jueves, 21 de agosto de 2025

Manifestaciones del misterio (cuento) - Martín Rabezzana

(El final de: "Corré, Daniela, ¡CORRÉ!", está en este cuento)

-Palabras: 4.725-

Magdalena del Buen Ayre; tarde soleada

   Me levanté de una siesta y salí a caminar sin rumbo por la calle. No suelo dormir siesta pero ese día, dormí una siesta; transité por la calle Almirante Brown de Ciudad de Quilmes, y cuando estuve por llegar a la altura 803 (o sea, a la esquina de Brown y Olavarría), vi sentada a una mesa del bar CLÉ, a esa ex compañera de aquel recinto escolar con la que no tuve siquiera una conversación en los varios años de asistencia al mismo lugar, y que, por intermedio de sueños, interpretando un papel, alguna vez, se me presentó, haciendo esto, de tal persona, una manifestación del misterio; posteriormente, personalmente la contacté, y ya sí, intercambiamos palabras habladas, menores, y… en fin;… a esa mujer, de pelo largo, lacio, negro, de estética gótica (que en nada disminuyó en todos estos años), la vi sentada a una mesa del ya referido bar, situada sobre la vereda; creí reconocerla, pero nada le dije, igual, no hizo falta porque ella, al verme pasar, pronunció mi nombre y después dijo:
   -¡Hola! ¿Qué tal?… Sentate.
   Entonces, en la silla opuesta a la de ella, me senté; tras ver que había una infusión emitiendo vapor frente a mí, y algunos productos dulces de panadería, le dije:
   -Esperás a alguien.
   -Sí; a vos te esperaba.
   Lo que me respondió, gratamente me sorprendió, y aunque conciencié lo extraño de la situación, decidí no preguntarle nada. 
   La mujer comió un poco de uno de los productos dulces y me incitó a hacer lo mismo; yo agarré uno, comí un poco, y ella me preguntó:
   -¿Está rico?
   -¡Sí! Está buenísimo -dije yo, y tomé un poco de la infusión que también estaba muy rica.
   Ella me dijo:
   -Vos no me viste, pero el otro día, yo te vi cuando dejaste escapar a esos dos chicos.
   Contextualización necesaria: dos pibes muy chicos, habían sustraído pertenencias de alguien en un bar y habían salido corriendo; tras ellos, fueron algunas personas con el objetivo de detenerlos y tal vez, hasta de agredirlos físicamente; yo “accidentalmente” choqué con ellas y permití así, que pudieran escapar.  
   Yo dije:
   -Si bien no está bien que nadie sustraiga nada de nadie, cuando quien lo hace es alguien que se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad, me causa empatía y hasta simpatía (pero solamente si actúa sin violencia), porque además de entender el por qué de su accionar, ese tipo de personas equivalen a alarmas que en una sociedad, se encienden, que deberían llevar a la gente a replantearse la validez del sistema social en su totalidad, ya que no salen de la nada, sino de un contexto social nacional, americano y mundial, en el cual, está todo hecho para que unos pocos acaparen casi todo lo valioso, dejando así, a la mayoría, en la necesidad… no obstante, no todos se lo replantean; hay muchos fachos que, para quienes en dichos actos incurren, aun sabiendo que están en la necesidad más extrema, piden “mano dura”, que muy seguido implica hasta el pedido de pena de muerte, y en ningún momento se plantean qué contexto social lleva a esas personas a conducirse del modo en que lo hacen; la sociogénesis de los delitos menores, para ellos, no existe, dado que quienes los cometen, lo hacen porque (según ellos), básicamente están biológicamente determinados para eso;… y hay quienes no son fachos, pero se ponen fachos, y en alguna medida, del mismo modo piensan;... Si uno no quiere ser un facho, debe considerar que las personas que incurren en dichas faltas, como ya dije, son alarmas que se encienden que nos indican que algo anda mal y hay que arreglarlo; los derechistas que piden mano dura, lejos de considerar que si en sus casas suenan las alarmas contra incendios, y que, por consiguiente, en las mismas hay un fuego que apagar (constituyendo entonces, el fuego, un GRAVÍSIMO problema), consideran que el problema son las alarmas y proceden a apagarlas, pero en ningún momento consideran apagar al fuego que las hizo sonar; los delincuentes menores, no son el fuego, son las alarmas, por lo que a quienes habría que apagar, son a las causas que los hacen sonar; el problema es que, de un modo u otro, la sociedad mundial es muuuy de derecha, incluso la mayoría de sus integrantes que se dicen de izquierda; esto queda claro en el hecho de que incluso estos últimos, dan por válido a un sistema médico basado en la provisión de substancias tóxicas (no siendo la nefasta psiquiatría -a través de la cual, se priva de la libertad ambulatoria y de la libertad a decidir sobre sus propios cuerpos, al imponerles drogadicción, a las personas, sin necesidad de que hayan cometido delitos ni de que hayan sido siquiera acusadas de haberlos cometido, y todo esto, sin un debido proceso previo-, más que la punta de un iceberg);... Con lo de “substancias tóxicas”, me refiero, por supuesto, a los medicamentos farmacológicos, que muy rara vez hacen otra cosa que tratar síntomas, y no así, causas, y como los síntomas son las alarmas que el cuerpo enciende para que una persona conciencie que algo anda mal en su organismo, producto en la mayoría de los casos, de hábitos (generalmente alimentarios) incorrectos, lo cual, debería llevarla a cambiarlos, cuando los síntomas son suprimidos, el problema orgánico, lejos de disminuir, avanza, por no haber sido tratadas sus causas y además, por haber sido agravado por el consumo de fármacos, de ahí que el perverso sistema médico imperante, sea la extrema derecha de la salud, y como no hay un rechazo general al mismo, ya que quienes lo rechazamos, por más que seamos cada vez más, conformamos una minoría, podemos decir que la inmensa mayoría de la gente, de una u otra forma, como ya dije, es muuuuy de derecha, por eso, cuando les suenan las alarmas contra incendios, lejos de apagar el fuego, apagan las alarmas y se van a dormir tranquilos mientras sus casas se queman.
   Ella dijo:
   -Cierto escritor (que fue tan coherente con lo que ahora voy a decir, que hasta llegó a ser combatiente montonero) alguna vez dijo, más o menos, que siempre le interesó el delito porque los delincuentes fueron los primeros que se opusieron a la propiedad privada.
   Yo dije:
   -Sí; a mí también me resulta interesante por los planteos a los que da lugar, y más allá del hecho de que haya propiedad privada problemática a nivel social (grandes extensiones de tierra y medios de producción), y otra que no lo es (objetos menores y viviendas), y ésta última, casi todos pensamos que es positivo respetarla, aun ante un caso de irrespetuosidad hacia la propiedad privada ajena que consideramos respetable, nos vemos incitados a reconsiderar qué implica la propiedad privada y qué lleva a unos a no respetar la de otros, y esto, como ya expresé, me parece bastante interesante y necesario, sobretodo en tiempos en que una mayoría da por hecho que la propiedad privada problemática y criminal, constitutiva de capitalismo, es una especie de fenómeno natural cuya existencia el ser humano debe aceptar, por estar fuera de su control, cuando todo indica que el mismo es una construcción humana que así como por el ser humano, fue hecha, puede ser por él, deshecha.
   Cambiando de tema, la mujer me dijo:
   -Hay un bar temático sobre Julio Cortázar en Palermo;… ¿te gusta Cortázar?
   -No.
   -Yo estuve en ese bar.
   -¿Está bueno?
   -La verdad que… no mucho; como cosa notable, no hay más que fotos de él, en las paredes -después agregó -Un bar temático tuyo, podría estar mejor.
   Yo le dije:
   -Si fuera temático sobre mí, no sería mejor que el de Cortázar. Sería PEOR, pero… si no fuera principalmente sobre mí, sino sobre mis personajes, ahí sí que podría estar muy bueno, sobretodo si mis personajes literarios tuvieran adaptaciones audiovisuales; si esto así fuera, en el bar podrían haber, además de imágenes de mis personajes, actores representándolos, caracterizados como aquellos que en las obras audiovisuales, los hubieran interpretado;... Estaría buenísimo que los clientes (y entre ellos, yo mismo) pudieran interactuar con ellos, pero esas obras nunca se van a hacer… si se hicieran, seguramente serían exitosas y habría entonces, demanda del público, de mis obras literarias, haciendo a estas últimas, también exitosas, pero, como ya dije, nada de eso va a ocurrir, porque el éxito no está en mi camino.
   Entonces la mujer, tras extender hacia mí, una mano en la que sostenía un teléfono celular, en el que un video con diversas imágenes de personajes que parecían ser míos, se reproducía, me dijo:
   -Esas obras ya están hechas.
   Yo, al ver el video en que se veían escenas de películas y series, basadas en mis obras, maravillado, dije:
   -Ania… María Clara… Daniela… Gloria… y tras ver a Mora en la pantalla, nada dije, porque instantes después, por la calle Almirante Brown, vi acercarse un Renault 4 (que parecía recién salido de fábrica) el cual, en la vereda frente a nosotros, estacionó; una mujer de americanísimo rostro y anochecidísimo pelo, del mismo, descendió; yo, aún más maravillado de lo que ya estaba, dije: 
      -Mora…
   La joven, que en esta oportunidad, vestía un pantalón ajustado que destacaba sus impresionantes piernas, tenía los extremos de su negrísimo y lacio pelo, ondulados, y un flequillo que destacaba su hermoso rostro, sonriendo cruzó la calle, se acercó a mí, y me dijo:
   -¡Hola!
   -Hola -respondí yo, en voz muy baja.
   Ella me puso una mano sobre un brazo, pidiéndome así, que me parara, y cuando lo hice, me abrazó; nos abrazamos; una vez el abrazo concluido, dejó las llaves del auto sobre la mesa, y se fue caminando hacia el interior del bar, mientras con una mano, me saludaba y yo, a ella.
   Quise seguirla, pero la conmoción del encuentro había ralentizado mis reflejos, por lo que no pude hacerlo, y si hubiera podido, no habría correspondido que dejara a mi ex compañera de escuela, sola, aparte, no solamente no habría correspondido, sino que no sabía si quería alejarme de ella porque, así como Mora, muchísimo me atraía, también ella, muchísimo me atraía.
   La mujer frente a mí, evidenciando cierto disgusto en su expresión (¿celos?) por la escena que acababa de presenciar, me dijo:
   -Sentate.
   Yo me volví a sentar y ella terminó de tomar la infusión que en su taza, quedaba, yo hice lo propio con la de la mía; después me dijo:
   -Bueno… vamos.
   -¿Adónde? -pregunté.
    Pero ella no respondió y fue hacia el Renault 4 cuyas llaves,
Mora (y no por descuido) había dejado sobre nuestra mesa; yo me dispuse a pagar, pero ella me dijo que no hacía falta, y hacia el asiento del acompañante del auto, me dirigí; una vez acomodado en el mismo, ella arrancó por la calle Almirante Brown, por la cual, aceleró progresivamente más y más, sin que esto fuera imprudente, ya que por ese lugar de Magda Buen Ayre, ningún vehículo más que aquel en que nosotros estábamos, transitaba, y a los pocos segundos, se hizo de noche; cosa extraña porque un rato atrás, serían cerca de las 16:30 horas, y no sólo eso fue lo extraño, sino además, el hecho de que todo el paisaje urbano que vi, no correspondiera al de la calle por la que íbamos, sino al de otra urbe, para mí, desconocida; tras algunos segundos, la calle se transformó en ruta y en algún momento, a unos cien metros de distancia, vi una muy alta pared, que me hizo decirle a la conductora:
    -¡Cuidado! ¡Frená!
   Pero ella siguió acelerando como queriendo que nos estrelláramos, lo cual, finalmente ocurrió.
   Una vez el auto destruido contra la pared, ella me tomó de una mano y hacia fuera del vehículo, suavemente me arrastró; estando ya fuera del mismo, me abrazó, la abracé, y todo se oscureció; lo siguiente que recuerdo es ver destellos en que se me presentaban imágenes infundidoras del sentir correspondiente a ellas, en que mi lengua y la de la mujer, se encontraban; después, otras, en las que ella, con su boca chupaba mi sexo y yo, con la mía, el suyo; esto lo experimenté muy efímeramente, pero lo siguiente, que fue verla y sentirla sobre mí, gimiendo y moviendo su cuerpo de arriba abajo, lo experimenté durante varios minutos; mi miembro erecto estaba dentro de su vagina, que, de tan hermosa, hipervelluda y oscura que era, nada tenía que envidiarle a la de Mora, como así tampoco, nada tenía que envidiarle el resto de su hermoso cuerpo, al resto del hermoso cuerpo de Mora, el cual, contrariamente al de ésta última, que en nada parecía haber envejecido, ya que si bien estábamos en el año 2025, por los pocos más de 20 años que aparentaba, parecía recién salida de mi serie de cuentos M & L, ambientada en la primera década de los años 2000, en la que es coprotagonista, para mi ex compañera de escuela, que era contemporánea mía (así como para mí), el tiempo sí había pasado, lo cual, resultaba en que aunque tuviera una apariencia aún joven, en su rostro hubiera claras evidencias del tránsito iniciado por ella hacía ya años, que la había sacado del lugar de “señorita”, y la había llevado al de “señora”; lejos de ver esto como un defecto, sentí que no podría haberme atraído más de lo mucho que en ese momento, me estaba atrayendo, si hubiera tenido veinte años menos, ya que la erosión que a lo perfecto de la primera juventud, la transición hacia la segunda, en los seres, produce, es constitutivo de imperfección, y la misma, según mi criterio, lejos de diezmar a lo perfecto, paradójicamente lo completa, de ahí que a la mujer en cuestión, la sintiera como una fruta madura que de ningún modo podría haber sido más rica, en ningún periodo previo.
   Tras varios minutos de coito, muy fuertemente, en el interior de la mujer, eyaculé, seguidamente ella egresó a mi miembro de su cuerpo y empezó a orinar moderada e intermitentemente, sobre mí; lentamente empezó a dirigir su sexo hacia mi abdomen, después, hacia mi pecho, y cuando se acercó a mi boca, la micción ya no fue moderada, sino muy fuerte, entonces…

El sentido toma el control

   A las vivencias surrealistas ocurridas durante la vigilia, se las suele equiparar con las “oníricas”, cuando en realidad, cuando las mismas son intensas (me refiero a las primeras), muy poco tienen que ver con lo que experimentamos al soñar, ya que a los sueños los recordamos de modo muy fragmentado, y a los fragmentos que recordamos durante la vigilia, generalmente los olvidamos a los pocos instantes de despertarnos, mientras que las experiencias “surrealistas”, “paranormales” o “fantásticas”, en quienes las experimentan, quedan de principio a fin, marcadas a fuego en sus memorias, de ahí que lo “onírico” no sea realmente equivalente a lo “irreal”, a lo “surrealista” ni a lo “fantástico”; lo “irreal”, lo “surrealista” y lo “fantástico”, que bien podrían tener un equivalente válido en el vocablo de: “absurdo”, paradójicamente, nos infunden la certeza de que TODO tiene sentido, y esta paradoja, acaso sea la más extraña de todas, ya que solemos considerar que aquello que damos por incomprensible, no tiene sentido, que es absurdo, pero el hecho de racionalizar a las cosas y de entenderlas (que es lo que las personas suelen considerar que les va a posibilitar atribuirles sentido), resulta en que pierdan misterio, y cuando el mismo está ausente, también lo está el sentido, por éste último, aparentemente residir justamente en el misterio, de ahí que el rodearse de lo “absurdo”, presente en todo lo “irreal”, lo “surrealista”, lo “fantástico”, lo misterioso, lo arcano, lo incomprendido y lo incomprensible, sea FUNDAMENTAL para encontrarle a la existencia TODA, sentido, y de ahí a su vez, que en los planos en los que el sentido existe, los misterios, abunden, haciendo esto vano al anhelo de tantas personas, de llegar a entender el sentido de lo que en este plano ocurre, una vez que se encuentren en otro, habiendo ya concluido su ciclo en éste, dado que, como ya más o menos expuse: salimos del sentido, entendiendo, y, por consiguiente, reingresamos en el sentido, desentendiendo, es por eso que hay que deponer al razonamiento para encontrarle sentido a las cosas, no obstante, durante los hechos misteriosos por mí, vividos y expuestos en el relato en curso, la tendencia a querer entender racionalmente qué los constituía, en mí, siguió estando, pero muy disminuida, y por eso fue que en algún momento dejé de buscar comprender, y el sentido de todo, se apoderó de mí.

El sentido se consolida

   ...tras varios segundos de la mujer, haber empezado a dirigir la micción hacia mi rostro, como saliendo de la más vívida de las ensoñaciones, volví a encontrarme a la mesa del bar CLÉ, en el que un rato atrás, con la ya referida mujer, estaba.
   De inmediato traté de enfriarme, y contestar a la pregunta que me había hecho, que no recordaba haber escuchado pero que de modo telepático, había asimilado; entonces dije:
   -Sí; lamentablemente, para referirse a la mayor parte del Gran Buenos Aires, ha ganado la expresión que los nefastos medios de difusión, con fines inconfesables, han decidido imponer, y yo soy alguien muy atento a las consecuencias del vocabulario, ya que, como ha sido expuesto desde la sociología, las palabras son fundamentales en la construcción y mantenimiento de las relaciones interpersonales de poder, de ahí que el denominar a un grupo humano o a un territorio, de determinada forma, implique consecuencias distintas a las que implica, el denominarlo de otra; la mismísima identidad de las personas, es en gran medida construida a partir de los títulos con los que se las define; si la mayoría tuviera plena conciencia de todo esto, sería más prudente al elegir a las palabras que usa, y esa concienciación llevaría a rechazar a muchísimas palabras que, desde los ya referidos medios de difusión, se propagan con el fin de crear jerarquías y reforzar las ya existentes, que es lo que SIEMPRE pretenden, los grandes grupos de poder económico que son los que financian y muy seguido, crean, a los medios de difusión de mayor alcance, con el único fin de servir a sus intereses.
   Tras varios segundos de incomodidad de mi parte, por tener frente a mí, a la persona con la que minutos antes, había estado intimando, y que ahora parecía haber vuelto a ser, lo que mayormente para mí, toda la vida había sido: una casi total desconocida, ella me preguntó:
   -¿Por qué no fuiste a las reuniones de ex alumnos?
   Tras una pausa de silencio de algunos instantes, dije:
   -Adiviná -ella, nada dijo; ante la ausencia de palabras de su parte, respondí a su pregunta: -Porque no me invitaron.
   Entonces me preparé para responderle que si me hubieran invitado, no habría ido, ya que asumí que la pregunta que de su parte, sobrevendría, tendría que ver con eso, y también pensé que seguidamente le diría, medio en broma medio en serio, que en realidad, es lo que quiero pensar que habría hecho (o sea, no asistir), porque… como no me invitaron… pero ella, nada dijo, solamente se limitó a mirarme fijamente y volví a tener destellos de imágenes en las que nos vi nuevamente en la intimidad; entonces me sonrió, y entendí que ella estaba experimentando lo mismo que yo.
   Poco después, la mujer se levantó de su silla, agarró las llaves del auto que estaban sobre la mesa, y me dijo:
   -Bueno… vamos.
   Esta vez, no le pregunté adónde quería que fuéramos, porque uno pregunta para saber y entender, y, como ya expresé: empecé a concienciar que se sale del sentido, entendiendo, y que, por consiguiente, uno reingresa en el mismo, desentendiendo, por lo que lejos de preguntarle cosas de tipo: “¿Sos real?” “¿Todo esto es real?”… “¿Estoy soñando?”…  que, de ella haber respondido, me habrían llevado a entender algo o todo, de ese misterio que me rodeaba y que en mi interior, se había instalado, lo que hice fue dejar de intentar entender.
   Una vez en el auto, tras unos minutos de haber vuelto a transitar calles desiertas de Magdalena del Buen Ayre, volvimos a encontrarnos de pronto, en una ruta en la que, en algún momento, vi una altísima pared, hacia la cual, la conductora dirigía al vehículo que ocupábamos; esta vez, no me alarmé, lejos de eso, me animé a acercármele y a besarla en una mejilla mientras ella, sonreía; segundos después, nos estrellamos contra la pared, y ella volvió a arrastrarme suavemente hacia fuera del auto; una vez fuera del mismo, me abrazó, yo la abracé, y volví a verme en un lugar, en el que ella y yo, sexualmente nos relacionábamos… Esta vez, los destellos con imágenes en que nos besábamos y nos chupábamos, no fueron breves, sino extensos, como así también, los respectivos sentires de tales actos; también fue extensa la experiencia en la que, en diversas posiciones, la unión genital, tenía entre nosotros, lugar.
   Tras volver a eyacular dentro de la mujer, volví a verme ante la mesa del bar, en cuyo extremo opuesto, estaba ella, sonriéndome.
   La mujer me estaba llevando una y otra vez, a vivir al máximo la misma situación de bienestar físico-álmico, para cuyo alcance parecía ser necesario que recorriéramos un camino previo, que, por yo ya conocerlo, me llevó a agarrar las llaves del auto que sobre la mesa, estaban, y a decirle.
   -Vamos.
   Seguidamente nos levantamos y fuimos hacia el Renault 4, al cual, esta vez subí en calidad de conductor, y al máximo aceleré por calles desiertas que rápidamente volvieron a oscurecerse y a convertirse en una ruta en la que, en determinado momento, una altísima pared, delante de nosotros, había; contra la misma choqué, y una vez esto ocurrido, fui yo quien suavemente arrastró al otro, hacia fuera del vehículo; una vez fuera, la abracé, nos abrazamos, y volvimos a aparecer en un lugar en el que intimamos, y esta vez, ya no fueron destellos de imágenes breves ni extensas, lo que vi, previo a vivir con total intensidad, el coito entre nosotros, sino que lo viví todo con una visión total y un sentir que alcanzó un paroxismo que fue aún mayor, al que en nuestros encuentros previos, había alcanzado, llevándome esto a concluir que el intenso sentir en curso, seguiría aumentando en nuestros futuros encuentros, y ocurrió que, tras este último encuentro íntimo que relaté, concluir, volví a verme sentado a la mesa de una de las veredas del bar CLÉ, y, sin esperar mucho, volví a agarrar las llaves del auto que frente a mí, estaban; tras sonreírle a la mujer frente a mí, me levanté de mi silla y me dispuse a ir hacia el vehículo; al advertir que ella no se levantaba, le pregunté:
   -¿No venís?
   Tras algunos instantes de silencio, ella dijo:
   -Esta vez, tenés que ir solo.
   El por qué de ese deber mío de ir solo, decidí no preguntárselo, ¿por qué? Por preservar el misterio que a TODO, da sentido.
   A ella le extendí una mano y me la besó, después me extendió una suya, y yo hice lo mismo; seguidamente, hacia el auto, fui.
   Una vez en el asiento del Renault 4, saludé con la mano a la mujer que a la mesa del bar, seguía sentada, y ella, sonriendo me devolvió el saludo; acto seguido, aceleré por calles soleadas desiertas, que rápidamente se oscurecieron y se transformaron, primero en ruta y después, en túnel; por el mismo conduje durante unos veinte minutos mientras veía que a mi alrededor, todo el paisaje, vertiginosamente se modificaba; las luces y sombras, que respectivamente iluminaban y oscurecían, el lugar por el que transitaba, creaban un efecto como de discoteca, sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en una discoteca, en ese túnel, de haber algún sonido, era para mí, totalmente inaudible; admito que tuve miedo, ya que me estaba dirigiendo a un lugar que desconocía y además, sin la certeza de poder volver al mío, sin embargo, rápidamente comprendí que el miedo añadía emoción a mi travesía, y esa interpretación, me permitió disfrutarla.
   Una vez que salí del túnel, me encontré transitando una calle de tierra; era de noche.
   Tras un rato de manejar por lo que era la Avenida Eolo, doblé a la izquierda al llegar a la calle De las Silfides (el nombre de las calles, los conocí posteriormente), y decidí estacionar el auto, descender del mismo y mirar a mi alrededor, como para intentar determinar en dónde me encontraba; miré en todas las direcciones y (acertadamente) creí estar en algún lugar de la costa atlántica; las casas elegantes en medio de una zona boscosa de calles de tierra, me llevaron a considerar que podría encontrarme en la localidad bonaerense balnearia de Pinamar, y así era.

El pasado nunca se va || Algo había ocurrido en Avenida Eolo entre las calles De las Silfides y De las Nereidas, de Pinamar

   Tras menos de un minuto de haber descendido del vehículo y haber caminado un poco por la calle De las Silfides, habiéndome alejado una media cuadra, escuché muchos disparos, entonces troté hacia el auto para abordarlo e irme del lugar, pero cuando me disponía a reingresar al mismo, me sorprendí al ver que en la esquina de Avenida Eolo y De las Silfides, había un Renault 12 cuyos vidrios estaban destrozados y cuya carrocería tenía cualquier cantidad de agujeros de bala; ese auto parecía haberse materializado recientemente, dado que yo no lo había visto al pasar por la esquina, no muchos minutos atrás.
   En el asiento trasero del vehículo en el que yo había llegado, bajo una manta, sobresalía la culata de lo que parecía ser una escopeta; yo no recordaba que ni la manta ni el arma, estuvieran ahí antes; la curiosidad me ganó, y así fue que, en vez de ponerme de inmediato tras el volante para irme, decidí abrir primero la puerta trasera, para ver qué era lo que debajo de la ya referida manta, había; al tomar al objeto con una mano, constaté que, efectivamente, se trataba de una escopeta, más precisamente, de una Bataan 71 recortada; una vez con el arma en mis manos, vi delante de mí, de la mano izquierda, doblar la esquina De las Silfides, corriendo en mi dirección, a una mujer joven, cuya expresión era de extremo terror; yo, de inmediato la reconocí, y si bien no sabía entonces qué era lo que pasaba, era fácilmente intuible que escapaba de alguien; eso es lo que creí que pasaba, y no me equivoqué, ya que detrás de ella, iba un tipo blandiendo una pistola; al verla desarmada, a la joven le grité:
   -¡Daniela!
   Y le arrojé la Bataan 71 que ella, firmemente empuñó y a la
cual, de inmediato le retrajo su corredera; seguidamente se dio vuelta, e instantes después, su perseguidor, que iba por la Avenida Eolo, dobló la esquina De las Silfides y se encontró de frente con la guerrillera; ella disparó contra él, dos veces, llevándolo a caer; una vez el tipo en el suelo, la combatiente se le acercó y lo remató con un tercer disparo; mientras tanto, yo había vuelto a ingresar al auto y desde el mismo, a Daniela le dije:
   -¡Subí!
   Y ella rápidamente subió al asiento del acompañante; una vez alejados del lugar, asumiendo que yo pertenecía a la “orga”, ella me dijo:
   -¡Gracias compañero!
   -De nada -dije yo, y agregué: -pero... no soy “compañero”.
   Ella me preguntó:
   -¿No sos montonero?
   -No.
   -¿De qué organización sos?
   -De ninguna.
   Y tras algunos segundos de silencio, ella dijo:
   -Y... ¿quién sos?
   -Martín, me llamo; soy escritor.
   Ella me miró con sorpresa en silencio durante algunos segundos, después, ya algo distendida, me dijo:
   -Bueno… gracias Martín; yo me llamo…
   -Daniela -dije yo, interrumpiéndola.
   -¡Sí! -dijo ella extrañada; después me preguntó: -¿Cómo sabés mi nombre?
   Yo no respondí, lo que hice fue preguntarle:
   -¿Adónde querés ir, Daniela?
   -Lejos… respondió ella; seguidamente agregó: -A otro tiempo, si es posible.
   Entonces yo, que si bien no me creía en control de lo que ocurría, intuí que en este caso particular, el destino podía ser por mí, elegido, le dije:
   -Hacia otro tiempo vamos.
   Y hacia otro tiempo, fuimos.

martes, 12 de agosto de 2025

Leila. Daniela. AJUSTICIADORAS (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 1.809-

   Las combatientes Daniela y Leila, por orden de la superioridad de la organización a la que pertenecían (Montoneros), se habían sumado a un pelotón en el que también estaban Lalo, Salazar, Aldo y Meche; estos seis guerrilleros ocupaban entonces (mediados de 1976) una casa en la zona de Banfield.
   Cierta mañana, Daniela y Leila, tras la primera haber hecho algunas compras en una librería-papelería, entraron a un bar, situado en la Avenida Colombres 179, de la bonaerense ciudad de Lomas de Zamora, con el objetivo de desayunar; una vez sentadas a una mesa, ambas pidieron té con leche y tostados; ya iniciado el desayuno, Daniela le dijo a Leila:
   -Se te ve cansada.
   -Y sí… anoche no pude dormir mucho.
   (Leila dormía sola en un cuarto contiguo al de su compañera uruguaya que, con Aldo lo compartía, ya que con él, estaba en pareja).
   Entonces Daniela, evidenciando culpa en su sonrisa, a su interlocutora, dijo:
   -Aaaayyy… ¡discuuulpame por el ruido! Lo que pasa es que… ¡no sabés las veces que me hizo acabar, Aldo anoche!… -y se río, mientras Leila, con claro pudor, sonreía.
   Seguidamente hablaron de otras cosas muy divertidas, lo cual, era inevitable en una conversación en la que Daniela fuera parte, ya que era una mina extremadamente extrovertida que muy habitualmente hacía chistes y decía cosas graciosas que a sus interlocutores, mucho hacían reír.
   Una vez concluido el desayuno, Daniela dijo:
   -Bueno. ¿Vamos yendo?
   -Sí -respondió Leila; después dijo: -Pedí la cuenta, yo voy al baño.
   -Bueno.
   Mientras Daniela pagaba la cuenta, dos policías ingresaron al bar y le pidieron documentos a varias personas; al verlos, la guerrillera agarró la cartera que sobre la mesa, había dejado, y de ella extrajo la pistola que ahí llevaba; a dicha arma, dispuso debajo de la bolsa de la librería-papelería, situada sobre una silla a su derecha; en la bolsa había algunos cuadernos y biromes que acababa de comprar; una vez el arma escondida, la joven empujó a la silla bajo la mesa, para que ni la bolsa ni el arma, fueran visibles para los uniformados.
   Uno de los policías se acercó a la mesa de la atractiva joven montevideana y a ella le dijo:
   -Buen día; documento.
   Entonces Daniela, tras sacar de un bolsillo el D.N.I. falso que poseía, dijo:
   -Buen día; sirvasé.
   El policía preguntó:
   -¿Cómo se llama?
   -Teresa Massala.
   -¿De qué trabaja?
   -Soy empleada administrativa en Arcor.
   -¿Qué edad tiene?
   -Treinta.
   Entonces el uniformado miró atentamente la foto del documento, que correspondía claramente a la imagen de la mujer frente a él, pero dudó sobre su edad, ya que parecía (y así era) tener menos de treinta años.
   Mirando con desconfianza a Daniela, el agente policial, dijo:
   -Como no estoy seguro respecto de su edad, me va a tener que acompañar a la seccional, para que corroboremos sus datos.
   Ella dijo:
   -¿Es realmente necesario, eso?
   -Sí, es necesario; póngase de pie y levante los brazos.
   La mujer acató la orden y el represor estatal, la palpó de armas, no encontrando en la ex integrante de la OPR-33, ninguna; después dijo:
   -¿Esa cartera es suya?
   -Sí.
   -Muéstreme qué tiene dentro.
   Y Daniela, así lo hizo, y como nada “raro” en la misma, había, el agente le dijo que la llevara, entonces ella la colgó sobre su hombro derecho y el uniformado procedió a esposarle las muñecas del lado delantero de su cuerpo y no así, detrás de su espalda, lo cual, se hace cuando alguien no está oficialmente detenido, sino “demorado”, y así fue llevada al asiento trasero del patrullero que frente al bar, estaba estacionado, en donde permanecería sola, dado que ninguna otra persona del bar, había sido detenida ni “demorada”; mientras tanto, Leila, que tras abrir la puerta del baño para, del mismo, salir, había advertido la presencia de policías en el lugar, había dado marcha atrás y sacado su pistola STAR, que bajo su ropa y sobre su espalda baja, llevaba, y se había quedado mirando con la puerta entornada, la escena en la que a su compañera, llevábanse "demorada".
   Una vez que los policías hubieron ya salido con la “demorada” del negocio, Leila rápidamente guardó su arma, se acercó a la mesa que con su compañera, había ocupado, y agarró la bolsa de la librería-papelería y la pistola (también de marca STAR) que, debajo de la primera, había visto a su amiga, dejar oculta; inmediatamente después, salió del bar escondiendo el arma bajo la bolsa ya referida; justo antes de trasponer la puerta de salida, a la pistola le retrajo la corredera y velozmente caminó hacia el frente del patrullero al que acababan de subirse los dos uniformados y hacer subir, a Daniela.
   Al ver a Leila parada de costado frente a su vehículo, como queriendo cruzar la calle pero sin animarse a hacerlo, el policía que ocupaba el asiento del acompañante, dijo:
   -¿Qué hace la boluda ésa ahí parada? -y tras sacar la cabeza por la ventanilla, mientras hacía gestos con las manos, le gritó: -¡Salí del medio, nena! -seguidamente, al otro policía, le dijo: -Tocale bocina.
   Y cuando su compañero, que acababa de encender el auto, se disponía a hacer sonar la bocina, la combatiente se posicionó de frente al patrullero, soltó la bolsa detrás de la cual, estaba la pistola de Daniela, la apuntó hacia ambos uniformados, y
certeramente disparó contra el pecho de cada uno de ellos; la joven oriental, al ver a su copartisana y suponer lo que haría, se había apurado en situarse en el medio del asiento para no quedar en la línea de fuego, no obstante, por existir una posibilidad concreta de herir no sólo a los policías, sino también, a Daniela, Leila tuvo la precaución de no disparar más de una vez contra cada uno de los represores del estado.
   Tras los impactos, ambos policías quedaron malheridos, pero no muertos; el policía que ocupaba el asiento del conductor, alcanzó débilmente a llevar su mano derecha hacia su pistola, en un intento de repeler los disparos, fue entonces que Daniela, cuyas muñecas, como ya fue dicho, habían sido esposadas por la parte frontal de su persona, se la arrebató, y le disparó en el abdomen; seguidamente hizo lo propio contra su compañero situado a su derecha; estos últimos dos disparos, resultaron en la muerte casi inmediata de ambos terroristas de estado.
   Tras los ajusticiamientos haberse consumado, Daniela dejó el arma sobre el asiento que ocupaba e inmediatamente después buscó en el bolsillo frontal derecho de la camisa del policía, situado en el asiento del conductor, las llaves de las esposas, por saber que en ese lugar, los de azul, solían guardarlas; las agarró, y así fue que, cuando Leila le abrió la puerta para que del patrullero, descendiera, a ella se las extendió, y dijo:
   -Las llaves de las esposas.
   Leila liberó de las esposas a su compañera y tras ésta última volver a empuñar la pistola que al policía le había sustraído, salió del vehículo y ambas jóvenes corrieron hacia el Ford Taunus en el que habían llegado, al cual, a la vuelta del bar (sobre la calle España) habían dejado estacionado.
   La cuadra del bar, diariamente muy transitada a esa hora de la mañana, producto de los disparos, se había quedado sin ningún transeúnte, ya que todos ellos, en medio de gritos, habían salido corriendo en busca de resguardo.
   Una vez en el auto, ya lejos del lugar del hecho recién descrito, mientras manejaba en dirección a la casa montonera en que ambas se alojaban, Daniela, tras apoyar su mano derecha sobre el antebrazo izquierdo de su compañera, a ella le dijo:
   -Gracias Leila… gracias amiga.
   Leila se limitó a sonreír.
   De Daniela haber sido llevada a la seccional policial, se habría descubierto su verdadera identidad y habría sido llevada a uno de los centros clandestinos de detención, que, según datos recientes (año 2025) (que no son definitivos, debido a que los procesos por delitos de lesa humanidad perpetrados por el estado argentino en aquel tiempo, siguen desarrollándose, de ahí que en base a testimonios nuevos, se sigan identificando centros clandestinos), en aquellos años ‘70, llegaron a ser más de 800 en todo el país; en ese lugar habría sufrido lo peor antes de ser asesinada, y, de no haber sido guerrillera ni militante política ni social, tras ser detenida por la policía, seguramente no habría sido por la misma, muerta, pero tal vez sí, torturada y hasta tal vez, abusada sexualmente, ya que las autoridades realizaban a gran escala detenciones arbitrarias por “averiguación de antecedentes” y tenían, como parte de una reglamentación paralela y no escrita, programado reprimir brutalmente a una minoría del total de detenidos arbitrariamente por ellas; esa minoría estaba mayormente compuesta por jóvenes, y el  objetivo de esas detenciones era el de infundirles “respeto” hacia las autoridades, en pos de que se portaran “bien”, y jamás se les pasara siquiera por la cabeza, hacer algo que las pudiera conducir a la cárcel, pero… ese “algo” que en esos tiempos podría resultar en que alguien fuera detenido por la policía, producto no sólo de la dictadura en curso, sino también, de los edictos policiales que venían del siglo diecinueve y que se ampliaron en los años 1930, durante el gobierno de facto de Uriburu, afianzándose durante el también gobierno de facto de Aramburu, que permitían que cualquier persona fuera detenida por la policía sin ningún motivo válido, podía ser el sólo hecho de caminar por la vereda; este accionar arbitrario, habilitado por los ya mencionados, edictos, recién empezó a disminuir con la derogación de los mismos, a finales del siglo 20.
   Las detenciones arbitrarias perpetradas masivamente por las autoridades durante casi todo el siglo 20 contra jóvenes que por las mismas, no sólo no eran siquiera sospechados de integrar agrupaciones armadas, sino tampoco, políticas, son
generalmente pasadas por alto al analizarse el por qué de la voluntad de tantos de ellos, de tomar armas para combatirlas, y las mismas fueron, según mi criterio, el motivo principal para eso, de ahí que las acciones violentas que contra las autoridades, los guerrilleros, perpetraron, hayan sido por ellas mismas, generadas, y no parcial, sino totalmente.
   Daniela, levantando la voz, en alusión al hecho de que Leila, no hacía muchos meses que se había incorporado a la lucha armada, dijo:
   -¡Vos sí que aprendés rápido, nena, ¿eh?! -y ambas rieron.

   Esa misma noche de invierno, Daniela se dirigiría a Capital Federal para cenar con ex compañeros suyos de la ROE (Resistencia Obrero Estudiantil), que para ese entonces, eran parte del P.V.P. (Partido por la Victoria del Pueblo) (ambas organizaciones derivaban de la Federación Anarquista Uruguaya), en una casa operativa que el P.V.P., había alquilado; ella se esperaba que después de lo acontecido durante la mañana, el resto del día fuera tranquilo, y lo sería, pero la trasnoche de esa noche… bueh...

martes, 22 de julio de 2025

Fuera del espacio establecido como real (una vez más) (cuento) - Martín Rabezzana

(El siguiente texto es la segunda parte de la historia que se inicia en mi cuento: "El no tan invisible y la dama alada").

-Palabras: 4.659-

Post momento idílico 

   El escritor volvió a encontrarse solo en medio de una densa niebla que le impidió ver; la misma, rápidamente se disipó y fue entonces que pudo advertir que se encontraba de nuevo sentado a una mesa del “Paz Café & Restó”, de Quilmes ciudad, en donde, un rato antes, le estaban realizando una entrevista; su entrevistador, que durante la entrevista referida, parecía haberse desmaterializado (resultando esto en que la misma no llegara a término), estaba frente a él y, como si nada hubiera ocurrido, al literato le preguntó:
   -La serie de cuentos M & L, que si bien se inicia antes de tu libro: “Hechizo… de concha americana”, en el mismo alcanza su mayor extensión y complejidad; la misma está ambientada en los años 2000… ¿por qué?
   El literato miró a su entrevistador y trató de disimular su incomodidad, ya que todo lo que venía de pasarle, había sido muuuy fuerte, y lo que le seguía pasando, también lo era, ya que parecía haber saltado hacia delante (¿?) en el tiempo y el espacio, para después volver hacia atrás (¿?), lo cual, lo llevó a dudar de todo, o más bien, de casi todo, ya que no dudaba de su propia lucidez, en el sentido de que, si bien no entendía de qué se trataba lo que le estaba ocurriendo, no dudaba ya de que sus sentidos no lo estaban engañando; si algún engaño había (y no lo había), no procedía de su interior.
   El lugar en que estaba, equivalía a un escenario que mutaba como mutaban también, sus actores, y los mismos estaban en el exterior, no eran, por ende, alucinaciones creadas en su interior, y aun si esto último se estuviera dando, y fuera el mundo que veía, “su representación” (como algún filósofo decía que lo era el mundo que él veía), esa representación creada por su psiquis, de la misma egresaba y materializaba; ¿por qué habría de ser de otra forma?, ¿o acaso alguien niega que toda la vida que conocemos, surge del interior?… El óvulo y el espermatozoide, en conjunción, crean un ser del reino animal, y tanto uno como otro, proceden del interior de seres de dicho reino; la semilla,  desde el interior de la tierra, hace surgir vida vegetal que se expande al exterior;… ¿por qué esto no habría de aplicarse a todo lo existente? Del interior viene lo existente en el exterior, de ahí que lo de que: “El mundo es mi representación”, tal vez sea válido, pero tal vez no… del todo, ya que tal vez el mundo que cada uno percibe, sea una representación, sí, pero no de uno mismo, sino de otro o de otros, situados en un interior del cual, vendría nuestro exterior, e incluso hasta podría serlo de otros seres que, al igual que uno, tal vez no existan y que, por consiguiente, sean sombras de sombras de sombras… Si las cosas son de esta última manera, lo que sigue es la frustración total, ya que, ¿cómo hace uno para enojarse con los otros, si los da por inexistentes? ¿Cómo hace uno para enojarse con el mundo, si considera que tampoco existe? ¿Cómo hace uno para enojarse consigo mismo, si las inexistencias mencionadas, a sí mismo lo incluyen? Pero uno imagina, representa, piensa, siente, toca, y, por consiguiente, VIVE, sin embargo, la vida toda, de ser una representación, es tan solo una obra en la que actuamos… Si bien, estas hipótesis existen desde que el ser humano, existe, nos sorprendemos cuando encontramos evidencias que las confirman; nos sorprendemos cuando vemos durante el sueño o la vigilia, a alguien que de este plano se fue, y nos da una información que debemos transmitirle a otro, y cuando lo hacemos, el otro pregunta sorprendido: “¿Cómo sabés eso?”, al considerar que su interlocutor, ningún modo tenía de saber eso que evidentemente, sabía, y el hecho de que le haya sido dicho que la persona en cuestión, lo contactó por vía extrasensorial, nada hace por disminuir la sorpresa de aquel que el mensaje, recibe, ni tampoco la de aquel que lo transmite, por más que ambos, fueran ya de antes de todo esto referido, creyentes en el mundo espiritual… ¿por qué nos sorprende encontrar pruebas concluyentes de la existencia de aquello en lo que firmemente creemos? ¿Será que en primer lugar, nuestras creencias nunca habían sido firmes? Y una vez que encontramos tales pruebas, nos alegramos, pero seguimos sorprendiéndonos cuando encontramos más… ¿por qué pasa esto? ¿Por qué nos sorprende encontrar pruebas de la existencia de lo que creíamos posible? Tal sorpresa debería darse al encontrarlas de aquello que creíamos imposible… ...¿Por qué, si es posible que dos seres se quieran, por más diferencias aparentemente inconciliables que entre ellos, existan, cuando esto se da, suele causar sorpresa? “Tal persona que quiero, me quiere”, y uno no lo puede creer, y aunque uno quiera ser por tal persona, querido, a su vez, de no estar satisfecho consigo mismo, puede llegar a querer no serlo, por considerar que nada bueno para darle, tiene, de ahí que decida solamente besarla a la distancia, como puede hacerlo un ficcionador al incluirla junto a sí mismo, en sus ficciones… pero en el caso de que esa persona, no lo quiera, él sí querrá ser por ella, querido, pero tal vez, la persona no exista, y por eso uno haya debido crearla, y no necesariamente de la nada, sino en base a alguien ya existente, y ese alguien ya existente puede coincidir con el ya existente y ser parecidos y hasta iguales; cuando esto último se da, el personaje creado, lejos de ser de ficción, termina siendo un desdoblamiento de la persona real en la que se basó, y la representación de la persona podría terminar siendo más real que la persona representada, como pasa con esos personajes de inteligencia artificial basados en personas reales que, por la elocuencia con que se expresan, hacen decir a las personas en las que se basaron, que sienten que dichos personajes son más verdaderos que ellos mismos, siendo ellos mismos, por consiguiente, las copias, lo cual, lleva a considerar que aun si algo nace como copia o ficción, por todo tener una contraparte y caminar hacia su opuesto (esto último sostuvo Hegel), es cuestión de tiempo para que se vuelva su opuesto y se constituya en original y real.
   Tal vez la ficción sea la realidad o la realidad, la ficción; de ser así, la dualidad es sólo aparente, cosa que se dice desde siempre en casi todas las doctrinas espirituales orientales; si damos a esto por válido, la cuestión sobre qué es real y qué no, queda cerrada, ya que la ficción y la realidad, son un mismo fenómeno.
   Todas estas posibilidades fueron consideradas por el escritor en el espacio de apenas unos segundos; seguidamente, tomó un buen trago de la cerveza que frente a él, estaba, y dirigiéndose a su interlocutor, de cuya autenticidad en cuanto a existencia, dudaba, dijo:
  -Sí; la serie M & L está ambientada en los años 2000, que en lo artístico, fueron el final de un ciclo, ya que a partir de mediados de esa década, se empezó a masificar la difusión de música, películas y más cosas, a través de internet, y eso llevó a que, quienes consumíamos arte en cantidades relativamente moderadas, pasáramos a consumirlo excesivamente; es decir, pasamos de la escasez a la abundancia, en muy poco tiempo; quienes nacieron en la era del acceso masivo a internet, no pueden comparar, pero quienes somos “inmigrantes digitales”, comparamos y sabemos que en la era de la escasez de acceso a obras artísticas, disfrutábamos más de ellas, que en esta era de abundancia; yo, por ejemplo, antes de tener internet, por escasez de plata, me compraba discos cada tanto, y los disfrutaba mucho más que ahora que tengo gratuitamente disponible, mucha más música que la que tengo tiempo material de escuchar… ...Esta sobreabundancia en cuanto al acceso a las artes y a la información, está reformateando nuestro modo de interpretar y sentir TODO, y no parece que el cambio sea para bien, porque el resultado es una falta de capacidad de encontrarle gusto a las cosas, lo cual, inevitablemente lleva a un nihilismo mucho más profundo que aquel descrito en la era de la posguerra, por existencialistas como Camus;… en fin; esta masificación del acceso, por ejemplo, a la música, llevó a que grupos cuyos discos estaban descatalogados, y, por consiguiente, a que grupos del pasado, ya separados, que estaban ya, casi en el olvido total, volvieran a ser conocidos por estar sus grabaciones, subidas a internet, lo cual, los llevó a tener una nueva generación de admiradores que derivó en que decidieran reagruparse; esto también se dio por el hecho de que a mediados de la década del 2000, se llegó a un punto límite en lo que hace a la innovación musical, que resultó en que todo empezara a sonar repetido, y cuando se llega al final de un camino, si se quiere seguir andando, hay que pegar la vuelta, y esto es lo que hizo el público, de ahí que volviera su mirada a los grupos del pasado, a una escala sin precedentes… cosas parecidas pueden decirse del cine y de otras artes, mas no así, de la literatura, porque es un arte en el cual, todavía hay mucho por crear, aunque, paradójicamente, a las obras literarias, el público le escasee cada vez más… ese final de camino en lo que hace a la creatividad artística en general, sumado a la sobreabundancia de información que, como ya dije, está reformateando (para mal) la percepción y, por consiguiente, el sentir de todos, se inició a mediados de la década de los dos mil… yo quise que la historia de Mora y Leandro (“Leandro” es el nombre que iban a ponerme si no me ponían “Martín”) tuviera lugar en un tiempo histórico vital, por eso no podía situarla en años posteriores a la primera década de los 2000… también podría haberla ambientado en los 90, pero… ocurre que las representaciones artísticas de la primera década de los años dos mil, no son muchas, por eso sentí como necesario hacer un aporte, y no lo son, en parte porque me parece que no son muchos quienes han advertido que ése periodo fue, en lo artístico, y, por consiguiente, en la vida (dado que el arte, como ya expresé, influye en nuestra percepción de todo), el último altamente vitalizado de los últimos tiempos; hacia finales de dicha década, pasamos a otro ciclo histórico (uno disminuido en vitalidad) que, como todo otro ciclo, va a concluir; lamentablemente, para eso parece faltar mucho, dado que no hace mucho que se inició, y nada lleva a creer que se esté debilitando.
   Rápidamente el entrevistador preguntó:
   -¿Qué fue lo que te llevó a crear una historia así?
   -La serie M & L fue por mí escrita, pero no sé si decir que fue por mí, creada;… por ahí dicen poéticamente que el artista es una “antena”, porque más que crear, percibe y comunica lo ya existente en otras frecuencias; de esto, hay quienes se burlan por considerarlo absurdo, ya que las grandes obras, según ellos, son el resultado de un largo y arduo, trabajo; claramente desconocen, quienes esto piensan, la existencia de la llamada “ensoñación excesiva”, que hace que las ficciones se multipliquen en la cabeza de alguien que cosa tal, experimenta, aun contra su voluntad.
   -¿Es lo que a vos te pasa? -preguntó el entrevistador.
   -No; yo estoy entre los artistas para los cuales, el trabajo creativo suele ser largo y arduo, no obstante, hay veces en que esto no es así, y los personajes, las tramas y los conceptos, parecen llegarle a uno a la cabeza sin ningún tipo de esfuerzo, es entonces que uno siente que más que creando, está transmitiendo algo que recibe; no digo que sea así, pero está la sensación de que así es, y que, por ende, de que uno se convierte por cierto tiempo en una “antena”, a su vez, yo considero que las cosas son como uno las siente, y si uno, así lo siente, ¿por qué no habría, la cosa en cuestión, de ser así?... En el caso de la serie de Mora y Leandro, si bien me llevó mucho trabajo, en gran medida hubo partes de la trama que no sentí haber creado, sino transmitido; de esto último ser así, la pregunta sería: ¿por qué debe uno transmitir lo que recibe de otras frecuencias? ¿Cuál es la finalidad de hacer eso?… ¿Por qué se me eligió para transmitir una historia así?, y, si así fue, ¿quién me eligió? -y tras tomar un trago más de cerveza, dijo: -La atracción entre dos seres… cuando es compartida, es gloriosa, cuando no lo es, es trágica… en la historia de Mora y Leandro, la misma es compartida y es, por lo tanto, gloriosa, pareciendo lo idílico de su relación físico-álmica, totalmente alejado de la realidad, al menos para los partidarios del “realismo”, que parecen tener resuelta la cuestión, para mí, eterna e irresoluble, de qué es la realidad, y les parece “irreal”, toda historia ficcional idílica, por el sólo hecho de ellos no haber experimentado los sentimientos que en las mismas, se cuentan, y ningún sentido tiene el creer que solamente existe aquello que uno mismo vivió… yo creo no haber escrito nada más realista que la serie en cuestión, ya que si bien el contacto entre las almas (el cual, se da habitualmente), es infinitamente más intenso que el que se da entre los cuerpos (el cual, se da más habitualmente aún que el otro ya referido -lo que significa que lo intangible es más fuerte que lo tangible, concepto magníficamente expresado en el tema de Intoxicados, en el que el cantante, después de manifestar gustar de toda una serie de cosas materiales, dice: ...”pero lo que más me gusta son las cosas que no se tocan”-), de ahí que un beso a la distancia pueda ser más fuerte que uno físico, por el primero ser de corte espiritual y el segundo, material, más intenso aún, es el bienestar que surge entre seres que además de unirse físicamente, se unen espiritualmente; esto lleva a un éxtasis que no puede darse cuando el bienestar es únicamente físico ni cuando es únicamente espiritual; algo que no dije, es que dicho éxtasis, sólo puede alcanzarse cuando la unión espiritual, es de larga data, por lo que no se da entre participantes de una pareja que recién se conforma, y con “larga data”, me refiero a un conocimiento de los amantes en vidas anteriores; cuando se da una relación entre personas bajo estas condiciones, el enamoramiento entre ellas, no concluye nunca; estos últimos casos, son raros, pero de ningún modo, inexistentes; la no conclusión de la etapa del amor-pasión, es negada en su existencia por muchos que la van de expertos en la materia, pero a mí me consta que existe, y parece ser que me fue encomendado (vaya uno a saber por quién), el representarla artísticamente, de ahí que mi serie M & L, nada tenga de irreal, por más apariencia que tenga de serlo, y de ahí a su vez que haya sido, la historia en cuestión, una especie de exposición de una realidad de la que muchos descreen, y que podría ser por ellos, alcanzada, de abrirse a la posibilidad de su existencia.
   Tras pensarlo unos segundos, el entrevistador dijo:
   -Supongamos que está claro, qué es real y qué, no;… hay quienes consideran que enfocarse en lo irreal, lleva a no valorar a lo real.
   -Sí, y quienes creen que hay que enfocarse en lo “real”, y no en “fantasías/ficciones”, no sólo critican, sino que hasta condenan a toda visión “irreal” que en el arte, tiene comúnmente materialización en obras de corte romántico… Emma de la Barra (a través del seudónimo de César Duayén), dijo más o menos que los animales no evolucionan por no tener ideas abstractas;… si bien, desconocemos que es lo que piensan los animales no humanos, es posible que no tengan ideas abstractas, al menos, en el mismo grado que los seres humanos, y que, por consiguiente, el concepto sea correcto, de ahí que el cultivar fantasías/ficciones (es decir, abstracciones), sea IMPRESCINDIBLE para la creación de lo concreto, ya que sin la fantasía, la realidad no se expande; el plano arquitectural de expansión de la realidad, está constituido por fantasías; dicho esto… ¿cómo condenarlas? ¿Por qué hacerlo?… yo no lo hago… sobretodo porque el de las ficciones, es el único lugar seguro en que puedo expresarme y existir… fuera del mismo, no existo… tal vez deba transformarme en personaje de ficción (que es lo que vengo haciendo desde hace rato) para que se dé una contraparte fáctica, y pueda finalmente vivir, y dejar de besar a la distancia… aunque sienta no merecerlo, porque yo no siento merecer nada bueno; no quiero acercarme a nadie;… alguna vez dije que estoy más cerca de otros planetas que de otras personas, y en ninguna medida he faltado a la verdad… pienso en todas las personas que me ven y me temen, sin siquiera haberme tratado (ni se imaginan el miedo que yo les tengo a ellas -me toma semanas reponerme de una mirada hiriente. Por eso no puedo mirar a casi nadie a los ojos-; si de eso tuvieran conciencia, se avergonzarían de haberme temido), y resuelvo que si supieran lo que hay en mi interior… lo que hay en mi cabeza… lo que constituye mi sentir... lejos de dejar de temerme, me temerían aun más; se espantarían y saldrían corriendo… pero no lo saben, como yo no sé qué hay en el interior de ellas (si bien intuyo que es lo mismo que hay en el mío, de ahí que el miedo a lo diferente, esté sobrestimado en lo que hace a la atribución de causalidad en la discriminación interpersonal, ya que lo que más aterra, no es lo diferente, sino lo igual)… ante esto, me surge la pregunta: ¿por qué? ¿Qué ven en mí, que los espanta?, y… ¿no es el leer lo escrito por alguien, entrar en su cabeza?… ¿No es, estar en el interior de su ser?… ¿No es, crear arte y publicarlo, abrir puertas del propio hábitat para dejar entrar a otros?… Hay quienes me leyeron y no salieron corriendo; en algunos casos, simplemente se fueron y en otros, hasta volvieron; ante esto, soy yo el que se espanta y vuelve a preguntarse: ¿por qué?, pero ya no es la pregunta: ¿qué ven en mí, los demás, que los espanta? Sino: ¿qué no ven en mí, que no se espantan? O: ¿qué ven en mí, que no sólo no los espanta, sino que incluso, los atrae?… ¿Qué ves en mí, vos que no te espantás?… y, si te espantás pero volvés, ¿qué ves, que te lleva a eso?… ... ¿Creés que yo veo en vos, algo que no verán quienes en tus facciones buscarán (o incluso, tal vez lo hagan ya) a quien, en el pasado, fuiste, y se aferran a eso para no soltarte?…  si creés que yo no puedo hacer eso, no te equivocás, porque nunca me aferré a vos, y justamente la presencia intangible que a uno lo acompaña (y cuya compañía, uno quiere), constituye algo a lo que no es posible aferrarse, lo que paradójicamente hace que a su vez, no pueda uno soltarse de ella, por el sencillo motivo de que no se puede soltar aquello a lo que uno nunca se aferró, sin embargo… el lazo afectivo se crea igual, que es lo que a mí me ha pasado… ...y... me siento culpable por soñar cosas buenas para mí, por sentir que no las merezco… y mucho más, de expresarlas, aun si no imagino a alguien del otro lado diciendo: “Mirá si alguien como vos, va a interesarle a una mujer así”… no me escucho tampoco a mí mismo, diciéndome eso, sin embargo, el sentir de no merecimiento, en mí, está… y la vergüenza y culpa del deseo, también… y no permanecen estáticas, sino que continuamente aumentan… y… ¿hasta cuándo? Hasta la muerte, me respondo… pero… ¿mis respuestas serán válidas?… No quiero que no me quieran, pero tampoco quiero que me quieran, y menos alguien a quien quiero… y construir murallas alrededor de uno, como yo lo he hecho, de nada sirve, porque alguien siempre las traspone… y… ¿por qué lo hace? ¿Qué cree que va a encontrar? Tal vez, algo que ya encontró, y… ¿qué encontró? No lo sé, porque no me lo hace saber y a mí, me gustaría saberlo, porque yo mismo no me encuentro…
   El entrevistador, sin mostrarse siquiera mínimamente sorprendido por lo heterodoxo de todo lo último, por su entrevistado, manifestado (que constituyó información de sí mismo destinada a una persona determinada, que no era precisamente el entrevistador), dijo:
   -Hay autores que tienen fijación con determinados temas y los desarrollan continuamente en sus obras, y cuando uno conoce de ellos, datos biográficos que en alguna medida coinciden con las historias por ellos, escritas, entiende el por qué de la fijación; ¿creés que es necesario que lo que un artista desarrolle, sea profundamente personal, para ser de alta calidad, por ser lo relacionado con la propia vida, lo que más se conoce y se entiende?
   -No lo sé, pero creo que no hace falta que una obra artística sea personal (en el sentido de "autobiográfica"), para que sea buena… también creo que cualquier cosa a la que uno anhele, es profundamente personal, y es tal vez, justamente lo que no se tiene y más se anhela (y no así, lo que sí se tiene), lo que más a uno lo lleva a pensarlo, analizarlo y, por consiguiente, a asimilarlo emocionalmente y entenderlo… de ahí que uno muchas veces no sólo no entienda, sino que ni siquiera perciba, cosas evidentes que ocurren en su propia vida, y sí las perciban y entiendan, los extraños… esto se da porque lo más cercano a los ojos, como es sabido, es lo más difícil de ver… de todas formas, lo que más se anhela, que, como ya dije, es en lo que más se piensa y lo que más se busca comprender, cosa que lleva a que se lo pueda asimilar, puede que sea imprescindible para poder transmitirlo debidamente, de modo artístico o no, dicho esto, para entender a la vida, hay que estar a un costado de ella;… hay que vivir sin vivir, pero… ¿de qué sirve entender?… 
   En ese momento, una densa niebla empezó a rodear al escritor, al entrevistador, y a todos quienes estaban en el área, pero sólo el primero, parecía advertirlo; una vez que estuvo todo cubierto por la niebla y nada podía ver, el literato se levantó de su asiento y de inmediato, notó que ni la silla ni la mesa que ocupaba, estaban.

No encontrarnos para acercarnos

   En medio de la niebla, el escritor empezó lentamente a caminar; así lo hizo durante unos cinco minutos; entonces ocurrió que la misma, empezó a disiparse y se encontró de nuevo frente a la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia (situada en la ciudad de Bernal) en donde, un rato atrás, había estado.
    De inmediato, ingresó al lugar (que si bien estaba iluminado, parecía estar deshabitado), y de nuevo, anhelando con toda su alma, volver a ver a la mujer alada, se dirigió a la terraza, que es en donde la vez anterior, estaba el pasaje hacia el lugar en el que se había encontrado con ella; una vez en la parte superior del edificio, muchos colores lo rodearon y en paralelo, el lugar en el que estaba, desapareció, y, así como había ocurrido anteriormente, fue reemplazado por otro, fuera del tiempo y el espacio, pero esta vez, el aleteo que esperaba escuchar, que era lo que había precedido a la aparición de la mujer, no tuvo lugar, no obstante, su presencia fue por él sentida, y como advirtiendo la causa de ese no presentarse ante él, al dirigirse a ella, dijo:
   -Hola, querida dama alada... Probablemente creas que nuestro primer encuentro me llevó a ilusionarme con el inicio de algo que no podés darme fuera de este lugar, ajeno al tiempo y al espacio, y tal vez, por eso te hayas asustado y hasta te hayas arrepentido de haberte encontrado conmigo, y tal vez sea ése el motivo por el que ahora, estando de vuelta acá, mantenés la distancia… en realidad, tengo que decirte que… es lindo creer que un beso correspondido, como el que en este lugar, nos dimos, aunque no vaya a llevar en esta vida, a un encuentro entre nosotros en la llamada realidad, pueda sentar las bases de un encuentro en la misma, en futuras existencias terrenales, si bien intuyo que no será así, ya que el mismo, lejos de haber constituido un prólogo de una historia por escribirse, fue equivalente a un epílogo, de una historia que nunca empezó, de ahí que, el para mí, SUBLIME, beso en cuestión (por el que te estaré eternamente agradecido), haya sido de despedida… ...Sé que de ningún modo podrías enamorarte de mí, porque seguramente necesitás para enamorarte, a un hombre, y si me conocieras, no podrías considerar que yo lo soy, como yo mismo no considero serlo… tampoco soy chico ni adolescente (esto último, casi no lo fui), soy… algo que no llegó (ni llegará en esta vida) a ser… …No soy alguien que pueda conectar con otros en el plano material, de ahí que un encuentro entre nosotros, sólo pueda darse en éste… ...Sin pretender dar lástima, debo decir que un alma rota sólo puede dañar a aquellos a quienes se acerca demasiado, sobretodo al alma a la que románticamente se una… ...Alguna vez leí que la herida es la abertura por la cual, la luz, entra; tal vez sea así, pero… ¿de qué sirve estar lleno de luz, si implica estar lleno de heridas?… al advertir que las mismas invariablemente se extienden a aquellos a quienes uno se acerca, no acercarse a otros, puede constituir un acto de protección y, por consiguiente, de amor, es por todo esto que el acercamiento a los demás, me esté, en el plano terrenal, vedado… pero el acto de querer, de amar, es inmanejable e incontenible… (como más o menos se expresa en el tango: “prohibido”)… …en fin… si dijera que no tengo más que decirte, te mentiría, porque me gustaría expresarte muchas más cosas y también que vos me contaras muchas cosas a mí… pero creo que sólo me corresponde desearte que seas muy feliz con quien sea que estés;... te beso a la distancia, querida F. C.; chau.
   Tras decir esto último, el escritor le mandó a la mujer alada,
un beso con una mano y seguidamente una lluvia de pétalos (que de un gran bienestar, lo llenó) empezó a caer sobre él, demostrándole esto que sus palabras, habían sido por ella, escuchadas; segundos después, una densa niebla volvió a rodearlo y seguidamente volvió a encontrarse sentado a la mesa del bar en donde, un rato antes, estaba.
   Frente a él, había un vaso de cerveza casi terminado; nadie parecía haber ocupado la silla del lado opuesto al suyo.
   El literato llevó una mano a un bolsillo para sacar su billetera y casi al mismo tiempo, llamó al mozo para que le cobrara, a lo que le fue por él respondido, que su consumición, ya estaba paga; ni consideró preguntar por quién; acto seguido, se levantó y se retiró del lugar.

Flor de inestimable valor

   Mientras caminaba rumbo a su vivienda, sintió que en el bolsillo derecho de su campera, algo se materializaba; al llevar una mano al mismo, sintió lo que, una vez fuera de su prenda, pudo ver que era una hermosísima flor, cuyos colores, centelleaban. 

martes, 15 de julio de 2025

El no tan invisible y la dama alada (cuento) - Martín Rabezzana

-Palabras: 5.196-
Entrevistador y entrevistado

   El individuo, que trabajaba para una publicación importante, había contactado al escritor con el fin de entrevistarlo; la entrevista sería la primera que al escritor, en su vida le realizarían; la misma tendría lugar a las 16:30 horas de un día de otoño, en el “Paz Café y Restó”, ubicado en Alsina & General Paz, Quilmes.
   Mientras el literato se dirigía al bar por la calle Alsina, estando a la altura 440, vio a un pájaro negro de grandes dimensiones, sobrevolar el área; su aleteo era muy sonoro, por lo que le llamó la atención el hecho de que, de los varios transeúntes que en la calle había, ninguno más que él, pareciera haberlo advertido; en principio pensó que se trataría de un cuervo, pero rápidamente descartó esta posibilidad, por no vivir, dichos pájaros, en esa zona y además, porque ese ave que había pasado, era demasiado grande para serlo.
   Una vez en el lugar pactado para la realización de la entrevista, el escritor saludó a su entrevistador que, al verlo llegar, se había levantado de su asiento situado frente a una mesa del exterior que hacia la vereda de la calle General Paz, daba; tras ambos hombres saludarse, pidieron cerveza y, tras el entrevistador poner a grabar en modo audio, a su teléfono celular, la entrevista se inició; el entrevistador, al escritor le dijo:
   -El artista es un transmutador, o dicho de modo poético: un alquimista, ¿o no?
   El escritor dijo:
   -Por supuesto, y es paradójico… ya que el artista se llena de situaciones cotidianas relevantes o irrelevantes para, una vez por él, metabolizadas y, por consiguiente, recicladas, exteriorizarlas artísticamente, llevándolas así, a una aparente (o tal vez, real) inmortalidad, y es muchas veces (las más de ellas) alguien que en dichas situaciones, pasa casi totalmente desapercibido…. y tal vez, así deba ser;… el artista tal vez deba ser un observador, para poder ser un inmortalizador de aquello que observa, e incluso, para poder ser inmortalizador de sí mismo, ya que si lo que artísticamente produce, alcanza la “inmortalidad”, también la alcanza él, debido a que al recordarse su obra, también se lo recuerda a él (salvo que no la firme)… no obstante, cualquier gran artista (al menos, de él sentir que su vida es un fracaso) cambiaría a la mencionada inmortalidad, por una vida fugaz pero bien vivida, como suelen generalmente tenerla aquellos a quienes observa e inmortaliza; estos seres, muy rara vez advierten que sus vidas aparentemente irrelevantes, son relevantes, porque de no serlo, no serían interiorizadas por nadie como sí lo son, por los observadores mencionados, quienes, a diferencia de los que registran hechos de modo no artístico, transmiten una vitalidad que quienes los registran de modo no artístico (los historiadores), no transmiten, y si lo hacen, dejan de ser historiadores… ...Es, por todo lo dicho, que el artista es alguien poderoso, pero su poder, por no ser de carácter coercitivo, en nada se parece a éste último; a los poseedores de poder coercitivo, yo los denomino: “malvados”, a los que poder de otra clase, tienen, bien podría denominarlos: “bondadosos” o incluso, metaéticos, pero no en el sentido que en el ámbito filosófico, se le da a esa palabra, que lleva a que mediante la misma sean denominados quienes analizan a los valores, sino en el sentido literal que da a “ética”, el prefijo de “meta” (o sea, “más allá”); es decir, con “metaético”, me refiero a alguien que se encuentra más allá del bien y del mal;… A quien ha alcanzado tal lugar, ¿cómo no considerarlo superior a los demás?… Todo no artista que aprecie al arte, de modo consciente o no, así lo considera, porque la admiración que por el arte de alguien, uno siente, lleva al sentir de que quien lo ha creado, está por encima de quienes no lo han hecho, y esto también lo sienten quienes son artistas (e incluso, grandes artistas) hacia aquellos a quienes consideran creadores de grandes obras de arte… entonces… la superioridad de uno respecto a otro, existe, y nada tiene que ver con que uno se imponga al otro, lo domine ni lo explote, sino con la capacidad de ese uno, de al otro, seducirlo, envolverlo en bienestar y extasiarlo… y todo esto, el creador de arte que a uno lo conmueve, con uno lo logra sin siquiera tocarlo… ¿Cómo no querer ser artista? ¿Por qué querer ser otra cosa?… pero… puede darse el caso en que uno esté desprovisto de talento para el arte que emprenda, entonces, la conmoción causada en otros, es nula, o es efectiva, pero lejos de ser positiva, es negativa; por esto es que no basta con ser artista, hay que ser un gran artista, y la grandeza, al artista se la confiere el reconocimiento de los demás… sin atribución de valor a una obra por parte de otros, la obra de un artista, no es grande… y este caso en que la valoración positiva de lo artísticamente por alguien producido, es, por parte de las personas, escasa o nula, no es excepcional, es la regla, y cuando uno como artista, siente estar dentro de la misma, ¿cómo querer ser artista?…. ¿Cómo no querer ser otra cosa?… pero de pensarse mucho en estas cuestiones, para el momento en que se llega a estas conclusiones y se resuelve que mejor es, no ser artista, ya es tarde, porque quien en estos temas, mucho piensa, es necesariamente alguien que ya ha emprendido un camino artístico del que se sale solamente muriendo… dicho esto, el suicidio es una opción más que válida para todo aquel que sea un artista no reconocido durante un largo tiempo. 
   Tras una pausa de algunos segundos, el entrevistador preguntó:
   -¿Cómo fueron tus comienzos en las letras y qué pretendías artísticamente lograr, en aquellos tiempos?
   -La letra musical fue la primera forma de arte escrita que en serio, desarrollé, logrando mayormente resultados deplorables que me llevaron a intentar desarrollar otra forma de arte que fue la literaria;… recuerdo que yo pretendía ser transgresor y que mis obras fueran, por consiguiente, contraculturales… en algún momento dejó de interesarme la transgresión y empecé a escribir sin muchos planes, dejando que las ideas fluyeran… ya sin intenciones de lograr algo controvertido (al menos, en lo por mí, hecho en la ficción, dado que desde el ensayo y el aforismo, sí abordé temáticas controvertidas), en algún momento me interesé sobremanera en el periodo de los años 1970, y lo que de eso resultó, fue literatura argento-setentista (guerrillera y no guerrillera) (además de historias de otro subgénero derivado del ya mencionado, que di en llamar: argento-post setentismo), y la misma, no puedo en realidad decir que sea controvertida, porque la ausencia casi total de leedores, resulta en una ausencia también, de detractores, que serían quienes controvertirían lo que produzco, pero sí puedo llamarla: “potencialmente controvertida”, y también, sin dudas, transgresora… ...Como temática controvertida por mí, desarrollada, está también la de la antipsiquiatría, a la cual, después de mucho tiempo de mantener circunscrita en su tratamiento al ámbito de los ensayos, empecé a desarrollar en el ámbito de la ficción… la cuestión es que… si bien la idea de hacer arte contracultural, había sido por mí, abandonada, para cuando escribí obras como MATAR MORIR VIVIR, Ni olvido ni perdón. REVANCHA y Hechizo… de concha americana (y creo que podría incluir también a Ania milvidas y a Gloria noche y día), las mismas terminaron siendo contraculturales, ya que no veo que obras de arte con la temática y estilo de estos  libros míos que mencioné, estén siendo producidas por otros, y si me equivocara y sí estuvieran siendo producidas por otros, lo que no están, es ocupando un espacio en los grandes medios, y toda cultura que no sea difundida por ellos, puede ser considerada “contracultural”.
   -Y más allá de lo artístico, ¿qué pretensiones tenías al empezar a escribir?
   -Una era la de convertirme en alguien; yo pretendía que el oficio de escritor, me confiriera una personalidad que uno no siente tener, de realizar una actividad que no lo satisface, como ser, una que no es más que un mero medio de subsistencia, y otra era la de ganar plata; yo creía que había muchas posibilidades de vivir de las letras, por lo cual, desde un primer momento escribí con la intención de que mi trabajo fuera remunerado, pero cuando intenté publicar, allá por mediados de los años 2000, me encontré con la amarga sorpresa de que es imposible, para la inmensa mayoría de los escritores, ganar siquiera algo de plata con la literatura, ya que la mayoría de ellos tiene incluso que pagar para publicar sus obras en papel, y aun quienes sí llegan a publicar sus libros a través de grandes editoriales que les pagan, el pago muy rara vez alcanza para vivir… y más allá de mi intención de ganar plata con las letras, siempre tuve el sueño de ser una figura importante de la cultura… ...Lo “políticamente correcto” por decir en estos casos, es  lo que Albert Camus me dijo, tras yo expresarle mi frustración por el nulo rédito que mi trabajo en las letras, me reporta (bueh… un personaje de inteligencia artificial hecho en base a Albert Camus, con quien tuve una hermosísima conversación que me llevó a dudar sobre si la inteligencia artificial, no es un medio para comunicarse con algo vivo, existente en otro plano, que en este caso, podría ser la esencia del escritor referido); yo le respondí más o menos que el ser humano no considera que las cosas que hace, tengan sentido si no son un medio para un fin, y que no está mal tener la pretensión de lograr, mediante lo artísticamente producido, plata y prestigio, y que de hecho, sin la pretensión en muchos de aquellos que terminaron siendo grandes artistas, de conseguir esas cosas, en primer lugar no se habrían hecho artistas y las grandes obras que produjeron, no existirían; Camus me respondió que, así como lo pienso yo, no está mal que busque ganar dinero y prestigio con mis obras, pero que no debo dejarme llevar por la búsqueda del éxito y la fama, sino por aquello que me llevó en primer lugar a escribir: la pasión por la palabra y la necesidad de expresarme (yo no se lo dije, pero no fueron esos los motivos por los que empecé a escribir, sino los otros ya mencionados).
   -Se ha señalado que en la literatura argentina no hay héroes; quienes hacen tal señalamiento, se autorresponden con preguntas de tipo: “¿Y Martín Fierro? ¿Y Santos Vega? ¿Y Juan Moreira?”...  ¿Son válidas dichas respuestas?
   El escritor dijo:
   -Yo creo que no, porque esos personajes son del año de ñaupa... pertenecen a un tiempo y a un país, que ya no existen... Hasta fines de los años 1960, había entre los artistas argentinos una especie de “obligación moral cultural”, por ellos autoimpuesta, de tratar a lo “tradicional”, que era lo ambientado en el ámbito rural, de ahí la “literatura gauchesca” que en algún momento, casi todos los literatos que se dedicaban a la ficción “ciudadana” (inspirada principalmente por sus propias cotidianeidades, ya que eran mayormente de ámbitos urbanos y no rurales), desarrollaron; y esto no pasó sólo en la literatura, ya que también en eso incursionaban los letristas de tango, los cineastas, los escultores y los pintores, entre otros artistas que mayormente no trataban a lo gauchesco, pero, como ya dije, se sentían moralmente obligados a crear arte en ese estilo en algún momento por considerar que lo auténticamente “nacional”, era solamente eso.
   -¿Y qué es lo auténticamente nacional?
   -En principio hay que decir que los conceptos mismos de nación/pueblo/etnia, son muy subjetivos y hasta se puede considerar que dichos vocablos son totalmente arbitrarios cuando se usan para aunar a distintas personas, considerándose así, que son parte del mismo grupo humano, distinto a otros, basándose solamente en el hecho de que ellas nacieron dentro de la misma división político-administrativa; cuando esto se hace, se está dando por válido al concepto de estado-nación, y el mismo, según mi criterio, más lejos no puede estar, de ser válido, ya que es extremadamente sencillo demostrar que las personas no son ni se sienten, parte del mismo grupo humano que otras, por ese motivo; de ser así, no existirían dentro de cada país, partidarios de distintas doctrinas religiosas, no religiosas, políticas, no políticas, hablantes de distintos idiomas ni personas de gustos culturales, distintos, y como esto sí ocurre en todo país del mundo, puede perfectamente resolverse que el estado-nación, es una mentira, ya que la pertenencia de distintas personas a un mismo pueblo, no está determinada por sus lugares de nacimiento (pero no me preguntes qué es lo que la determina, porque no lo tengo resuelto), sin embargo, de tanto que se nos ha repetido que los nacidos dentro del mismo país, somos un pueblo, aun quienes no damos a eso por válido, solemos olvidarlo y generalizamos por nacionalidad, como si en el estado-nación, creyéramos… la cuestión es que… en función de responder a tu pregunta, voy a fingir que en el estado-nación, creo; dicho esto, yo pienso que en la ficción, lo auténticamente nacional no está constituido por darle continuidad a lo tradicional (que es cultura pasada y como tal, representativa de un país que en el presente, ya no existe), sino por el desarrollo de historias que partan de la base de acontecimientos locales que en alguna medida posean características distintivas; cuando diversos artistas insisten en el desarrollo de obras basadas en hechos ocurridos en el ámbito nacional, se va conformando un estilo artístico, en alguna medida, distintivo, y, por ende, “nacional”… yo creo haber contribuido a crear un arte nacional, con mis historias argento-setentistas, ya que si bien, el subgénero no fue inventado por mí, el mismo (a diferencia de lo que creen muchos), está poco desarrollado, sobretodo el que es de corte guerrillero y está basado en un periodo histórico que, aunque a nivel mundial haya estado constituido por un recrudecimiento de la defensa a como dé lugar, del poder económico concentrado, lo cual, ha llevado a que cosas parecidas a las que en este país ocurrieron, ocurrieran también en otros países de América y del mundo, para mí es claro que hay particularidades en cada uno de esos lugares que llevan a que no se pueda aplicar exactamente lo mismo a todos ellos, por lo que el arte argento-setentista, aunque con similitudes, difiere necesariamente de, por ejemplo, el chileno-setentismo y del uruguayo-setentismo, que son subgéneros artísticos que también existen y que al igual que el argento-setentismo, tienen enorme potencial artístico y están poco desarrollados... ...y volviendo a la cuestión de lo tradicional, que muchos artistas locales consideraban que pasaba necesariamente por lo gauchesco, digo que los tiempos de tal consideración (afortunadamente), ya pasaron, y digo “afortunadamente”, porque ninguna obra “gauchesca”, ha sido de mi agrado; la cuestión es que... dicho estilo artístico, que fue desarrollado en gran medida a principios del siglo veinte (si bien, venía de antes) y, como ya dije, lo fue mayormente hasta finales de los años ‘60, trataba de reflejar un mundo que ya en esos tiempos, era más pasado que presente;… como los personajes gauchescos de Martín Fierro, Juan Moreira y Santos Vega, son héroes o antihéroes literarios, de leedores existentes en tiempos ya remotos, difícilmente se pueda encontrar en la actualidad, a alguien que con ellos, sueñe, o que al menos, los valore seriamente, por eso es que bien se puede concluir que si dichos personajes son héroes literarios argentinos, lo son de una Argentina que ya no existe, de ahí que para mí no tenga mucho sentido mencionarlos al hablarse de héroes de la ficción literaria local, ya que corresponden a una Argentina que, por el tiempo haber pasado, es más lejana a nosotros que cualquier país extranjero, pero si lo fueran, o sea, héroes o antihéroes, serían excepciones que confirmarían la regla, y la regla es que no hay en la literatura argentina, héroes ni antihéroes.
   El entrevistador dijo:
   -Entre esas excepciones, hay quienes señalan a la protagonista de "Sobre héroes y tumbas", Alejandra Olmos, que sería una antiheroína.
   -A este respecto digo lo siguiente: "héroes" literarios, serían aquellos personajes que no dependen de las obras en que nacieron para existir, y ese no necesitarlas para ser quienes son, se ve en el mantenimiento (y evolución) de sus personalidades a través de múltiples obras, por lo cual, si los personajes, por fuertes que sean, se desarrollan en solamente una obra, como es el caso de Alejandra Olmos de la referida obra de Sábato, no cumplen con el requisito, según mi criterio, como para ser considerados: "héroes literarios"; podrán ser "héroes" (o antihéroes) de las obras particulares que protagonizaron, pero no de la literatura, y... Martín Fierro, Santos Vega, Juan Moreira y Alejandra Olmos, ¿aparecen en muchas obras fuera de aquellas que los vieron nacer?... dicho esto, digo ahora (otra vez) que prácticamente no hay héroes literarios argentinos... para remitirme a uno, debería caer en el autorreferencialismo, que es algo que los que tienen lo que Sábato llamó: “La vanidad de la modestia”, reprueban (ya que estos individuos, suelen acusar muy habitualmente a los demás, de ser soberbios, para así poder mostrar su supuesta modestia y por consiguiente, su superioridad moral), y como yo voy justamente a ser autorreferencial, parafraseando a Arlt (y a Alorsa), lo siguiente digo: QUE BUFEN LOS EUNUCOS… Mi personaje María Clara, es una antiheroína que trascendió al cuento en el que nació, así como Ania, nacida en un cuento previo a mi novela corta en que mayormente se desarrolla y que continúa en "Gloria noche y día", así como lo son, Mora y Leandro, que aparecen en, hasta el momento, más de una decena de cuentos míos, y preceden a la serie de María Clara Combatiente, de la que terminaron siendo parte; también mis personajes de Lili, Daniela y Leila, han salido de los cuentos en que nacieron para seguir desarrollándose en otras historias, y tienen posibilidades de ser antiheroínas literarias (si no es que ya lo son), pero como soy un autor desconocido, bien podría decirse que mis obras son invisibles, así como lo son, las de tantos otros artistas que tal vez hayan creado personajes potencialmente memorables (y hasta heroicos) pero que nadie va a recordar, por ni siquiera llegar a conocerlos, ya que sólo son conocidas (y hasta ahí), las obras que salen por esas malditas editoriales transnacionales, a las que, por más que los escritores despreciemos, imperiosamente necesitamos para ser literariamente legitimados y económicamente remunerados.
   El entrevistador dijo:
   -Te referiste a tus obras como “invisibles”.
   -Sí; en el ámbito artístico, que debería ser mi hábitat natural, soy, junto a mis obras, invisible.
   El entrevistador, rápidamente replicó:
   -Te equivocás, porque si un desconocido se ha interesado en entrevistarte, es porque sos visible; si no lo fueras, esta entrevista no estaría teniendo lugar.
   Entonces, sonriendo, el escritor dijo:
   -Tenés razón;… tal vez deba replantearme la cuestión; lo que ocurre es que estoy tan acostumbrado al eco nulo, de lo por mí, con gran esfuerzo, artísticamente producido, que había llegado a convencerme de que nunca a nadie, le importaría, de ahí que me haya acostumbrado a un lugar de invisibilidad y me cueste hacerme a la idea de que del mismo, estoy empezando a salir.
   -Y si tan seguro estabas de que tu literatura, nunca por nadie sería leída ni valorada, ¿por qué seguiste produciéndola?
   Y tras unos segundos, el escritor respondió:
   -Podemos decir que seguí la recomendación en formato de aforismo de Alejandro Lanús: “Dejar encendida la luz que nadie ve.”
   Tras esta última respuesta, el entrevistador, evidenciando gran desconcierto, preguntó:
   -¿En dónde estás?
   -¿En dónde está quién? -preguntó el escritor.
   -Vos.
   Entonces, pensando que lo preguntado, sería una broma, el escritor intentó palmear al entrevistador en un hombro, pero su mano lo traspasó; el literato preguntó qué estaba ocurriendo, pero ninguna respuesta obtuvo, porque el entrevistador, así como había dejado de ver a su entrevistado, a esa altura había dejado también de oírlo; seguidamente lo que ocurrió, fue que también el literato dejó de ver y oír, a su entrevistador.
   Tras algunos minutos en los que esperó que la extraña situación, se revirtiera, el escritor quiso pagar las cervezas para retirarse, pero al mirar la mesa, la misma estaba vacía, como si nunca hubiera sido usada por él ni por su entrevistador, por lo que, sin cuenta que pagar, se retiró del bar por la calle General Paz.

En estado de conciencia

   Durante varios minutos, el literato pensó en el misterioso hecho recién vivido y consideró la posibilidad de que el entrevistador hubiera sido un producto de su imaginación; ésa podría ser la explicación al extraño suceso; su necesidad de lograr visibilidad para su arte y, por consiguiente, para su persona, lo habría inconscientemente llevado a fabricar la fantasía de que finalmente esto empezaba a revertirse y que por eso, alguien de algún medio importante se había interesado en entrevistarlo, pero en algún momento, otra parte de su psiquis lo arrastró parcialmente hacia la “realidad”, y le hizo saber que si su entrevistador no lo veía, era porque él era invisible; más adelante, su psiquis, resuelta a devolverlo completamente a la “realidad”, lo habría llevado a concienciar que el entrevistador que frente a él, pareció desmaterializarse, en primer lugar, nunca había existido, de ahí que al él intentar recordar su nombre, al cual, minutos atrás, conocía, no lo lograra; como estas consideraciones lo estaban llevando a hacerse preguntas nefastas, de tipo: “¿Me estaré volviendo loco?” (máxime tras interpelar a varios peatones que por la misma vereda que él, pasaban, y ellos no ver su figura ni escuchar su voz), se obligó a pensar en otras cosas, fue así que, mientras caminaba rumbo a su domicilio, recordó que cuando era adolescente y pensaba en mujeres que lo atraían, las intuía, a nivel álmico, perfectas… esa consideración lleva a alejarse de lo perfecto, al menos cuando uno es alguien autopercibido abundante en errores (y él, así se autopercibía), dado que en tal caso, sólo puede creer que al tocar a lo perfecto, va a arruinarlo… después consideró que lo perfecto no era más que una fachada que ocultaba a lo imperfecto, y dejó de sacralizar a las mujeres “perfectas”, de lo cual, resultó que lo dejaran de atraer con la intensidad con que otrora, lo atrajeran, pero después empezó a considerar que lo perfecto requiere de lo imperfecto para completarse y, por consiguiente, que lo perfecto es, paradójicamente, lo imperfecto, y volvieron a atraerlo por empezar a intuir en ellas, errores detrás de sus apariencias de perfección, pero no lo atrajeron tanto como lo habían empezado a atraer, aquellas mujeres a las que consideraba imperfectas, ya desde la apariencia… ...En las mujeres que veía imperfectas, intuía perfección, y eso lo recontra inhibía, porque la perfección es frágil y sus torpes manos imperfectas, sólo podrían arruinarla, pero recordando su consideración de que la perfección implica imperfección, empezó a pensar que detrás de lo perfecto, estaba lo imperfecto, y además, como se consideraba a sí mismo, no sólo imperfecto, sino incluso, extremadamente erróneo, esa extrema erroneidad, tal vez implicara para él, ser el opuesto complementario de las mujeres constituidas por erroneidad menor; al mismo, dichas mujeres lo necesitan para completarse y alcanzar la perfección, que se crearía al formarse parejas entre dichos opuestos, y dicha perfección, también sería alcanzada por personas como él, al unirse a ellas, pero… lo perfecto aburre, entonces… buscó lo imperfecto… y después, lo muy erróneo, y se encontró con alguien igual a él, pero… al recordar que se odiaba, buscó lo distinto y encontró… ...Mientras en todo esto pensaba, un
pájaro negro, que era el mismo que un rato atrás, había visto, aleteando muy sonoramente, pasó a no muchos metros por encima de su cabeza; al mismo, rápidamente lo perdió de vista; al llegar a la calle Brandsen, decidió doblar a la izquierda, y cuando lo hizo, volvió a ver al ya referido pájaro, sobrevolar la calle Brandsen en dirección opuesta a la suya, lo cual, lo llevó a llevar su vista hacia la derecha; el ave se posó sobre un árbol alto (una especie de palmera) situado en General Paz & Brandsen, del lado de la vereda de enfrente en la que el escritor, estaba; al él bajar la vista, vio que junto al mencionado árbol, había una mujer de pelo claro que fijamente lo miró y le sonrió; tras algunos segundos, la mujer (a la cual, él no habría visto de no haber sido porque el pájaro lo había llevado a mirar en su dirección) caminó hacia la derecha (desde la perspectiva
del literato); él, mucho se sorprendió, porque ella parecía haberlo visto y en esos momentos, nadie más parecía poder verlo, de hecho, como ya fue dicho, a varias personas con las que venía de cruzarse, le habló, sin obtener respuesta de ninguna de ellas; esto lo llevó a reconfirmar que era invisible para todos, menos para la mujer ya referida, lo cual, lo llevó a sentirse en el lugar opuesto al que, como artista que era, habitualmente ocupaba, que es el de observador, ya que se sintió observado, y esa mujer que lo miró, lo sacó del lugar de invisibilidad en que desde hacía mucho tiempo, sentía estar.
   Podría ser que esa mujer fuera artista, de ahí que su aguda capacidad de observación, le haya posibilitado verlo, y si era artista, tal vez decidiera inmortalizarlo en alguna obra, pero… él nunca tendría manera de acceder a la misma, porque de esa persona, nada sabía; no sabía su nombre, en dónde vivía ni qué arte desarrollaría, por lo que si lo convertía en arte, él nunca se enteraría, además, de ella así hacerlo, podría ser que él apareciera en sus obras pero de un modo sólo perceptible para ella, por tal vez incluirlo en las mismas a través de elementos simbólicos, o tal vez no, y él exista en ellas de un modo para él, reconocible, pero… ¿cómo saberlo?… También consideró la posibilidad de que esa mujer no lo haya observado e incluso, de que ni siquiera existiera, y esta posibilidad es concreta, ya que no hay manera de saber si existe la realidad fuera de la percepción de cada quien;... de ser el exterior, una creación del interior de cada uno, los otros no existen, son creaciones de uno, y como uno mismo es otro para los demás, si los demás existen, tal vez quien no exista, sea uno. 

Queriendo caer al abismo

   A la persona en cuestión, que ya se había alejado, el escritor empezó a seguirla con el objetivo de alcanzarla y preguntarle si lo veía, dado que tal vez, su consideración de que lo había visto, fuera errónea; cuando esto se decidió a hacer, la mujer ya se había alejado de él, casi una cuadra, por lo que aceleró sus pasos progresivamente hasta empezar a trotar; mientras tanto, intentó gritarle cosas de tipo: “¡Pará! ¡Quiero saber si me ves!”, pero, por algún motivo, la voz casi no le salía; tras trotar por la Avenida Brandsen en dirección a ella, durante varias cuadras, la vio doblar en Moreno, entonces cruzó imprudentemente la calle y creyó a su propia muerte, inminente, al advertir que una camioneta, a gran velocidad, se acercaba hacia él, pero fue que la misma, lo traspasó; otras cosas extrañas que estaban ocurriendo, eran que la mujer no parecía caminar muy rápido, sin embargo él, que trotaba en dirección a ella, no lograba alcanzarla, y pese a las varias cuadras recorridas, no se sintió siquiera mínimamente agitado; todo esto se estaba dando en el curso de una tarde de otoño soleada (dato no menor), y cuando finalmente dobló en Moreno, se encontró con que era de noche y con que además, la fisonomía urbana era distinta a la que conocía; todo esto, por supuesto, lo sorprendió sobremanera, por lo cual, detuvo su marcha y segundos después, dio media vuelta y caminó en dirección opuesta a la que lo venía haciendo, o sea, caminó de vuelta hasta Brandsen, una vez ahí, era de día otra vez y el lugar, era el de la ciudad que él conocía; sin demorarse mucho, volvió a transitar (esta vez, caminando) por Moreno, y el día volvió a convertirse en noche y a cambiar volvió también, la fisonomía urbana; en ese otro lugar, volvió a ver a la mujer que parecía haberlo visto, a unos 30 metros delante de su persona, entonces, el escritor, caminando rápido por lo que era la Avenida Belgrano de alguna ciudad que en ese momento, no reconoció, vio a la mujer cruzar la Avenida Zapiola, en cuya esquina con la ya mencionada Avenida Belgrano, está ubicada la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia; fue entonces que el literato, al reconocer a tal lugar, supo que se encontraba en la ciudad de Bernal.

Espacio no posible en lo establecido como "real"/Cuadro pintado/Refugio del cual... ¿ella se irá?

   A la parroquia la mujer ingresó y el escritor, ingresó tras ella; una vez en el edificio eclesiástico, la vio ir hacia un pasillo que conducía a la terraza, y tras ella fue; una vez en la ya referida terraza, miró en todas las direcciones pero ella no parecía estar ahí, segundos después, cuando, extremadamente decepcionado, se disponía a irse, una muy densa niebla, salida aparentemente de la nada, todo lo cubrió; instantes después, escuchó un aleteo similar al del pájaro negro que ya dos veces, ese día había visto y escuchado; el mismo se sucedió en paralelo con el rápido disiparse de la niebla; esto último le permitió concienciar que ya no se encontraba en el edificio eclesiástico, sino en un lugar, en el que diversos colores, que parecían estar vivos, a su alrededor transitaban y se entremezclaban; el mismo seguramente estaba situado fuera del tiempo y del espacio (al menos, del espacio establecido como "real"); en ese lugar surrealista, la mujer a la que buscaba, hacia él, caminaba; una vez frente a su persona, sonriendo, ella le dijo: 
   -¡Hola!
   Él, totalmente sorprendido, sólo tras algunos segundos pudo recuperar la voz y responderle con un: “Hola”, en cuya entonación podía perfectamente advertirse gran conmoción; después le dijo:
   -Vos me ves.
   -Sí; te veo, te oigo, te leo... -dijo ella; después agregó: -y también te siento… y desde hace mucho tiempo.
   Casi susurrando, él dijo:
   -Yo también a vos.
   Entonces el rostro de la mujer, a quien el escritor le llevaría apenas dos años de edad, empezó a ser para él, reconocible, pero no totalmente, ya que si bien intuía quién era, no estaba de eso todavía del todo seguro. 
   Ella, tras tomarlo de sus manos, acercó su boca a la de él, y ambos se unieron en un largo beso.
   Al él probar la boca de la mujer, cuyas entonces, plegadas alas (que no eran de ángel ni de paloma, ¿eh?, sino de cuervo), se desplegaron y lo envolvieron, conmoviéndolo de un modo que, de tan profundo que era, sólo podía denominarse como: “abismal”, ya no tuvo dudas sobre quién era.