Este cuento es la continuación de: “Daniela… mi loba insurrecta querida...” Es el último de mi nuevo libro (¡que es el número 25!) llamado: Balas que buscan cuerpos // Cuerpos que buscan balas. Les dejo el enlace para el mismo: https://drive.google.com/file/d/1tVQpz8zLInTSt-m7bYb1zTFwEbvO9Xtw/view?usp=sharing
-Palabras: 3.913-
Mediados de 1975.
Garrido 300; San Isidro; provincia de Buenos Aires. 20:31 horas.
La camioneta Rastrojera chocó contra una de las vidrieras de la concesionaria de autos; una vez, la misma rota, tres muy jóvenes milicianos (dos chicos y una chica), bajaron de la caja del vehículo en que estaban (el que conducía, permaneció al volante) y rápidamente dispusieron bajo seis rodados, artefactos explosivos; acto seguido, volvieron al Rastrojero, que, de inmediato, arrancó.
En la misma área, había otros tres pelotones de milicianos montoneros, haciendo cosas parecidas (roturas de vidrieras y lanzamientos de bombas incendiarias) contra locales de empresas imperialistas.
Allá por 1975, este tipo de actos, se daban literalmente por decenas, varias veces por semana, en todas las grandes ciudades del centro y norte del país (el sur, quedó bastante al margen de todo esto; paradójicamente, “La masacre de Trelew”, que fueron asesinatos de guerrilleros perpetrados por los militares durante la dictadura de Lanusse, resultó fundamental para el crecimiento exponencial de las agrupaciones guerrilleras, ya que muchísima gente, a partir de ese hecho ocurrido en el sur del país, en el año 1972, empezó a ver a los guerrilleros, como héroes).
Emboscadas de aniquilamiento
No muy lejos del área en que las operaciones de hostigamiento, se sucedían, en Chiclana al 300, de la vecina ciudad de Béccar, poco antes de que llegara a su domicilio, a un directivo de la empresa Esso, que transitaba en un Ford Fairlane, y era acusado, además de ser explotador laboral, de financiar a grupos parapoliciales para que se ocuparan de sus empleados “problemáticos”, se le acercó un Peugeot 504 desde el cual, un montonero, con una pistola ametralladora FMK-3, desde el asiento delantero del acompañante, le disparó a él y a su chofer, que también era custodio suyo; con ambos ya malheridos, el Peugeot se le cruzó al Fairlane, obligándolo a frenar; una vez ambos autos, detenidos, el guerrillero que ya había disparado y el que iba en el asiento trasero (que también tenía una FMK-3), del mismo descendieron y contra los ocupantes del Fairlane, desataron una tremenda lluvia de balas; unos 50 metros atrás, segundos antes, tres combatientes montoneros a bordo de un Ford Taunus, lo mismo habían hecho con los dos ocupantes de un Torino, que eran custodios del empresario yanqui.
El balance de estas emboscadas fue para los montoneros, totalmente positivo, ya que fueron ajusticiados, tanto el empresario yanqui como sus tres custodios, y ninguna baja hubo entre los combatientes.
Análisis de los hechos
Todo esto, es sin dudas, terrible, pero… ¿no es terrible, que los empleados sean explotados, no sólo a través de remuneraciones miserables, sino además, al ser obligados a trabajar largas jornadas en condiciones insalubres? ¿No es terrible que, cuando los mismos se organizan para reclamar derechos, sean no sólo encarcelados, sino además, secuestrados y torturados por grupos parapoliciales y paramilitares, financiados por los mismos directivos de las empresas en que trabajan? POR SUPUESTO QUE SÍ, y todo esto fue moneda corriente en la Argentina de los años 1960 y 1970 (y de antes, también); la diferencia en estas décadas respecto a las anteriores, reside en que la resistencia a los explotadores capitalistas, ya no estaba constituida solamente por huelgas y sabotajes, sino también, por grupos armados que contraatacaban a los empresarios explotadores y a los grupos represores del estado, y el estado siempre favorece los intereses del poder económico concentrado, ya que fueron justamente los que se apropiaron de la tierra y de los medios de producción, quienes lo crearon, para defender sus vidas y sus privilegios.
Volviendo a la cuestión de lo terrible de todo esto, digo lo siguiente: es terrible que un grupo guerrillero se conforme, pero más terrible es, cuando la agresión es unilateral, y esto es lo que ocurre en la mayoría de los tiempos históricos; en los 60 y 70 del siglo 20, se empezó a responder a la violencia extrema de las corporaciones económicas que, como ya manifesté, tienen por defensores a las fuerzas represoras del estado, y fue por eso que, según mi criterio, empezó una etapa menos terrible (por ser menos injusta) que la anterior.
Los grupos guerrilleros llegaron para terminar con la unilateralidad de la violencia que las grandes corporaciones, a través del estado, contra los trabajadores, permanentemente perpetran, y lo que ocurrió entonces, fue MARAVILLOSO; ¡LOS GRANDES EMPRESARIOS EMPEZARON A TENERLE MIEDO A SUS EMPLEADOS, POR SABER QUE LA IMPUNIDAD, SE LES HABÍA TERMINADO!... Cuando eran secuestrados, sus empresas se veían obligadas a acceder a las exigencias de sus captores, y entre las mismas estaban, la de que aumentaran sueldos, mejoraran las condiciones laborales de sus empleados y la de que donaran ropa, alimentos y materiales de construcción, a gente de bajos recursos, ya que eso que llamaron: “Redistribución forzada de la riqueza”, solía exigirse como parte del pago de los rescates de los empresarios retenidos.
En aquellos tiempos, se empezaron a invertir los roles; se empezó a devolverle a los capitalistas, un poco del sufrimiento, que a otros, ellos están en la vida, para infligir a todo aquel a quien puedan; sabiendo todo esto, pese a lo terrible del periodo, no creo exagerar al definirlo como: “maravilloso”.
Jefatura injustificable
Los jefes montoneros, demostrando ser jerarcas tan repudiables como aquellos a los que combatían, no enviaban a los milicianos a realizar operaciones de “hostigamiento”, como ser, romper vidrieras de empresas imperialistas, arrojar bombas molotov, incendiar autos o poner explosivos menores, custodiados por combatientes; solían mandarlos solos, y en muchos casos, quienes realizaban estas tareas, eran pibes de 15 años; no obstante, a veces sí eran custodiados por combatientes durante dichos hostigamientos, y cuando esto se daba, era porque los guerrilleros se ofrecían a custodiarlos por iniciativa propia, ya que, como fue dicho, la cúpula montonera, en ningún momento se preocupaba por la seguridad de los militantes de superficie de su propia agrupación.
El objetivo (inconfesado) de los jefes montoneros, de muchas de las tareas de hostigamiento que a los milicianos, les asignaban, era el de distraer la atención de las autoridades, de hechos más graves que en otras partes de la misma área, estaba previsto realizar; en los casos mencionados, la rotura de vidrios, el lanzamiento de bombas incendiarias y la puesta de explosivos en la concesionaria de autos, previos al ajusticiamiento del empresario de Esso y de sus custodios, tuvo por objetivo que la policía y los milicos, fueran tras quienes, esos hechos, perpetraron, y se demoraran así, en llegar al lugar en el que los guerrilleros realizarían las emboscadas de aniquilamiento; es decir, si iban a caer militantes, la cúpula montonera prefería que no fueran los más “importantes”, o sea, los guerrilleros; era preferible que en el secuestro, tortura, violación y posible asesinato y desaparición, cayeran adolescentes militantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), poseedores de poca o nula, instrucción militar, ¡que total, son los menos útiles para la causa de la liberación nacional!, y si se trataba de militantes de los “frentes de masa”, que no sólo no eran guerrilleros, sino tampoco, milicianos, por lo cual, no participaban de ninguna de las acciones ya referidas, ¡mejor todavía!, porque esos militantes desarmados de “La tendencia revolucionaria del peronismo” (que fueron la inmensa mayoría), que realizaban acciones solidarias que no eran violentas, como ser: prestar toda clase de ayuda a las personas residentes de los barrios más carenciados (trabajo en comedores, apoyo escolar, asistencia médica, y más cosas), para los capos de Montoneros, eran básicamente, “cuatros de copas”, de ahí que cuando apareció la Triple A, los dejaran desprotegidos, pese a sus reiterados pedidos de envío de combatientes a sus Unidades Básicas, para protegerlos.
Por cosas así, y por muchas más, los integrantes de la cúpula montonera han sido repudiados, merecida y casi unánimemente, por los miembros de su propia organización.
Tormentosos años
A los milicianos, cuya preparación en el manejo de armas, era muy elemental, sus superiores les daban armamento de poca potencia, como por ejemplo: revólveres calibre 22, de marcas que ellos mismos no usaban, por considerarlas de ínfima calidad, como la Doberman, ya que las de mayor potencia y mejor calidad, las reservaban para los combatientes, y cuando los milicianos se veían en la necesidad de usarlas al llegar la policía o los militares, muy rara vez, lo hacían exitosamente; por saber esto es que Daniela decidió acompañar a los milicianos en acciones cuya validez, necesidad y utilidad, NO CREÍA EN ABSOLUTO (como no creía tampoco en Montoneros, ya que venía del anarquismo; en su Uruguay natal, había pertenecido a la ROE -Resistencia Obrero-Estudiantil- y a su facción armada: la OPR-33 -Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales-; organizaciones derivadas de la FAU -Federación Anarquista Uruguaya-), pero fue que… en esos tiempos, era MATAR O MORIR, y fue así, que al verse perseguida en Uruguay, se exilió en Argentina en donde la persecución a los uruguayos acá exiliados, continuó, de ahí que decidiera incorporarse a una agrupación armada que fue Montoneros.
En aquellos tiempos se había desatado una tormenta en la cual, quien había participado de actividades políticas de izquierda, anarquistas, o en actividades de ayuda social, era susceptible de ser marcado por los agentes del estado y puesto en una lista de “subversivos”, y eso equivalía a perder, en la consideración de las autoridades, el derecho a existir, de ahí que los militantes que no fueran de derecha y se quedaran quietos, inermes, fueran presas casi seguras de los represores estatales que sometían a sus víctimas a terribles tormentos; ese terror, empujó a muchos militantes desarmados, a armarse, en un intento de sobrevivir o, al menos, de caer peleando, cosa que dije ya, cualquier cantidad de veces y que deberé seguir repitiendo, ya que la historiografía, rara vez menciona esto como factor causal principal, del ingreso a agrupaciones armadas, de personas que durante años, participaron de acciones sociales y políticas, sin recurrir a las armas, y es un factor causal que, lejos de haber sido raro, ha sido habitual.
Cuidadores
Los combatientes montoneros: Lalo y Daniela, desde la distancia, controlaban que los milicianos pudieran salir de la escena, sin problemas, y… ¿qué problema podría sobrevenir? La llegada de la policía o de los militares; estos últimos, como ya dije en alguna oportunidad, ya en ese año ‘75, estaban habilitados para realizar operativos de tipo policial.
Lalo daba vueltas por el área en un FIAT 128; Daniela había llegado al lugar, en un Renault 4, conducido por un tal Martín Rabezzana.
Tras la operación de hostigamiento ocurrida en Garrido al 300, San Isidro
Los milicianos ya referidos al comienzo de este texto, tras romper con el vehículo en el que habían llegado, una de lasvidrieras de una concesionaria y disponer “caños” bajo rodados expuestos para la venta, en el interior de la misma (eran dos varones y una chica), como ya fue expresado, subieron a la caja del Rastrojero que otro miliciano, manejaba, pero al llegar a la esquina con la calle 9 de Julio, un patrullero se les cruzó, y no pudiendo frenar a tiempo, con el mismo, chocaron; el choque fue menor, de ahí que nadie saliera herido, pero fue suficiente para que los policías pudieran reducir a los cuatro jóvenes.
Los milicianos fueron apuntados con armas por los uniformados y les fue ordenado arrojarse al piso, cosa que los cuatro, hicieron; instantes después, detonaron los explosivos que venían de poner en la concesionaria; esto generó una distracción en los policías que fue aprovechada por la integrante femenina del pelotón; la chica, que se llamaba Elina, velozmente se levantó y corrió hacia la esquina opuesta; una vez en la calle Belgrano, dobló a la derecha y tras correr unos veinte metros, fue interceptada por un policía de civil de unos 35 años, de cabellera engominada y peinada a lo Gardel.
El tipo, ni bien la agarró, se puso detrás de su persona, le apretó fuertemente la cintura con su mano izquierda, y su boca, con la derecha; rápidamente, la llevó al interior de un negocio de ropa, cuyos clientes y empleados, se habían ido corriendo del lugar, al iniciarse las tareas de hostigamiento milicianas, que no sólo en la calle Garrido, se habían dado, sino también, en Belgrano, ya que otro pelotón miliciano, por esa calle, había pasado.
Una vez dentro del negocio, el policía, tras mirar a su alrededor y constatar que no había nadie, llevó a la joven hasta una habitación lateral, fuera de la vista desde el exterior; una vez ahí, soltó el agarre que de ella, hacía con su mano izquierda, de su cintura, y también el que hacía con su mano derecha, de su boca; a Elina, de quince años, agarrándola de un brazo, la hizo dar vuelta, para verla de frente; mientras la miraba, le dijo:
-¡Uuuuhhh! ¡Qué buena qué estás, pendeja! ¡Y qué bueno que seas subversiva, porque eso me hace tu dueño! -y le pasó la lengua por una mejilla.
Elina logró apartarse hacia atrás, y sacó el revólver calibre 22, que le habían dado; el represor, de inmediato se lo sacó de las manos y le dio un golpe en el rostro que la hizo caer; seguidamente, dejó el arma sobre un mueble y después, a Elina le pateó una pierna mientras la llamaba: “comunista de mierda”; acto seguido, agarrándola de los pelos, la arrastró hacia un sillón de tres cuerpos; ella gritaba y suplicaba que la dejara irse; el represor le dijo:
-Callate putita, que no te va a servir de nada suplicar.
Mientras tanto, el policía procedió a desabrocharse el pantalón, ya que violarla, él sentía que era parte del cumplimiento de su deber; a fin de cuentas, así como tantos de sus colegas… ¡para eso se había hecho policía! Para poder violar impunemente, y la impunidad, no sería sólo legal, según su criterio, también sería moral, ya que el estado le había inculcado la idea de que todo lo que hacía, lo hacía por el “pueblo”, por la “civilización occidental y cristiana”, y por otras entelequias tan absurdas, repudiables e injustificables, como esas, y el infligimiento de picana eléctrica, que se le había permitido realizar, era otra forma de violar, y a esa forma de violación, que habitualmente perpetraba, tenía también pensado, someter a Elina, una vez que la hubiera llevado a la comisaría.
La joven, llorando y sollozando, cerró los ojos en un intento de evadir la situación terrible en curso que asumía, no haría más que agravarse, pero fue que ni dos segundos pasaron desde que los cerrara, que escuchó un disparo; entonces, volvió a abrirlos y casi en cámara lenta, vio al represor, caer al piso, tras ser impactado en la nuca, por una bala 9 milímetros de la pistola Star, de Daniela, que, fingiendoser una simple transeúnte, por los alrededores del teatro de operaciones de los milicianos, se paseaba, para intervenir en su defensa, en caso de ser necesario.
Ya con el represor muerto, Daniela le extendió una mano a su compañera, y una vez que ella se levantó y la combatiente uruguaya la instó a salir, la joven miliciana se acercó al cuerpo del policía muerto y, con expresión furiosa, le dio dos buenas patadas.
Lo que el policía planeaba hacer en contra de Elina, y que, a otras, había ya hecho, gracias a la acción de Daniela, nunca más, a nadie, haría.
Por la velocidad y eficiencia del accionar ajusticiador de la guerrillera, el policía nunca llegó siquiera a saber qué le pasó.
Ya fuera del negocio de ropa || Tormenta de fuego
Casi al mismo tiempo en que Elina era interceptada por el policía, se escucharon disparos en la esquina de Garrido y 9 de Julio, por lo que, tras salir del negocio junto a la miliciana, Daniela se acercó a la esquina de la calle Belgrano en que se encontraba, y Garrido, para mirar cautelosamente lo que pasaba en ese lugar, que era aquel en que estaba el Rastrojero en el que Elina, había llegado, y lo que había pasado era que el compañero montonero de la “loba” Daniela, apodado: Lalo, que era el otro combatiente que estaba ahí para cuidar a los pibes (si bien, desde mis 45 años, pueda decir que tanto él como Daniela, también eran pibes, ya que, con poco más de veinte años, contaban), había bajado velozmente del FIAT 128 en que transitaba el área, y disparado con una escopeta Bataan 71 recortada, contra los dos policías que habían reducido a los jóvenes que componían el pelotón miliciano del cual, Elina era parte; a ambos les había dado muerte.
Al ver los cuerpos de los uniformados en el piso, y a Lalo y a los milicianos, acercarse en dirección a ellas, Daniela se sintió un poco aliviada, y se dispuso a ir a su encuentro, pero rápidamente agarró a Elina de un brazo, llevándola a retroceder, porque advirtió que desde la calle Chacabuco, apareció otro patrullero que agarró por Garrido, cuyos ocupantes, claramente habían visto a los milicianos y en dirección a ellos, transitaban, entonces Daniela, cuya presencia no había sido advertida por los policías, cuando el patrullerorecién cruzaba hacia Garrido, apuntó su pistola contra los represores, y tres veces, disparó, hiriendo a ambos; seguidamente el auto chocó contra un árbol, y fue entonces que Lalo se acercó hasta el mencionado vehículo, y remató a sus ocupantes de un tiro de escopeta en la cabeza, a cada uno.
Una vez pasada la tormenta de fuego, dos de los jóvenes se fueron en el FIAT 128 que manejaba Lalo, y Elina se fue con Daniela en el Rastrojero que uno de sus compañeros (que era el único mayor de edad del grupo de milicianos, y era poseedor de registro de conductor -cosa que conviene aclarar, porque no vaya a ser que alguien diga que estos jóvenes maravillosos, hacían algo ilegal), condujo.
Mientras la camioneta se iba atravesando una cortina de niebla, que a la noche envolvía y que rápidamente empezaba a disiparse, estando apoyada parcialmente contra la puerta del acompañante, a los dos jóvenes milicianos situados a su izquierda, Daniela les dijo:
-No sigan en esto, chicos; váyanse de acá mientras puedan;… ADÓNDE SEA, váyanse -y tras recostarse contra el asiento, evidenciando en su voz, una mezcla de resignación, tristeza y súplica, agregó: -Sálvense.
Sus palabras fueron por los jóvenes, oídas, mas no así, escuchadas.
Previo a las operaciones montoneras
A unas 20 cuadras de los lugares en los que las operaciones se realizarían, los montoneros sustraían los vehículos que habrían de usar en las mismas; el modus operandi era casi siempre el mismo: se esperaba a que un automovilista frenara ante un semáforo en rojo y se le exhibían armas; se trataba de apuntarlo lo menos posible o incluso, de no apuntarlo en absoluto; una vez que el conductor hubiera descendido, los individuos se identificaban como pertenecientes a Montoneros y le pedían perdón; seguidamente se retiraban.
Alguno preguntará, qué pasaba si un conductor, oponía resistencia;… técnicamente, lo que podría haber pasado, es la apertura de fuego por parte de los guerrilleros, en su contra, y la subsiguiente muerte del automovilista, pero hete aquí, algo increíble y cierto: en el curso de robos de vehículos a civiles, los guerrilleros argentinos de los 70, JAMÁS MATARON NI HIRIERON A NINGÚN AUTOMOVILISTA, pese a que en dichos robos, incurrieron cientos y cientos de veces, durante el primer lustro de la década del 70.
Cabe señalar que los policías y los militares, al realizar operativos de secuestros de personas, tenían área libre, proporcionada por las comisarías correspondientes a los lugares de los hechos; en tales casos, no sólo robaban los bienes de los secuestrados, sino que además, aprovechaban para robar vehículos de automovilistas que por el “área libre”, transitaban; todo esto ocurría ya desde antes de la dictadura, y, por supuesto, durante la misma, se magnificó; se sabe que la ESMA estaba llena de vehículos que los represores habían robado, para después, con papeles falsos hechos por los mismos secuestrados, que eran usados como esclavos, venderlos.
Análisis sobre la justificabilidad de los hechos
Aun cuando ciertos hechos violentos realizados por guerrilleros, puedan ser por mí, justificados, por ejemplo, cuando eran contra torturadores, violadores y asesinos que, por pertenecer al estado, no eran por las autoridades, perseguidos, y que seguirían haciendo lo que hacían si no se les oponía violencia, hay otros hechos que no son en absoluto, justificables, y eran cotidianos, como el ya mencionado, robo a mano armada de vehículos, y el mismo, aun si no resulta en daño físico a sus ocupantes, necesariamente resulta en daño emocional, y eso es imposible para mí, de justificar, como también me parece injustificable el que los guerrilleros hayan matado a soldados que, por coerción estatal, estaban haciendo el servicio militar, durante sus irrupciones a unidades militares, con el fin de robar armamento; por cosas así (que entre los integrantes de las agrupaciones armadas, generaba constantemente disentimientos y deserciones), y por muchas otras que hicieron, es que digo que, en el uso de la violencia, a los guerrilleros se les fue la mano; de eso, no tengo ninguna duda, pero… ¿significa esto que la represión del estado en su contra (y en contra de cualquiera a quien los represores estatales decidieran ponerle el título de “subversivo”, fuera guerrillero o no), fue justificada, y sea algo por lo que a los terroristas del estado, haya que agradecerles? POR SUPUESTO QUE NO, ya que, así como ocurre con el delito común, los guerrilleros no salieron de la nada, sino de un contexto de injusticia social y represión sistematizada, perpetrada por el estado a través de las Fuerzas Armadas y de “seguridad”; fue la represión del estado, en sus múltiples expresiones, la que creó el medio ambiente propicio para que grupos de personas dispuestas a combatir a las autoridades, se conformaran, de ahí que agradecerle a los milicos y a la policía, por haber terminado con la “subversión”, equivalga a agradecerle a los bomberos por apagar un incendio que ellos mismos, generaron; ningún sentido tendría hacer cosa tal, además, si se considera que, por lo que los combatientes y milicianos, hacían, merecían una punición, la misma podría haber sido la que ya legalmente estaba previsto aplicarle a quienes cometen delitos, es decir, detención, juzgamiento y encarcelamiento, en lugar de una, constituida por secuestros, torturas, violaciones, asesinatos, desapariciones de cuerpos, robo de bienes a los secuestrados y a sus familiares, robo de bebés, e incluso, asesinatos de mascotas de las víctimas, que era algo que los Grupos de Tarea, hacían comúnmente, y todo esto no sólo se lo hicieron a quienes incurrían en delitos, sino también, a militantes políticos que no sólo no estaban a favor de la lucha armada, sino que incluso, estaban en contra de ella, a familiares de secuestrados, por reclamar por sus seres queridos y también a sus abogados; cabe destacar que cualquiera que tuviera relación con una persona señalada por las autoridades como “subversiva”, quedaba en la mira de los terroristas del estado, aunque no tuviera nada que ver con actividades guerrilleras, de ayuda social ni políticas, y era común, que también sufriera represión ilegal.
Por todo lo dicho, insisto con que ningún sentido tendría, agradecerle a los terroristas del estado, por lo que hicieron, lo que sí considero sensato, es el agradecerle a los jóvenes insurrectos de los ‘70, por su insurrección, ya que nos mostraron que solamente cuando se le presenta oposición a aquello que se considera injusto, la vida merece ser vivida.
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