lunes, 29 de diciembre de 2025

Siga matando, compañera (cuento) - Martín Rabezzana

 
Continuación de mi cuento: “Meche Combatiente (y MONTONERA)”.

-Palabras: 3.100-

Rodrigazo = desastrazo 

   Si bien, el cese de las acciones violentas de la extrema derecha y de la extrema izquierda, era pretendido por la mayor parte de la población, a diferencia de lo que dice la versión de los procesistas, no es verdad que la mayoría festejara el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, por considerar que los militares terminarían con la lucha armada; algunos festejaron, sí, pero la gran mayoría, aceptó pasivamente al nuevo gobierno de facto, y esta pasividad se dio, porque el año anterior, más precisamente, el 4 de junio de 1975, el ministro de economía, Celestino Rodrigo, había implementado un plan económico ultraderechista que popularmente fue llamado: “Rodrigazo”, que implicó una tremenda devaluación, un aumento importantísimo en el costo de los servicios y un límite a los aumentos salariales; esto resultó en hiperinflación, en escasez de artículos de primera necesidad y, a su vez, en protestas generalizadas que desestabilizaron al gobierno de la entonces presidente, Isabel Martínez de Perón; nada de esto fue por casualidad, ya que es de manual para todo golpista, el imponer un “shock” inflacionario previo al golpe, dado que eso lleva necesariamente a un reclamo general de renuncia de quien esté en la presidencia del país, y a la creencia (equivocada, por supuesto) de que cualquier otro gobierno, incluso uno de facto, va a ser mejor que aquel que en curso esté; esto, ya en ese entonces, era algo sabido y estudiado, y así fue que desde el ministerio de economía, ese títere de la burguesía nacional y extranjera, que fue Celestino Rodrigo, creó las condiciones óptimas para el golpe militar que sobrevino en el año ‘76, cuyo objetivo fue el de favorecer los intereses de los mayores concentradores del poder económico.

Herida abierta

   El “rodrigazo” fue un golpe tremendo para la economía argentina del cual, el país, aún hoy, no se ha recuperado; basta con decir, para demostrar lo dicho, que en 1975, la pobreza a
nivel nacional, era de aproximadamente el 5 %, y lo había sido durante más de 30 años consecutivos; con el criterio de medición actual, el porcentaje se duplicaría, o sea, sería del 10 %, y aún así, sería un porcentaje mucho menor que el que empezó a ser a partir del momento referido, y si bien, hubo periodos de notables aumentos y descensos de la pobreza, el promedio de los últimos 50 años, fue en Argentina, del 30 %; esto expone categóricamente que, como ya expresé, del daño que el plan económico de Rodrigo, le hizo al país (y del que la dictadura militar a la que le abrió la puerta, hizo), 50 años después, todavía no nos recuperamos. No obstante esto, los derechistas, con su falta de sagacidad característica, le echan la culpa de todo a la “izquierda”, guerrillera o no, de todos los males del país (y del mundo), sobretodo, del aumento de pobres, mientras ellos apoyan políticas económicas que, por no ser distributivas, sino de concentración de riqueza en ciertos sectores, lleva a que la pobreza, aumente;… Son realmente tontos los derechistas; odian a los pobres, pero apoyan políticas que los multiplican, y en paralelo, a quienes pretenden desconcentrar la riqueza para distribuirla entre los que menos tienen, cosa que llevaría a un descenso del número de pobres, los acusan de ser “comunistas”, “marxistas” (lo sean o no) y “zurdos” (lo sean o no, ya que Perón, cuya política tendió siempre a la distribución equitativa de las riquezas, en pos de favorecer a los sectores más vulnerables, no es considerado de izquierda, siquiera por sus partidarios que de izquierda, se consideran, sin embargo, desde la derecha económicamente liberal… ¡Perón era zurdo y hasta comunista!, aun cuando a los comunistas, Perón, arbitrariamente los haya perseguido);… ...Son muuuuy tontos los derechistas. Tontos, masoquistas y además, extremadamente INFELICES, ya que la tendencia derechista, es elitista, y ser elitista implica despreciar a las mayorías, y está clarísimo para mí, que sin un aprecio importante por la mayoría de las cosas y los seres, no hay felicidad alguna posible.

Meche y Fernando, camino a la posta

   Junio de 1975.
   Tras los ajusticiamientos montoneros de dos policías, seis gendarmes franchutes y un gerente explotador y entregador de víctimas a la represión (hechos, durante los cuales, fueron también muertos, cuatro montoneros), Meche conducía a alta velocidad una pick-up Ford F-100, con el objetivo de llegar a la posta sanitaria que para esa noche, se había dispuesto para la atención de los posibles combatientes heridos; a su lado se encontraba Fernando, herido de bala en su hombro derecho.
   Como en estos casos se recomienda que el herido se mantenga despierto, Meche, notando que éste, parecía a punto de perder la conciencia, le dijo:
   -No se me vaya a dormir, compañero, que ya estamos por llegar; a ver: cantemos algo… ¡Aquí están, estos son, los soldados de Perón! ¡Aquí están, estos son, los soldados de Perón! -y viendo que su compañero no se sumaba, tras tocarle una mano, la joven le dijo: -¡Dale! ¡No me dejés cantando sola!
   Entonces Fernando, con voz débil, empezó a cantar junto a ella, progresivamente más fuerte: 
   -Aquí están... estos son… los soldados... de Perón. Aquí están, estos son… los soldados... de Perón.
   -¡Bien bien! -dijo Meche; seguidamente dijo: -Otra: ¡Perón presidente, los yanquis que revienten! ¡Perón presidente, los yanquis...
   Y el guerrillero, sonriendo levemente, se sumó a su compañera.
   -Perón presidente… los yanquis… que revienten; Perón presidente. Los yanquis que revienten.
   
   -¡Buenísimo! -dijo Meche, después dijo: -Una más: ¡Si Evita, viviera, sería montonera! ¡Si Evita, viviera, sería… ¿qué sería?
   Y Fernando se sumó.
   -Montonera… Si Evita, viviera, sería montonera… Si Evita, viviera... sería montonera…
   Y ya no cantó más; entonces Meche volvíó a tocarlo en una mano mientras le decía:
   -Ya estamos cerca.
   Pero el cuerpo de Fernando se inclinó hacia la puerta; su cabeza quedó de costado apoyada contra la ventanilla; fue entonces que la montonera pasó de tocarle una mano, a tocar su muñeca, y al hacer esto último, notó que su pulso era inexistente, al tiempo que lágrimas empezaban a caer de sus ojos.
   No mucho después, frenó el vehículo y a Fernando, ya muerto, le dijo:
   -Gracias por todo, compañero -y lo besó en una mejilla.

Una vez en la posta, la niebla 

   Tras volver a arrancar la camioneta, Meche reanudó su marcha rumbo a la posta sanitaria montonera para dejar el cuerpo de su compañero Fernando, pero no notó que un vehículo, desde una distancia prudencial, la seguía; el mismo era un Ford Taunus y sus ocupantes eran dos miembros de la Triple A, que, a través de “walkie-talkies”, habían sido informados sobre lo ocurrido minutos atrás, en el barrio de Retiro, frente a la embajada de Francia; también les había sido dicho que uno de los vehículos de los guerrilleros, era una camioneta Ford F-100.
   Una vez con la camioneta frente al portón, Meche tocó bocina 2 veces, y tras unos cinco segundos, una vez más, como habían convenido los combatientes que harían, con los médicos de la posta sanitaria; inmediatamente, desde el interior, el portón fue abierto y Meche ingresó al inmueble.
   Una vez en el lugar, bajó de la camioneta muy conmovida; sus compañeros médicos (Estefanía y Pablo), tras acercarse a Fernando, constataron que estaba muerto. 
   Entre lágrimas, Meche dijo:
   -¡Fue horrible! Yo iba con Tomás en un auto y nos chocó un patrullero; otros compañeros llegaron para rescatarnos, pero fueron impactados por balas enemigas; yo logré responder y causar varias bajas, pero ya era tarde para Tomás y para los demás;… en el caso de Fernando… yo estaba segura de que llegaría a tiempo acá, para que pudieran curarlo, pero la herida que tenía, era mucho más grave de lo que creía.
   Ninguno de ambos médicos, supo qué decirle respecto de lo que acababa de contar, por eso pasaron a preguntarle cómo estaba, y ella dijo:
   -Yo estoy bien.
   Sin embargo, en su rostro había sangre seca que había caído desde la parte superior de su cabeza.
   Ambos médicos hicieron sentar a la combatiente, y empezaron a curar sus heridas; mientras tanto, en el exterior, más precisamente, en una de las esquinas, a los dos miembros de la Triple A, se habían sumado dos policías que en un patrullero, acababan de llegar, tras haber sido llamados por los miembros de la organización terrorista, ya referida.
   Si bien, lo más prudente para los represores, habría sido esperar la llegada de más refuerzos (que no tardarían mucho en llegar), temían que los ocupantes de la posta sanitaria, de un momento a otro, escaparan por alguna vivienda contigua o trasera, de ahí que para asegurarse de que eso no pasara, los dos integrantes de las Tres A, intentaran subir al techo de la vivienda de una casa lateral, cuyo dueño, que había abierto la puerta para salir a comprar cigarrillos, fue empujado hacia el interior por estos dos personajes armados (uno de ellos portaba una escopeta Bataan 71 y el otro, una pistola ametralladora PAM 2; además, cada uno tenía sobre la cintura un revólver calibre 38).
   Una vez, ambos represores, dentro de la casa, se encontraron con la mujer del hombre, una nena y dos ancianos (en aquel entonces, los abuelos acostumbraban alojarse en la casa de sus hijos cuando llegaban a cierta edad; no estaba tan difundida todavía la costumbre de sacárselos de encima, metiéndolos a un asilo).
   Notando que la familia estaba muy nerviosa, uno de los represores dijo:
   -No se preocupen; nosotros somos los buenos.
   Su correpresor, dijo:
   -Ni bien matemos a los subversivos que están al lado, nos vamos.
   Los represores salieron al patio y le pidieron al padre de la familia, una escalera, éste dijo que tenía una en el galpón, y junto a uno de los represores, hacia el mismo se dirigió; entre los dos, la agarraron y la dispusieron contra una pared; una vez hecho esto, los dos terroristas de estado subieron al techo de la casa y se separaron.
   Uno de los represores fue hacia el extremo del techo que lindaba con el patio de la casa que funcionaba como posta sanitaria montonera; el otro, fue hacia el otro extremo, que daba a la calle, no sólo por si los montoneros intentaban salir por el frente de la vivienda, ya que de ellos, en tal caso, se ocuparían los policías que se encontraban en el patrullero, sino además, porque desde ahí podría ver si algún vehículo guerrillero, se acercaba.
   Desde el lugar más cercano al patio, el represor de la Triple A, que portaba la Bataan 71, vio a Estefanía salir en busca de algo y rápidamente, volver a ingresar a la casa; segundos después, vio a Pablo hacer lo mismo; si bien, el represor no lo advirtió, porque Pablo disimuló muy bien, éste último había advertido la presencia de alguien en los techos, fue por eso que una vez en el interior del inmueble, se lo comunicó a Meche, y ella rápidamente se acercó a una ventana desde donde pudo ver al represor de la escopeta, sin ser por él, vista (la niebla que había empezado a extenderse por el área, contribuyó a que el represor no tuviera una visión del todo clara); a su vez, escucharon al otro sicario caminar sobre el techo.
   
   De inmediato, la guerrillera sacó la pistola que a uno de los policías muertos, en el hecho de hacía un rato atrás, había pertenecido, y tras sacarle el seguro y retraerle la corredera, le dijo a sus compañeros médicos que prepararan las armas que tuvieran (cosa que hicieron); después se acercó a la puerta que conducía al patio, a la cual, su compañero Pablo, había dejado entornada, y desde ahí pudo ver al represor de la Bataan, salir de su agazapamiento al levantarse, mientras le hacía una seña con su mano izquierda a su correpresor que en ese momento se encontraba en el borde del techo de la casa que oficiaba de posta sanitaria, del lado de la calle, para que se acercara, ya que deseaba comunicarle que sabía cuántas personas había en el inmueble, pero ni bien hizo esto, apuntando la pistola que empuñaba contra él, Meche tiró del gatillo tres veces; quiso disparar una vez más, pero, por algún motivo, el arma se trabó y no pudo hacerlo, no obstante, no hizo falta, porque sus tres disparos fueron certeros, de ahí que el represor cayera de inmediato al patio, herido de muerte; a su lado quedó su escopeta; entonces Meche, por necesitar de dicha arma, soltó la pistola que ya no le funcionaba, y con la
velocidad de un rayo, fue hasta donde el arma larga había quedado caída, la agarró, y le retrajo la corredera, mientras casi corriendo, fue a ocultarse tras una cocina vieja que en el lugar, había; a todo esto, el represor que había sido llamado por su compañero al cual, había visto recibir los impactos de bala y caer al patio, se acercó con su ametralladora al borde del techo, y contra el sector izquierdo del patio en que Meche estaba, desató una tremenda ráfaga (mientras tanto, se escucharon disparos y una explosión, en el exterior), ya que estando (desde su perspectiva) su compañero caído, en el lado derecho, claro estaba para él, que los disparos habían procedido de la posición opuesta, y así había sido, y como Meche había sido entrenada para suponer lo que sus enemigos, podrían a su vez, suponer, tras disparar, resolvió permanecer por algunos instantes en el sector derecho del patio, y por eso no fue alcanzada por las balas; tras la ráfaga, cesar, la combatiente agarró una piedra del piso, y la arrojó hacia delante, golpeando la puerta del galpón que, cruzando la casa, se encontraba; esto resultó en que el represor volviera a desatar una ráfaga, esta vez, hacia delante de donde él estaba, que no fue de más de cinco disparos, porque antes del sexto, Meche, que se había posicionado en diagonal a él, pero muy
cerca de estar con él, en línea paralela, disparó dos veces en su contra, llevándolo a caer al piso del patio, frente a ella, boca arriba; tras apuntar nuevamente el arma contra el represor, que no estaba muerto pero sí, malherido, Meche lo remató de un disparo en la cabeza; seguidamente dejó la escopeta en el suelo, y agarró el revólver que vio que el tipo tenía en su cintura, lo guardó sobre su propia cintura trasera, y después empuñó la PAM 2, que junto a su ultimado, había quedado.
   A todo esto, los policías del patrullero que se encontraba en la calle, nada pudieron hacer, porque muy poco después de que se iniciaran los disparos, un Torino en que viajaban tres montoneros que se dirigían a la posta sanitaria, apareció, y dos de sus ocupantes, armados con ametralladoras Halcón, tras bajar del vehículo, abrieron fuego contra el auto policial (que era un Ford Falcon), matando a sus dos uniformados; acto seguido, uno de los combatientes arrojó una granada de mano hacia el interior del Falcon, que de inmediato, detonó; a este hecho correspondieron los disparos y las explosiones que tanto Meche como el represor de la PAM 2, habían escuchado cuando estaban por enfrentarse.

La niebla se disipa

  Los médicos Pablo y Estefanía, no participaron de los enfrentamientos, por ser milicianos, lo cual significa que tenían instrucción en el manejo de armas, pero era muy escasa (a diferencia de Meche, que era una de las combatientes mejor preparadas y más peligrosas de América), fue por eso que se mantuvieron expectantes, pero habrían intervenido de haber hecho falta, sin embargo, ninguna falta hizo, porque de los dos represores de la Triple A, MARAVILLOSAMENTE BIEN, Meche se había ocupado, y de los del patrullero, MARAVILLOSAMENTE BIEN, se habían ocupado los montoneros del Torino.
   Los montoneros del Torino, no estaban ahí por casualidad, ya que eran los combatientes que, tras ser solicitada su presencia durante los hechos que un rato antes, habían tenido lugar, frente a la embajada de Francia, no habían acudido por haberse averiado el “walkie-talkie” que poseían; al darse cuenta de que el mismo, no estaba andando bien, se dirigieron hacia la posta sanitaria para saber si alguno de sus compañeros había sido ahí llevado, tras los disparos que desde la distancia, habían escuchado; no obstante haberse percatado de que en las inmediaciones de la embajada ya referida, un hecho de fuego, había tenido lugar, no pudieron acercarse mucho al mismo, porque cuando lo intentaron, vieron a muchos patrulleros dirigirse hacia allá.
   Pablo, a través de una ventana, vio al patrullero en llamas y a sus dos ocupantes, muertos en su interior; también reconoció a los montoneros del Torino, y le dijo entonces a Estefanía y a Meche, que se quedaran tranquilas, ya que los compañeros del exterior, habían eliminado a la amenaza policial.
   Seguidamente, no sin temor, Meche dejó sobre una silla la ametralladora que empuñaba y, acercándose a la puerta de calle, empezó a gritar:
   -¡Compañeros! ¡No tiren! ¡No tiren!
   Seguidamente abrió la puerta y los dos montoneros que estaban del otro lado, la reconocieron y bajaron sus armas.
   Meche dijo que sería mejor que tanto ella como Pablo y Estefanía, se fueran en la Ford F-100, y hacia la misma fueron, ella y la médica; Pablo abrió el portón y, tras la pick-up, salir, la abordó y salieron del lugar a alta velocidad, escoltados por los tres combatientes del Torino.
   Una vez hechas varias cuadras, cada vehículo dobló en direcciones opuestas.
   No habían pasado siquiera 20 segundos desde que los montoneros se fueron del lugar, cuando tres patrulleros policiales y dos vehículos militares, rodearon la manzana de la vivienda que oficiara como posta sanitaria.

Posdata: 

   Le pregunté a Estefanía (que fue quien me contó la historia, varios años atrás), cómo pudo ser, que durante los enfrentamientos entre Meche y los terroristas de las Tres A, no hubieran llegado muchos policías y militares (estos últimos, ya en 1975 tenían facultades policiales otorgadas por la presidente y patrullaban muchas ciudades del país, incluyendo la capital), y me dijo que fue por falta de tiempo, ya que si bien, contar estos hechos, toma un rato relativamente largo, los mismos se sucedieron muy velozmente; literalmente dijo: “Fue todo muuuy rápido.”

Posdata: 2

   Yo suelo poner direcciones exactas de los lugares en que se sucedieron los hechos setentistas guerrilleros que relato; deberán disculpar que en esta oportunidad, no lo haya hecho, debido a que Estefanía no pudo recordar con exactitud en dónde estaba ubicada la posta sanitaria; sólo logró recodar que se encontraba en el barrio de San Telmo

viernes, 19 de diciembre de 2025

Meche Combatiente (y MONTONERA) (cuento) - Martín Rabezzana

 -Palabras: 2.639-

¿Qué fue?

   ¿Qué llevó a miles de jóvenes de los 60 y 70, a optar por la lucha armada, aun poseyendo la creencia de que la misma, constituye un dolorosísimo camino de ida?… El amor, el odio, la fuerza vital… todo esto, cuando se combina con la indignación resultante del conocimiento de que el sistema social vigente, se basa en la opresión de muchos en favor de pocos, da lugar a personas temerarias, dispuestas a morir en pos de matar a esos pocos, entre los que también están, sus guardianes.

Se creen distintos, los iguales

Ni la izquierda puede vencer a la derecha ni la 
derecha la izquierda porque, aunque 
se crean enfrentadas, ambas 
transitan líneas paralelas.

Martín Rabezzana

   Izquierda y derecha: una y otra se alimentan recíprocamente, no obstante, los partidarios de una y otra tendencia, se creen tan distintos, y son taaaaan iguales, tanto en materia de valores, como en su incapacidad de vivir de acuerdo a ellos.
   Ambas tendencias políticas, desde distintas posiciones sostienen a la misma estructura jerárquica, de ahí que el movimiento pendular que se sucede por obra de las acciones, tanto de izquierdistas como de derechistas, sea generador de una marcha hacia el mismo lugar, y ese lugar, lejos de ser un jardín primaveral, es uno muy sombrío y desvitalizado… entendido esto… ¿cómo creer en dichas tendencias?… ¿Cómo no rechazarlas a ambas? ¡Si ambas son igualmente repudiables!
   Dejar de creer en ellas, es empezar a romper el círculo vicioso.

Que el derrotismo sea productivo

   Si el derrotismo nos lleva a considerar que al (siempre nefasto) estado, no es posible derribarlo, no lleguemos al punto de considerar que no vale la pena sacrificarse por dañarlo, dado que toda acción en su contra, es potenciadora en nosotros, de dignidad… y sin ella, no somos personas, sino autómatas… y herir al estado, que es un ente abstracto, implica, por supuesto, herir a las personas que lo componen, que son lo concreto, y esas personas que lo componen, de ningún modo deberían ser consideradas honestas, bondadosas ni altruistas, ya que pertenecen a la mayor organización criminal que el ser humano, ha creado.

Tristeza

   Lo más triste de este tiempo histórico en el cual, las sociedades humanas se rigen por estados (detrás de los cuales, está el poder empresario), es que la mayoría, pese a las pruebas que lo desmienten, todavía cree que la única manera de organizarse socialmente, es mediante ellos, y así es que, no sólo tolera a los gobernantes, sino que incluso incurre en el absurdo de exaltarlos como si fueran favorables a sus propios intereses, cuando la realidad es, que quien esté de turno en el gobierno, es su mayor enemigo.

La verdadera motivación || Guerrilleros setentistas = vengadores

   Ninguna imposición es un medio para lograr un fin (y el mismo, en política sería el del bienestar general), ya que la imposición es un fin en sí mismo, y cuando uno mucho busca imponerse a otros, es porque poco y nada de control, sobre sí mismo, tiene; es dicha debilidad lo que lleva a buscar el poder coercitivo, y a quienes más lo poseen, muchos los dan por fuertes… cuando en realidad, no son otra cosa que hojas en medio de un vendaval... dicho todo esto… ¿cómo reivindicar a quienes, en busca de imponer un proyecto político (cualquiera el mismo sea), se armaron?… No hay manera de reivindicarlos por eso, el error está en la creencia de que todos aquellos que participaron de la lucha armada, lo hicieron por el motivo referido, y esto no es así, ya que en muchísimos casos (me atrevo a creer, que en la mayoría de ellos), fue claramente el miedo a ser reprimidos sin posibilidad alguna de defenderse, lo que a muchos llevó, a tomar armas; a su vez, había en ellos una certeza casi absoluta, de que no sobrevivirían a los 70, e incluso, de que las causas de las organizaciones a las que pertenecían, no triunfarían; todo esto da cuenta de que detrás de los guerrilleros, había un furor que excedía a toda ideología, y el mismo se manifestaba en acciones contrarrepresivas (o sea, vengadoras), y no hace falta ser de lo que se ha denominado: “izquierda revolucionaria”, para reivindicar el accionar violento de la “juventud maravillosa” de los 70, porque… la sed de venganza no es de izquierda ni de derecha;… algunos me podrán decir, que la venganza no es buena, y yo le daría la razón, pero cuando la opción a armarse y contrarreprimir, es la de ser pacífico, y esto último, en aquellos tiempos, siendo uno, militante político de izquierda o anarquista, equivalía a dejarse secuestrar, torturar y matar (como dicen que hizo Jesucristo), el pacifismo mucho se asemeja al masoquismo y a la falta total de dignidad, y tal vez no se asemeje a esas cosas; tal vez, en casos como los que expuse, el pacifismo sea exactamente eso, de ahí que el mismo sea muy relativo en cuanto a su validez, ya que hay ocasiones en que ser pacífico implica (entre otras cosas) perder la dignidad, y en otras, no serlo, implica defenderla; dicho esto, la venganza, de no ser un bien, en casos extremos, es lo que más al bien, se acerca.
   Yo no considero que sea bueno perder la dignidad, y los guerrilleros que eligieron morir peleando, han a su vez, con sus virtudes y defectos, muerto, defendiéndola, y esto sí que es para mí, ABSOLUTAMENTE REIVINDICABLE.

Noche neblinosa

   Junio de 1975.

   En Cerrito y ArroyoCiudad de Buenos Aires (CABA, actualmente), un Mercedes Benz último modelo, ocupado por dos combatientes montoneros (debía ser un auto importante, para que pudiera circular sin llamar la atención por esa zona), fue chocado por un patrullero; el Mercedes quedó bastante malogrado; el Falcon policial, muy poco.
   Nunca quedó claro si el choque fue accidental, o no; lo que habría seguido, de no haber sido el choque, importante, habría sido un velocísimo descenso del vehículo por parte de los combatientes y una lluvia de balas desatada por ambos, con sus pistolas ametralladoras, contra los represores estatales; pero esto no ocurrió, porque el impacto que recibieron por parte del Falcon, como ya fue expuesto, fue importante, de ahí que quedaran tanto, quien manejaba (Tomás), como su acompañante (Meche), aturdidos al punto que nada pudieron hacer; lo siguiente por ocurrir, habría sido el secuestro de ambos y su traslado a un centro clandestino de detención en donde habrían sido torturados, asesinados y hechos desaparecer, pero esto no ocurrió, como más adelante se verá.
   Estos dos montoneros tenían el objetivo de pasar por la zona, para cuidar a sus compañeros Aldo y Leila, que desde hacía semanas estaban infiltrados en el Jockey Club (situado muy cerca de la esquina en que el choque, tuvo lugar, en el cual, dicho sea de paso, se encuentra la embajada de Francia, país que muchísimo tuvo que ver con la represión feroz que los militares argentinos implementaron en aquellos años ‘70, dado que, por sus colegas franchos, habían sido formados en la represión ilegal que ellos perpetraron en Indochina y en Argelia, durante sus guerras de independencia del nefasto país colonialista sudopa, ya referido).
   La infiltración por parte de los montoneros en dicho club (que consistió en hacerse contratar como personal de mantenimiento), tuvo por objetivo, disponer artefactos explosivos en las oficinas correspondientes a directivos del lugar, que por la inteligencia montonera habían sido identificados como financiadores de grupos de represión ilegal, durante la dictadura de Lanusse, destinados a disciplinar a empleados “molestos”; tras la disposición de los explosivos, a las 20:00 horas en punto, saldrían del lugar, y ya a unas cuadras del mismo, cada uno de ellos abordaría, en distintas esquinas, un auto conducido por un compañero, cosa que hicieron, pero fue que, tras ellos salir del Jockey Club, pudieron presenciar el choque y la posterior detención de Tomás y Meche, a quienes, previo a ellos irse rumbo al encuentro de los compañeros que los pasarían a buscar, vieron reducidos en el piso; fue entonces que, una vez en los autos, a sus conductores informaron sobre tal situación, lo cual, llevó a que, a su vez, a través de “walkie-talkies”, a compañeros que se encontraban en la zona “yirando” en tres vehículos de apoyo, les fuera dicho que debían actuar.
  Uno de los vehículos en cuestión, era
una camioneta FORD F-100; la misma, a media velocidad se acercó al lugar, por la calle Arroyo. El segundo vehículo era una camioneta IKA-Jeep Gladiator; esta segunda pick-up, por la Avenida Alvear, se acercó; en las cajas de ambas camionetas, había un montonero oculto bajo mantas, con un Fusil Automático Liviano, preparado para abrir fuego.

Noche de niebla y fuego

   
   Una vez que las dos camionetas referidas, estuvieron casi en la esquina de Arroyo y Cerrito, sus conductores le dijeron a los combatientes situados en las cajas: “¡Ahora!”, entonces ambos guerrilleros salieron de debajo de las mantas y dispararon varias veces contra los dos policías que a punto estaban de esposar a Meche y Tomás, cosa que se habían demorado en hacer, porque tras tirar de ellos, para sacarlos del auto en que transitaban, hasta que estuvieron boca abajo en el suelo, se habían entretenido pateándolos, mientras los llamaban: "Zurdos de mierda", "Subversivos hijos de puta", y otras cosas así; una vez muertos, ambos policías, los fusileros saltaron de las cajas, en pos de ayudar a sus compañeros a levantarse, cosa muy imprudente pero necesaria, porque el tercer vehículo de apoyo (que era un Torino), desde el cual, dos de los tres montoneros que lo ocupaban, habrían podido bajar para ayudarlos a levantarse, mientras eran cubiertos por los partisanos que habían abierto fuego, no llegaría, porque el “walkie-talkie” que sus ocupantes tenían, se había averiado, de ahí que al ser convocados, no hubieran respondido.
   Mientras los fusileros se acercaban a sus compañeros tirados en el piso, que, muy golpeados estaban por el choque y por las patadas de los uniformados, desde una ventana de la embajada de Francia, un gendarme franchute disparó varios tiros de fusil, tanto contra el montonero que se había bajado de la F-100, como contra el que se había bajado de la Gladiator; ambos fueron muertos, como así también, Tomás (muerte que Meche, con muchísima pena, inmediatamente advirtió), y el conductor de esta última camioneta, mientras que el montonero que conducía la F-100, no murió, pero sí fue impactado por una bala que lo hirió en su hombro derecho; al verse herido, dio marcha atrás, chocando, tras hacer unos 50 metros, a un Chevrolet 400 (cuyo conductor, afortunadamente salió ileso), cosa que lo llevó a detenerse; mientras tanto, Meche se encontraba todavía en el suelo, junto al Mercedes Benz, del lado opuesto al de la ventana del primer piso de la embajada de Francia desde la cual, habían procedido los disparos que habían matado a sus compañeros; en ese lugar, no pudo ser vista por el tirador de la ventana, pero no podía responderle a sus disparos porque la pistola ametralladora Gualicho (imitación de la Uzi, de fabricación montonera), había caído al piso del auto tras el choque y posteriormente, había sido agarrada por uno de los policías que, rápidamente, a su correpresor, se la había pasado, de ahí que haya considerado empuñar el FAL del compañero muerto que había quedado caído a unos metros de ella, pero eso habría implicado entrar en la visión del tirador de la embajada, por eso fue que decidió esperar.
   Tras ella levantarse parcialmente y mantenerse acuclillada y oculta tras el Mercedez Benz en que había llegado, miró hacia la ventana y advirtió que el gendarme empezó a gritarle algo a otras personas dentro de la embajada y rápidamente, de la ventana se alejó; esto le dio a Meche la certeza de que él había creído al peligro, definitivamente concluido, cosa que lo había llevado a bajar corriendo por las escaleras, para seguidamente, salir hacia la calle junto a cinco guardias de seguridad, compatriotas suyos; dos de ellos, segundos atrás, estaban frente a la puerta principal de la embajada y al iniciarse el fuego montonero, habían ingresado a la misma para resguardarse, y fue que, una vez que los seis represores, blandiendo armas largas, estuvieron en el exterior, fueron recibidos por tres tremendas ráfagas de FAL, realizadas por Meche, que, tras el gendarme alejarse de la ventana, había aprovechado para acercarse hasta dicha arma que, junto a su compañero muerto, había quedado, y parapetarse detrás del Mercedes.
   Los disparos de la guerrillera montonera, dieron muerte a los seis represores sudopas.
   Del cargador de 20, su compañero había gastado 5 balas, de ahí que en el fusil, quedaran quince, y esas quince balas habían sido ya disparadas por la combatiente; el problema que entonces tenía, era la falta de municiones, y las mismas, le eran IMPRESCINDIBLES, ya que era cuestión de pocos segundos para que decenas de vehículos policiales y militares, llegaran a la escena; en tal caso, escapar sería imposible, pero eso no era lo más importante, sino, el morir peleando; esto último no lo habría podido hacer debidamente, ya que si bien, había logrado hacerse de la pistola del policía muerto más próximo a ella, los represores que de modo inminente, llegarían, serían decenas y decenas, y para dañar en serio a muchos de ellos, necesitaría armas más importantes, o sea, armas que dispararan ráfagas, como las que tenían los represores franchos, por ella, fusilados, que habían quedado sobre la vereda, pero no se encontraba en condiciones físicas de correr hacia la misma (ni tampoco, de caminar rápido), y si se acercaba a donde estaban, lentamente, antes de que lograra empuñar alguna, muchos policías y militares, habrían llegado, resultando esto en su captura, sin embargo, siendo el empuñamiento de alguna de esas armas, necesario para dar batalla en serio, haciendo un esfuerzo sobrehumano, lenta y lastimosamente, inició la marcha hacia donde las mismas, se encontraban, pero rápidamente descartó el plan, porque su compañero de la F-100, que había dado marcha atrás tras recibir un disparo, avanzó en dirección a ella tocando bocina, y una vez junto a la camioneta, al asiento del acompañante, Meche subió.
   Una vez dentro de la pick-up, la joven, tras advertir en qué estado se encontraba su compañero (que se llamaba Fernando), le dijo:
   -Uuuuuhh… estás herido, Fer;… dejá que manejo yo.
   Y sin detener el vehículo, Meche pasó por encima de sus piernas y él, a su vez pasó a ocupar el lugar del acompañante.
   La montonera, cuyo rostro estaba parcialmente ensangrentado, condujo velozmente hacia la posta sanitaria que, para esa noche, se había dispuesto.
   Mientras ambos montoneros se retiraban rápidamente por la calle Arroyo, varios patrulleros, así como también, vehículos militares, al lugar, se acercaban; los combatientes seguramente se habrían tenido que enfrentar con alguno de ellos, si no hubiera sido porque, al irse del lugar, los explosivos dispuestos minutos atrás, en el Jockey Club, por Aldo y Leila, empezaron a detonar, haciendo que muchos de los rodados de la represión estatal, desviaran su curso y lo redirigieran hacia el lugar de las explosiones.
   Las explosiones en el Jockey Club, le causaron la muerte a un gerente entregador de empleados a la represión, y generaron graves daños materiales.

Niebla montonera

   Estaba nublado, hacía un poco de frío y había mucha niebla esa noche;… la niebla era una cosa muy común cuando los guerrilleros actuaban, y la misma solía disiparse poco después de concluidos sus actos de contraterrorismo;… vaya uno a saber por qué.

Posdata

   A diferencia de muchos otros combatientes de aquel tiempo, que, como ya fue expresado, sin muchas (o ninguna) convicciones ideológicas, ingresaron a la lucha armada en un intento de sobrevivir o, al menos, de morir peleando, Meche sí estaba ideológicamente comprometida con su agrupación, que, en caso de que alguien lo haya olvidado, llamábase: Montoneros.