutos, ya que con el vehículo en movimiento, comer pizza y tomar cerveza, resulta un poco incómodo, al menos, para quien maneja.
   Por la calle Maipú, transitaba un Peugeot 504 conducido por el ex mirista chileno y entonces, combatiente de montoneros, Salazar; en el asiento delantero del acompañante iba una tal María Clara, anarquista, y en ese entonces, combatiente destacada de Montoneros; ambos venían de separarse de más de una docena de compañeros que, agrupados en distintos pelotones de combate, en otro municipio, habían asaltado una comisaría que oficiaba como centro clandestino de detención, tortura y exterminio, liberado a varios detenidos-desaparecidos y sustraído las armas que en el lugar, encontraron.
   María Clara tenía un bolso en el cual, había cargado varias pistolas calibres 45 y 9 milímetros, y dos subfusiles (o pistolas ametralladoras, ya que significan lo mismo), Hafdasa C-4, que acababan de “recuperar”; la guerrillera, tras meter una mano dentro del bolso y empuñar la última de las armas mencionadas, del mismo la sacó, la miró, y a su compañero Salazar, dijo:
   -Ésta, yo no la usé nunca. ¿Vos?
   Salazar miró el arma, y dijo:
   -No; yo tampoco -segundos después, tras ver que no mucho más adelante, había un patrullero estacionado, dijo: -¿La querí estrenar?
   La joven, con firmeza, respondió:
   -Sí. 
   Entonces María preparó su Hafdasa y también otra igual, que en el bolso había, y la dejó entre ambos asientos, para que su compañero chileno la agarrara, tras frenar el rodado; seguidamente el combatiente abrió el techo corredizo y le manifestó a María que él, atacaría desde arriba; una vez que estuvieron muy cerca del Falcon policial, que se encontraba en la ya referida calle Maipú, sobre la mano derecha, la partisana rosarina sacó la ametralladora por la ventanilla y contra los uniformados, abrió fuego; milésimas de segundos después, ya con el Peugeot detenido casi al lado del Falcon, Salazar se puso de pie, y con el tren superior de su cuerpo, fuera del auto, se sumó al fuego realizado por su compañera contra los policías.
   Sumando los disparos de uno y otro guerrillero, el total de balas disparadas, fue de veintitrés.
   Con los dos represores del patrullero, ya muertos, María Clara bajó rápidamente del Peugeot y abrió la puerta del conductor del vehículo policial con la intención de sustraer las armas de los uniformados, pero de inmediato, realizando un gesto de desagrado, depuso la idea, al ver que ambos cuerpos estaban empapados en sangre; lo que hizo entonces, fue buscar bajo el asiento del conductor, ya que ahí, solían los policías guardar las armas largas, y tras agarrar el subfusil MEMS M-52/60, que en ese lugar, había, volvió al Peugeot 504 que, de inmediato, arrancó.
   Ya lejos del lugar del ajusticiamiento, Salazar, en alusión a las ametralladoras Hafdasa, que acababan de utilizar, le dijo a su compañera:
   -Andan bien los fierros, ¿no?
   -Sí sí -respondió ella; después agregó: -Andan bárbaro.
  
¿Quién inició realmente la agresión?

   Casi todos los grupos guerrilleros argentinos de los 70, se crearon durante el último lustro de la década de 1960 (durante la dictadura autodenominada: “Revolución Argentina” -1966-1973-), mientras que el ejército argentino, se fundó en 1810 y la policía, en 1821; estas fechas dan cuenta de que los grupos guerrilleros aparecieron con posterioridad a los grupos armados del estado argentino (“protoestado argentino”, podría decirse también, en alusión al de 1810), y estos últimos, si bien justifican su accionar en una supuesta “defensa del pueblo” de los elementos de la sociedad, antisociales (o sea, quienes cometen delitos), en realidad, viven agrediendo a las personas por los más diversos motivos; muchísimos de ellos, nada tienen que ver con la comisión de delitos por parte de ellas, de ahí que si bien, pueden haber reivindicaciones del accionar del ejército argentino, poco o nada, controvertidas, por ejemplo, el accionar que realizó contra las autoridades coloniales, ésa sería una excepción que confirmaría la regla, y ésta última está constituida por un ataque indiscriminado contra la población; respecto de la excepción mencionada, hay que decir algo muy importante: el ejército sanmartiniano no tuvo continuidad tras alejarse San Martín, del mismo; dicho ejército fue creado con fines independentistas, y una vez logrado el objetivo de derribar a las autoridades reino-sudopo-castellanas, dejó de existir, de ahí que si la reivindicación al mencionado ejército, fuera válida (y para mí, lo es), de ningún modo podría, tal reivindicación, hacerse extensiva a los ejércitos que vinieron después. 
   San Martín, el artífice principal de la independencia argentina y americana, no sólo por los resultados directos de su accionar militar, sino también, por haber sido su gesta independentista, fuente principal de inspiración de muchas otras poblaciones americanas que buscaban independizarse del Reino Sudopa de Castilla (de ahí que tantos países americanos tengan banderas celestes y blancas, como la de Argentina, dado que en ella se basaron sus habitantes para crear las suyas, ya que sus poblaciones pretendían lograr lo mismo que San Martín y su ejército, habían logrado), decidió irse del país cuando se iniciaron luchas militares internas por el poder, porque consideraba que no correspondía que el soldado de un país, derramara sangre de compatriotas, dado que su función, es la de defenderlos; esta consideración no fue compartida por los integrantes de su ejército cuando se inició la guerra civil post-independencia, que los llevó a dividirse y a conformar dos grupos antagónicos e inconciliables que tomaron los nombres de: “unitarios” y “federales”.
   El derramamiento de sangre entre argentinos otrora pertenecientes al ejército sanmartiniano,
 demuestra que dicho ejército, tuvo un final, por consiguiente, por más que en décadas y siglos posteriores, muchos militares argentinos hayan dicho pertenecer al ejército sanmartiniano, los hechos desmienten que el mismo haya existido mucho tiempo, tras concretarse la independencia.
   En definitiva: los grupos represores del estado (Fuerzas Armadas y policiales), que fueron creados para defender los privilegios de una minoría, lo cual, implica atacar a la mayoría, existían desde mucho antes que los grupos guerrilleros de las décadas de 1960 y 1970.
   Aceptando la validez de los datos cronológicos recién expuestos, lo único que podría fundamentarse para que existiera alguna posibilidad, de desmentir la aseveración de que la violencia extrema de las décadas de 1960 y 1970, fue iniciada por las autoridades del estado, y no así, por la izquierda armada, sería la demostración de la inexistencia del tiempo.

Más niebla ajusticiadora

   Mientras transitaban a bordo del Peugeot 504 por la calle Ameghino de la ciudad bonaerense de Bernal, a más de una decena de cuadras de distancia del hecho de sangre, por ambos combatientes, recién perpetrado, María Clara, empuñando el subfusil MEMS M-52/60, que acababa de sustraer del patrullero, le dijo a su compañero:
   -Sala’, ésta, yo no la usé nunca; ¿vos?
   -No, yo tampoco.
   Tras unos pocos segundos, viendo que en la esquina de la ya referida calle Ameghino con Sargento Cabral, había otro Falcon policial estacionado sobre la mano derecha (sus represores, seguramente, así como en el caso anterior, habían parado para comer pizza y tomar cerveza, y seguramente también, así como debe haberse dado con los policías anteriores, no las pagaron), Salazar, dijo:
   -¿La querí estrenar?
   -Dale -dijo María Clara, y como del subfusil MEMS M-52/60, los combatientes poseían sólo uno, la joven le dijo a su compañero: -Lo uso primero yo, y después te lo paso a vos.
    Salazar, que era un caballero, dijo:
   -Por supuesto María… primero las damas.
   Tras el vehículo en que iban, frenar casi al lado del patrullero, la guerrillera apuntó su arma contra los policías que en el interior del Falcon, estaban, y desató una ráfaga constituida por una decena de disparos; seguidamente le pasó a su compañero el arma que él, nuevamente disparó contra los represores estatales, tras ponerse de pie y sacar el tren superior de su cuerpo del auto, a través del techo corredizo que había vuelto a abrir.
   El total de balas que impactaron en los policías, fue de 24.
   En esta ocasión, María Clara no bajó del vehículo para buscar ninguna de las armas policiales; ¿qué sentido habría tenido?, ¡si ya tenían más armas que las que en varias vidas, podrían llegar a utilizar!

Epílogo

   Los detractores de las ficciones violentas, fundamentan en parte su oposición a ellas, en que los daños infligidos a personajes en las mismas, no muestran las consecuencias que ellos acarrean para sus entornos (familias, amigos, etcétera), lo cual, llevaría a que sus consumidores erróneamente sientan que la perpetración de daño y muerte, es mucho menos grave que lo que realmente es, cosa que podría aumentar las posibilidades de que incurran en actos violentos, pero esa lógica no resiste mucho análisis, ya que la violencia social, para mí, está CLARÍSIMO que EN NINGUNA MEDIDA, se inicia ni aumenta, por la violencia representada en las artes; la prueba concluyente de esto es, que: películas violentas (de ya sabemos qué país), son vistas masivamente por gente de todo el mundo, y en los distintos países, hay distintos grados de violencia social, porque sus situaciones sociales son distintas, pero si la lógica en cuestión, fuera válida, y los artistas tuviéramos que dar cuenta del contexto de las personas receptoras de la violencia, en las historias que creamos, no lo podríamos hacer más que en una medida ínfima, porque LAS CONSECUENCIAS DE  TODAS LAS ACCIONES (buenas y malas) SON INFINITAS, y si lo hiciéramos, deberíamos también, en historias como la recién presentada, mostrar lo ocurrido previamente en las vidas de los personajes receptores de violencia; en el caso de la historia recién presentada, eso implicaría para mí, tener que hablar de detenciones arbitrarias, pedidos de coimas, amenazas, extorsiones, golpizas a personas esposadas, agresiones sexuales, imposición de picana eléctrica, simulacros de fusilamiento y fusilamientos no simulados, ya que esas cosas eran moneda corriente en las vidas de los policías que aparecieron en el cuento, y dicho impiadoso accionar, no fue por mí, de ningún modo, imaginado, ya que el mismo fue por mi persona, trasladado desde lo fáctico hasta lo ficticio, dado que la violación de derechos humanos, es algo en lo que las fuerzas represoras del estado, incurren diariamente, y cabe destacar que el país y el periodo histórico en el que las autoridades realizan cosas así, ES TODO PAÍS Y TODO PERIODO HISTÓRICO; como prueba de esto, digo lo siguiente: en los últimos años, la picana eléctrica, en muchos países (incluyendo éste) se ha legitimado por segunda vez (la primera fue cuando se implementó la llamada: “Terapia electro-convulsiva”, en psiquiatría); ahora se aplica también a través de la “pistola Taser”, y actualmente (año 2026), está en uso en… ¡más de 100 países!, incluyendo a muchos cuyos gobiernos son democrático-representativos y cuyos líderes, de modo totalmente hipócrita, se autoproclaman: “defensores de los derechos humanos”.
   Lo recién mencionado, da cuenta de que la situación de los derechos humanos, de ningún modo está mejorando. En todo el mundo está EMPEORANDO, por eso es que, me van a tener que disculpar por no considerar las consecuencias terribles, para el entorno familiar, que necesariamente existen, cuando alguien perteneciente a las fuerzas represoras del estado, es muerto, porque me reconozco como alguien total y absolutamente incapaz de tenerle a un torturador, simpatía alguna, y en esta mentira TOTAL Y ABSOLUTA, que es el “estado de derecho” (también lo son la "libertad" y la "democracia"), no hay miembro de las fuerzas policiales, que no pueda con todo fundamento, ser considerado tal.                  


Posdata: Le dedico el cuento a todos los artistas argentinos que han incursionado en el subgénero argento-setentista, sin JAMÁS haberse atrevido a enfocarse en la lucha armada (que hasta ahora, son casi todos); esa negativa total, a poner armas en manos de militantes revolucionarios, constituye un soslayamiento de algo insoslayable, funcional a los intereses de la derecha, porque es ella la única que termina hablando abiertamente de la lucha armada de los 70, y, por supuesto, lo hace desde su perspectiva.
   Yo no soy valiente, pero como me he animado a hacer, lo que tantos artistas argentinos, no, lo parezco, y es lógico, porque… al lado de miles de tremendos cagones, el menos cagón, parece valiente.

lunes, 26 de enero de 2026

Matá, Loba… ¡MATÁ! (cuento) - Martín Rabezzana

Este cuento es la continuación de: “Daniela… mi loba insurrecta querida...” Es el último de mi nuevo libro (¡que es el número 25!) llamado: Balas que buscan cuerpos // Cuerpos que buscan balas. Les dejo el enlace para el mismo: https://drive.google.com/file/d/1tVQpz8zLInTSt-m7bYb1zTFwEbvO9Xtw/view?usp=sharing

-Palabras: 3.913-

Operaciones de hostigamiento

   Mediados de 1975.
   Garrido 300; San Isidro; provincia de Buenos Aires. 20:31 horas.
   La camioneta Rastrojera chocó contra una de las vidrieras de la concesionaria de autos; una vez, la misma rota, tres muy jóvenes milicianos (dos chicos y una chica), bajaron de la caja del vehículo en que estaban (el que conducía, permaneció al volante) y rápidamente dispusieron bajo seis rodados, artefactos explosivos; acto seguido, volvieron al Rastrojero, que, de inmediato, arrancó.
   En la misma área, había otros tres pelotones de milicianos montoneros, haciendo cosas parecidas (roturas de vidrieras y lanzamientos de bombas incendiarias) contra locales de empresas imperialistas.
  Allá por 1975, este tipo de actos, se daban literalmente por decenas, varias veces por semana, en todas las grandes ciudades del centro y norte del país (el sur, quedó bastante al margen de todo esto; paradójicamente, “La masacre de Trelew”, que fueron asesinatos de guerrilleros perpetrados por los militares durante la dictadura de Lanusse, resultó fundamental para el crecimiento exponencial de las agrupaciones guerrilleras, ya que muchísima gente, a partir de ese hecho ocurrido en el sur del país, en el año 1972, empezó a ver a los guerrilleros, como héroes).

Emboscadas de aniquilamiento

   No muy lejos del área en que las operaciones de hostigamiento, se sucedían, en Chiclana al 300, de la vecina ciudad de Béccar, poco antes de que llegara a su domicilio, a un directivo de la empresa Esso, que transitaba en un Ford Fairlane, y era acusado, además de ser explotador laboral, de financiar a grupos parapoliciales para que se ocuparan de sus empleados “problemáticos”, se le acercó un Peugeot 504 desde el cual, un montonero, con una pistola ametralladora FMK-3, desde el asiento delantero del acompañante, le disparó  a él y a su chofer, que también era custodio suyo; con ambos ya malheridos, el Peugeot se le cruzó al Fairlane, obligándolo a frenar;
una vez ambos autos, detenidos, el guerrillero que ya había disparado y el que iba en el asiento trasero (que también tenía una FMK-3), del mismo descendieron y contra los ocupantes del Fairlane, desataron una tremenda lluvia de balas; unos 50 metros atrás, segundos antes, tres combatientes montoneros a bordo de un Ford Taunus, lo mismo habían hecho con los dos ocupantes de un Torino, que eran custodios del empresario yanqui.
   El balance de estas emboscadas fue para los montoneros, totalmente positivo, ya que fueron ajusticiados, tanto el empresario yanqui como sus tres custodios, y ninguna baja hubo entre los combatientes.

Análisis de los hechos

   Todo esto, es sin dudas, terrible, pero… ¿no es terrible, que los empleados sean explotados, no sólo a través de remuneraciones miserables, sino además, al ser obligados a trabajar largas jornadas en condiciones insalubres? ¿No es terrible que, cuando los mismos se organizan para reclamar derechos, sean no sólo encarcelados, sino además, secuestrados y torturados por grupos parapoliciales y paramilitares, financiados por los mismos directivos de las empresas en que trabajan? POR SUPUESTO QUE SÍ, y todo esto fue moneda corriente en la Argentina de los años 1960 y 1970 (y de antes, también); la diferencia en estas décadas respecto a las anteriores, reside en que la resistencia a los explotadores capitalistas, ya no estaba constituida solamente por huelgas y sabotajes, sino también, por grupos armados que contraatacaban a los empresarios explotadores y a los grupos represores del estado, y el estado siempre favorece los intereses del poder económico concentrado, ya que fueron justamente los que se apropiaron de la tierra y de los medios de producción, quienes lo crearon, para defender sus vidas y sus privilegios.
   Volviendo a la cuestión de lo terrible de todo esto, digo lo siguiente: es terrible que un grupo guerrillero se conforme, pero más terrible es, cuando la agresión es unilateral, y esto es lo que ocurre en la mayoría de los tiempos históricos; en los 60 y 70 del siglo 20, se empezó a responder a la violencia extrema de las corporaciones económicas que, como ya manifesté, tienen por defensores a las fuerzas represoras del estado, y fue por eso que, según mi criterio, empezó una etapa menos terrible (por ser menos injusta) que la anterior.
   Los grupos guerrilleros llegaron para terminar con la unilateralidad de la violencia que las grandes corporaciones, a través del estado, contra los trabajadores, permanentemente perpetran, y lo que ocurrió entonces, fue MARAVILLOSO; ¡LOS GRANDES EMPRESARIOS EMPEZARON A TENERLE MIEDO A SUS EMPLEADOS, POR SABER QUE LA IMPUNIDAD, SE LES HABÍA TERMINADO!... Cuando eran secuestrados, sus empresas se veían obligadas a acceder a las exigencias de sus captores, y entre las mismas estaban, la de que aumentaran sueldos, mejoraran las condiciones laborales de sus empleados y la de que donaran ropa, alimentos y materiales de construcción, a gente de bajos recursos, ya que eso que llamaron: “Redistribución forzada de la riqueza”, solía exigirse como parte del pago de los rescates de los empresarios retenidos. 
   En aquellos tiempos, se empezaron a invertir los roles; se empezó a devolverle a los capitalistas, un poco del sufrimiento, que a otros, ellos están en la vida, para infligir a todo aquel a quien puedan; sabiendo todo esto, pese a lo terrible del periodo, no creo exagerar al definirlo como: “maravilloso”.

Jefatura injustificable

   Los jefes montoneros, demostrando ser jerarcas tan repudiables como aquellos a los que combatían, no enviaban a los milicianos a realizar operaciones de “hostigamiento”, como ser, romper vidrieras de empresas imperialistas, arrojar bombas molotov, incendiar autos o poner explosivos menores, custodiados por combatientes; solían mandarlos solos, y en muchos casos, quienes realizaban estas tareas, eran pibes de 15 años; no obstante, a veces sí eran custodiados por combatientes durante dichos hostigamientos, y cuando esto se daba, era porque los guerrilleros se ofrecían a custodiarlos por iniciativa propia, ya que, como fue dicho, la cúpula montonera, en ningún momento se preocupaba por la seguridad de los militantes de superficie de su propia agrupación. 
   El objetivo (inconfesado) de los jefes montoneros, de muchas de las tareas de hostigamiento que a los milicianos, les asignaban, era el de distraer la atención de las autoridades, de hechos más graves que en otras partes de la misma área, estaba previsto realizar; en los casos mencionados, la rotura de vidrios, el lanzamiento de bombas incendiarias y la puesta de explosivos en la concesionaria de autos, previos al ajusticiamiento del empresario de Esso y de sus custodios, tuvo por objetivo que la policía y los milicos, fueran tras quienes, esos hechos, perpetraron, y se demoraran así, en llegar al lugar en el que los guerrilleros realizarían las emboscadas de aniquilamiento; es decir, si iban a caer militantes, la cúpula montonera prefería que no fueran los más “importantes”, o sea, los guerrilleros; era preferible que en el secuestro, tortura, violación y posible asesinato y desaparición, cayeran adolescentes militantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), poseedores de poca o nula, instrucción militar, ¡que total, son los menos útiles para la causa de la liberación nacional!, y si se trataba de militantes de los “frentes de masa”, que no sólo no eran guerrilleros, sino tampoco, milicianos, por lo cual, no participaban de ninguna de las acciones ya referidas, ¡mejor todavía!, porque esos militantes desarmados de “La tendencia revolucionaria del peronismo” (que fueron la inmensa mayoría), que realizaban acciones solidarias que no eran violentas, como ser: prestar toda clase de ayuda a las personas residentes de los barrios más carenciados (trabajo en comedores, apoyo escolar, asistencia médica, y más cosas), para los capos de Montoneros, eran básicamente, “cuatros de copas”, de ahí que cuando apareció la Triple A, los dejaran desprotegidos, pese a sus reiterados pedidos de envío de combatientes a sus Unidades Básicas, para protegerlos.
   Por cosas así, y por muchas más, los integrantes de la cúpula montonera han sido repudiados, merecida y casi unánimemente, por los miembros de su propia organización.

Tormentosos años

   A los milicianos, cuya preparación en el manejo de armas, era muy elemental, sus superiores les daban armamento de poca potencia, como por ejemplo: revólveres calibre 22, de marcas que ellos mismos no usaban, por considerarlas de ínfima calidad, como la Doberman, ya que las de mayor potencia y mejor calidad, las reservaban para los combatientes, y cuando los milicianos se veían en la necesidad de usarlas al llegar la policía o los militares, muy rara vez, lo hacían exitosamente; por saber esto es que Daniela decidió acompañar a los milicianos en acciones cuya validez, necesidad y utilidad, NO CREÍA EN ABSOLUTO (como no creía tampoco en Montoneros, ya que venía del anarquismo; en su Uruguay natal, había pertenecido a la ROE -Resistencia Obrero-Estudiantil- y a su facción armada: la OPR-33 -Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales-; organizaciones derivadas de la FAU -Federación Anarquista Uruguaya-), pero fue que… en esos tiempos, era MATAR O MORIR, y fue así, que al verse perseguida en Uruguay, se exilió en Argentina en donde la persecución a los uruguayos acá exiliados, continuó, de ahí que decidiera incorporarse a una agrupación armada que fue Montoneros.
   En aquellos tiempos se había desatado una tormenta en la cual, quien había participado de actividades políticas de izquierda, anarquistas, o en actividades de ayuda social, era susceptible de ser marcado por los agentes del estado y puesto en una lista de “subversivos”, y eso equivalía a perder, en la consideración de las autoridades, el derecho a existir, de ahí que los militantes que no fueran de derecha y se quedaran quietos, inermes, fueran presas casi seguras de los represores estatales que sometían a sus víctimas a terribles tormentos; ese terror, empujó a muchos militantes desarmados, a armarse, en un intento de sobrevivir o, al menos, de caer peleando, cosa que dije ya, cualquier cantidad de veces y que deberé seguir repitiendo, ya que la historiografía, rara vez menciona esto como factor causal principal, del ingreso a agrupaciones armadas, de personas que durante años, participaron de acciones sociales y políticas, sin recurrir a las armas, y es un factor causal que, lejos de haber sido raro, ha sido habitual.

Cuidadores

   Los combatientes montoneros: Lalo y Daniela, desde la distancia, controlaban que los milicianos pudieran salir de la escena, sin problemas, y… ¿qué problema podría sobrevenir? La llegada de la policía o de los militares; estos últimos, como ya dije en alguna oportunidad, ya en ese año ‘75, estaban habilitados para realizar operativos de tipo policial.
   Lalo daba vueltas por el área en un FIAT 128; Daniela había llegado al lugar, en un Renault 4, conducido por un tal Martín Rabezzana.

Tras la operación de hostigamiento ocurrida en Garrido al 300, San Isidro

   Los milicianos ya referidos al comienzo de este texto, tras romper con el vehículo en el que habían llegado, una de las
vidrieras de una concesionaria y disponer “caños” bajo rodados expuestos para la venta, en el interior de la misma (eran dos varones y una chica), como ya fue expresado, subieron a la caja del Rastrojero que otro miliciano, manejaba, pero al llegar a la esquina con la calle 9 de Julio, un patrullero se les cruzó, y no pudiendo frenar a tiempo, con el mismo, chocaron; el choque fue menor, de ahí que nadie saliera herido, pero fue suficiente para que los policías pudieran reducir a los cuatro jóvenes.
   Los milicianos fueron apuntados con armas por los uniformados y les fue ordenado arrojarse al piso, cosa que los cuatro, hicieron; instantes después, detonaron los explosivos que venían de poner en la concesionaria; esto generó una distracción en los policías que fue aprovechada por la integrante femenina del pelotón; la chica, que se llamaba Elina, velozmente se levantó y corrió hacia la esquina opuesta; una vez en la calle Belgrano, dobló a la derecha y tras correr unos veinte metros, fue interceptada por un policía de civil de unos
35 años, de cabellera engominada y peinada a lo Gardel.
   El tipo, ni bien la agarró, se puso detrás de su persona, le apretó fuertemente la cintura con su mano izquierda, y su boca, con la derecha; rápidamente, la llevó al interior de un negocio de ropa, cuyos clientes y empleados, se habían ido corriendo del lugar, al iniciarse las tareas de hostigamiento milicianas, que no sólo en la calle Garrido, se habían dado, sino también, en Belgrano, ya que otro pelotón miliciano, por esa calle, había pasado.
   Una vez dentro del negocio, el policía, tras mirar a su alrededor y constatar que no había nadie, llevó a la joven hasta una habitación lateral, fuera de la vista desde el exterior; una vez ahí, soltó el agarre que de ella, hacía con su mano izquierda, de su cintura, y también el que hacía con su mano derecha, de su boca; a Elina, de quince años, agarrándola de un brazo, la hizo dar vuelta, para verla de frente; mientras la miraba, le dijo:
   -¡Uuuuhhh! ¡Qué buena qué estás, pendeja! ¡Y qué bueno que seas subversiva, porque eso me hace tu dueño! -y le pasó la lengua por una mejilla.
   Elina logró apartarse hacia atrás, y sacó el revólver calibre 22, que le habían dado; el represor, de inmediato se lo sacó de las manos y le dio un golpe en el rostro que la hizo caer; seguidamente, dejó el arma sobre un mueble y después, a Elina le pateó una pierna mientras la llamaba: “comunista de mierda”; acto seguido, agarrándola de los pelos, la arrastró hacia un sillón de tres cuerpos; ella gritaba y suplicaba que la dejara irse; el represor le dijo:
   -Callate putita, que no te va a servir de nada suplicar.
  Mientras tanto, el policía procedió a desabrocharse el pantalón, ya que violarla, él sentía que era parte del cumplimiento de su deber; a fin de cuentas, así como tantos de sus colegas… ¡para eso se había hecho policía! Para poder violar impunemente, y la impunidad, no sería sólo legal, según su criterio, también sería moral, ya que el estado le había inculcado la idea de que todo lo que hacía, lo hacía por el “pueblo”, por la “civilización occidental y cristiana”, y por otras entelequias tan absurdas, repudiables e injustificables, como esas, y el infligimiento de picana eléctrica, que se le había permitido realizar, era otra forma de violar, y a esa forma de violación, que habitualmente perpetraba, tenía también pensado, someter a Elina, una vez que la hubiera llevado a la comisaría.
   La joven, llorando y sollozando, cerró los ojos en un intento de evadir la situación terrible en curso que asumía, no haría más que agravarse, pero fue que ni dos segundos pasaron desde que los cerrara, que escuchó un disparo; entonces, volvió a abrirlos y casi en cámara lenta, vio al represor, caer al piso, tras ser impactado en la nuca, por una bala 9 milímetros de la pistola Star, de Daniela, que, fingiendo
ser una simple transeúnte, por los alrededores del teatro de operaciones de los milicianos, se paseaba, para intervenir en su defensa, en caso de ser necesario.
   Ya con el represor muerto, Daniela le extendió una mano a su compañera, y una vez que ella se levantó y la combatiente uruguaya la instó a salir, la joven miliciana se acercó al cuerpo del policía muerto y, con expresión furiosa, le dio dos buenas patadas.
      Lo que el policía planeaba hacer en contra de Elina, y que, a otras, había ya hecho, gracias a la acción de Daniela, nunca más, a nadie, haría.
   Por la velocidad y eficiencia del accionar ajusticiador de la guerrillera, el policía nunca llegó siquiera a saber qué le pasó.

Ya fuera del negocio de ropa || Tormenta de fuego

   Casi al mismo tiempo en que Elina era interceptada por el policía, se escucharon disparos en la esquina de Garrido y 9 de Julio, por lo que, tras salir del negocio junto a la miliciana, Daniela se acercó a la esquina de la calle Belgrano en que se encontraba, y Garrido, para mirar cautelosamente lo que pasaba en ese lugar, que era aquel en que estaba el Rastrojero en el que Elina, había llegado, y lo que había pasado era que el compañero montonero de la “loba” Daniela, apodado: Lalo, que era el otro combatiente que estaba ahí para cuidar a los pibes (si bien, desde mis 45 años, pueda decir que tanto él como Daniela, también eran pibes, ya que, con poco más de veinte
años, contaban), había bajado velozmente del FIAT 128 en que transitaba el área, y disparado con una escopeta Bataan 71 recortada, contra los dos policías que habían reducido a los jóvenes que componían el pelotón miliciano del cual, Elina era parte; a ambos les había dado muerte.
   Al ver los cuerpos de los uniformados en el piso, y a Lalo y a los milicianos, acercarse en dirección a ellas, Daniela se sintió un poco aliviada, y se dispuso a ir a su encuentro, pero rápidamente agarró a Elina de un brazo, llevándola a retroceder, porque advirtió que desde la calle Chacabuco, apareció otro patrullero que agarró por Garrido, cuyos ocupantes, claramente habían visto a los milicianos y en dirección a ellos, transitaban, entonces Daniela, cuya presencia no había sido advertida por los policías, cuando el patrullero
recién cruzaba hacia Garrido, apuntó su pistola contra los represores, y tres veces, disparó, hiriendo a ambos; seguidamente el auto chocó contra un árbol, y fue entonces que Lalo se acercó hasta el mencionado vehículo, y remató a sus ocupantes de un tiro de escopeta en la cabeza, a cada uno.
  Una vez pasada la tormenta de fuego, dos de los jóvenes se fueron en el FIAT 128 que manejaba Lalo, y Elina se fue con Daniela en el Rastrojero que uno de sus compañeros (que era el único mayor de edad del grupo de milicianos, y era poseedor de registro de conductor -cosa que conviene aclarar, porque no vaya a ser que alguien diga que estos jóvenes maravillosos, hacían algo ilegal), condujo.
   Mientras la camioneta se iba atravesando una cortina de niebla, que a la noche envolvía y que rápidamente empezaba a disiparse, estando apoyada parcialmente contra la puerta del acompañante, a los dos jóvenes milicianos situados a su izquierda, Daniela les dijo:
   -No sigan en esto, chicos; váyanse de acá mientras puedan;… ADÓNDE SEA, váyanse -y tras recostarse contra el asiento, evidenciando en su voz, una mezcla de resignación, tristeza y súplica, agregó: -Sálvense.
   Sus palabras fueron por los jóvenes, oídas, mas no así, escuchadas.

Previo a las operaciones montoneras

  A unas 20 cuadras de los lugares en los que las operaciones se realizarían, los montoneros sustraían los vehículos que habrían de usar en las mismas; el modus operandi era casi siempre el mismo: se esperaba a que un automovilista frenara ante un semáforo en rojo y se le exhibían armas; se trataba de apuntarlo lo menos posible o incluso, de no apuntarlo en absoluto; una vez que el conductor hubiera descendido, los individuos se identificaban como pertenecientes a Montoneros y le pedían perdón; seguidamente se retiraban.
   Alguno preguntará, qué pasaba si un conductor, oponía resistencia;… técnicamente, lo que podría haber pasado, es la apertura de fuego por parte de los guerrilleros, en su contra, y la subsiguiente muerte del automovilista, pero hete aquí, algo increíble y cierto: en el curso de robos de vehículos a civiles, los guerrilleros argentinos de los 70, JAMÁS MATARON NI HIRIERON A NINGÚN AUTOMOVILISTA, pese a que en dichos robos, incurrieron cientos y cientos de veces, durante el primer lustro de la década del 70.
  Cabe señalar que los policías y los militares, al realizar operativos de secuestros de personas, tenían área libre, proporcionada por las comisarías correspondientes a los lugares de los hechos; en tales casos, no sólo robaban los bienes de los secuestrados, sino que además, aprovechaban para robar vehículos de automovilistas que por el “área libre”, transitaban; todo esto ocurría ya desde antes de la dictadura, y, por supuesto, durante la misma, se magnificó; se sabe que la ESMA estaba llena de vehículos que los represores habían robado, para después, con papeles falsos hechos por los mismos secuestrados, que eran usados como esclavos, venderlos.

Análisis sobre la justificabilidad de los hechos

   Aun cuando ciertos hechos violentos realizados por guerrilleros, puedan ser por mí, justificados, por ejemplo, cuando eran contra torturadores, violadores y asesinos que, por pertenecer al estado, no eran por las autoridades, perseguidos, y que seguirían haciendo lo que hacían si no se les oponía violencia, hay otros hechos que no son en absoluto, justificables, y eran cotidianos, como el ya mencionado, robo a mano armada de vehículos, y el mismo, aun si no resulta en daño físico a sus ocupantes, necesariamente resulta en daño emocional, y eso es imposible para mí, de justificar, como también me parece injustificable el que los guerrilleros hayan matado a soldados que, por coerción estatal, estaban haciendo el servicio militar, durante sus irrupciones a unidades militares, con el fin de robar armamento; por cosas así (que entre los integrantes de las agrupaciones armadas, generaba constantemente disentimientos y deserciones), y por muchas otras que hicieron, es que digo que, en el uso de la violencia, a los guerrilleros se les fue la mano; de eso, no tengo ninguna duda, pero… ¿significa esto que la represión del estado en su contra (y en contra de cualquiera a quien los represores estatales decidieran ponerle el título de “subversivo”, fuera guerrillero o no), fue justificada, y sea algo por lo que a los terroristas del estado, haya que agradecerles? POR SUPUESTO QUE NO, ya que, así como ocurre con el delito común, los guerrilleros no salieron de la nada, sino de un contexto de injusticia social y represión sistematizada, perpetrada por el estado a través de las Fuerzas Armadas y de “seguridad”; fue la represión del estado, en sus múltiples expresiones, la que creó el medio ambiente propicio para que grupos de personas dispuestas a combatir a las autoridades, se conformaran, de ahí que agradecerle a los milicos y a la policía, por haber terminado con la “subversión”, equivalga a agradecerle a los bomberos por apagar un incendio que ellos mismos, generaron; ningún sentido tendría hacer cosa tal, además, si se considera que, por lo que los combatientes y milicianos, hacían, merecían una punición, la misma podría haber sido la que ya legalmente estaba previsto aplicarle a quienes cometen delitos, es decir, detención, juzgamiento y encarcelamiento, en lugar de una, constituida por secuestros, torturas, violaciones, asesinatos, desapariciones de cuerpos, robo de bienes a los secuestrados y a sus familiares, robo de bebés, e incluso, asesinatos de mascotas de las víctimas, que era algo que los Grupos de Tarea, hacían comúnmente, y todo esto no sólo se lo hicieron a quienes incurrían en delitos, sino también, a militantes políticos que no sólo no estaban a favor de la lucha armada, sino que incluso, estaban en contra de ella, a familiares de secuestrados, por reclamar por sus seres queridos y también a sus abogados; cabe destacar que cualquiera que tuviera relación con una persona señalada por las autoridades como “subversiva”, quedaba en la mira de los terroristas del estado, aunque no tuviera nada que ver con actividades guerrilleras, de ayuda social ni políticas, y era común, que también sufriera represión ilegal.
   Por todo lo dicho, insisto con que ningún sentido tendría, agradecerle a los terroristas del estado, por lo que hicieron, lo que sí considero sensato, es el agradecerle a los jóvenes insurrectos de los ‘70, por su insurrección, ya que nos mostraron que solamente cuando se le presenta oposición a aquello que se considera injusto, la vida merece ser vivida.

viernes, 23 de enero de 2026

Daniela… mi loba insurrecta querida… (cuento) - Martín Rabezzana

Este cuento es una continuación de: “Manifestaciones del misterio”, publicado en mi libro: “Vía dolorosísima”; ese cuento es a su vez, una continuación de: “Corré, Daniela… ¡CORRÉ!”, publicado en el mismo libro.

-Palabras: 2.200-
Siglo 21 que se mezcló con el 20 y con el no tiempo

   Hace pocos años, salí a dar un paseo por mi barrio que asumí, sería ordinario e intrascendente, pero no fue así, ya que a partir de mi encuentro inesperado con una ex compañera de escuela, el mismo volviose absolutamente EXTRAORDINARIO Y TRASCENDENTE, y lo fue, no sólo por la distancia que entre ella y yo, fue vencida, tanto en lo físico como en lo álmico, sino además, por otras distancias que, gracias a ella, vencí, que fueron las del espacio y el tiempo.
   En algún momento en que, con ella estaba, de un Renault 4, que estacionó del lado de la calle más cercano al de la vereda de enfrente de donde estábamos, descendió Mora (no se si la conocen; es una joven de americanísimo pelo y piel, deslumbrante y cautivante, por donde se la mire); ella me saludó y nos abrazamos; después de eso, en el auto de Mora, con mi ex compañera de escuela, hicimos varios viajes tan sublimes como surrealistas; en algún momento, ella me dijo que yo debía continuar el viaje solo, y yo, así lo hice, entonces,
sin saber adónde me dirigía, manejando el Renault 4 llegué hasta un lugar que ahora sé que era Pinamar en el año 1975; una vez ahí, me encontré con uno de mis personajes: Ana Daniela Lobo, que es una anarquista uruguaya de la ROE y de la OPR-33, que, al ser perseguida por las autoridades de Uruguay, se exilia en Argentina, ingresa a Montoneros y se convierte en una guerrillera temible, y fue que, sin yo saber exactamente en qué lugar ni en qué tiempo, estaba, a Daniela la vi doblar la esquina de la calle Eolo, y agarrar por De las Silfides, que era la calle en la que yo, junto al Renault 4 en que había llegado, me encontraba; como misteriosamente se había materializado una escopeta Bataan 71 recortada, en el asiento trasero del auto, y yo la había agarrado, por reconocerla y ser obvio que de alguien escapaba, a la mujer se la arrojé, ella la agarró, se dio vuelta, y le dio muerte al represor de la Triple A, que la estaba persiguiendo; seguidamente subí al auto en calidad de conductor, llamé a Daniela para que al mismo, subiera, y una vez ella acomodada en el asiento delantero del acompañante, nos fuimos del lugar, rumbo a otro tiempo, que es adonde ella me había respondido que quería ir, tras yo, a ese respecto, preguntarle.
   Yo desconocía cuáles eran las reglas del lugar en el que me encontraba, pero, por algún motivo, sentí que podía conducir nuestro rumbo, y no me equivoqué, ya que tras un rato de andar por una ruta, ingresamos a un túnel en el que, luces extremadamente intensas de todos los colores, alumbraban nuestro paso; una vez fuera del mismo, aparecimos en una noche fría, en Quilmes Ciudad, en el año 2024, en la calle Moreno al 300.

Hermosísima loba del cercano oriente

   Daniela, evidenciando sorpresa en su hermoso rostro, miraba a los vehículos modernos que por la calle, circulaban; me preguntó:
   -¿En dónde estamos?
   Yo dije:
   -Parece que en Quilmes, en mi tiempo.
   -¿Y qué tiempo sería ese?
   -El año 2024.
    -Uaaaaauuuu -dijo ella.  
   Y permanecimos callados durante el rato en que conduje por la calle Moreno; en esa calle, esquina con Nicolás Videla, se encuentra el ex Ciudad de Quilmes Apart Hotel; durante el coronavirus, el hotel cerró, y pasó a funcionar como edificio de departamentos; yo, en ese momento, ahí estaba viviendo.
   Le pregunté a la joven a mi lado si quería que paráramos en mi casa, a lo que ella respondió que sí, entonces, al estacionamiento del Quilmes Apart, ingresamos, y subimos hasta el tercer piso, en donde mi departamento, se encontraba.
   Una vez en mi casa, le pregunté si quería tomar mate, y ella me dijo:
   -¡Siiii, dale!
   Y mate, tomamos, sentados a la mesa, mientras hablábamos de cualquier cosa; entre esas cosas que hablamos, estuvo la lucha armada de los 70; al respecto, no quise decirle cuál fue el final de muchísimos militantes revolucionarios de Argentina ni de Uruguay, y ella, como presintiendo cuál, el mismo, había sido, no quiso preguntármelo, lo que sí le dije, fue que muchos jóvenes revolucionarios argentinos de los 70, terminaron viviendo en Puerto Madero.
   -Eeeehhh… ¿tan mal terminaron, económicamente? -dijo ella sorprendida.
    Yo, “rescatándome” de que Puerto Madero, en los años ‘70, era un lugar en ruinas, le dije:
   -Es que… Puerto Madero fue renovado a finales de los 80; ahora es mayormente un lugar caro y turístico.
   -Aaahhh… mirá vos… nosotros, en los ‘70, ahí nos escondíamos muchas veces y le llevábamos comida y bebidas, a los linyeras que ahí dormían;… Lo que tengo que entender de lo que dijiste, es que si muchos de los ex revolucionarios, viven en Puerto Madero, es porque se convirtieron en la porquería capitalista, que de jóvenes, repudiaron y combatieron.
   -Exactamente -dije yo.
   Tras unos segundos de silencio, ella dijo:
   -Y... en Uruguay… ¿qué pa...? ¡No no no! Mejor, no me digas.
   Y yo, no le dije qué pasó en Uruguay, lo que le dije, tras levantarme y constatar que en la heladera, muy pocas cosas, había, fue:
   -Te ofrecería algo de comer, pero justo no tengo nada… pero podemos ir a un bar, si querés; ¿querés?
   -Sí, quiero, pero dentro de un rato; prefiero que nos quedemos acá, por ahora, así descanso un poquito.
   Yo dije:
   -Bueno.
   Seguidamente prendí la computadora y le mostré internet; le dije que a través de los aparatos conectados a dicha red, se puede escuchar música, ver videos, películas, leer libros, comunicarse con personas de todo el mundo y que se puede llevar a todas partes en los (nefastos) dispositivos de vigilancia que la mayoría de la gente, en estos tiempos, tiene, que son los teléfonos celulares;… le mostré mi blog; le dije que escribía sobre ella y sobre María Clara, entre otras, y le mostré publicaciones en que ella aparece como personaje literario mío; ella dijo:
   -Entonces… vos me creaste… 
   Yo, nada dije; ella me preguntó:
   -¿Escribiste cosas que van a pasarme después del año ‘75?
   -Sí.
   -Y lo que estamos viviendo ahora, ¿ya lo escribiste?
   -No; lo voy a escribir después.
   Y tras pensarlo unos instantes, Daniela dijo:
   -Entonces, no me creaste; me percibiste y me transmitiste;… ¡menos mal!
   -¿Por qué, “menos mal”?
   -Y… porque… mucho de lo que yo vivo, es jodidísimo, y te podría culpar a vos, por eso, pero si no me creaste, sino que me percibiste y me transmitiste, no te puedo culpar, y te puedo querer… ¿fue así?
   Tras unos segundos, le dije:
   -No me pasa con todos los personajes ni con todas las situaciones que escribo, el sentir que más que crearlos, los percibo y transmito; me pasa sólo con algunos, y entre ellos, estás vos.
   Después, prendí la cámara de la computadora, saqué una foto de ambos, y le dije:
   -Mirá.
   Daniela, al ver la foto, sonrió; después filmé un video y se lo hice ver; nada dijo al respecto, solamente se rió; después me dijo:
   -Poné música; vamos a bailar.
   Yo le dije:
   -No sé bailar.
   Y agarrándome de las manos, dijo:
   -¡Dale dale!
   -Bueno, está bien -dije yo, y busqué un video de “música bailable”.
  Con Daniela bailé un rato, al ritmo de música alegre, que la puso más alegre aún de lo que ya estaba; después me dijo que pusiera algo lento; yo busqué algo lento y ya con música lenta sonando, ella apoyó su cabeza contra mi pecho, y así bailamos durante algunos minutos.
   En cierto momento, la joven, como habiendo ganado de pronto, una timidez que en su extrovertidísima personalidad, parecía no haber tenido lugar, nunca antes, dejó de bailar, y mirándome con pudor, me dijo:
   -Bueno… ahora sí tengo ganas de ir hasta un bar y comer algo.
   Y hacia un bar, fuimos.
   Una vez en el bar, comimos, tomamos algo, y seguimos hablando durante casi dos horas que fueron para mí, extremadamente felices, como lo habrían sido para cualquiera que estuviera con Daniela, ya que era increíblemente divertida y su alegría y positividad, eran tremendamente contagiosas; no parecía en absoluto ser alguien cuya vida se desarrolla en medio de tragedias.

Daniela: loba guerrillera y amadora

   Tras salir del bar, dimos una vuelta por el barrio, para después, volver a mi departamento; una vez de vuelta en el mismo, desplegué toda mi caballerosidad, ofreciéndole quedarse en mi cama, y diciéndole que yo podría dormir en el sillón, pero ella tenía otra idea mejor, y me la comunicó:
   -Martín… ¿por qué mejor, no compartimos tu cama?... Hay espacio para los dos, ¿o no?
   Con gran emoción, le dije:
   -¡Sí!
   Y hacia el dormitorio, fuimos; una vez en el mismo, ella me abrazó. Nos abrazamos. Seguidamente nos besamos y nos desvestimos mutuamente; antes de que estuviéramos completamente desnudos, Daniela me hizo sentar en la cama y tras bajar mi ropa interior, agarró mi miembro con una mano, lo metió en su boca y lo chupó durante un rato, para después, pasar a  besarlo, lamerlo, después, a morderlo y después, a chuparlo de nuevo para seguidamente, volver a besarlo, lamerlo, morderlo y chuparlo; tras varios minutos de hacer esto, se levantó, y yo la empujé suavemente hacia la cama, en la cual, quedó acostada boca arriba; su pecho desnudo, besé, lamí, mordí y chupé, durante un rato, para seguidamente sacarle la bombacha; tras hacer esto último, durante varios minutos, besé, lamí, mordí y chupé, a su hermosísima (y riquísima) concha, mientras la acariciaba y alternaba todo esto, con penetración digital; cuando Daniela, que gemía progresivamente más fuerte, con sus manos alejó a mi boca de su entrepierna, supe que estaba lista para lo siguiente, entonces dirigí mi miembro erecto hacia su vagina, y lo introduje en ella.
   En varias posiciones nos amamos durante varios minutos hasta que, tras pedirle un permiso que ella me concedió, en su interior, eyaculé.
   Tras hacer el amor, permanecimos en la cama y hablamos; vimos televisión y tras un rato, la sed de entrepierna de la mujer a mi lado, volvió a invadirme, por lo que le dije:
   -Loba…
   Ella me dijo:
   -Estoy cansadísima…
   Entonces reprimí mis deseos de comunicarle que quería volver a emborracharme con el flujo de su vagina, y con las gotas doradas que de la misma, brotaron, cuando mi boca sobre ella, puse, pero la decepción no me duró mucho, porque enseguida, ella me dijo:
   -Pero… por más cansada que esté, sin unos cuantos orgasmos más, esta loba no va a poder conciliar el sueño, así que, estimado Martín: prepárese para hacerme aullar varias veces más.
   Y puso su mano izquierda en mi entrepierna y estimuló a mi miembro manualmente, mientras nos besábamos, para después, volver a ponerlo en su boca y… todo lo demás.
   Unos cuantos orgasmos más, nos provocamos, antes de dormir.

Percepción extrasensorial y hasta luego

   Durante la noche tuve un sueño extremadamente vívido, que me mostró lo que debía pasar: Daniela debía volver a los años ‘70, cosa que yo no quería que pasara, ya que lo que quería, era que se quedara conmigo, pero… eso no debía ocurrir, y si bien consideré que tal vez habría manera de transgredir al destino, por algún motivo que, con palabras, es imposible de transmitir, sentí que eso, en esta oportunidad, no habría sido correcto; ella debía volver a donde pertenecía.   
   Tras ella despertarse, yo iba a comunicarle lo recién expresado, pero no hizo falta, porque me dijo:
   -Vos soñaste lo mismo, ¿no?
    Yo, tristemente asentí.
   Volvimos a tomar mate, volvimos a hacer el amor, y después, juntos nos duchamos; seguidamente, nos cambiamos, y fuimos hasta la playa de estacionamiento en donde estaba el Renault 4.
   Ya en el auto, lo conduje sin tener prefijado un rumbo; tras algunos minutos, aparecimos de nuevo en el mismo túnel de luces extremadamente intensas, que nos había conducido hasta el Quilmes del año 2024; tras veinte minutos de viaje, del túnel, salimos, y aparecimos una noche de mediados del año ‘75, en la calle Belgrano al 330, de San Isidro; en esa área, Daniela debía cuidar a unos milicianos montoneros que se preparaban para realizar operaciones de hostigamiento; todo esto, ambos lo
vimos al dormir, por lo que, ninguna duda tuvo ella, de qué era lo que debía hacer, ni yo tampoco dudé, sobre qué es lo que debía hacer ella ni qué era lo que debía hacer yo.
   Abrí la guantera, en la cual, una pistola Star 9 milímetros y dos cargadores completos, había, y se los di;  ella le puso uno de los cargadores al arma, que rápidamente guardó sobre su espalda baja, mientras que al otro cargador, lo guardó en un bolsillo de su pantalón; seguidamente, nos abrazamos fuertemente; después, nos besamos; una vez concluido el beso, le dije:
   -Buena matanza, mi loba insurrecta querida.
   Ella me sonrío, nos dijimos "hasta luego", nos dimos un último beso, y del Renault 4, bajó.
   Daniela se fue a cumplir con su destino, y yo, a cumplir con el mío, que, si bien, entonces lo desconocía, eran uno solo.

domingo, 18 de enero de 2026

Emboscada de aniquilamiento (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 2.027-
Poder judicial = Parodia de justicia

   En 1971, durante la dictadura de Lanusse, se creó el “Camarón” (Cámara Federal en lo Penal de la Nación); tribunal cuyo propósito específico era el de juzgar a quienes incurrieran en actividades guerrilleras y a aquellos acusados de colaborar con ellas.
   El "Camarón" utilizaba como evidencias, declaraciones obtenidas bajo tortura, en recintos policiales y militares, motivo por el cual, dos años después de su creación, tras la democracia representativa, retornar, dicho tribunal fue abolido por el Congreso Nacional, el mismo día en que Héctor Cámpora, asumió la presidencia.
   El nuevo presidente, desde la noche del día de su asunción (25 de mayo de 1973) fue presionado por una manifestación constituida por decenas de miles de personas que le exigían la liberación de los llamados “presos políticos” (el hecho se conoció como: “El Devotazo”); como negarse a eso, habría implicado para él, tener que ordenarle a la policía, reprimir, y cosa tal, no podía hacerla, ya que se suponía que su gobierno sería diametralmente opuesto al anterior, por ser de iure y el anterior, de facto, decidió conceder indultos a los que, horas después, se sumaron amnistías otorgadas por el Congreso; esto resultó en la liberación de cientos de guerrilleros.
   Los ex integrantes del ya disuelto “Camarón”, quedaron en la mira de muchísimos combatientes, recientemente liberados, que, por obra de ellos, habían sido encarcelados. No obstante, dado que Cámpora era representante de Perón, las organizaciones guerrilleras peronistas, decidieron hacer una pausa al fuego; pausa que, del gobierno de Cámpora, prolongarse (duraría solamente 49 días), se puede suponer que habría sido prolongada, pero... el PRT-ERP, NO ERA UNA AGRUPACIÓN PERONISTA, y si bien, por no entrar en conflicto con la izquierda peronista con la cual, tenía mucha afinidad, su conducción había manifestado que no atacaría al gobierno, sino solamente a las “Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias” y a las grandes empresas extranjeras, lo cual, significaba que los ex camaristas, no estarían entre los objetivos a eliminar, no todos los combatientes estaban de acuerdo con respetar tal directiva, de ahí que algunos de ellos, a determinado magistrado que los había condenado, decidieran ir a buscar.

El plan

   Tras unos días de trabajo de inteligencia, los cuatro combatientes del Ejército Revolucionario del Pueblo, concluyeron que el magistrado, no tenía custodia; él se la había solicitado al presidente Cámpora, pero éste, considerándolo cómplice del recientemente finiquitado, gobierno de facto, decidió no asignársela.
   El plan era sencillo: dos combatientes tocarían timbre en la casa del juez, poco antes del mediodía (siendo sábado, asumían que se encontraría en su domicilio a esa hora), diciendo que estaban ahí, para entregar una cómoda; los dos llegarían en una camioneta identificada como perteneciente a una mueblería; una vez que abrieran la puerta, ingresarían al inmueble en busca de su persona, o dispararían ahí mismo, de ser él, quien abriera; ambas situaciones, los combatientes las
consideraron muy poco probables por darse, de ahí que la idea principal, fuera la de que uno de los dos guerrilleros que hasta la puerta se acercarían, distrajera a quien fuera que del otro lado de la misma, respondiera, mientras el otro, por el pasillo lateral que daba al patio (que era abierto), iría en busca del magistrado, y en caso de darse que él respondiera, no desde detrás de la puerta, sino desde detrás de una ventana, se lo ultimaría ahí mismo. Mientras tanto, en un Dodge 1500, transitarían por el área, dos combatientes que intervendrían si fuese necesario.
   El modo habitual de los muchachos del ERP, de aniquilar, era mediante ráfagas de ametralladoras; esto se hacía si se daban las condiciones, es decir, si no había nadie más que el objetivo a eliminar, en el área; de haber otras personas, se tiraba del gatillo con el cerrojo cerrado, ya que así, se dispara un tiro a la vez; no obstante, en este caso particular, los combatientes no contaban con pistolas ametralladoras ni fusiles, ya que las armas más importantes (como esas), debían irlas a buscar a determinados lugares, tras serles habilitadas por la superioridad, al serles por la misma, asignada una operación; una vez ella concluida, debían devolverlas, pero la operación en cuestión, no les había sido a ellos asignada por nadie; la realizaban por cuenta propia, de ahí que solamente tuvieran las armas cortas que a diario, portaban, que en este caso, eran pistolas.
   Las pistolas calibre 45, Ballester-Molina y Colt 1911, de aquellos tiempos, tenían capacidad para siete balas; pese a haber otras pistolas ya en uso por las fuerzas policiales y militares, cuyos cargadores contenían unas 13 balas, muchos preferían las de calibre 45 por su mayor poder de detención; las de mayor capacidad municional más comunes, eran calibre 9 milímetros, y en ese entonces se consideraba que tenían muchísima menos potencia que las de calibre 45, no obstante, el calibre 45 fue dejado de lado cuando investigaciones más profundas, revelaron que en realidad, el mismo tiene apenas un 15 % más de dicho poder, que el 9 milímetros.
      Los cuatro combatientes del ERP (tanto los dos que estaban disfrazados de empleados de mueblería, como los otros que en el Dodge 1500, circularían por los alrededores), tenían pistolas Colt y Ballester-Molina, calibres 45.

Emboscada(s)

   Perú 1068, Acassuso; 9 de junio de 1973; 11:38 horas.
   Los dos guerrilleros, vistiendo mamelucos, en una camioneta FIAT 125 multicarga, identificada como perteneciente a la mueblería “Vittoria” (acababan de sustraerla), llegaron hasta la dirección ya referida y estacionaron frente a la casa del magistrado; por los alrededores, cada tanto pasaba el auto de apoyo, para controlar que todo estuviera saliendo bien.
   Ambos guerrilleros, tras bajar de la camioneta, descargaron la cómoda y la acercaron hasta el frente de la vivienda del juez; uno de ellos tocó el timbre y desde el otro lado de la puerta, tras algunos segundos, le fue respondido:
   -¿Sí?
   -Buen día señor. Somos de la mueblería; traemos la cómoda.
   -No compramos ninguna cómoda -dijo el juez.
   -¿Está seguro?
   -Sí sí; tienen mal la dirección, evidentemente.
  Y tras hacerle un gesto con la cabeza a su compañero, éste último se fue hacia el lado izquierdo del lugar, en un intento de ingresar al inmueble por el pasillo lateral que daba al patio; mientras tanto, el primer guerrillero, tratando de distraer al juez, le dijo:
   -Pero... a ver, señor: si no es acá, ¿puede ser, que sea por acá, que alguien compró una cómoda?
   -Sí, puede ser, pero acá no fue.
   -¿Podría usted, por favor, llamar a algún vecino por teléfono, y preguntarle si está esperando la entrega de una cómoda o si sabe de alguien por acá, que la espere?, porque si no, no podemos cumplir con nuestro trabajo, e imaginesé que vamos a tener problemas con nuestro patrón, ma… ¡qué problemas! PROBLEMONES, porque es un tipo muuuuuy severo; ¡no sabe usted lo que es!, encima, con ese castellano cocoliche que habla, ¡se le entiende por la mitad!; el tipo es alguien que… 
   Y abruptamente dejó de hablar, al escuchar el primero de los tres disparos que en contra del juez, desde el interior de la casa, su compañero, efectuó.
   Mientras tanto, en el exterior acababa de estacionar un taxi Renault 12 en el cual, viajaban dos custodios que acababan de ser contratados por el magistrado, y que al escuchar los disparos en el interior de la casa, automáticamente supusieron que el hombre que se encontraba en el exterior, era un guerrillero (no es que fueran muy sagaces, lo que pasa es que eso, lo pensaban de prácticamente todo el mundo).
   El guerrillero, al advertir la llegada del taxi, se inquietó bastante, por lo que metió la mano dentro de su mameluco para sacar de su interior, la pistola que llevaba, en el mismo momento en el que su compañero, que acababa de ajusticiar al juez, salía de la casa por la puerta principal, pero no llegó a dispararla porque el custodio que estaba en el asiento delantero del acompañante, del lado más próximo a la vivienda, con su brazo derecho fuera de la ventanilla, con un revólver Smith & Wesson .38 Special, abrió fuego contra él, impactándolo dos veces y llevándolo a morir, casi de inmediato; su compañero logró evadir los siguientes dos disparos que el custodio, realizó, mediante la puesta en práctica de un “rodamiento de combate” hacia un costado, y una vez en el piso, sacó su pistola 45 y en dirección al taxi, tres veces, disparó; dos de los disparos dieron en el custodio que había abierto fuego, causándole la muerte, el otro, lamentablemente dio en el taxista, que ninguna relación tenía con los dos represores; mientras tanto, el segundo custodio que se encontraba en el asiento trasero, del vehículo había bajado y tras el mismo, se había escudado; con una pistola Beretta, calibre 9 milímetros en mano, cautelosamente miró en dirección al combatiente que del suelo, se acababa de levantar, y que se había acercado hasta su compañero, constatando con pena que por él, nada se podía hacer; el joven revolucionario, que no parecía haber advertido la presencia del segundo custodio, fue sorprendido por éste (quien, al igual que su compañero ya muerto, era policía), que contra él, dos veces, disparó; con el primer disparo, lo hirió en su brazo izquierdo, pero con el segundo, no logró impactarlo porque de inmediato, el guerrillero se arrojó al suelo; no llegó a haber un tercer
disparo efectuado por el represor, porque desde detrás de donde se encontraba, se acercó el Dodge 1500 de apoyo, y desde el mismo, el combatiente que estaba en el asiento delantero del acompañante, tras sacar su pistola a través de la ventanilla, tres veces lo impactó en la espalda, llevándolo de inmediato, a caer al suelo; una vez que el auto estuvo casi al lado del cuerpo, frenó, y rápidamente, quien del mismo, descendió (que era quien acababa de disparar), al custodio le dio un último disparo en la cabeza; seguidamente el partisano le abrió la puerta derecha trasera a su compañero herido, que rápidamente se había acercado, y tras cerrarla y él subir al asiento delantero del acompañante, a gran velocidad, los combatientes se fueron del lugar.

Una pata de la mesa

   Los jueces son una parte fundamental de este ordenamiento social mundial que, como todos saben, se basa en la desigualdad de derechos y oportunidades entre las personas, de ahí que sólo se los pueda considerar “justicieros”, si consideramos que la desigualdad de derechos y de oportunidades, es justa; de no considerarlo uno así, de ningún modo puede considerar que los magistrados, sean hacedores de justicia; ¿qué son, entonces? SECUESTRADORES, VERDUGOS, TIRANOS… personas que han decidido arbitrariamente disponer de la vida de los demás, de ahí que si lo justo es recibir lo que se da (para bien y para mal), pueda considerarse justo, que alguien disponga de la de ellos, como hicieron los muchachos del ERP, con el juez de la historia que vengo de contar, además, al igual que los combatientes revolucionarios, los policías y los militares, los magistrados decidieron voluntariamente meterse en una actividad que implica arriesgar la vida; por propia voluntad decidieron participar del “juego”; nadie los obligó a meterse en lo que se metieron, por eso, en la consideración de la posibilidad de que en su contra, alguna represalia se dé, lo siguiente digo: QUE SE LA BANQUEN.
   De lo ocurrido en la historia, lo que para mí, de ningún modo se justifica, es lo del taxista.

Epílogo

   A diferencia de lo que prejuiciosamente puede llegar a concluirse, y esto es, que quienes se metieron en la lucha armada, eran personas de bajo nivel cultural, y que por eso recurrían a la violencia en un intento de resolver conflictos, la cosa era exactamente al revés; el nivel cultural de los militantes armados de los años 1970, era ALTÍSIMO, y no es de extrañar el que fueran extremadamente violentos, ya que el aumento de las tendencias violentas es una consecuencia invariable del hiperdesarrollo intelectual, de ahí que a quien se sienta tentado de descalificar a otro, aludiendo a su (verdadera o supuesta) falta de desarrollo intelectual, yo le recomiende calmarse, y tomarse un minuto para a ese respecto, reflexionar.