miércoles, 8 de marzo de 2017

El ser alado de San Pedro (cuento) - Martín Rabezzana

   Una madrugada del año 2014, dos parejas amigas se dirigieron a una laguna de la ciudad de San Pedro para contemplar el amanecer; faltaba casi una hora para que el sol saliera cuando llegaron; estacionaron la camioneta y bajaron; el frío era agradable y hacía a la infusión que compartían (mate) muy valorada; tras decenas de minutos uno de los varones se alejó de los demás y se acercó a la parte más elevada de los alrededores de la laguna, entonces divisó a lo lejos una especie de pájaro negro que se acercaba a la misma; cuanto más se acercaba, más se advertía lo extraño que era, por lo que llamó a su novia y amigos.
   -¡Che! ¡Vengan rápido!
   No estando seguro de que hubieran oído, insistió:
   -¡Vengan a ver esto! ¡Apúrensé!
   La novia de su amigo se acercó.
   -¿Qué pasa?
   -¡Mirá ese pájaro!
   El ser alado ya estaba a una distancia no muy lejana de ellos, entonces pudieron darse cuenta de que no era lo que parecía ser visto de lejos; sus alas negras se batían en el aire y poco antes de descender a orillas de la laguna, dejaron de agitarse y planearon. En ese planeo los dos espectadores pudieron apreciarlas en su verdadera y majestuosa dimensión; la mujer dijo:
   -No es un pájaro.
   El ser alado se acuclilló en una orilla como si buscara recuperar fuerzas; tras más o menos un minuto en que el hombre y la mujer, sumidos en una total sorpresa, lo miraron en silencio, el ser alado dirigió su mirada a ellos; lo más luminoso que había en él estaba en el brillo de sus ojos que, dirigidos hacia los espectadores, causaron miedo en ambos, lo cual llevó a la mujer a tomar la mano del hombre, entonces el miedo disminuyó y sintieron que los unía poderosamente algo que ya no era el temor; así permanecieron un rato; el miedo que habían sentido era infundado ya que el ser alado ningún daño iba a hacerles.
   Poco después, el ser se levantó, abrió sus alas, las agitó y se elevó; una vez que hubo llegado muy alto, se dirigió a media velocidad unos cien metros hacia el sur de la laguna como para tomar impulso, hizo una breve pausa y se fue a gran velocidad en dirección opuesta a la anterior exponiendo sus enormes y hermosas alas negras relucientes como el petróleo.
   El episodio duró unos tres minutos; en ese momento se acercaron los dos miembros restantes del grupo y la mujer le soltó la mano al hombre.
   El novio de la mujer, al acercarse, dijo:
   -¿Qué pasa? ¿Qué querías que viéramos?
   Él no respondió, la que respondería sería ella, pero en vez de contarles lo que habían visto, en parte por sentir que ellos no les creerían y en parte por sentir que al revelar su experiencia habría indirectamente revelado el lazo sentimental que se había creado durante el curso del acontecimiento, dijo:
   -Es que había una bandada de pájaros muy lindos; se la perdieron, pero bueh; ya pasará otra.
   El otro testigo del acontecimiento tampoco reveló nada y al rato llegó el sol cuya salida habían ido a ver.

   Como a las siete y media de esa mañana fueron a una cafetería a desayunar, y tras comentarle a la camarera que habían estado en la laguna, ella les dijo:
   -¿Y? ¿Lo vieron?
   -¿A quién? -dijo la mujer del grupo que no había presenciado el suceso.
   -Al ser alado; pensé que habían venido a verlo porque cada vez más gente viene por eso… es que hay una leyenda reciente en San Pedro sobre un ser alado que aparece de noche en la laguna; dicen que parece un pájaro negro enorme que sería el alma en pena de una persona que se suicidó por desamor ahogándose en sus aguas… se dice que vuelve para ayudar a las personas a encontrar el amor… ¡Pero claro! Es una leyenda; yo no creo mucho pero hay gente de mi confianza que dice haberlo visto, eso te hace dudar.
   Se miraron entre todos y el varón del grupo que no asistió al avistamiento del ser alado dijo sonriendo:
   -No. No vimos nada; ¡lástima! Habría estado bueno ver algo así; por ahí la próxima.
   La mujer y el hombre que habían visto al ser alado se miraron y sintieron una complicidad propia de la infidelidad, pero… ¡no habían hecho nada ni lo harían en esta vida!, por lo que la infidelidad había sido y seguiría siendo nula, sin embargo, en esos tres minutos que duró la contemplación por ellos compartida del ser alado, se había creado entre los dos un lazo sentimental cuya materialización habría de sucederse en el curso de futuras vidas.

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