Año 2026.
En la esquina de Lavalle & Alsina, Quilmes, en el bar Jockey, se encontraba junto a un conocido y varios conocidos de éste último, cierto individuo dedicado al (rara vez redituable) oficio de las letras, a quien, por sus conocimientos en el tema, le preguntaron muchas cosas sobre la lucha armada en la Argentina de los años ‘70; al alguien decir que a la montonera María Antonia Berger, en 1979 la habían secuestrado y llevado a Campo de Mayo, en donde la mataron, y que después, su cuerpo fue llevado a la ESMA, en donde los milicos lo exhibían como trofeo, el escritor en cuestión (cuyo nombre era Martín), dijo:
-Hay una versión de un ex militante revolucionario, sobreviviente al terrorismo de estado, llamado Orlando Balbo, que dice que cuando a María Antonia la fueron a capturar, se cargó de explosivos y fingió entregarse; cuando los milicos se le acercaron, detonaron, y así es que murió junto con varios de ellos; esa versión es para mí, la más creíble.
-¿Por qué? -preguntó alguien.
-Y… porque las otras versiones proceden de informes militares, y los mismos, NUNCA son creíbles, ya que mentían permanentemente; así como las autoridades inventaban enfrentamientos, negaban los que habían existido si el resultado les había sido parcial o totalmente desfavorable, como en este caso; de hecho, las mismas versiones militares respecto de Berger, son contradictorias, ya que unas dicen que fue muerta en una casa operativa montonera tras un enfrentamiento, y otra dice que fue capturada, llevada a Campo de Mayo y que tras ser asesinada, su cuerpo fue llevado a la ESMA, y en la ESMA, una sobreviviente dice haberla visto realizando trabajo esclavo (pero… ¿no era que había sido llevada a la ESMA, estando ya muerta?); como no hay otros sobrevivientes que confirmen que estuvo en la ESMA, viva, y dado que era famosa, de ahí que fuera difícil que quienes la vieran, no la reconocieran, para mí, se trató de una confusión; ante estas versiones contradictorias, la versión de Balbo, resulta verosímil, y esa versión, por supuesto que es una que, por hacer quedar mal a los milicos, ellos ocultaron; ¡miren si iban a admitir que no pudieron matarla y que además de matarse ella misma, en el proceso mató a varios terroristas del estado!… Para mí, que así fue;… NO PUEDE HABER SIDO DE OTRA FORMA, dado que la combatiente en cuestión, era alguien cuya resiliencia era IM-PRE-SIO-NAN-TE; es sabido que en 1972, estando encarcelada, junto a varios otros guerrilleros, fue parte de una fuga frustrada (parcialmente frustrada, ya que parte del grupo de guerrilleros, sí logró fugarse y desviar un avión que abordaron, hacia Chile); como castigo a los combatientes recapturados (entre ellos, estaba María Antonia), las autoridades del entonces gobierno militar, presidido por Lanusse, dispusieron matarlos, simulando un nuevo intento de fuga por parte de ellos.
-¿Y ese intento, no existió? -preguntó alguien, y el escritor dijo:
-No, no existió; lo que pasó fue que, los guerrilleros que habían intentado la fuga y que habían sido recapturados (eran 19, en total), se encontraban durmiendo en sus celdas; a eso de las tres y media de la madrugada, dos milicos los despertaron con golpes en los barrotes y gritos, y les ordenaron salir al pasillo, una vez ahí, los ametrallaron; los militares dijeron que los guerrilleros habían intentado fugarse nuevamente, más precisamente dijeron que el montonero catalán, Mariano Pujadas (cuya familia había emigrado escapando de la dictadura de Franco, y a la cual, posteriormente asesinaría la Triple A), había intentado sacarle el arma a un guardia, y que por eso, habían abierto fuego, pero esto no ocurrió; la realidad fue que, tras hacerlos salir de las celdas, a sangre fría, los militares los ametrallaron; una vez ellos en el piso, a los que consideraban que todavía estaban vivos, procedieron a rematarlos con pistolas; 16 de ellos, fueron muertos, 3 sobrevivieron porque erróneamente, los militares los dieron por muertos; lo más notable en el caso de María Antonia, es que ella no sobrevivió porque la dieran erróneamente por muerta tras la ráfaga de ametralladora, y por eso se decidiera no darle un disparo de gracia (cosa que sí ocurrió con otro de los sobrevivientes, que fue Ricardo Haidar, y por eso evitó el disparo de pistola que los militares realizaron con los demás), ya que al ella recibir disparos de la ya referida, ráfaga, se hizo a un lado, reingresando a su celda, una vez ahí, cayó al piso, fue entonces que uno de los milicos la dio por viva, ingresó a su celda y le disparó en la cabeza con una pistola calibre 45; la bala le atravesó la mandíbula pero no la mató, lo cual, hace que su caso sea muy distinto al de Alberto Camps, que fue el tercer sobreviviente de este hecho conocido como: “La masacre de Trelew”, ya que el disparo de gracia que se le dirigió a la cabeza, logró parcialmente esquivarlo, resultando esto en que la bala lo rozara, y por eso logró sobrevivir, pero, como ya expresé: el disparo de gracia que le dieron a María Antonia, impactó en su cabeza, y aun así, sobrevivió; seguidamente ingresaron los enfermeros, que no estaban enterados del plan de exterminio, y constataron que tres guerrilleros, estaban vivos; pese a las presiones de los milicos que perpetraron el hecho, se negaron a firmar un documento en que los daban por muertos (cosa que los habría dejado en sus manos), y fue así, que los guerrilleros debieron ser trasladados hacia un hospital, en donde pudieron recuperarse… y algo muuuy notable, es que María Antonia Berger, no recibió un sólo disparo en el abdomen durante la ráfaga de ametralladora, sino CUATRO… “CUATRO”, decía el informe original; los milicos, posteriormente lo alteraron para que figurara uno solo, ya que admitir que la guerrillera había recibido cuatro disparos en el abdomen, uno en la cabeza, y que aun así, se había recuperado, implicaba considerarla prácticamente INDESTRUCTIBLE, y habrían contribuido así, a volverla un cuadro combatiente de proporciones LEGENDARIAS; es por eso que yo considero que MaríaAntonia no fue muerta por los milicos; ella se mató; no podía terminar su historia de otra forma que no fuera con ella misma disponiendo cómo dejaría este plano, porque a María se la podía encarcelar, se la podía balear, pero NO... SE LA PODÍA... MATAR… era IMPOSIBLE matarla.
Todos advirtieron que, más que rigurosidad histórica, había en el ficcionador argento-setentista, deseos de que la historia hubiera terminado del modo en que la contó, y por en alguna medida (o en toda ella), sus interlocutores, compartirlos, ninguno (ni siquiera aquellos que descreyeron de lo escuchado), controvirtió lo expuesto.
Tras un rato más de conversación en medio de toma de Fernet, el escritor se fue del bar.
Público no deseado
En una mesa contigua a la que el escritor, había ocupado, había tres jóvenes de veintipico de años; eran de esos pendejos neofachos, votantes de Milei, que, bajo su influencia, se creen que en pleno año 2026, la “guerra fría” está aún en curso; estos individuos son claramente faltos de toda sagacidad, de esto da cuenta el que se crean “anarquistas” (de ahí que se autoproclamen “libertarios”, siendo de esto, lo más irritante, el que incluso quienes se dicen a ellos, opositores, así los llamen), como si el hecho de estar en contra de una forma de estado, que es el de bienestar (que implica, entre otras cosas, brindar subsidios a particulares y empresas, cuando están en apuros económicos, para que puedan pagar los servicios esenciales y seguir funcionando y VIVIENDO, lo cual, evita el desastre que se está dando ahora, más que evidente en el cierre de ¡MÁS DE 30 MIL EMPRESAS EN LO QUE VA DEL GOBIERNO MILEISTA! -agosto de 2026-)
El desastre actual, además de deberse a la quita de subsidios estatales, se debe a otros factores, principalmente: la liberalización de la economía, que, por oponerse al proteccionismo de la industria local, lleva a que se dé una apertura a las importaciones, que resulta en la destrucción de gran parte de la industria nacional… y los salames que apoyan a toda esta desindustrialización, de consecuencias nefastas para las mayorías, que las deja en una situación cada vez más complicada (y no como producto de un “error de cálculo”, sino del éxito de un plan económico totalmente antinacional), se autoperciben “nacionalistas” y hasta “libertarios/anarquistas”, cuando esto último, no pasa por estar en contra de una determinada forma de estado u otra, sino por estar en contra de TODA forma de estado;... Si no vas contra la policía, las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia, es decir, si no estás, ya no, en contra del accionar ilegal de esos grupos, sino en contra de sus existencias mismas (y no lo están, los cipayos mileístas ni el chupaculos de los yanquis de su líder), por entender que sus funciones consisten en mantener un ordenamiento social, antiigualitario, no estás un carajo en contra del estado y no sos, por consiguiente, un carajo, anarquista/libertario;… en fin… Estos pendejos neofachos de hoy en día, a uno casi que le hacen tener “nostalgia” de los fachos de antes, ya que ellos, al menos se hacían los antiyanquis y los anticapitalistas (aunque no lo fueran), en cambio ahora, para cualquiera de estos pendejos, hablar mal de Yanquilandia o del capitalismo, es peor que insultarle a la vieja.
No obstante ser, los jóvenes cipayos ya referidos, de derecha, nada habían dicho al escuchar con gran atención, a Martín decir cosas claramente contrarias a las coincidentes con la visión de los militares de los ‘70, que es la que, por causa del nefasto presidente ya aludido, ellos habían aceptado, y no guardaron silencio por respeto a opiniones ajenas, distintas a las suyas, sino porque el grupo de personas en el que se encontraba el escritor, estaba conformado por un número de seis, y ellos eran tres, de ahí su acobardamiento y de ahí su posterior “envalentonamiento”cuando, el viernes a la noche siguiente, estando ellos a bordo de un automóvil FIAT Cronos, lo vieron solo, caminando por la calle Sarmiento de la ciudad cervecera.
Mágica noche de invierno. 22:30 horas.
Al pasar los jóvenes con el auto a su lado, por Matienzo 277, quien iba en el asiento delantero del acompañante, señalando a Martín, dijo:
-¿Ese no es el subversivo del boliche de la semana pasada?
El del asiento trasero dirigió su mirada a él, y dudó, pero finalmente dijo:
-Sí; por la vincha que tiene, para mí, que sí, es.
-Comunista de mierda -dijo el conductor.
El que viajaba en el asiento delantero del acompañante, dijo:
-Hay que darle un susto a ese HDP.
Los otros dos, aprobaron lo dicho.
El que estaba al lado del conductor, de la guantera sacó una réplica de pistola, con la que pensaba amenazar al escritor; dijo que bajaría y le gritaría: “Triple A; ¡Entreguesé subversivo!”; ante esto, Martín seguramente saldría corriendo y podrían perseguirlo unos metros para después, dar media vuelta, volver al vehículo y celebrar el miedo tremendo que le habrían infundido; así fue que, al llegar a la esquina con Alvear, el conductor dio media vuelta y, volviendo a la calle Matienzo, en contramano, avanzó hacia el escritor.
Tanto el neofachito que se encontraba en el asiento delantero del acompañante, blandiendo una réplica de arma de fuego, como así también, el que se encontraba en el asiento trasero (que portaba un revólver que no era precisamente una réplica), se cubrieron el rostro parcialmente con sus camperas cerradas, y al estar frente a su pretendida víctima, el FIAT, que, tras dar media vuelta había sorprendido al literato en Matienzo 267, abruptamente frenó; dos de sus ocupantes bajaron exhibiendo sus armas y gritaron:
-¡Triple A!
-¡Entreguesé, subversivo apátrida!
Entonces Martín corrió hacia el medio de la calle, logrando así, evadir a sus atacantes, y una vez hecho esto, cruzó a la vereda opuesta, desde donde continuó corriendo con la intención de doblar a la izquierda, al llegar a la esquina con Alvear; él se la bancaba a las piñas, por lo cual, si lo alcanzaban, podría pegarles y presumiblemente, dejarlos fuera de combate, pero para que ésa fuera una posibilidad concreta, sus perseguidores debían estar desarmados y acercárseles de a uno, y estos fachos que la van de “pulentas”, nunca atacan solos ni desarmados, y a ambos, Martín los había visto empuñar armas, y si bien, una de ellas era una réplica, él, esto no lo sabía, igual, el otro perseguidor, sí estaba enfierrado con un arma de verdad, de todas formas, aunque a sus perseguidores, los doblara en edad, el perseguido tenía estado físico suficiente como para correr durante más tiempo y más rápido que los dos jóvenes fachos, de ahí que fuera altamente improbable que lo alcanzaran, no obstante, ellos pensaban perseguirlo durante sólo un par de cuadras, para después, dejarlo ir, no obstante, como este tipo de planes suele deshacerse sobre la marcha, no se sabe realmente qué es lo que habrían hecho, de haberlo alcanzado, pero fue que tras menos de media cuadra, se detuvieron en seco, al ver que, delante de ellos, en medio de la calle Matienzo, de entre una niebla densa que intempestivamente apareció, salió una mujer armada, vistiendo un uniforme de tipo militar, azul, y un gorro que llevaba el logo de cierta organización.
La mujer le retrajo la corredera a la escopeta Bataan 71 que empuñaba, y al ver esto, los jóvenes dieron media vuelta y se dirigieron de nuevo al vehículo del que habían bajado; justo cuando reingresaban al mismo, la mujer, que había empezado a caminar tras los jóvenes, apuntó su escopeta contra la luneta del FIAT Cronos, y disparó; la misma quedó hecha pedazos; ante esto, por instinto, tanto el joven que se había quedado en el auto en calidad de conductor, como los otros dos, que acababan de reingresar al mismo, bajaron sus cabezas; instantes después, con desesperación, los que venían de reingresar al vehículo, le dijeron al conductor: “¡Arrancá arrancá!”, entonces la guerrillera disparó contra sus ruedas traseras, resultando esto en que quedaran destrozadas; como el FIAT mencionado, tiene tracción delantera, igual pudo arrancar, pero generando una lluvia de chispas procedentes de las ruedas traseras, que fue acompañado por un chirrido ominoso; el auto no hizo ni 15 metros porque la combatiente se acercó al mismo desde el lado derecho, y también disparó contra la rueda delantera que tenía más próxima, entonces el auto dejó de avanzar; lo que siguió fue un momento de enorme tensión para los tres jóvenes que estaban en el FIAT, y una incertidumbre total, ya que su vehículo no podía avanzar, y si bajaban, seguros estaban de que serían impactados por las balas de la mujer que, detrás de ellos, se encontraba.
Los tres neofachitos, agazapados, miraban hacia atrás, y pudieron verla a ella, que había dejado de apuntar contra el vehículo, pero que seguía con la escopeta entre sus manos.
El conductor, con tremendo terror, dijo:
-¿Quién es esa hija de re mil puta?
Otro dijo:
-Tenemos que salir de acá.
El tercero dijo:
-¡No! Si salimos nos fusila.
-Pero si nos quedamos, va a volver a tirar; si salimos corriendo en direcciones distintas, aun si dispara, por ahí, alguno puede llegar a sobrevivir -dijo el conductor; sus amigos, asintieron, entonces, habiendo los tres, tácitamente acordado, hacer esto último, el que estaba frente al volante, dijo: -A la una, a las dos, ¡y a las TRES!
Y los tres salieron del vehículo.
Ni bien salió el conductor del auto, se dirigió hacia la esquina delante de él, con la intención de, una vez en la misma, doblar a la izquierda, pero fue que, tras él hacer menos de dos metros, la mujer apuntó su escopeta contra él, y disparó, impactándolo en la espalda; el impactado cayó de inmediato al piso, herido de muerte; seguidamente la mujer disparó contra el facho que había bajado desde el lado derecho del asiento trasero; éste también cayó de inmediato, herido de muerte en su espalda, y el tercero, tras salir del auto, logró correr hasta la esquina con Almirante Brown y, una vez ahí, dobló a la derecha para después, doblar nuevamente a la derecha en la calle Brandsen, calle por la que transitó aterrorizado y con un oxígeno cada vez más escaso, para posteriormente, doblar a la izquierda en la calle Alvear; la combatiente no le disparó ni tampoco lo persiguió, lo que hizo fue sacar de entre su ropa, una granada de mano de fabricación montonera, y, tras acercarse al FIAT, sacarle la anilla y arrojarla a su interior, resultando esto en que, segundos después, detonara, quedando el auto, envuelto en llamas.
A todo esto, Martín, que, tras los fachos, perseguirlo, había corrido hacia la esquina, durante la corrida había visto salir de la niebla a la mujer armada, y al escuchar el primer disparo, había detenido su marcha y se había refugiado tras una camioneta estacionada; desde ahí había presenciado todo lo ya referido.
Con tremenda emoción y deslumbramiento, durante varios segundos, Martín contempló a la combatiente en silencio desde la distancia; ella, que parecía no haber advertido su presencia, con su misión ya cumplida, había vuelto hacia el medio de la calle mientras empuñaba la escopeta; ahí se había quedado parada, como esperando algo.
Con gran nerviosismo, caminando sigilosamente por la vereda, Martín se acercó hasta casi la mitad de la cuadra, que es la altura en la que la mujer, en la calle estaba, y, por creer haberla reconocido, pero sin estar de eso, totalmente seguro, dirigiéndose a ella, que, para ese momento, ya lo había visto, en voz alta, preguntó:
-¿Maria Antonia?... ¿Sos vos?
Entonces ella cambió su leve sonrisa por otra amplia y, en voz muy alta, le dijo:
-¡Sí! ¡Soy yooo!
Y tras unos segundos en que ambos se miraron en silencio, el escritor le dijo:
-¡Gracias!
Entonces ella asintió con la cabeza como diciendo: “No fue nada.”
Segundos después, la misma niebla de la cual, la combatiente había salido, apareció tras ella, entonces ella saludó efusivamente a Martín con la mano y él hizo lo propio. Acto seguido, María caminó hacia ese nebuloso portal dimensional, y, tras atravesarlo, éste, se esfumó.
Martín, totalmente maravillado por lo que acababa de pasar, quería quedarse en esa calle un largo rato, pero… ya se escuchaban las sirenas policiales; había que irse, y lleno del bienestar que sólo el deslumbramiento, aporta, caminando rápido, del lugar, se retiró.
Posdata:
El tercer facho al que María Antonia le había “perdonado” la vida, al cruzar corriendo la calle Alvear, a la altura 777, fue atropellado por un patrullero que acudía al lugar en que se desarrollaron los hechos ya contados; no sobrevivió.



