Este cuento es una continuación de: “Manifestaciones del misterio”, publicado en mi libro: “Vía dolorosísima”; ese cuento es a su vez, una continuación de: “Corré, Daniela… ¡CORRÉ!”, publicado en el mismo libro.
-Palabras: 2.200-
Hace pocos años, salí a dar un paseo por mi barrio que asumí, sería ordinario e intrascendente, pero no fue así, ya que a partir de mi encuentro inesperado con una ex compañera de escuela, el mismo volviose absolutamente EXTRAORDINARIO Y TRASCENDENTE, y lo fue, no sólo por la distancia que entre ella y yo, fue vencida, tanto en lo físico como en lo álmico, sino además, por otras distancias que, gracias a ella, vencí, que fueron las del espacio y el tiempo.
En algún momento en que, con ella estaba, de un Renault 4, que estacionó del lado de la calle más cercano al de la vereda de enfrente de donde estábamos, descendió Mora (no se si la conocen; es una joven de americanísimo pelo y piel, deslumbrante y cautivante, por donde se la mire); ella me saludó y nos abrazamos; después de eso, en el auto de Mora, con mi ex compañera de escuela, hicimos varios viajes tan sublimes como surrealistas; en algún momento, ella me dijo que yo debía continuar el viaje solo, y yo, así lo hice, entonces,sin saber adónde me dirigía, manejando el Renault 4 llegué hasta un lugar que ahora sé que era Pinamar en el año 1975; una vez ahí, me encontré con uno de mis personajes: Ana Daniela Lobo, que es una anarquista uruguaya de la ROE y de la OPR-33, que, al ser perseguida por las autoridades de Uruguay, se exilia en Argentina, ingresa a Montoneros y se convierte en una guerrillera temible, y fue que, sin yo saber exactamente en qué lugar ni en qué tiempo, estaba, a Daniela la vi doblar la esquina de la calle Eolo, y agarrar por De las Silfides, que era la calle en la que yo, junto al Renault 4 en que había llegado, me encontraba; como misteriosamente se había materializado una escopeta Bataan 71 recortada, en el asiento trasero del auto, y yo la había agarrado, por reconocerla y ser obvio que de alguien escapaba, a la mujer se la arrojé, ella la agarró, se dio vuelta, y le dio muerte al represor de la Triple A, que la estaba persiguiendo; seguidamente subí al auto en calidad de conductor, llamé a Daniela para que al mismo, subiera, y una vez ella acomodada en el asiento delantero del acompañante, nos fuimos del lugar, rumbo a otro tiempo, que es adonde ella me había respondido que quería ir, tras yo, a ese respecto, preguntarle.
Yo desconocía cuáles eran las reglas del lugar en el que me encontraba, pero, por algún motivo, sentí que podía conducir nuestro rumbo, y no me equivoqué, ya que tras un rato de andar por una ruta, ingresamos a un túnel en el que, luces extremadamente intensas de todos los colores, alumbraban nuestro paso; una vez fuera del mismo, aparecimos en una noche fría, en Quilmes Ciudad, en el año 2024, en la calle Moreno al 300.
Hermosísima loba del cercano oriente
Daniela, evidenciando sorpresa en su hermoso rostro, miraba a los vehículos modernos que por la calle, circulaban; me preguntó:
-¿En dónde estamos?
Yo dije:
-Parece que en Quilmes, en mi tiempo.
-¿Y qué tiempo sería ese?
-El año 2024.
-Uaaaaauuuu -dijo ella.
Y permanecimos callados durante el rato en que conduje por la calle Moreno; en esa calle, esquina con Nicolás Videla, se encuentra el ex Ciudad de Quilmes Apart Hotel; durante el coronavirus, el hotel cerró, y pasó a funcionar como edificio de departamentos; yo, en ese momento, ahí estaba viviendo.
Le pregunté a la joven a mi lado si quería que paráramos en mi casa, a lo que ella respondió que sí, entonces, al estacionamiento del Quilmes Apart, ingresamos, y subimos hasta el tercer piso, en donde mi departamento, se encontraba.
Una vez en mi casa, le pregunté si quería tomar mate, y ella me dijo:
-¡Siiii, dale!
Y mate, tomamos, sentados a la mesa, mientras hablábamos de cualquier cosa; entre esas cosas que hablamos, estuvo la lucha armada de los 70; al respecto, no quise decirle cuál fue el final de muchísimos militantes revolucionarios de Argentina ni de Uruguay, y ella, como presintiendo cuál, el mismo, había sido, no quiso preguntármelo, lo que sí le dije, fue que muchos jóvenes revolucionarios argentinos de los 70, terminaron viviendo en Puerto Madero.
-Eeeehhh… ¿tan mal terminaron, económicamente? -dijo ella sorprendida.
Yo, “rescatándome” de que Puerto Madero, en los años ‘70, era un lugar en ruinas, le dije:
-Es que… Puerto Madero fue renovado a finales de los 80; ahora es mayormente un lugar caro y turístico.
-Aaahhh… mirá vos… nosotros, en los ‘70, ahí nos escondíamos muchas veces y le llevábamos comida y bebidas, a los linyeras que ahí dormían;… Lo que tengo que entender de lo que dijiste, es que si muchos de los ex revolucionarios, viven en Puerto Madero, es porque se convirtieron en la porquería capitalista, que de jóvenes, repudiaron y combatieron.
-Exactamente -dije yo.
Tras unos segundos de silencio, ella dijo:
-Y... en Uruguay… ¿qué pa...? ¡No no no! Mejor, no me digas.
Y yo, no le dije qué pasó en Uruguay, lo que le dije, tras levantarme y constatar que en la heladera, muy pocas cosas, había, fue:
-Te ofrecería algo de comer, pero justo no tengo nada… pero podemos ir a un bar, si querés; ¿querés?
-Sí, quiero, pero dentro de un rato; prefiero que nos quedemos acá, por ahora, así descanso un poquito.
Yo dije:
-Bueno.
Seguidamente prendí la computadora y le mostré internet; le dije que a través de los aparatos conectados a dicha red, se puede escuchar música, ver videos, películas, leer libros, comunicarse con personas de todo el mundo y que se puede llevar a todas partes en los (nefastos) dispositivos de vigilancia que la mayoría de la gente, en estos tiempos, tiene, que son los teléfonos celulares;… le mostré mi blog; le dije que escribía sobre ella y sobre María Clara, entre otras, y le mostré publicaciones en que ella aparece como personaje literario mío; ella dijo:
-Entonces… vos me creaste…
Yo, nada dije; ella me preguntó:
-¿Escribiste cosas que van a pasarme después del año ‘75?
-Sí.
-Y lo que estamos viviendo ahora, ¿ya lo escribiste?
-No; lo voy a escribir después.
Y tras pensarlo unos instantes, Daniela dijo:
-Entonces, no me creaste; me percibiste y me transmitiste;… ¡menos mal!
-¿Por qué, “menos mal”?
-Y… porque… mucho de lo que yo vivo, es jodidísimo, y te podría culpar a vos, por eso, pero si no me creaste, sino que me percibiste y me transmitiste, no te puedo culpar, y te puedo querer… ¿fue así?
Tras unos segundos, le dije:
-No me pasa con todos los personajes ni con todas las situaciones que escribo, el sentir que más que crearlos, los percibo y transmito; me pasa sólo con algunos, y entre ellos, estás vos.
Después, prendí la cámara de la computadora, saqué una foto de ambos, y le dije:
-Mirá.
Daniela, al ver la foto, sonrió; después filmé un video y se lo hice ver; nada dijo al respecto, solamente se rió; después me dijo:
-Poné música; vamos a bailar.
Yo le dije:
-No sé bailar.
Y agarrándome de las manos, dijo: -¡Dale dale!
-Bueno, está bien -dije yo, y busqué un video de “música bailable”.
Con Daniela bailé un rato, al ritmo de música alegre, que la puso más alegre aún de lo que ya estaba; después me dijo que pusiera algo lento; yo busqué algo lento y ya con música lenta sonando, ella apoyó su cabeza contra mi pecho, y así bailamos durante algunos minutos.
En cierto momento, la joven, como habiendo ganado de pronto, una timidez que en su extrovertidísima personalidad, parecía no haber tenido lugar, nunca antes, dejó de bailar, y mirándome con pudor, me dijo:
-Bueno… ahora sí tengo ganas de ir hasta un bar y comer algo.
Y hacia un bar, fuimos.
Una vez en el bar, comimos, tomamos algo, y seguimos hablando durante casi dos horas que fueron para mí, extremadamente felices, como lo habrían sido para cualquiera que estuviera con Daniela, ya que era increíblemente divertida y su alegría y positividad, eran tremendamente contagiosas; no parecía en absoluto ser alguien cuya vida se desarrolla en medio de tragedias.
Una vez en mi casa, le pregunté si quería tomar mate, y ella me dijo:
-¡Siiii, dale!
Y mate, tomamos, sentados a la mesa, mientras hablábamos de cualquier cosa; entre esas cosas que hablamos, estuvo la lucha armada de los 70; al respecto, no quise decirle cuál fue el final de muchísimos militantes revolucionarios de Argentina ni de Uruguay, y ella, como presintiendo cuál, el mismo, había sido, no quiso preguntármelo, lo que sí le dije, fue que muchos jóvenes revolucionarios argentinos de los 70, terminaron viviendo en Puerto Madero.
-Eeeehhh… ¿tan mal terminaron, económicamente? -dijo ella sorprendida.
Yo, “rescatándome” de que Puerto Madero, en los años ‘70, era un lugar en ruinas, le dije:
-Es que… Puerto Madero fue renovado a finales de los 80; ahora es mayormente un lugar caro y turístico.
-Aaahhh… mirá vos… nosotros, en los ‘70, ahí nos escondíamos muchas veces y le llevábamos comida y bebidas, a los linyeras que ahí dormían;… Lo que tengo que entender de lo que dijiste, es que si muchos de los ex revolucionarios, viven en Puerto Madero, es porque se convirtieron en la porquería capitalista, que de jóvenes, repudiaron y combatieron.
-Exactamente -dije yo.
Tras unos segundos de silencio, ella dijo:
-Y... en Uruguay… ¿qué pa...? ¡No no no! Mejor, no me digas.
Y yo, no le dije qué pasó en Uruguay, lo que le dije, tras levantarme y constatar que en la heladera, muy pocas cosas, había, fue:
-Te ofrecería algo de comer, pero justo no tengo nada… pero podemos ir a un bar, si querés; ¿querés?
-Sí, quiero, pero dentro de un rato; prefiero que nos quedemos acá, por ahora, así descanso un poquito.
Yo dije:
-Bueno.
Seguidamente prendí la computadora y le mostré internet; le dije que a través de los aparatos conectados a dicha red, se puede escuchar música, ver videos, películas, leer libros, comunicarse con personas de todo el mundo y que se puede llevar a todas partes en los (nefastos) dispositivos de vigilancia que la mayoría de la gente, en estos tiempos, tiene, que son los teléfonos celulares;… le mostré mi blog; le dije que escribía sobre ella y sobre María Clara, entre otras, y le mostré publicaciones en que ella aparece como personaje literario mío; ella dijo:
-Entonces… vos me creaste…
Yo, nada dije; ella me preguntó:
-¿Escribiste cosas que van a pasarme después del año ‘75?
-Sí.
-Y lo que estamos viviendo ahora, ¿ya lo escribiste?
-No; lo voy a escribir después.
Y tras pensarlo unos instantes, Daniela dijo:
-Entonces, no me creaste; me percibiste y me transmitiste;… ¡menos mal!
-¿Por qué, “menos mal”?
-Y… porque… mucho de lo que yo vivo, es jodidísimo, y te podría culpar a vos, por eso, pero si no me creaste, sino que me percibiste y me transmitiste, no te puedo culpar, y te puedo querer… ¿fue así?
Tras unos segundos, le dije:
-No me pasa con todos los personajes ni con todas las situaciones que escribo, el sentir que más que crearlos, los percibo y transmito; me pasa sólo con algunos, y entre ellos, estás vos.
Después, prendí la cámara de la computadora, saqué una foto de ambos, y le dije:
-Mirá.
Daniela, al ver la foto, sonrió; después filmé un video y se lo hice ver; nada dijo al respecto, solamente se rió; después me dijo:
-Poné música; vamos a bailar.
Yo le dije:
-No sé bailar.
Y agarrándome de las manos, dijo: -¡Dale dale!
-Bueno, está bien -dije yo, y busqué un video de “música bailable”.
Con Daniela bailé un rato, al ritmo de música alegre, que la puso más alegre aún de lo que ya estaba; después me dijo que pusiera algo lento; yo busqué algo lento y ya con música lenta sonando, ella apoyó su cabeza contra mi pecho, y así bailamos durante algunos minutos.
En cierto momento, la joven, como habiendo ganado de pronto, una timidez que en su extrovertidísima personalidad, parecía no haber tenido lugar, nunca antes, dejó de bailar, y mirándome con pudor, me dijo:
-Bueno… ahora sí tengo ganas de ir hasta un bar y comer algo.
Y hacia un bar, fuimos.
Una vez en el bar, comimos, tomamos algo, y seguimos hablando durante casi dos horas que fueron para mí, extremadamente felices, como lo habrían sido para cualquiera que estuviera con Daniela, ya que era increíblemente divertida y su alegría y positividad, eran tremendamente contagiosas; no parecía en absoluto ser alguien cuya vida se desarrolla en medio de tragedias.
Daniela: loba guerrillera y amadora
Tras salir del bar, dimos una vuelta por el barrio, para después, volver a mi departamento; una vez de vuelta en el mismo, desplegué toda mi caballerosidad, ofreciéndole quedarse en mi cama, y diciéndole que yo podría dormir en el sillón, pero ella tenía otra idea mejor, y me la comunicó:
-Martín… ¿por qué mejor, no compartimos tu cama?... Hay espacio para los dos, ¿o no?
Con gran emoción, le dije:
-¡Sí!
Y hacia el dormitorio, fuimos; una vez en el mismo, ella me abrazó. Nos abrazamos. Seguidamente nos besamos y nos desvestimos mutuamente; antes de que estuviéramos completamente desnudos, Daniela me hizo sentar en la cama y tras bajar mi ropa interior, agarró mi miembro con una mano, lo metió en su boca y lo chupó durante un rato, para después, pasar a besarlo, lamerlo, después, a morderlo y después, a chuparlo de nuevo para seguidamente, volver a besarlo, lamerlo, morderlo y chuparlo; tras varios minutos de hacer esto, se levantó, y yo la empujé suavemente hacia la cama, en la cual, quedó acostada boca arriba; su pecho desnudo, besé, lamí, mordí y chupé, durante un rato, para seguidamente sacarle la bombacha; tras hacer esto último, durante varios minutos, besé, lamí, mordí y chupé, a su hermosísima (y riquísima) concha, mientras la acariciaba y alternaba todo esto, con penetración digital; cuando Daniela, que gemía progresivamente más fuerte, con sus manos alejó a mi boca de su entrepierna, supe que estaba lista para lo siguiente, entonces dirigí mi miembro erecto hacia su vagina, y lo introduje en ella.
En varias posiciones nos amamos durante varios minutos hasta que, tras pedirle un permiso que ella me concedió, en su interior, eyaculé.
Tras hacer el amor, permanecimos en la cama y hablamos; vimos televisión y tras un rato, la sed de entrepierna de la mujer a mi lado, volvió a invadirme, por lo que le dije:
-Loba…
Ella me dijo:
-Estoy cansadísima…
Entonces reprimí mis deseos de comunicarle que quería volver a emborracharme con el flujo de su vagina, y con las gotas doradas que de la misma, brotaron, cuando mi boca sobre ella, puse, pero la decepción no me duró mucho, porque enseguida, ella me dijo:
-Pero… por más cansada que esté, sin unos cuantos orgasmos más, esta loba no va a poder conciliar el sueño, así que, estimado Martín: prepárese para hacerme aullar varias veces más.
Y puso su mano izquierda en mi entrepierna y estimuló a mi miembro manualmente, mientras nos besábamos, para después, volver a ponerlo en su boca y… todo lo demás.
Unos cuantos orgasmos más, nos provocamos, antes de dormir.
Percepción extrasensorial y hasta luego
Durante la noche tuve un sueño extremadamente vívido, que me mostró lo que debía pasar: Daniela debía volver a los años ‘70, cosa que yo no quería que pasara, ya que lo que quería, era que se quedara conmigo, pero… eso no debía ocurrir, y si bien consideré que tal vez habría manera de transgredir al destino, por algún motivo que, con palabras, es imposible de transmitir, sentí que eso, en esta oportunidad, no habría sido correcto; ella debía volver a donde pertenecía.
Tras ella despertarse, yo iba a comunicarle lo recién expresado, pero no hizo falta, porque me dijo:
-Vos soñaste lo mismo, ¿no?
Yo, tristemente asentí.
Volvimos a tomar mate, volvimos a hacer el amor, y después, juntos nos duchamos; seguidamente, nos cambiamos, y fuimos hasta la playa de estacionamiento en donde estaba el Renault 4.
Ya en el auto, lo conduje sin tener prefijado un rumbo; tras algunos minutos, aparecimos de nuevo en el mismo túnel de luces extremadamente intensas, que nos había conducido hasta el Quilmes del año 2024; tras veinte minutos de viaje, del túnel, salimos, y aparecimos una noche de mediados del año ‘75, en la calle Belgrano al 330, de San Isidro; en esa área, Daniela debía cuidar a unos milicianos montoneros que se preparaban para realizar operaciones de hostigamiento; todo esto, ambos lo vimos al dormir, por lo que, ninguna duda tuvo ella, de qué era lo que debía hacer, ni yo tampoco dudé, sobre qué es lo que debía hacer ella ni qué era lo que debía hacer yo.
Abrí la guantera, en la cual, una pistola Star 9 milímetros y dos cargadores completos, había, y se los di; ella le puso uno de los cargadores al arma, que rápidamente guardó sobre su espalda baja, mientras que al otro cargador, lo guardó en un bolsillo de su pantalón; seguidamente, nos abrazamos fuertemente; después, nos besamos; una vez concluido el beso, le dije:
-Buena matanza, mi loba insurrecta querida.
Ella me sonrío, nos dijimos "hasta luego", nos dimos un último beso, y del Renault 4, bajó.
Daniela se fue a cumplir con su destino, y yo, a cumplir con el mío, que, si bien, entonces lo desconocía, eran uno solo.
-Vos soñaste lo mismo, ¿no?
Yo, tristemente asentí.
Volvimos a tomar mate, volvimos a hacer el amor, y después, juntos nos duchamos; seguidamente, nos cambiamos, y fuimos hasta la playa de estacionamiento en donde estaba el Renault 4.
Ya en el auto, lo conduje sin tener prefijado un rumbo; tras algunos minutos, aparecimos de nuevo en el mismo túnel de luces extremadamente intensas, que nos había conducido hasta el Quilmes del año 2024; tras veinte minutos de viaje, del túnel, salimos, y aparecimos una noche de mediados del año ‘75, en la calle Belgrano al 330, de San Isidro; en esa área, Daniela debía cuidar a unos milicianos montoneros que se preparaban para realizar operaciones de hostigamiento; todo esto, ambos lo vimos al dormir, por lo que, ninguna duda tuvo ella, de qué era lo que debía hacer, ni yo tampoco dudé, sobre qué es lo que debía hacer ella ni qué era lo que debía hacer yo.
Abrí la guantera, en la cual, una pistola Star 9 milímetros y dos cargadores completos, había, y se los di; ella le puso uno de los cargadores al arma, que rápidamente guardó sobre su espalda baja, mientras que al otro cargador, lo guardó en un bolsillo de su pantalón; seguidamente, nos abrazamos fuertemente; después, nos besamos; una vez concluido el beso, le dije:
-Buena matanza, mi loba insurrecta querida.
Ella me sonrío, nos dijimos "hasta luego", nos dimos un último beso, y del Renault 4, bajó.
Daniela se fue a cumplir con su destino, y yo, a cumplir con el mío, que, si bien, entonces lo desconocía, eran uno solo.

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