viernes, 15 de febrero de 2013

Dolor por dolor (cuento) - Martín Rabezzana


   Un joven se dirigió a una chica a la que había buscado por mucho tiempo; al encontrarse ella sentada en un banco de una plaza, se sentó a su lado y le dijo:
   -Hola. Quiero decirte que aunque recién te conozca, te quiero mucho.
   La chica se levantó y se alejó, entonces él dijo:
   -¡Esperá!... Tenemos la misma mamá.
   La chica se detuvo, se dio vuelta y le preguntó:
   -¿Cómo se llama?
   -Se llama " "...
   Ella se le acercó y él procedió a contarle una historia cuyo sufrimiento era evidentemente auténtico. La chica lo escuchó atentamente en silencio varios minutos y después le dijo:
   -Tengo que irme.
   Él le dijo con los ojos vidriosos:
   -Tomá. Una carta mía... Están mi dirección y mi teléfono.
   La chica la agarró y se fue corriendo.
   Él nunca había querido conocer a esa mujer que lo había abandonado siendo un bebé, ya que era obvio que no lo quería, pero al enterarse de que tenía una hermana, sí quiso conocerla a ella.
   Pasaron semanas, meses, y la chica no lo llamaba, entonces la llamó él.
   -Hola, soy...
   -¡Ya sé quién sos! Te pido por favor que no me molestes más.
   -¡Pero yo no te quiero molestar, yo solamente!...
   -Quiero que sepas que vos no me importás un carajo a mí; ¡sos una porquería, por eso te abandonó mi mamá! -y cortó.
   Él tardó en reaccionar; el desprecio era algo que conocía de toda su vida pero este último fue el que lo llevó a asimilar racionalmente lo que siempre había sentido: no se puede esperar bondad ni cortesía de nadie ya que casi nadie respeta espontáneamente, la mayoría lo hace sólo si hay una consecuencia violenta involucrada por no hacerlo.
   Se reprimió un poco pero después se llenó de furia y se dio cuenta de que la misma lo iba a destruir si no la expulsaba, por lo que días después se dirigió a la casa de su hermana en la que vivía con su madre; esperó un rato frente a la misma y cuando vio a su madre entrar, entró tras ella.
   -¡Llevate lo que quieras! -dijo la aún joven mujer.
   Él la miró con la furia propia y lógica de alguien que está frente a quien le causó el mayor de los daños; le dijo:
   -No soy un ladrón.
   Ella con miedo le preguntó:
   -¿Quién sos?
   Él sonrió maliciosamente.
   -¿No sabés quién soy?
   Ella negó con la cabeza.

   -Pensá. Sentí.
   Tras algunos segundos de silenciosa tensión, él dijo:
   -Te quiero preguntar algo: ¿por qué no me abortaste si no me querías?
   Ella cerró los ojos y su miedo cambió de una forma a otra; él prosiguió.
   -¿Por qué odiabas tanto a un bebé como para hacerle tanto daño al sacarle lo que más necesitaba?
   Ella lo pensó un poco y nerviosa dijo:
   -¡Yo no quería dejarte, pero no era buena para vos, era una porquería, por eso te dejé!... Estaba segura de que ibas a estar mejor sin mí... Fue por tu bien que lo hice.
   -¡Mentira! ¡Y aún si eras una porquería, yo te necesitaba, necesitaba a mi mamá!... Pero igual es mentira que me querías.
   -¡No! ¡Es verdad!... Si no te hubiera querido te habría abortado.
   Él se entristeció, se calmó, tras unos segundos se acercó a una silla y se sentó, ella acercó otra y se sentó a su lado; lo acarició en el rostro y le dijo:
   -Decime por qué pensás que no te aborté si no te quería.
   Él empezó a llorar y ella enjugó sus lágrimas; él dijo:
   -Yo no quería venir al mundo, y encima que me trajiste, me sacaste lo que más necesitaba.
   Ella le dijo:
   -Yo te quería.
   Él la miró con expresión dolorida.
   -Si así era, ¿por qué no dejaste tus datos para que te encontrara si quería buscarte?
   Ella no respondió.
   -Mentís... tenías miedo de morir en el aborto o no tenías la plata para hacerteló...
   Ella volvió a mostrar miedo en su expresión pero se mantuvo frente a él.
   -Hay una sola cosa que podés decirme para que yo no te odie, si lo hacés, no tengo nada que perdonarte.
   -¿Qué?
   -Decime que te violaron.
   Ella mantuvo la mirada dirigida directamente a él unos segundos y después la apartó; era obvio que no le había pasado eso; él se levantó de nuevo furioso y dijo:
   -¡Sos una hija de puta!
   Entonces su hermana entró a la habitación.
   -¿Qué hacés vos acá, tarado?
   Él, lleno de desprecio acumulado por años se dirigió a ella:
   -Yo entiendo a la agresión cuando es justificada... Si yo me acerco a vos con mala onda, tenés derecho a agredirme, pero no si voy con la mejor... ...Yo te expresé mi amor nada más, ¡y vos me despreciaste, me faltaste el respeto!
   Ella calmadamente dijo:
   -Pero yo no te quiero.
   -No me tenés que querer pero me tenés que respetar si yo te trato con respeto... (esto sobre el respeto sentía que era lo más importante de todo lo aprendido en su vida; en parte le había sido enseñado por ellas)... La gente en general es cruel, sobretodo las mujeres... Me pasó muchas veces el acercarme a ellas y ser agredido emocionalmente tras hablarles respetuosamente, ahí sentís que ser respetuoso es un error y que es mejor no serlo con nadie; yo me arrepiento del mal que hice en mi vida pero me arrepiento más del bien que hice, y no porque esperara que me lo devolvieran, sino porque esperaba que al menos no me lo despreciaran... Yo me acerqué a vos respetuosamente y si bien no tenía por qué interesarte relacionarte conmigo, sí tenías que decírmelo y no dármelo a entender con silencio, porque EL SILENCIO NUNCA ES RESPETUOSO NI PACÍFICO ANTE UNA EXPRESIÓN BIENINTENCIONADA, SIEMPRE ES IRRESPETUOSO Y AGRESIVO ya que te hace sentir que no existís, y al vos existir, te lastima... ...Para mí hacer daño deliberadamente está mal, pero no en respuesta a uno injustamente causado ya que devolver sufrimiento es hacer justicia.
   Él tras apartar la vista de su hermana, la volvió a dirigir a ella.
   -Si yo no te importo un carajo, emocionalmente no te puedo hacer daño, por lo que te lo tengo que hacer físicamente.
   La chica estaba visiblemente asustada al igual que su madre que se mantenía en silencio; él se acercó a su hermana que retrocedió ante su avance y le dio una tremenda paliza mientras su madre le suplicaba que se detuviera, lo cual hizo tras dejarla inconsciente con el rostro desangrante, entonces se volvió hacia su madre que dijo:
   -¡Tenés razón! ¡Yo te hice daño! ¡Perdoname!
   -Él estaba muy emocionado pero seguro de haberse conducido correctamente. Le dijo tranquilamente:
   -¿Estás arrepentida?
   -¡Sí!
   -El arrepentimiento vale sólo cuando tiene lugar espontáneamente, no cuando lo tiene por miedo a una consecuencia.
   -¡No, de verdad! ¡Estoy arrepentida! ¡Perdoname, por favor!
   Él la miró con dolor y le dijo:
   -Si de verdad estás arrepentida, no me pidás perdón, ¡pedime castigo!
   Ella guardó un cobarde silencio, entonces él la golpeó fuertemente dejándola en la misma condición que su hermana, tras lo cual les dijo:
   -Dolor por dolor.

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