En 1971, durante la dictadura de Lanusse, se creó el “Camarón” (Cámara Federal en lo Penal de la Nación); tribunal cuyo propósito específico era el de juzgar a quienes incurrieran en actividades guerrilleras y a aquellos acusados de colaborar con ellas.
El "Camarón" utilizaba como evidencias, declaraciones obtenidas bajo tortura, en recintos policiales y militares, motivo por el cual, dos años después de su creación, tras la democracia representativa, retornar, dicho tribunal fue abolido por el Congreso Nacional, el mismo día en que Héctor Cámpora, asumió la presidencia.
El nuevo presidente, desde la noche del día de su asunción (25 de mayo de 1973) fue presionado por una manifestación constituida por decenas de miles de personas que le exigían la liberación de los llamados “presos políticos” (el hecho se conoció como: “El Devotazo”); como negarse a eso, habría implicado para él, tener que ordenarle a la policía, reprimir, y cosa tal, no podía hacerla, ya que se suponía que su gobierno sería diametralmente opuesto al anterior, por ser de iure y el anterior, de facto, decidió conceder indultos a los que, horas después, se sumaron amnistías otorgadas por el Congreso; esto resultó en la liberación de cientos de guerrilleros.
Los ex integrantes del ya disuelto “Camarón”, quedaron en la mira de muchísimos combatientes, recientemente liberados, que, por obra de ellos, habían sido encarcelados. No obstante, dado que Cámpora era representante de Perón, las organizaciones guerrilleras peronistas, decidieron hacer una pausa al fuego; pausa que, del gobierno de Cámpora, prolongarse (duraría solamente 49 días), se puede suponer que habría sido prolongada, pero... el PRT-ERP, NO ERA UNA AGRUPACIÓN PERONISTA, y si bien, por no entrar en conflicto con la izquierda peronista con la cual, tenía mucha afinidad, su conducción había manifestado que no atacaría al gobierno, sino solamente a las “Fuerzas Armadas contrarrevolucionarias” y a las grandes empresas extranjeras, lo cual, significaba que los ex camaristas, no estarían entre los objetivos a eliminar, no todos los combatientes estaban de acuerdo con respetar tal directiva, de ahí que algunos de ellos, a determinado magistrado que los había condenado, decidieran ir a buscar.
El plan
Tras unos días de trabajo de inteligencia, los cuatro combatientes del Ejército Revolucionario del Pueblo, concluyeron que el magistrado, no tenía custodia; él se la había solicitado al presidente Cámpora, pero éste, considerándolo cómplice del recientemente finiquitado, gobierno de facto, decidió no asignársela.
El plan era sencillo: dos combatientes tocarían timbre en la casa del juez, poco antes del mediodía (siendo sábado, asumían que se encontraría en su domicilio a esa hora), diciendo que estaban ahí, para entregar una cómoda; los dos llegarían en una camioneta identificada como perteneciente a una mueblería; una vez que abrieran la puerta, ingresarían al inmueble en busca de su persona, o dispararían ahí mismo, de ser él, quien abriera; ambas situaciones, los combatientes lasconsideraron muy poco probables por darse, de ahí que la idea principal, fuera la de que uno de los dos guerrilleros que hasta la puerta se acercarían, distrajera a quien fuera que del otro lado de la misma, respondiera, mientras el otro, por el pasillo lateral que daba al patio (que era abierto), iría en busca del magistrado, y en caso de darse que él respondiera, no desde detrás de la puerta, sino desde detrás de una ventana, se lo ultimaría ahí mismo. Mientras tanto, en un Dodge 1500, transitarían por el área, dos combatientes que intervendrían si fuese necesario.
El modo habitual de los muchachos del ERP, de aniquilar, era mediante ráfagas de ametralladoras; esto se hacía si se daban las condiciones, es decir, si no había nadie más que el objetivo a eliminar, en el área; de haber otras personas, se tiraba del gatillo con el cerrojo cerrado, ya que así, se dispara un tiro a la vez; no obstante, en este caso particular, los combatientes no contaban con pistolas ametralladoras ni fusiles, ya que las armas más importantes (como esas), debían irlas a buscar a determinados lugares, tras serles habilitadas por la superioridad, al serles por la misma, asignada una operación; una vez ella concluida, debían devolverlas, pero la operación en cuestión, no les había sido a ellos asignada por nadie; la realizaban por cuenta propia, de ahí que solamente tuvieran las armas cortas que a diario, portaban, que en este caso, eran pistolas.
Las pistolas calibre 45, Ballester-Molina y Colt 1911, de aquellos tiempos, tenían capacidad para siete balas; pese a haber otras pistolas ya en uso por las fuerzas policiales y militares, cuyos cargadores contenían unas 13 balas, muchos preferían las de calibre 45 por su mayor poder de detención; las de mayor capacidad municional más comunes, eran calibre 9 milímetros, y en ese entonces se consideraba que tenían muchísima menos potencia que las de calibre 45, no obstante, el calibre 45 fue dejado de lado cuando investigaciones más profundas, revelaron que en realidad, el mismo tiene apenas un 15 % más de dicho poder, que el 9 milímetros.
Los cuatro combatientes del ERP (tanto los dos que estaban disfrazados de empleados de mueblería, como los otros que en el Dodge 1500, circularían por los alrededores), tenían pistolas Colt y Ballester-Molina, calibres 45.
Emboscada(s)
Perú 1068, Acassuso; 9 de junio de 1973; 11:38 horas.
Los dos guerrilleros, vistiendo mamelucos, en una camioneta FIAT 125 multicarga, identificada como perteneciente a la mueblería “Vittoria” (acababan de sustraerla), llegaron hasta la dirección ya referida y estacionaron frente a la casa del magistrado; por los alrededores, cada tanto pasaba el auto de apoyo, para controlar que todo estuviera saliendo bien. Ambos guerrilleros, tras bajar de la camioneta, descargaron la cómoda y la acercaron hasta el frente de la vivienda del juez; uno de ellos tocó el timbre y desde el otro lado de la puerta, tras algunos segundos, le fue respondido:
-¿Sí?
-Buen día señor. Somos de la mueblería; traemos la cómoda.
-No compramos ninguna cómoda -dijo el juez.
-¿Está seguro?
-Sí sí; tienen mal la dirección, evidentemente.
Y tras hacerle un gesto con la cabeza a su compañero, éste último se fue hacia el lado izquierdo del lugar, en un intento de ingresar al inmueble por el pasillo lateral que daba al patio; mientras tanto, el primer guerrillero, tratando de distraer al juez, le dijo:
-Pero... a ver, señor: si no es acá, ¿puede ser, que sea por acá, que alguien compró una cómoda?
-Sí, puede ser, pero acá no fue.
-¿Podría usted, por favor, llamar a algún vecino por teléfono, y preguntarle si está esperando la entrega de una cómoda o si sabe de alguien por acá, que la espere?, porque si no, no podemos cumplir con nuestro trabajo, e imaginesé que vamos a tener problemas con nuestro patrón, ma… ¡qué problemas! PROBLEMONES, porque es un tipo muuuuuy severo; ¡no sabe usted lo que es!, encima, con ese castellano cocoliche que habla, ¡se le entiende por la mitad!; el tipo es alguien que…
Y abruptamente dejó de hablar, al escuchar el primero de los tres disparos que en contra del juez, desde el interior de la casa, su compañero, efectuó.
Mientras tanto, en el exterior acababa de estacionar un taxi Renault 12 en el cual, viajaban dos custodios que acababan de ser contratados por el magistrado, y que al escuchar los disparos en el interior de la casa, automáticamente supusieron que el hombre que se encontraba en el exterior, era un guerrillero (no es que fueran muy sagaces, lo que pasa es que eso, lo pensaban de prácticamente todo el mundo).
El guerrillero, al advertir la llegada del taxi, se inquietó bastante, por lo que metió la mano dentro de su mameluco para sacar de su interior, la pistola que llevaba, en el mismo momento en el que su compañero, que acababa de ajusticiar al juez, salía de la casa por la puerta principal, pero no llegó a dispararla porque el custodio que estaba en el asiento delantero del acompañante, del lado más próximo a la vivienda, con su brazo derecho fuera de la ventanilla, con un revólver Smith & Wesson .38 Special, abrió fuego contra él, impactándolo dos veces y llevándolo a morir, casi de inmediato; su compañero logró evadir los siguientes dos disparos que el custodio, realizó, mediante la puesta en práctica de un “rodamiento de combate” hacia un costado, y una vez en el piso, sacó su pistola 45 y en dirección al taxi, tres veces, disparó; dos de los disparos dieron en el custodio que había abierto fuego, causándole la muerte, el otro, lamentablemente dio en el taxista, que ninguna relación tenía con los dos represores; mientras tanto, el segundo custodio que se encontraba en el asiento trasero, del vehículo había bajado y tras el mismo, se había escudado; con una pistola Beretta, calibre 9 milímetros en mano, cautelosamente miró en dirección al combatiente que del suelo, se acababa de levantar, y que se había acercado hasta su compañero, constatando con pena que por él, nada se podía hacer; el joven revolucionario, que no parecía haber advertido la presencia del segundo custodio, fue sorprendido por éste (quien, al igual que su compañero ya muerto, era policía), que contra él, dos veces, disparó; con el primer disparo, lo hirió en su brazo izquierdo, pero con el segundo, no logró impactarlo porque de inmediato, el guerrillero se arrojó al suelo; no llegó a haber un tercer disparo efectuado por el represor, porque desde detrás de donde se encontraba, se acercó el Dodge 1500 de apoyo, y desde el mismo, el combatiente que estaba en el asiento delantero del acompañante, tras sacar su pistola a través de la ventanilla, tres veces lo impactó en la espalda, llevándolo de inmediato, a caer al suelo; una vez que el auto estuvo casi al lado del cuerpo, frenó, y rápidamente, quien del mismo, descendió (que era quien acababa de disparar), al custodio le dio un último disparo en la cabeza; seguidamente el partisano le abrió la puerta derecha trasera a su compañero herido, que rápidamente se había acercado, y tras cerrarla y él subir al asiento delantero del acompañante, a gran velocidad, los combatientes se fueron del lugar.
Mientras tanto, en el exterior acababa de estacionar un taxi Renault 12 en el cual, viajaban dos custodios que acababan de ser contratados por el magistrado, y que al escuchar los disparos en el interior de la casa, automáticamente supusieron que el hombre que se encontraba en el exterior, era un guerrillero (no es que fueran muy sagaces, lo que pasa es que eso, lo pensaban de prácticamente todo el mundo).
El guerrillero, al advertir la llegada del taxi, se inquietó bastante, por lo que metió la mano dentro de su mameluco para sacar de su interior, la pistola que llevaba, en el mismo momento en el que su compañero, que acababa de ajusticiar al juez, salía de la casa por la puerta principal, pero no llegó a dispararla porque el custodio que estaba en el asiento delantero del acompañante, del lado más próximo a la vivienda, con su brazo derecho fuera de la ventanilla, con un revólver Smith & Wesson .38 Special, abrió fuego contra él, impactándolo dos veces y llevándolo a morir, casi de inmediato; su compañero logró evadir los siguientes dos disparos que el custodio, realizó, mediante la puesta en práctica de un “rodamiento de combate” hacia un costado, y una vez en el piso, sacó su pistola 45 y en dirección al taxi, tres veces, disparó; dos de los disparos dieron en el custodio que había abierto fuego, causándole la muerte, el otro, lamentablemente dio en el taxista, que ninguna relación tenía con los dos represores; mientras tanto, el segundo custodio que se encontraba en el asiento trasero, del vehículo había bajado y tras el mismo, se había escudado; con una pistola Beretta, calibre 9 milímetros en mano, cautelosamente miró en dirección al combatiente que del suelo, se acababa de levantar, y que se había acercado hasta su compañero, constatando con pena que por él, nada se podía hacer; el joven revolucionario, que no parecía haber advertido la presencia del segundo custodio, fue sorprendido por éste (quien, al igual que su compañero ya muerto, era policía), que contra él, dos veces, disparó; con el primer disparo, lo hirió en su brazo izquierdo, pero con el segundo, no logró impactarlo porque de inmediato, el guerrillero se arrojó al suelo; no llegó a haber un tercer disparo efectuado por el represor, porque desde detrás de donde se encontraba, se acercó el Dodge 1500 de apoyo, y desde el mismo, el combatiente que estaba en el asiento delantero del acompañante, tras sacar su pistola a través de la ventanilla, tres veces lo impactó en la espalda, llevándolo de inmediato, a caer al suelo; una vez que el auto estuvo casi al lado del cuerpo, frenó, y rápidamente, quien del mismo, descendió (que era quien acababa de disparar), al custodio le dio un último disparo en la cabeza; seguidamente el partisano le abrió la puerta derecha trasera a su compañero herido, que rápidamente se había acercado, y tras cerrarla y él subir al asiento delantero del acompañante, a gran velocidad, los combatientes se fueron del lugar.
Una pata de la mesa
Los jueces son una parte fundamental de este ordenamiento social mundial que, como todos saben, se basa en la desigualdad de derechos y oportunidades entre las personas, de ahí que sólo se los pueda considerar “justicieros”, si consideramos que la desigualdad de derechos y de oportunidades, es justa; de no considerarlo uno así, de ningún modo puede considerar que los magistrados, sean hacedores de justicia; ¿qué son, entonces? SECUESTRADORES, VERDUGOS, TIRANOS… personas que han decidido arbitrariamente disponer de la vida de los demás, de ahí que si lo justo es recibir lo que se da (para bien y para mal), pueda considerarse justo, que alguien disponga de la de ellos, como hicieron los muchachos del ERP, con el juez de la historia que vengo de contar, además, al igual que los combatientes revolucionarios, los policías y los militares, los magistrados decidieron voluntariamente meterse en una actividad que implica arriesgar la vida; por propia voluntad decidieron participar del “juego”; nadie los obligó a meterse en lo que se metieron, por eso, en la consideración de la posibilidad de que en su contra, alguna represalia se dé, lo siguiente digo: QUE SE LA BANQUEN.
De lo ocurrido en la historia, lo que para mí, de ningún modo se justifica, es lo del taxista.
Epílogo
A diferencia de lo que prejuiciosamente puede llegar a concluirse, y esto es, que quienes se metieron en la lucha armada, eran personas de bajo nivel cultural, y que por eso recurrían a la violencia en un intento de resolver conflictos, la cosa era exactamente al revés; el nivel cultural de los militantes armados de los años 1970, era ALTÍSIMO, y no es de extrañar el que fueran extremadamente violentos, ya que el aumento de las tendencias violentas es una consecuencia invariable del hiperdesarrollo intelectual, de ahí que a quien se sienta tentado de descalificar a otro, aludiendo a su (verdadera o supuesta) falta de desarrollo intelectual, yo le recomiende calmarse, y tomarse un minuto para a ese respecto, reflexionar.
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